El que busca no encuentra

 

Los seres humanos somos especialistas en poner el peso del mundo sobre nuestros hombros. Nos preocupamos por tantas cosas que si lo vemos de forma objetiva, resulta absurdo.

Una de las presiones más grandes que tenemos es la de lograr más, tener más y obtener más. La cultura humana en general, que va desde los amigos del patio de juegos de la escuela, hasta los directivos de las empresas; nos presiona por buscar… lo que sea.

De hecho somos especialistas en búsquedas, al grado de que pasamos más tiempo buscando que disfrutando lo que hay y lo que es. Esto nos hace sentir eternamente incompletos e insatisfechos, por lo que volvemos la gran misión de nuestra vida es la búsqueda perpetua.

Buscar por buscar, sin paz o descanso alguno.

Esto lo he pensado porque muchas personas llegan a mi con el argumento de que en la meditación está la tranquilidad que han estado buscando. Y es curioso cómo todos ellos se sorprende con mi respuesta:

La práctica de zazen es la suspensión de todas las búsquedas.

Al permanecer en silencio contemplando el flujo de los pensamientos, todas las búsquedas se detienen. Practicamos zazen solo por practicar, sin motivo, sin buscar y sin asumir que la paz llegará.

No nos sentamos en zazen para cumplir horarios ni objetivos. No queremos agregar números a la estadística por más que Insight Timer nos presione a obtener logros.

El que busca no encuentra y esto es una verdad que observo una y otra vez. ¿Cuántas veces logras lo que buscas solo para darte cuenta que has generado más problemas que soluciones? Hay personas que desesperadamente buscan pareja y cuando la encuentran son más infelices que cuando estaban solas.

Al buscar por buscar lo único que encuentras es la infelicidad.

Cuando nos planteamos objetivos y caminamos un día a la vez, dejamos que la vida sea vida y que la impermanencia fluya. Es nuestro lugar fluir con la vida y disfrutar cada paso del proceso.

El Buda pasó muchos años buscando la raíz de la espiritualidad y fue hasta que se sentó en silencio, que la Iluminación llegó.

El que busca no encuentra.

El que se sienta en zazen lo tiene todo y está completo.

Read More

RECUERDA: Fin de semana para la Reconstrucción Interna. CDMX, 20-22 octubre 2017

 

La Ciudad de México ha demostrado que es capaz de salir adelante siempre que la naturaleza se manifiesta. El tiempo es testigo de que sus habitantes son fuertes y capaces de unirse cuando dejan de lado el ego.

Estos días en los que edificios deben ser reconstruidos, vemos cómo la vida sigue adelante. Sin embargo sé personas cercanas a mi que mucha gente necesita también comenzar los trabajos de reconstrucción interna.

Si tienes miedo, ansiedad o simplemente necesitas rodearte de amigos en un fin de semana de cordialidad y serenidad, acompáñame. Juntos podemos comenzar a recuperar la calma y tomar fuerza para seguir.

Por un fin de semana estaremos meditando y practicando lo esencial de budismo zen.

 

Fin de semana para la Reconstrucción Interna

Viernes 20 de octubre, 6:00 PM a 8:00 PM. Tarde de charla y café para conocernos y estar entre amigos. Sin costo, solo tu consumo personal.

Sábado 21 de octubre, 10:00 AM a 2:00 PM. Mañana de Reconstrucción Interna. Meditación, charla dharma y práctica de metta bhavana. Donativo a partir de: $300.

Domingo 22 de octubre, 10:00 AM a 2:00 PM. Ceremonia Zazenkai. Canto de sutra, zazen, kinhin, charla dharma, práctica de metta bhavana . Recomendado para personas con hábito estable de meditación o interés en la práctica zen. Donativo a partir de: $300.

Requisitos para sábado y domingo: Llegar al menos 15 minutos antes, llevar ropa cómoda, cobertor o cojín de meditación, haber dormido bien la noche anterior.

Lugares disponibles: quedan únicamente 5 lugares.

