Bambú, Yoga y Zen. Día Internacional del Yoga 2017

Posted by on junio 21, 2017 in Budismo, Vida | 2 comments

 

Una imagen que me a la que recurro con frecuencia es el árbol de bambú. Me inspira y me hace sentir humilde.

El bambú es un árbol de vara delgada, de color vivo, siempre verde. Puede vivir casi 200 años, hasta que florece y muere. Siempre crece y prospera junto con otros árboles, nunca en soledad.

Su longevidad se debe a que es muy flexible y resistente. Observa en silencio y dignidad el paso del tiempo. Cuando hay lluvia, aprovecha cada gota. Cuando hay sol, extiende sus hojas. Si es hora de alimentar a pandas o a bacterias, lo hace sin chistar.

El bosque de bambú está conformado de miles de árboles que funcionan como un ser vivo. Trabajan en equipo, unidos con la naturaleza. Embellecen, refrescan y solo son lo que son.

No existe bambú inflexible o que se resista al flujo de la vida.

El bambú no es distinto a nosotros. Compartimos muchas similitudes y tiene lecciones que deberíamos aprender y aplicar a la cotidianidad.

Cuando somos fuertes, pero inflexibles, sufrimos. El universo jamás cumplirá nuestras expectativas.

Cuando solo somos flexibles, sin fuerza o determinación, el universo parecería abusar de nosotros.

Si no trabajamos en equipo y nos asumimos como parte de un sistema más grande de lo que imaginamos, sufrimos.

La práctica de yoga y budismo zen nos convierten en elegantes árboles de bambú. Son dos disciplinas hermanas, tan antiguas que ni siquiera tenemos registros confiables de cuándo surgieron. Nos dan fuerza, determinación y flexibilidad.

Bambú es Yoga. Yoga es Dharma. Dharma es Zen.

Feliz Día Internacional del Yoga 2017

 

  • ¡Feliz día Internacional del Yoga!
    No solo me ha ayudado a meditar, sino que me ha funcionado para la escoliosis.

    Me gustó esta frase: “Cuando solo somos flexibles, sin fuerza o determinación, el universo parecería abusar de nosotros.”
    Por experiencia en carne propia, todo extremo es malo.

    Gracias por la entrada. 😀

  • Camila Moreno

    Oh, ¡qué bello!