Terror por la convivencia

Posted by on Agosto 13, 2015 in Budismo, Vida | 9 comments

Hace un par de días estaba yo dispuesto a tener un martes como cualquier otro. Café, zazen, yoga, desayuno, estudio y trabajo.

Pero la Señora Impermanencia me visitó para mostrarme que mis planes no significan nada para ella. Sin ningún aviso, la compañía eléctrica decidió cambiar cableado en mi calle, así que cortó la energía de las 9:00 AM hasta las 10:00 PM.

En lugar de frustrarme por esto, agradecí la oportunidad porque realmente necesito descansar. Así que comencé a leer, tuve una sesión extra y larga de zazen y luego fui al mercado por la comida del día.

Regresé a preparar la comida, dormí una siesta y tomé mi lectura de nuevo.

Como toda la calle estaba sin electricidad, no había tanto ruido. Excepto por el de mis vecinos de a lado, que parecía estaban teniendo el peor día de sus vidas.

Sin energía no tenían televisión, Internet, horno de microondas, no había cómo recargar baterías de teléfono, no había música y nada de la vida morena.

La única opción que quedaba era pasar tiempo entre ellos, conviviendo. ¡HORROR!

En sus palabras podía escuchar miedo, ira y frustración. Estaban desesperados por volver a tener algo, lo que fuera, para no pasar tiempo juntos.

Entrada la tarde, decidieron empacar sus cosas y huir de su casa para pedir asilo en algún otro lugar con electricidad.

Los vecinos son el reflejo y resultado de cómo son las familias en estos tiempos: estamos solos, somos miserables con todo lo que pasa al rededor y es mucho más fácil mantener una relación personal con texto, que con presencias humanas.

Nos hemos vuelto completamente intolerantes al contacto directo con nuestra familia. Nos pone incómodos y lo vemos como una gran carga. Ésto genera una reacción en cadena de ira, sarcasmos, frustración, depresión. En una palabra: vacío.

Éstos estados alterados son producidos por mentes inquietas, presas del aburrimiento, que no tienen idea de cómo tomar el control de sus emociones. Se crean fantasías y autoengaños que transforman nuestra experiencia de vida para envenenar nuestras relaciones.

Todos así, pero es en especial más triste verlo en niños y jóvenes. Tenemos en nuestras manos varias generaciones que evitan la convivencia familiar a toda costa, en parte porque los padres usan la tecnología para evadir la responsabilidad de pasar tiempo con los pequeños.

¿Qué hacer para remediarlo? Creo que no hay salida fácil. Cada familia es diferente y primero necesita entender que ha caído en esta serie de conductas, aceptarlo con toda honestidad, para luego tomar acciones.

Mis vecinos han regresado a casa. Los niños a ver la televisión y a sus tablets, la mamá a Facebook y el papá a sus diferentes pantallas. La vida no cambiará. Promoverán el vacío y matarán por él.

La pregunta que formulo es… ¿vale la pena deshumanizar a la familia al grado de sentir miedo por la convivencia?

Las familias que promueven la convivencia y la meditación son más unidas, disfrutan más su tiempo juntos y se divierten más. ¿Suena bien? Te invito a Jizo, taller de meditación para niños y padres.

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  • Mis papás no eran los mejores padres del mundo, pero cuando se iba la luz, se ponían a contarnos a la luz de las velas historias ‘de miedo’ y cosas que habían pasado cuando ellos eran niños, era tan divertido al grado de sentir un poquito de tristeza cuando volvía la luz y había que prender los focos =P

    • Todo esto me hace sentir más agradecida por mi familia. Cuando no tenemos luz, si aún hay luz de día, hacemos sesiones de lectura 🙂 Si es de noche, tal cual dices, prendemos velas y morimos de risa contándonos anécdotas o nos sorprendemos escuchando historias de mis abuelos, que ya fallecieron, pero que mis papás y tíos recuerdan bien. Gracias, Kyonin y Sandy 🙂

  • Emilio Alonso Wilson Román

    En una ocasión me pasó algo similar, pero con mi propia familia. Mi hermana y mi madre estaban deprimidas y molestas por la falta de electricidad en ese día, mientras yo buscaba una manera de convivir. Al final, no logré conseguir mucho pero si sentí lo que describes.

    • Morex

      Sí, es triste. Pero mira, al final uno hace lo que necesita para sentirse bien. Creo que de vez en cuando desconectarnos de la electricidad es gratificante. Abrazo!

  • Ignacia

    ¿Será necesario tener que vivir un corte de energía eléctrica para, por fin, darnos espacio para conocer el mundo que nos rodea…? Que el ejemplo hable por nosotros, mejor. A repartir amor y compasión, ser más amables, mejorar la calidad de nuestros pensamientos y rehusarnos a ser parte de la cadena de violencia que nos ofrece ser la vida moderna.
    Gracias infinitas, Kyonin.

    Saludos.

    • Morex

      Sí, a veces el mundo necesita menos electricidad y más calidad humana. Es cuestión de prestar atención y ver el mundo con ojos nuevos. Gracias 🙂

  • Judith

    Muy cierto, gracias.

  • jcesarmo

    Triste en verdad.

    La convivencia se ha trasladado a las cosas que tenemos y se ha dejado las personas del lado. En una época donde la tecnología nos acerca a prácticamente cualquier persona en el planeta, nos hemos ensimismado todavía más.

    Recuerdo que hace algunos años, cuando se dió el boom de las redes sociales, había gente que hacía retiros de una semana de su teléfono inteligente. Algunos pudieron balancear su vida entre lo tangible y lo intangible (en lo que a convivencia se refiere) pero otros de plano sufrieron (por decir lo menos) la experiencia.

    Yo trabajo más de 40 horas a la semana en una computadora, de hecho mi trabajo, no lo pudiera realizar sin ella y por ende sin electricidad. Pero, en cuanto termino la jornada, apago computadora y en la mayoría de los casos convivo con personas en vivo y en directo, para hacer una limpieza de mi sistema (si hay algo que me gusta es platicar con la gente, aún con la que no conozco).

    En fin, que se nos vaya quitando el miedo de convivir con los demás, al final (o al principio) venimos a este mundo (y nos iremos) sin el teléfono…

    Un abrazo.

  • Stephany Santiago

    Chocobuda, entiendo lo que quieres decir, pero te leo desde Venezuela, así que entiendo la tragedia de que se vaya la electricidad. No es solo tiempo muerto, sino que se dañan las neveras, los aires acondicionados, la comida, los ordenadores, arreglarlo cuesta un alma y la planificación personal se va al traste, más cuando pasa al menos dos veces por semana, así que el ejemplo más cercano que consigo es cuando no hay Internet, que tampoco es muy bueno jajajaja Así que mi expresión leyendo tu relato sobre la luz sí fue ¡horror! jajaja Creo que estamos tan acostumbrados a la inmediatez de un teléfono y a lo cosmopolita del mundo que se nos olvida de dónde venimos y las personas de las que nos rodeamos, sobretodo, de la calidez que pueden ofrecernos. Sin embargo, tomar el primer paso es algo torpe, no se me ocurre como hacerlo. Si en alguna entrada pudieras contarlo, estaría bien 🙂

    Buena entrada, por cierto.