ADVERTENCIA: Este post contiene spoilers que arruinarán la película si no la has visto. Sigue bajo tu propio riesgo.

En otros lugares lo he dicho de forma muy apasionada: no me gusta ir a las salas de cine. Lo que sí disfruto mucho es ver películas, que es diferente.

Sin embargo, siendo tan fan de la ciencia ficción y sabiendo el suceso que es Gravedad, el nuevo filme del mexicano Alfonso Cuarón, asistí a verla. Dos veces.

Y estoy feliz porque es una de las mejores películas budistas que he visto en mi vida.

Con toda seguridad podrás encontrar una mejor reseña de Gravedad, así que este comentario sólo se enfocará al dharma contenido en Gravedad.

Desconozco si Cuarón es budista o no, pero si el guión de la película refleja su manera de pensar, debe ser una persona muy interesante.

Gravedad es la historia de los astronautas Ryan Stone (Sandra Bullock) y Matt Kowalski (George Clooney), y de cómo deben superar el desastre para regresar en una pieza a la Tierra. En verdad es una premisa simple y fácil de entender.

Pero debajo de esto hay una capa muy intensa y primitiva de emociones y arquetipos humanos que tocan las fibras más íntimas de la espiritualidad.

Ella es la Madre Tierra, los cimientos de la seguridad, lo que damos por hecho y lo que obviamos para seguir adelante con la vida.

Él es el Cazador, el fuego del Sol. Es el hambre de aventura, el fuego volcánico, la sabiduría que llega con la edad. Es el arquetipo del héroe clásico que se sacrifica para que la normalidad regrese a la Tierra.

A pesar de estar en gravedad cero, Ryan Stone es una mujer que cae hasta lo más bajo de su vida. Ya no existe más salida que su propia muerte.

Pero decide aceptar las cosas como están.  Aprende a dejar ir el pasado, a soltar el dolor y el luto. Extiende sus alas quemadas para sobrevolar la lava que la calcinaba, para nacer desde la matriz del planeta.

Gravedad contiene sabiduría arcana que por más de 2,500 años ha sido estudiada por el budismo:

Aceptación

La primera enseñanza del Buda fueron las Cuatro Nobles Verdades, en las que nos enfrentamos a la cruda realidad de que la vida incluye el sufrimiento. No podemos decir que estamos vivos sin aceptar que todos los seres sufren.

Entendemos que la raíz del sufrimiento son nuestros propios apegos y aversiones, pero que también existe una salida para el sufrimiento.

Nos aferramos tanto a nuestro estatus quo, que cualquier cosa que nos saque de ello nos causa terror. Rechazamos el cambio, aun cuando éste prometa bienestar.

Esta resistencia al estado actual de las cosas nos hace sufrir aun más.

Al aceptar la vida como está, lo que somos y lo que tenemos, el sufrimiento cesa.

Es necesario decir que aceptar las cosas como son, no significa conformismo. Sólo implica dejar de oponerse a la realidad para poder construir hacia arriba.

Desapego

Por desgracia la cultura occidental nos exige atarnos a lo que se pueda para vivir cargando piedras en la espalda. Y si se trata de luto y sufrimiento, somos expertos.

Apegarnos a las cosas es como querer contener la respiración para siempre. En algún momento tendremos que dejar ir el aire o moriremos de asfixia.

Sentir dolor por una separación, por una muerte y llorar de tristeza por días enteros, es parte de la experiencia humana. Es necesario porque es ahí donde valoramos la vida, las relaciones personales y nuestro lugar en el universo.

Cargar por siempre ese sufrimiento termina por amargarnos y, a la larga, impacta nuestra salud física y mental.

Dejar ir no es fácil, pero si primero entendemos y aceptamos las cosas como son, el camino será mucho menos duro.

Renacimiento

El renacimiento, para muchos, significa que al morir regresaremos a esta vida para seguir aprendiendo.

Pero renacer también se puede experimentar sin tener que cesar de existir. Lo vemos todo el tiempo, todos los días.

Al abrir los ojos en la mañana estamos renaciendo a nuevas posibilidades y oportunidades. Recibimos en las manos un puño de arcilla para moldear nuestra vida como queramos.

En ocasiones tenemos que caer y golpear fuertemente el suelo. Es una muerte simbólica en la que perdemos todo lo que nos hacía sentir seguros. Y de ahí nos reinventamos, nos reconstruímos poco a poco; con una nueva comprensión de la vida.

Renacer es una experiencia muy pesada, pero la más noble y espiritual de todas.

Con todo esto dicho, no pierdo de vista que Gravedad es una película comercial. Dudo que los productores hayan intentado dejar un mensaje budista a la humanidad.

Sin embargo, no pude evitar ver entre líneas.