Reserva lugar:  Escribiendo a elchocobuda ARROBA gmail.com

Sede: Café Intilari. Avenida La Morena 1305 Ciudad de México https://www.facebook.com/IntilariCDMX/

Te espero 🙂

 

Read More

Fin de semana para la Reconstrucción Interna. CDMX, octubre 2017

 

La Ciudad de México ha demostrado que es capaz de salir adelante siempre que la naturaleza se manifiesta. El tiempo es testigo de que sus habitantes son fuertes y capaces de unirse cuando dejan de lado el ego.

Estos días en los que edificios deben ser reconstruidos, vemos cómo la vida sigue adelante. Sin embargo sé personas cercanas a mi que mucha gente necesita también comenzar los trabajos de reconstrucción interna.

Si tienes miedo, ansiedad o simplemente necesitas rodearte de amigos en un fin de semana de cordialidad y serenidad, acompáñame. Juntos podemos comenzar a recuperar la calma y tomar fuerza para seguir.

Por un fin de semana estaremos meditando y practicando lo esencial de budismo zen.

 

Fin de semana para la Reconstrucción Interna

Viernes 20 de octubre, 6:00 PM a 8:00 PM. Tarde de charla y café para conocernos y estar entre amigos. Sin costo, solo tu consumo personal.

Sábado 21 de octubre, 10:00 AM a 2:00 PM. Mañana de Reconstrucción Interna. Meditación, charla dharma y práctica de metta bhavana. Donativo a partir de: $300.

Domingo 22 de octubre, 10:00 AM a 2:00 PM. Ceremonia Zazenkai. Canto de sutra, zazen, kinhin, charla dharma, práctica de metta bhavana . Recomendado para personas con hábito estable de meditación o interés en la práctica zen. Donativo a partir de: $300.

Requisitos para sábado y domingo: Llegar al menos 15 minutos antes, llevar ropa cómoda, haber dormido bien la noche anterior.

Lugares disponibles: solo 12 personas.

Reserva lugar:  Escribiendo a elchocobuda ARROBA gmail.com

Sede: Café Intilari. Avenida La Morena 1305 Ciudad de México https://www.facebook.com/IntilariCDMX/

Es posible que se abran más actividades. Regresa a este post para estar enterado o sígueme en Twitter @chocobuda.

Te espero 🙂

 

Read More

Budismo zen y dolor

 

ADVERTENCIA: Este post habla ligeramente de la visión del budismo zen sobre el dolor. De ninguna manera promueve el abandono de tratamientos profesionales o impulsa al lector a no consultar al médico. El budismo y la práctica de zazen complementan el tratamiento que solo tu médico puede indicar.

Si tienes un cuerpo y estás vivo experimentarás dolor en algún momento. Todos los seres vivos sentimos dolor. No hay verdad más contundente que esta. El dolor físico es parte del paquete de bienvenida que recibimos al nacer y no hay manera de renunciar a él. El dolor es parte de nosotros, es uno de esos compañeros de viaje al que decidimos ignorar, pero caminará a lado todo el tiempo. Se manifestará poco, a veces mucho y en ocasiones por largos periodos.

Nosotros, en la eterna pretensión de ser los reyes de la creación, evadimos esta realidad para maquillarla con mil remedios, medicamentos procesados y técnicas. Lo evadimos a toda costa porque el dolor nos hace sufrir. Y el sufrimiento es algo que no nos aterra, pero justo porque le tenemos miedo, nos visita con frecuencia… como esa tía gorda que te pellizca las mejillas.

El Buda era una persona que sabía mucho de dolor. De hecho, éste lo acompañó en la última etapa de su vida porque su espalda de 80 años ya no podía con tanto caminar. Tenía que permanecer recostado sobre su lado derecho para poder mitigar un poco su incomodidad.

De igual muchos otros maestros budistas han conocido el dolor cara a cara. Pema Chodron padece de dolores crónicos y ésto la ha llevado a una vida de contemplación solitaria. Bhikkhu Bodhi ha viajado por el mundo en busca de una cura a su dolor. Nuestro maestro Dogen Zenji, quien murió a los 53 años, pasó por una etapa fuerte de dolor y de debilidad que no le permitían estar de pie por mucho tiempo.

