Todo lo que encuentras es el Camino (La vida es dura 7 / 7)

 

Si no ves el camino, no lo ves aunque vayas caminando sobre él.
Cuando la caminas, la senda no está cerca, no está lejos.
Pero engañado, te encuentras montañas y ríos alejado de él.

—Master Shitou Xiqian, Sandokai ( La Identidad de lo Relativo y lo Absoluto)

La frase final de esta serie conjunta en pocas palabras lo que hemos aprendido.  Sin importar que califiques a una situación como buena, mala, dolorosa, afortunada o alienígena; todo lo que vives es parte de tu práctica espiritual. Lo es aún más si te inclinas hacia el budismo zen.

El Universo de Universos no contiene error alguno. Nunca tiene prisa. No llega tarde. No tiene capacidad de maldad o de implantar maldad en ninguna consciencia (ni siquiera en tu político o criminal más odiado).

El Multiverso lo contiene todo. Es luz. Es tiempo. Es sincronía. Cada elemento que lo conforma tiene un propósito y colabora para que todo lo demás exista.

La mente humana es tan pequeña y tan llena de basura pretensiosa, que no puede comprender esta verdad. Termina por aferrarse al concepto de ego, que es una mini isla en la que todo puede ser utilizado hasta su extinción.

Así vamos por esta Tierra pensando que nuestros problemas son universales, que son importantes. Creemos que con el nuevo teléfono móvil o auto más nuevo seremos más imprescindibles. Detestamos la vida por una llanta averiada. Queremos morir porque alguien optó por estar con alguien más. Elevamos murallas internas y externas. Creamos conflictos. Gritamos por nuestros derechos. Odiamos. Atacamos. Consumimos todo hasta exprimir la vida de lo que tocamos.

Cuando las cosas no salen como imaginamos o cuando las personas no actúan como planeamos, sufrimos.

Todo esto nos saca de equilibrio porque los pensamientos no cesan de atormentarnos. Pero es justo ahí donde está el truco de nuestra práctica budista: todo lo que pensamos es ficción.

La calma llega al entender que todo lo que encuentras es el Camino. Cada obstáculo, cada cosa que no te gusta, cada despedida, cada pensamiento tormentoso; todo es parte de tu práctica espiritual y está llena de aprendizaje.

Nuestra práctica consiste en aceptar y aprender para crecer, para ser de mayor utilidad a la vida.

El dharma nos da las herramientas para saber lo que pasa de manera intelecutal.

El zazen no sirve para absolutamente nada, por ello nos da el silencio para entender, para soltar.

 

Sandokai, la Identidad de lo Relativo y lo Absoluto

La mente del Gran Sabio de India fue íntimamente transmitida de Este a Oeste.
Entre los seres humanos hay hombres sabios y otros que lo son menos, pero en el camino no hay patriarca del Norte o del Sur.
La fuente sutil es clara y brillante, las corrientes marginales fluyen a través de la oscuridad.
Apegarse a las cosas es ilusión; encontrar lo absoluto no es todavía iluminación.
Todas y cada una de las esferas objetivas y subjetivas están relacionadas, al mismo tiempo son independientes.
Relacionadas, cada una en su trabajo, cada una en su lugar.
La forma hace cualidades y apariencias diferentes; el sonido distingue armonías y disonancias.
La obscuridad hace todas las palabras una, la brillantez distingue frases buenas y malas.
Los cuatro elementos regresan a su naturaleza como el niño a su madre.
El fuego es caliente, el viento se mueve; el agua es húmeda, la tierra dura.
Ojos ven, oídos oyen, hay olores, hay lo salado y lo agrio.
Cada uno es independiente de otro; causa y efecto tienen que retornar a la gran realidad.
Las palabras alto y bajo son usadas relativamente.
En la luz hay oscuridad, pero no trates de entender esa oscuridad; en la oscuridad hay luz pero no busques esa luz.
Luz y oscuridad son un par, como el pié de adelante y de atrás al caminar.
Cada cosa tiene su propio valor en sí misma y está relacionada, a todo lo demás en función y posición.
La vida ordinaria encaja en lo absoluto como una caja y su tapa.
Lo absoluto trabaja junto con lo relativo, como dos flechas encontrándose en el aire.
Leyendo palabras deberías comprender la gran realidad.
No juzgues por ninguna norma.
Si no ves el camino, no lo ves aunque vayas caminando sobre él.
Cuando la caminas, la senda no está cerca, no está lejos.
Pero engañado, te encuentras montañas y ríos alejado de él.
Digo respetuosamente a quienes deseen ser iluminados:
No se aparten del presente, no desperdicien su tiempo de noche o de día.


