Tiempo de guardar silencio. Regreso en 2018 :)

 

Después de la temporada de práctica zen intensa en Ango que se observa los últimos 3 meses del año, y de haber estado en retiro de Rohatsu;  ha llegado el tiempo de guardar silencio y contemplar cómo el otoño se convierte en invierno. Son los días del año en los que permanezco sin blog o redes sociales, para sumergirme en alguna novela de ciencia ficción y estar en familia.

La vida nos ha dado todo tipo de experiencias y es necesario tomar una pausa para asimilar, para entender y dejar ir. Si hay una palabra que debe definir este año es GRACIAS… aun habiendo pasado por terremotos o huracanes o situaciones sociales.

Estás aquí, hoy, en este instante. Es lo único que siempre hemos tenido.

Como todos los diciembres desde hace 10 años, este blog se torna hacia la quietud y permanecerá inmóvil por unos días hasta el próximo enero.

Solo queda 1 post más para este año: la invitación a recibir 2018 en zazen. Pronto más detalles.

Así que a celebrar la vida en silencio, compasión y sin excesos. Nos vemos pronto.

Un poco de música para invierno 🙂

 

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Una vida con hábitos y rutina es una vida de paz y crecimiento

 

 

Llevar una vida con disciplina y hábitos, resulta en una práctica mucho más enfocada y con mejores intenciones para la vida cotidiana.

Varios amigos lectores me escribieron para pedir más posts sobre cómo forjar nuevos hábitos y cómo llevar a buen término la intención de mejorar nuestra vida.

Aprovechando que este año está comenzando y que muchos aprovechan el mes de enero para aventurarse en nuevos hábitos, creo que es buena idea hablar sobre cómo lograrlo.

Esto me puso a pensar lo mucho que las cosas han cambiado para mí desde que decidí perder el miedo a experimentar. Pasamos los días haciendo las cosas como lo aprendimos de nuestros padres; y jamás nos detenemos a pensar si existe una forma más eficiente de obtener los resultados.

La Receta de Pastel de Fresa de la Abuela© será la misma receta y jamás será puesta a prueba. Es más, nadie se atrevería a cuestionarla, ¿correcto? Los mismos ingredientes, mismos procedimientos producen el mismo resultado. Seguirla al pie de la letra es una tradición y un hábito que simplemente está.

Vamos por la vida resolviendo problemas de la misma forma. Nos sentamos en un muy cómodo cojín, el cual nos absorbe y nos entumece el sentido crítico.

Es cierto que para los budistas es natural aceptar las cosas como son, pero eso no significa que no estemos en la búsqueda de formas óptimas que nos den más tiempo y tranquilidad.

Así, forjar nuevos hábitos es una cadena de acciones que mejoran la vida y calman la mente porque llegamos a un punto en el que sabemos que estamos tomando el control sobre lo conocido. Nos atrevemos a empujar los límites sólo un poco más, hasta que la nueva actividad se convierte en estándar y seguimos adelante con el aprendizaje.

En lo personal puedo decir que crear nuevos hábitos retando el conocimiento convencional, ha mejorado mi tonta existencia. Me curé el insomnio, adquirí orden en el trabajo, adopté la meditación como parte de mi vida, aprendí lo básico de un par de idiomas de mi interés, mejoré mi alimentación, me volví corredor… y la lista puede seguir.

Por supuesto no puedo decir que mi vida es perfecta y mucho menos puedo decir que soy un ejemplo. Todo lo contrario. Soy bastante bestia y justo porque mi vida es caos y golpes contra la pared, es la razón que busqué la tranquilidad por medio de los nuevos hábitos.

¿Cómo comenzar un nuevo hábito?

Perdiendo el miedo a experimentar y reconociendo la necesidad primigenia que nos mueve hacia la búsqueda. Y de ahí en adelante comenzamos a actuar hacia lo que queremos.

No es lo mismo querer bajar de peso por vanidad, que hacerlo por una preocupación clara por nuestra salud.

