Baja auto estima ¿Y eso qué demonios es?

Posted by on marzo 6, 2017 in Budismo, Vida | 4 comments

 

Hace tiempo leí una anécdota del SS Dalai Lama sobre sus primeras visitas a Estados Unidos, en los 80’s. No recuerdo la fuente y tampoco sé la veracidad de la anécdota, pero supuestamente dio una conferencia en alguna universidad en donde le preguntaron cómo hacía el budismo para tratar la baja autoestima.

Su Santidad se quedó estoico y tuvo que consultar con sus traductores, pues no comprendía la pregunta. Luego de unos minutos de discusión, el Maestro dijo que en el budismo no hay tal cosa como autoestima.

Autoestima es un concepto occidental para explicar la relación que tenemos con nosotros mismos, pero en el budismo la autoestima no existe pues sabemos que el ego es solo una ilusión.

Desde el momento que se usa la palabra auto (uno mismo, por sí mismo), estamos en contra del dharma. Ya sea dharma budista, yogi, sikh o hinduista; las filosofías asiáticas antiguas sabían y promueven que el YO es una fantasía que nos lleva al sufrimiento.

Justo porque sabemos que el ego no existe, es la razón por la que no sabemos cómo tener una relación amable con él. ¿Cómo relacionarte con algo que no es real?

Sin embargo somos occidentales y estamos desesperados por mejorar la autoestima. La buena noticia es que es completamente posible tener una mejor relación con uno mismo. La mala es que requiere trabajo de introspección y tocar la espiritualidad.

La baja autoestima es un problema permanente para muchos de nosotros, pues no hay nada que hagamos que llegue a las expectativas de lo que IMAGINAMOS que los demás esperan de nosotros.

Tener baja autoestima es doloroso, nos confunde y queremos escondernos en un hoyo para que la vida pase por encima sin notarnos. En ese proceso estamos en constante revisión de nuestros errores y omisiones para castigarnos por ello.

Éste castigo comienza con nuestro lenguaje interno. En la mente creamos críticas, comparaciones, envidias y nos evaluamos todo el tiempo. Si por alguna razón hacemos algo bien, nos esforzamos en buscar lo malo para poder seguir sufriendo cómodamente. Si hacemos algo mal, entonces justificamos el discurso destructivo con argumentos devastadores como ya lo sabía o siempre me pasa esto. 

Pero, ¿qué son todos estos artilugios de tortura que la mente nos lanza? ¿Qué es todo ese ruido que no nos deja tranquilos?

Son sólo historias. Ficción pura.

El problema es que son tan fáciles de procesar y tan pegajosas, que las tomamos y nos las clavamos en el corazón. Pa’que duela, dicen en mi pueblo.

La mente crea cuentos y expectativas de cómo deberían ser las cosas y cómo deberíamos ser, para luego contrastar con lo que creemos que los demás esperan de nosotros. Debido a que las fantasías y cuentos mentales jamás empatarán con la realidad, entonces fallamos una y otra vez. Así sucesivamente, hasta que nuestra percepción personal se va corroyendo y se pudre por completo.

En la mayoría de los casos que conozco (y en mi propia vida), los problemas de autoestima son el resultado de las palabras que nos decimos a nosotros mismos.

Si todo el tiempo te dices feo, te verás feo y te comportarás como feo.

Si todo vas por la vida llamándote tonto, la inteligencia en efecto te abandonará y tu existencia será una sucesión de errores.

Cuidado con lo que te dices, porque te estás escuchando; dice una sabia cita.

Para la psicología budista la baja autoestima se manifiesta y se nutre del lenguaje interno, pero su raíz es mucho más profunda.

Todo este lenguaje de violencia y maltrato personal tiene su punto de origen en el hecho de que no practicamos la compasión.

Nuestra cultura ha dejado la compasión de lado y la cambió por un iPhone. Tapamos los huecos existenciales con objetos y apps, para olvidar que la benevolencia es un poder supremo que mueve al universo.

Entender que todos los seres vivos pueden sufrir es un buen inicio para entender compasión. Pero además es necesario dejarnos en claro que también nosotros somos seres vivos, ergo sufrimos. Y lo hacemos aún más cuando los ataques vienen desde adentro.

Vernos a nosotros mismos desde afuera, con amor y compasión, nos da el impulso para querernos un poco más y poner atención a nuestro lenguaje interno.

Por supuesto, no se tiene que ser un orador motivacional para lograrlo. Es cuestión de sentarse en silencio por unos 20 minutos diarios a ver pasar los pensamientos sin aferrarse a ellos.

Sí, eso es meditación. Y es una de las medicinas máximas para comenzar a quererse un poquito más.

Pronto escribiré más sobre el tema. ¿Tienes problema de autoestima? ¿Qué te ha resultado para mejorar? ¡Comparte en los comentarios!

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  • Fany

    ¡Hola, Chocobuda! Creo que una de las partes más esenciales para tener una “alta autoestima” está en la espiritualidad. Cuando entras en contacto contigo mismo, los estándares de lo que es “mejor” de tu aspecto, habilidades, cualidades, etc., fluye solo. Creo que nos torturamos comparándonos continuamente y nos hace mucho daño, pues como dices, nunca vamos a estar satisfechos.
    Saludos.

  • Nonyuc

    Gracias Ky?nin. Triste ver como desde chiquitos, en nuestras sociedades, nos instruyen a escuchar esas vocecillas internas. Luego nos ha correspondido aprender y al entender que la mente puede ser transformada, podemos tratar de eliminar esa voces internas, porque sabemos ahora, que solamente nos llevan a sufrimientos, uno tras otro, porque sus juicios tanto negativos como positivos, nos atormentan, dudando de nuestro propio valor como seres vivientes.
    Amor, bondad, compasión y respeto son los antídotos que debemos usar para escuchar la calidad de nuestro lenguaje interno y además, claro, mucho zazen y liturgia.

  • Jesus

    Gracias por el post. Sin duda, me veo reflejado. Cuanto daño nos hace esa sensación de continua y constante evaluación interna… Supongo que el sistema educativo, basado en superarse, ser el mejor y estar continuamente testando y examinando tus capacidades, tienen mucho que ver. Desde hace un tiempo, lo que de verdad me agobia no es tanto lo que me auto-exijo, sino lo que creo que otros me exigen a mi. Si fallo, hago algo mal o simplemente no estoy a la altura, me agobia pensar como las personas que me han visto fallar lo pueden compartir con otros. Mi imagen personal se escapa de mis manos, y queda al amparo de “lo que otros digan de mi al resto” Nacemos solos, y morimos solos, por lo que supongo que lo que se escaque de nuestros sentidos y nuestro yo no nos debería importar… Pero cualquier consejo que me podáis dar para superar esta aspecto, me ayudaría mucho.

  • Kati

    muchas gracias por el post!!!! Venía buscando algo sobre este tema. Tengo problemas de este estilo, pero no llega ser por la autoestima… O sí…
    Estoy estudiando música y la verdad es que lo que cuentas de siempre sacar lo peor de todo me pasa constantemente, además de estar continuamente comparándome con otros. Desde luego que me planteo muchas veces si valgo para ello y me desanimo constantemente. No sé qué relación debería mantener con ello ya que compararme con mis compañeros hace que trabaje mucho más que de otro modo pero a la vez me hace pensar que no valgo.