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Haz el bien, aléjate de lo maléfico, aprecia tu locura, pide ayuda (La vida es dura 6 / 7)

 

Mencioné en el post anterior que el budismo no es fácil para el recién llegado. Hay conceptos que van en contra de lo que se nos ha indoctrinado desde pequeños, como la Vacuidad y la interconexión de las cosas. ¿Cómo es que todo está vacío, pero al mismo tiempo está interconectado?

En el budismo zen entrenamos la mente al no entrenar en absolutamente nada. Nos sentamos en silencio, mirando una pared por al menos 20 minutos al día. La práctica de zazen es nuestro pilar porque no hay nada qué ganar, nada qué perder y encima de todo, no sirve para nada.

Justo porque es una práctica que parece tonta e inútil, es una práctica suprema. Cada vez que nos sentamos en zazen estamos suspendiendo el ego por un momento, porque entendemos que lo más venenoso para nuestra vida humana es el ego.

El eslogan de hoy se divide en 4 acciones de sentido común que tienen como objetivo deslavar el ego, o al menos ponerlo en perspectiva. Hay que aclarar que no tiene nada de malo tener ego. ¡Lo necesitamos para seguir vivos! Pero el Buda nos enseña que debemos estar conscientes del ego mismo para que no crezca sin control y nos domine.

Haz el bien. Parece muy sencillo y sin ninguna complicación. Hacer el bien. ¡Obvio! Pero para un ego inflamado, actuar en beneficio de los demás es muy difícil. Hemos construido una vida con base en darnos gusto, mantener lo que nos apasiona y lo que nos da comodidad. Jamás nos detenemos a pensar de dónde vienen las cosas que comemos o que usamos. Simplemente consumimos lo que se nos antoje, ya sea alimentos, bienes o personas.

Hacer el bien implica detener el ego un momento; ponerlo de lado para revisar si lo que estamos por hacer ayuda o perjudica a los demás.

No es casualidad que todas las escuelas budistas insisten en la Compasión y Generosidad como valores importantes de nuestra práctica. Esto es porque funcionan a nivel social y personal. Nos vuelve personas abiertas y compasivas, dispuestas a crear mejores condiciones para la vida.

Hacer el bien y conservar la mentalidad de altruismo nos lleva a la felicidad perfecta y duradera.

Aléjate de lo maléfico. Las cosas fáciles de la vida son seductoras y engañosas porque acarician al ego. Dan recompensa inmediata, lo cual a es super atractivo para los humanos. Apelan a la lujuria, violencia y avaricia, cancelando todo tipo de inteligencia que nos lleve a la Compasión.

Es el Lado Oscuro de la Fuerza.

Depende de cada uno de nosotros definir qué es lo maléfico, pero hay reglas universales. Si lo que estás por decir o hacer no ayuda a nadie (incluido tú mismo), no lo hagas. Es una muy buena manera de mantener el ego bajo control.

Aprecia tu locura. La puesta en escena llamada sociedad nos obliga a cumplir roles específicos. El niño DEBE ser niño y hacer cosas de niño. La mujer DEBE hacer esta lista de pendientes y cumplir a tiempo. El hombre DEBE ser responsable, llevando su vida con seriedad y cordura. Los problemas se deben solucionar SIEMPRE de esta o aquella manera. Es absurdo.

Cuando alguien se sale de los roles establecidos, es atacado.

Pero todos tenemos algo de locos. En el fondo, no importa qué tan Scrooge seamos, hay una parte que juega con juguetes, bromea, que sueña y que crea mundos. Ese loco que llevamos dentro es el que se maravilla cuando ve una nube en forma de cangrejo o que suspira al amanecer.

Esta parte hay que rescatarla, hay que hacer que florezca porque es la que nos mantiene vivos y es la mejor consejera.

Apreciar la locura es hacer que la humanidad siga adelante.

Pide ayuda. “Soy Juan Camaney“, es una frase común en México que significa “yo soy super poderoso”, “puedo contra todo”, “soy inmortal/infertil/invulnerable/infalibe”. En realidad lo único que indica es un ego inflamado de una persona pequeña. La solemos decir cuando algo sale bien o cuando no queremos ayuda de nadie.

Y es que a los humanos nos cuesta mucho pedir ayuda porque no queremos pasar por débiles. Esto es aun más fuerte en los hombres. Preferimos morir en una explosión de vísceras y hacer la pantomima de lo duro que es la vida, a simplemente pedir que nos echen la mano.

El ego se beneficia cuando pedimos ayuda porque le estamos demostrando que necesitamos de todos, que es bueno guardar silencio y descansar en el hecho de que los demás están dispuestos a sacarnos adelante.

Se nos ha olvidado que esta civilización humana está cimentada en la cooperación y la compasión.

Si aprendemos a pedir ayuda con toda humildad, hacemos más fuertes los lazos que nos unen con amigos y familia. También creamos alianzas con personas que jamás imaginamos y pueden nacer amistades para  toda la vida.