Conforme pasen los días escribiré más sobre el tema.

¿Tienes algún secreto para comenzar a desarrollar nuevos hábitos? ¡Comparte en los comentarios!

Si necesitas un método probado por muchos alumnos de varios países de este blog, te invito a tomar Shojiki, el taller de hábitos donde la meditación es la espina dorsal de nuestra práctica.

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Hablemos de Hábitos (Video)

Quizá uno de los monstruos más difíciles de vencer es nuestra propia apatía. Es la que nos ata y nos mantiene inmóviles mientras la vida alrededor se desarrolla.

En esta charla hablo de algunas razones por las que fallamos al intentar hacernos de nuevos hábitos, y respondo preguntas de los participantes.

Hubo una pregunta que me hicieron y no respondí, pero lo hago aquí.

¿Es la meditación el hábito más importante? Sí que lo es. Cuando meditas dejas de lado el ego, suspendes las preguntas y aceptas la vida como es. Por unos instantes puedes mirarte sin apegos u opiniones, para apreciar el camino que tienes qué recorrer. Meditar te calma, te da cimientos para seguir adelante y nos hace ver la vida con ojos frescos.

Esto y mucho más en la charla.

¡GRACIAS A TODOS!

Si quieres saber más sobre hábitos y comenzar 2018 haciendo cambios positivos en tu vida, este taller es para ti.

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Los hábitos de Tamal

 

Avertencia: si eres alérgico a los tamales, a los gatos o a los hábitos que cambian la vida, este post no es para ti.

Si me sigues en Twitter, habrás visto que en ocasiones publico alguna foto de mis gatos: Tesla y de mi Maestro Zen, Tamal Sensei.

Tamal-sama llegó mi vida un día que iba caminando hacia el mercado a comprar comida. Escuché un maullido de gato bebé y al buscar, lo encontré escondido en un arbusto, helado y muerto de miedo. Desde ese día se mudó a mi casa y la experiencia ha sido maravillosa porque he aprendido mucho de él.

Es un gato que a lo largo del tiempo ha desarrollado conductas muy curiosas, que repite diariamente y no falla en ellas. Temprano antes del amanecer, mientras recito sutras y practico zazen, él se sube a su primera siesta del día en la silla del escritorio. Durante mi sesión de yoga, se mueve hacia el teclado de mi PC.

Si es mañana de estudio y estoy en el escritorio, se sube a mis muslos a simplemente estar conmigo. Claro que no es tonto. Si hace frío sólo se duerme en el suelo junto a mi.

Durante mi café, Tamal come su octavo desayuno y se muda a un sillón y ahí duerme hasta medio día.

A las 12:00 PM se acerca a maullar y a mirarme por al menos 30 minutos. Luego va a buscar su pelota y me la trae para que la arroje. Jugamos a la pelota por unos 20 minutos. Luego se cansa de tanta emoción y regresa a su siesta.

Por la tarde, a las 6:00 PM termina su sueño de belleza y me busca para más juego de pelota. Jugamos por otros 30 minutos. Si me ve ir a la cocina, se sube a una mesa porque sabe que es hora del cariño. Lo acaricio, charlamos y luego va a una pequeña siesta más.

A las 9:00 PM es hora del parkour y de cazar a Tesla. Juegan por todos lados, trepan, saltan, emboscan, se muerden, gruñen… para terminar durmiendo juntos en un sillón.

A las 10:00 PM va a su arenero y espera que le sirva su cena. Come y luego merodea por la casa.

A las 10:30 PM que ya estoy en cama, va a recostarse en mi pecho mientras leo. Tamal me premia con una serenata de ronroneo para arrullarme. Luego se cambia a mi lado y se queda casi toda la noche.

Esto ha sucedido por varios años. A veces cambia un poco con respecto al clima o si hay algún alumno de visita, pero sus hábitos están perfectamente establecidos.