Sin embargo, no importa de qué era sea el maestro, en todas las imágenes que tenemos de ellos se les puede ver sonrientes, serenos y sin preocupación. La imagen del Buda recostado en su lado derecho es un recordatorio de que se puede estar tranquilo aunque se esté pasando por dolor físico, que es una parte inevitable de la vida.

¿Cómo es esto posible, si un dolor de muela es horrible? ¿Cómo sonreír cuando se está pasando por algo tan serio como cáncer o SIDA? ¿Cómo estar de buen humor con una enfermedad autoinmune? ¿Cómo estar tranquilo si la espalda me está matando?

La práctica budista zen nos permite estar en paz con el dolor y la enfermedad porque entendemos que la vida incluye dolor. Sabemos que todos los seres vivos pueden sentirlo y que de ninguna manera el dolor es exclusivo para una sola persona.

En el Sallatha Sutta, el Buda nos dice:

“Cuando es tocada por el dolor, la persona común no instruida [en el dharma] se aflige, llora y lamenta, se golpea el pecho y se vuelve distraída. Así siente dos dolores: el físico y el mental. 

Es como si dispararan una flecha a un hombre y justo después dispararan otra más. El hombre sentiría los dolores de dos flechas. De la misma forma, cuando es tocada por el dolor, la persona común no instruida [en el dharma] se aflige, llora y lamenta, se golpea el pecho y se vuelve distraída. Así siente dos dolores: el físico y el mental.”

La  mente humana evolucionó para pensar. Es su trabajo y lo hace muy bien. Entendemos el universo por medio de los pensamientos, que son historias que nos contamos. El problema es que estas historias casi siempre son de ego porque vemos el universo en torno a cómo nos afectan de manera personal todos los fenómenos.

Cuando incluimos la palabra YO en la experiencia del dolor, estamos asumiendo que somos los únicos en el mundo que están sintiéndolo. Olvidamos que es una cualidad más de la vida y nos volvemos miserables haciendo lo posible por repelerlo. Entre más lo rechazamos, más lo sentimos y la recuperación (o agonía) tarda mucho más.

El budismo nos hace entender que el dolor es real, es parte de nosotros y lo compartimos con todos los seres que han existido y que existirán. Es un gran maestro porque nos hace sensibles a la experiencia ajena, nos impulsa a hacer lo posible para no pasarla tan mal, a ser creativos, a ser humildes y buscar ayuda y cobijo en otros. Nos hace explorar partes de nosotros que no conocíamos. Cuando el dolor termina sabemos lo que otros experimentan y estamos en capacidad de ayudar.

La práctica zen pone en nuestra cara la realidad de que el dolor nunca ha sido y nunca será personal. No es una conspiración en nuestra contra. Es lo que es, y como todo en el universo, es impermanente. El zen nos hace estar en paz con todo y lo vivimos sin poner etiquetas, sin decir YO.

Con la práctica disciplinada de zazen es posible lograr una no-relación con el dolor, hasta el punto de disminuirlo o no sentirlo más por algún tiempo. También cambia la relación con la enfermedad: se ve como una condición más de la vida y no como una afrenta personal. No en vano la ciencia continua explorando la meditación como el mejor analgésico que jamás hayamos inventado.

Mi experiencia personal con el dolor es insignificante y de ninguna forma puedo comparar mis vivencias con las de un paciente de dolor crónico. Sólo puedo atestiguar que cuando hay dolor me siento en zazen y al final de la sesión me cuesta trabajo encontrarlo. Llevo varios años sin tomar ningún analgésico o medicamento. Pero de nuevo, los dolores y enfermedades que he tenido son nada.

En el silencio del zazen nos volvemos uno con el dolor. Y si solo queda uno, entonces ya no resta nadie más para sentirlo.

 

Read More

Ya estás en casa

 

Puedes terminar la búsqueda aquí y ahora. Puedes quitarte esos zapatos y retirar la máscara de tu rostro en este instante. Ya estás en casa. Siempre has estado donde perteneces.