Esta frase de Lojong es de suprema importancia para dejar de lado el ego y tener una vida menos difícil.

¿Estás dispuesto a vivir con un poco de locura, en compañía de los demás?

 

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La confusión es Buda. Practica la Vacuidad. (La vida es dura 5 / 7)

 

El budismo es una filosofía dulce y llena de textos que dan significado a la vida. Pero también tiene enseñanzas que resultan difíciles de comprender para el recién llegado, y jamás tendrán sentido a menos que se practique zazen por un buen tiempo.

Este eslogan de Lojong nos habla sobre dos conceptos complejos para la mente occidental: la inexistencia del Yo (Atman); y  la Vacuidad, que todo carece de existencia propia (Sunyata).

Para comprender el universo que nos rodea, los humanos desarrollamos a lo largo de millones de años, la capacidad del pensamiento crítico, el lenguaje y el ego. Este triunvirato es nuestra ventaja competitiva frente al medio ambiente y los depredadores porque con esta mente podemos dar orden y significado a las cosas. Nos damos significado a nosotros mismos cuando nos narramos historias como “yo soy licenciado” o “a mi me gusta la pizza”.

Pero la naturaleza no necesita nuestras palabras o nuestros pensamientos para simplemente ser. Un volcán es lo que es y no está esperando a que lleguen los humanos para darle nombre. Solo es parte de la Madre Tierra.

Nosotros somos exactamente igual. No necesitamos llegar a asignarnos etiquetas para ser parte de la Madre Tierra. Somos lo que somos, una especie más de monos. A lo largo de nuestra historia nos hemos hecho de una civilización que gira en torno al ego, lo que nos ha hecho crecer y prosperar… pero al mismo tiempo es la razón de nuestro sufrimiento.

El ego nos separa de los demás. Hace que vivamos en eternas comparaciones y envidias. Nos hace juzgar a los demás, tomando como punto de comparación nuestra propia existencia. De igual manera, nos juzgamos a nosotros mismos y queremos que las cosas siempre salgan como imaginamos. Por ego vamos generando etiquetas y divisiones, que resultan en pleitos entre bandos.

La existencia humana es confusa y angustiante, por decir lo menos.

Pero al penetrar el significado de la confusión es Buda, podemos entender que este caos que nos generamos es parte de un sistema más grande que nosotros mismos. El volcán, tú, yo, los animales, las bacterias, las plantas y todo lo que te rodea, es parte de un ser vivo al que pertenecemos. No es que haya un Buda cósmico y que seamos nosotros parte de su intestino, no (¿o sí?). Usamos el término Buda como metáfora de Universo de Universos, es decir el Multiverso.

Entender esto nos lleva a ser responsables con nuestros actos y pensamientos, pues todo lo que hacemos afecta. ¡Todo! Por ello vivimos con rectitud y en servicio de los demás.

Practica la Vacuidad nos lleva a revisar nuestra verborrea mental. Nada de lo que pensamos es real. Nada de nuestros planes, conceptos, palabras y juicios es la realidad. La mente humana solo puede interpretar el mundo, pero jamás dará un dictamen certero de cómo son las cosas. Al mismo tiempo, aprender a ver que todo está vacío nos ayuda a ver que una manzana no existe por si misma, es originada por miles de factores que funcionan al mismo tiempo. Ver la Vacuidad nos lleva a admirar que nada de lo que nos rodea aparece de la nada, sino que es originado por otros objetos o fenómenos. Absolutamente todo en la vida está interconectado.

Si la confusión y el caos del universo que te rodea solo está en tu mente y si todo es Vacuidad; ¿entonces por qué sufres? Básicamente por ego.

Pero ¡oh sorpresa! El ego tampoco es real.

 

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Sé agradecido con todos (La vida es dura 4 / 7)

 

 

Si has acudido a alguna de mis charlas públicas sabrás que hay 3 conceptos que promuevo de forma activa: Gratitud, Compasión y Generosidad.

No importa qué religión practiques o si eres un escéptico consumado, todos los seres humanos necesitamos vivir por estos valores si queremos tener paz y mejor calidad de vida. Esto es debido a que están grabados en nuestro ADN, son lo que nos hace seguir adelante como especie. De hecho, son tan imprescindibles que todos los grandes simios los comparten.

Sin embargo en la sociedad de consumo, estas prácticas han pasado a segundo plano. Ahora ser agradecido está mal visto y muchos han olvidado el significado real. Ser compasivo es demostrar debilidad. ¿Generosidad? No, gracias. Ser generosos evita que sigamos comprándolo todo y llenándonos de cosas que no necesitamos.

La palabra gracias es utilizada todo el tiempo. La decimos al recibir un café o cuando alguien nos da algo.  Es una especie de comodín que nos da armas para criticar a quien no la usa.