Vemos estas conductas repetitivas en insectos, fauna marina, animales terrestres, aves y grandes simios. La ciencia ha estudiado cómo los hábitos y la rutina son necesarios para la vida en todos los planos. La evidencia y cantidad de información es contundente.

Es de vergüenza ver entonces, que el único animal que se niega reconocer el valor de la rutina es el ser humano. Huimos de ella, le tenemos mucho miedo y hacemos lo posible para no “caer en la rutina”. Hay toneladas de libros, documentales y muchos compañeros blogueros que han hecho un estilo de vida poniendo a la gente en contra de nuestra naturaleza básica: la rutina y la disciplina.

Existimos en esta paradoja donde todos tenemos una rutina matutina especial o de fin de semana… pero a la hora de que esa rutina no cumple con nuestro ego, la rechazamos.

Trascender el ego y ver el valor de la rutina, hace que podamos entender el valor de la disciplina.

El Buda en muchos de sus discursos nos insiste que:

Para disfrutar de buena salud, para traer felicidad a la familia, para llevar paz a los demás, uno debe ser disciplinado y aprender a controlar su propia mente. Si una persona controla su mente podrá encontrar el camino a la Iluminación; así obtendrá naturalmente toda la sabiduría y virtud.

Aprendimos a leer gracias a la rutina. Cocinamos, nos ganamos la vida y hasta dormimos gracias a que vivimos de la rutina. Los atletas y artistas que admiras no llegaron ahí solo por accidente; son personas que viven en entrenamiento y hábitos diseñados para prosperar.

Hablando sólo de mi, sin disciplina y estudio de hábitos nunca me hubiera ordenado como monje, no podría trabajar, jamás hubiera vencido al insomnio o a la obesidad.

Así como los gatos, los seres humanos somos animales de hábitos y conductas repetitivas. Entre más rechacemos este hecho, más difícil nos será mejorar las cosas que necesitamos que funcionen mejor de nuestra conducta.

Los hábitos y la rutina se convierten en disciplina. Y un cuerpo-mente que vive así puede ser auténticamente feliz.

Si te interesa aprender más sobre hábitos, esto es para ti.

 

 

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Inicia 2018 con un nuevo hábito. Regresa el taller de hábitos Shojiki

 

 

¿Cómo quieres cambiar tu vida en 2018? En Shojiki hemos ayudado a cientos de alumnos de varios países a bajar de peso, comenzar a practicar yoga, volverse runners, dejar adicciones, decir adiós al pasado, ser más organizados en casa y hay quienes han encontrado pareja.

Regresa Shojiki, uno de los talleres más buscados en Chocobuda; donde aprendemos a forjar hábitos que mejoren nuestra vida, así como a deshacernos de los que causan daño. Para esta versión incluimos nuevas técnicas y videos didácticos.

Así como 2017 comienza a irse, nuestros planes y energía para iniciar el año que viene, aumentan día con día. En la mente generamos planes y propósitos para 2018 y estamos seguros que este año será el bueno.

Desgraciadamente los planes y las buenas intenciones no son suficientes. Es necesario cambiar nuestra mentalidad y tener un método para lograr lo que queremos.

Aquí es donde Shojiki, el taller de hábitos de Chocobuda, entra al rescate. Éste ha sido nuestro taller más exitoso y muchas personas se han beneficiado de él porque tomamos la meditación como eje principal de la creación de nuevos hábitos.

Una de las acciones más nobles que podemos tomar es la creación de un hábito nuevo. Es la irreverencia máxima,pues querer tomar el control de nuestra vida implica retar el conocimiento convencional y a nuestros propios demonios.

¿Cuántas veces lo has intentado y fallado?

Forjar un nuevo hábito es emocionante pero sin una guía e inspiración, estamos condenados a repetir los errores.

Existen muchos métodos y enseñanzas para alcanzar este fin, pero casi todos se enfocan en el hábito mismo. No exploran la raíz ni lo que produce el impulso del cambio.