Has caminado por años buscando felicidad por debajo de cada roca. Has perseguido mil espejismos que te seducen con promesas de amor y de tranquilidad. Hasta ahora te has enredado en muchas relaciones que parecen no llegar a ningún lado. Amigos, parejas, familia; ellos no tienen la solución a aquello que te hace perder el sueño.

Has seguido el canto de la sirena de la sociedad de consumo, pensando que el nuevo auto o el nuevo teléfono móvil te harán una persona de éxito. Pero entre más compras y más logras, el vacío es cada día más grande.

Quieres llegar más lejos, más temprano y viajar más rápido. Quieres más títulos, más reconocimiento, quieres ser una persona rodeada de seguidores y de poder. Luchas por todo ello, pero cuando lo logras, de nuevo el vacío dentro de ti te oprime el corazón.

No, la respuesta nunca ha estado en cumplir tus sueños. Tampoco en la belleza o cubrir tus imperfecciones con maquillaje. Pelear por tus derechos, cobrar venganza, manifestarte en contra del gobierno y la corrupción. Pelear, pelear y pelear. Continúas ese camino sabiendo dentro de ti que no te llevará tampoco a casa.

¿Entonces dónde está mi lugar? ¿Dónde pertenezco? ¿Hacia dónde voy?

Ya estás en casa. Siempre has estado aquí, pero miras por la ventana hacia la casa del vecino. Te comparas, deseas y sufres lo que no tienes… mientras estás sentado en una silla llamada Gratitud.

Aquí en casa todo está en orden. El tiempo no corre, la vejez no importa y la lucha por tenerlo todo pierde todo significado.

Aquí en casa todos te amamos, te aceptamos como eres y contamos contigo para estar bien. Aquí no solo te tendemos la mano para ayudarte, sino que te impulsamos a estar bien. Sabemos que tu bienestar es nuestra felicidad.

Aquí en casa eres libre para ser tú mismo, para dejar de pretender ser lo que no eres. Aquí nadie te juzga, no te criticamos.

Esta es tu casa, en la que cada ventana mira hacia dentro de ti, hacia el contento y la aceptación la vida como es.

En tu casa hay silencio que sana y calma. No importa en qué parte del universo estés, siempre estás en casa cuando miras la vida con Compasión, Gratitud y Generosidad.

Ya estás en casa. Así que relájate. Respira. Y siéntate a meditar en zazen.

Read More

Aquí en la profundidad

 

Todas las tormentas que hunden nuestras naves con las olas más devastadoras están formadas de las cosas que deseamos, de la lujuria y del consumo desmedido. Una vez que abrimos la puerta a la avaricia, es muy difícil cerrarlas. Somos adictos a tenerlo todo de inmediato y a navegar en círculos alrededor de objetivos ficticios.

Las nubes negras que lo cubren todo son las aversiones, los miedos, el odio y las divisiones que ponemos entre nosotros. Cada muralla, cada opinión a la que nos abrazamos contribuye a que la tormenta se vuelva aún más monstruosa.

Y no para. Nunca para. Vamos de puerto en puerto buscando la tranquilidad, lo que sea que nos haga felices. Pero todos los puertos están hechos de lo mismo. Nos ofrecen espejismos que al final son más caros de lo que imaginábamos.

Somos profesionales en movernos de un lugar a otro, en poner metas y salir disparados hacia ellas.

Pero cuando nos sentamos en silencio contemplando todo lo que hay y sintiendo la respiración, es posible llegar aun muelle seguro. Es un lugar en donde la calma no está en lo aparente, sin dentro de nosotros. Y es profunda. Es perfecta.

Aquí abajo no hay nada qué temer.  No hay lugar al que llegar, pues ya estamos donde necesitamos estar. No hay prisas ni urgencias; el tiempo deja de ser importante. No hay odio, barreras ni opiniones qué proteger.

Vemos pasar los pensamientos como si fueran peces. Vienen, se acercan, se van.

Aquí en la profundidad no hay tormentas.

Solo silencio.

 

Read More