Pero una cosa es decir gracias y otra muy distinta es sentir gratitud.

¿Cómo entender la Gratitud? Mira tus pies. Estoy casi seguro que estás usando zapatos en este momento, por los cuales no contribuiste en nada y aún así estás disfrutando el privilegio de tenerlos. Éstos no aparecieron por generación espontánea.

Tus zapatos son el punto más alto de la historia del universo. Es debido a que existe un universo, una galaxia, un sistema solar, un planeta Tierra con recursos naturales, millones de años de historia, millones de seres vivos, artesanos, ingenieros, inventores, obreros, transportistas, vendedores… un sistema infinito de factores y existencias que han colaborado para que tengas calzado en tus pies, sin que te esfuerces más que en pagarlos.

¿No es como para estar profundamente agradecido?

Otro ejemplo: ¿hace cuánto no piensas en las personas que ayudaron a que nacieras? Médicos, enfermeras, personal del hospital o del sistema de salud de tu país. Debes tu existencia a un sistema inmenso de vidas y de ciencia.

La Gratitud (sí, con G mayúscula) es un sentimiento que debemos desarrollar y practicar todos los días porque nos da perspectiva de nosotros mismos. Nos hace sentir conectados con el universo.

Una persona que vive con el corazón agradecido sabe que nunca ha estado sola. Entiende que la todo en el universo está interconectado y que todos dependemos de todos.

Cada alimento que comes, cada bocanada de aire que respiras, cada noche que cierras tus ojos para dormir, cada político corrupto, cada familiar muerto… todo está interconectado por hilos tan finos y elegantes que escapan a la vista.

Vivir con Gratitud hace que el mundo sea más amable y que apreciemos lo que hay, lo que es. Evita que comentamos excesos, pues entendemos que estaríamos desperdiciando el esfuerzo de otras vidas. Aun en la tormenta más fuerte y en el problema social más terrible. Sigues aquí; sigo aquí gracias a ti, a ellos y a millones de seres que nos preceden.

¿Cómo comenzar a sentir Gratitud? Aquí hay una idea. Te reto a que la pongas en práctica.

Deja de decir gracias vacío. Es tiempo de vivir agradecido.

 

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Conjunta todas las culpas en una (La vida es dura 3 / 7)

Foto: Boston Review

Hay muchas razones por las que el budismo no es popular para el mundo occidental. Quizá la más grande de todas es el hecho de que en cualquier escuela budista no nos hacemos tontos; sabemos perfectamente que la responsabilidad de nuestra felicidad está en nuestras manos.

Y el el Budismo Zen esto es aún más brutal y honesto.

Sabemos que cada acto, por pequeño que sea, genera ondas por todo el universo. Lo que parece algo insignificante como llegar tarde o comer una manzana, repercute y afecta la realidad… que va más allá de nuestra comprensión.

Conjunta todas las culpas en una es una frase que podría ser el deleite de las religiones basadas en la culpa. Pero en realidad no se refiere a este tipo de culpa. Lo que buscamos es comprender que no hay culpas de ningún tipo cuando aceptamos la responsabilidad de cada pensamiento, palabra o acto.

Este eslogan nos recuerda que no podemos ir por la vida culpando al gobierno, al clima, a Mercurio o a la pareja. Seguro, hay personas que actúan con una mente engañada por la ignorancia y la avaricia, pero está en cada uno de nosotros saber hasta donde queremos engancharnos el el sufrimiento.

Lejos de parecer algo que nos condene a sentirnos mal o buscar cabezas para cortar, esta frase es liberadora porque nos impulsa a pensar que si todo lo que pasa en mi vida es afectado por mis acciones… ¿por qué no hacer lo posible por beneficiar a los demás? ¿Por qué no crear un estilo de vida que permita que todos a mi alrededor tengan una buena vida? ¿Para qué consumir o comprar lo que no necesito?

La mentalidad de conjuntar todas las culpas en una también nos lleva a la introspección y al aprendizaje. No importa qué tan ruda sea la situación por la que se esté pasando, hay mil lecciones que la vida pone bajo nuestra nariz. ¡Están ahí a nuestro alcance! Es cuestión callar la producción  de pensamientos chatarra para poder entender y aplicar lo aprendido.

Este eslogan es real para la transformación personal, pero también para las sociedades. Hoy más que nunca tiene un valor especial.

Si en lugar de buscar grupos a los que odiar, buscáramos grupos a los que ayudar, el mundo comenzaría a dejar atrás las divisiones y podría progresar más allá de la sociedad de consumo.

Pero uno siempre puede comenzar esta práctica de manera personal. En mi experiencia, esta mentalidad se contagia y alcanza a otros seres de formas que jamás imaginaríamos.

Hoy la responsabilidad por tu felicidad está en tus manos. ¿Qué harás con ella?

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