Shojiki es un taller 100% online diseñado por Chocobuda para cultivar un hábito que transforme tu vida, contrarrestando la locura y la prisa de la vida cotidiana.

Sí, leíste bien. Un solo hábito.

Shojiki es la palabra japonesa que significa sinceridad, buena fe, honestidad, honradez, confiabilidad. Estos son los valores que promueven el cambio y son explorados mediante ejercicios 100% prácticos que impulsan la disciplina necesaria para el cambio.

Shojiki en una mirada

Evento: Shojiki, taller de hábitos

Facilitador: Kyonin

Inicia: Miércoles 17 de enero de 2018

Disponibilidad: Limitada a 10 personas

Cierre de inscripciones: 15 de enero de 2018

Más información: elchocobuda ARROBA gmail.com

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¡Te amo con toda mi tortilla!

 

Los humanos somos seres vivos esculpidos por la evolución para optimizar los recursos disponibles, y así crear las condiciones adecuadas para transmitir nuestro material genético.

Hemos creado una relación muy estrecha con los alimentos porque es el combustible que nos permite seguir con vida. Creamos relaciones personales estrechas al sentarnos juntos a comer. También usamos la comida como forma de celebración, gratitud, recompensa y para tapar huecos existenciales.

Los alimentos son nuestra religión, ritual, refugio y parte importante de cómo demostramos cariño por otros seres vivos.

El problema es que al crear una cultura en torno a los alimentos, hemos perdido el control y hemos caído en la irresponsabilidad; lo que dispara todo tipo de excesos que nos llevan a problemas de salud.

Por irresponsabilidad me refiero a que tomamos nuestra nutrición muy a la ligera. Dejamos que la publicidad de las empresas piense por nosotros. No leemos, no investigamos y casi nunca estamos conscientes de qué es lo que ponemos en nuestro plato. Sorprende encontrar quienes no saben distinguir entre una leguminosa y una legumbre. Si algo nos cae mal o nos hace daño, recurrimos a un medicamento para seguir comiendo lo que nos ha enfermado. Comemos hasta reventar… o no comemos a causa de algún desorden alimenticio. Tenemos esta relación increíblemente compleja con la comida.

Pero comida es comida y lo que importa es que me haga sentir satisfecho. Lo que importa es que exprese mi amor por medio de una tarta de chocolate, ¿correcto?

En un nivel simplista, sí, es correcto. Queremos alimentarnos para sentirnos satisfechos y para amar con toda la tortilla a nuestras parejas, hijos, mascotas, amigos. Pero justo porque somos irresponsables ofrecemos más comida de la que podemos manejar. Y luego está la calidad de la misma, que a veces no es la adecuada.

En las sociedades antiguas, la comida era sagrada; pero la relación en torno a ella era mucho más simple. Era considerada medicamento y se consumía (o no), dependiendo de las condiciones y de la disponibilidad.

Hoy en día comemos para amar… pero ese amor es sacrificado cuando perdemos el control y somos irresponsables.

No es casualidad que la mayoría de los monjes budistas solo coman alimentos naturales, de una a dos veces al día. La espiritualidad de la humanidad está ligada también a los alimentos y sabemos que demasiado de lo que nos gusta, resulta perjudicial.

Por eso es que el budismo no solo busca una vida ética y pacífica, sino que también cura el cuerpo. Promueve la buena salud al poner plena atención a nuestra relación con la comida.

Amar con toda la tortilla está bien. Pero hacerlo con tanta frecuencia y para cubrir huecos espirituales… eso es lo que nos tiene enfermos.

El acto de amor más maravilloso y perfecto es nutrir nuestro cuerpo. ¿De verdad estamos dispuestos a seguir obesos o enfermos por comer lo que sabemos nos daña?

Pronto seguiré escribiendo al respecto y tendré una sorpresa para quienes estén listos para reparar su relación con los alimentos.

 

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