Adiós a la culpa en 5 acciones concretas

Adiós a la culpa en 5 acciones concretas

Los humanos somos seres de contrastes. Ejecutamos diferentes papeles protagónicos en esta puesta en escena llamada vida. Nos toca ser héroes, amigos, maestros, padres, bufones (mi favorita), parejas o villanos.

De todos los roles que actuamos, el de villano es el que más sufrimiento nos trae porque sabemos que estamos dañando a alguien pero nos empeñamos en seguir. Y tarde o temprano el remordimiento y las consecuencias llegan.

En el calor de la discusión queremos sentirnos reivindicados. El ego cree que el universo nos debe algo y actuamos pensando con el trasero y no con el cerebro.

Ser el malo de la historia tiene muchos matices, claro. No todos actuamos con malicia absoluta, sino con el ego intoxicado por los Tres Venenos (akusala-mula, en Pali):

  • Ignorancia (moha): no se refiere a falta de conocimientos académicos. Es cuando ignoramos el hecho de que todos los seres vivos tenemos capacidad de sufrir. Somos ignorantes cuando cerramos la mente y pensamos en absolutos, sin ver todos los aspectos de las personas o situaciones.
  • Apego  (lobha): La ignorancia se convierte en apego. Nos aferramos a nuestras ideas, a los recuerdos, a los planes y a todo lo que nos da la ilusión de estar bien, aunque sea por un momento.
  • Aversión (dosa): El apego genera rechazo a todo lo que no está de acuerdo a esta ilusión de bienestar. Rechazamos ideas, personas, credos, naciones completas o especies de seres vivos enteras.

Estos Tres Venenos nos cierran el corazón y la mente. Entonces el ego se inflama y se pone gordo. Tan gordo que tapa la vista y oprime la razón. Entonces manipulamos, mentimos, agredimos y odiamos. Hacemos lo mejor para que el ego siga inflamado.

Luego de un tiempo el ego se desinfla un poco y da el paso al remordimiento, que se transforma en culpa. La culpa es la conciencia plena de que hemos violado la moral o derechos de alguien. Y nótese el uso de la palabra violado. Sí, me refiero a violación, con toda la agresión que ello implica.

La culpa es una piedra de 1 millón de kilos que llevamos a cuestas. Nos come por dentro, nos deprime. Sabemos que cometimos un error y una parte de nosotros quiere enmendar el daño, pero si el ego sigue estando inflamado, entonces no hacemos nada. Pero la culpa permanece y pronto se convierte en sufrimiento.

¿Cómo lidiar con la culpa?

En el pasado he tenido luchar contra la culpa porque no siempre fui un trabajador del dharma. He herido a muchos en el pasado, con honestidad lo digo. Estos golpes contra la pared de mi ego hicieron que desarrollara las siguientes acciones que me han funcionado a lo largo de los años. Espero te sean útiles.

1. Acepta lo que pasó

Parte del fenómeno de la culpa es la fabricación del rechazo a la realidad. No queremos admitir que hemos herimos o destruido a alguien. Lo negamos y nos justificamos por todos los medios. Creamos la ilusión de que somos moralmente superiores y que lo hicimos por justicia.

Pero el hecho permanece. Causamos mucho daño.

Cuando aceptamos la verdad y admitimos que fuimos villanos (por la razón que sea), será más fácil manejar todo porque nos regresamos a nivel humano. Eso implica ver que también somos seres llenos de sombras y fealdad.

Somos capaces de sufrir, claro. En la misma magnitud que somos capaces de causar sufrimiento.

El pasado siempre es perfecto. Es lo que te trajo hasta este punto en la historia, sin importar la situación. Y tenemos que estar agradecidos por ello.

2. Entiende por qué sucedió

Cuando asimilamos que no somos superiores y que causamos daño, hay que entender la causa.

Estudiar los Tres Venenos nos permite encontrar el origen de nuestras acciones, siempre y cuando lo hagamos con toda honestidad y sin maquillaje.

Quizá nos aferramos demasiado a nuestras opiniones. Tal vez queríamos cambiar a una persona y esto se convirtió en obsesión. Incluso la avaricia pudo haber sido tanta que por ganar dinero o poder, agredimos a alguien.

Las razones sólo las sabrás tú. Es momento de ver la parte oscura de nuestra personalidad. No es algo lindo, pero ayuda mucho a aprender la responsabilidad de nuestras acciones.

3. Medita

Meditando aprendemos a mirar los sentimientos y emociones por fuera, como si estuviéramos en el cine. Luego es más fácil soltar.

¿Quieres aprender a meditar? ¡Bienvenido!

En el budismo zen usamos este gatha (verso). Lo recitamos diario y nos ayuda a entender que no somos perfectos. A la vez, nos pone en acción para arreglar las cosas. Lo podrías incluir al final de tu sesión de meditación.

Verso de la Enmienda

Todos los actos, palabras y pensamientos dañinos cometidos por mi,

a causa de infinita avaricia, ira o ignorancia,

nacidos de mi cuerpo, boca y mente, 

¡Los enmiendo hoy!

4. Enmienda

Luego de algunos días o meses de meditar y entender, es hora de arreglar las cosas.

Si es posible ver o llamar a la persona agredida, hazlo. Habla con él o ella. Explica lo que pasó y ten la humildad para aceptar que actuaste de manera egoísta y que estás en la mejor disposición de arreglar las cosas.

Esta acción podría funcionar si la persona está dispuesta a escuchar o a perdonar. Si es así, es momento de transformar (ver siguiente punto).

Pero a veces no es tan sencillo. Quizá la persona tiene demasiado rencor y no está en capacidad de perdonar. Podría ser que no puedas localizarla. O podría estar muerto. Uno nunca sabe. Si esto sucede, entonces…

5. Transforma

Las acciones negativas son muy poderosas porque una sola puede borrar de tajo mil acciones positivas.

La buena noticia es que las acciones positivas se quedan para siempre y mejoran el universo. Y de eso se trata, de convertir lo negativo en obras que borren el sufrimiento de los demás. En esa medida, nuestra culpa y angustia se transformarán en virtud.

Como ejemplo puedo mencionar el caso de una persona que cayó en la infidelidad. Luego de un periodo oscuro, se dio cuenta de lo que había pasado; entendió porqué sucedió y ahora se dedica a enseñar a los demás a salir adelante cuando se enfrentan a esa situación. Convirtió un problema fuerte de su vida en enseñanza para los demás. Esto es virtud.

Sea cual sea tu problema o situación, haz lo posible por ayudar a los demás en situación similar. Si tomaste venganza, promueve la compasión y los derechos humanos básicos. Si golpeaste, promueve la paz y enseña respeto a los jóvenes. Si robaste, dona a organizaciones no gubernamentales que lo necesiten. Si rompiste un corazón, ayuda a los demás a tener buenas relaciones personales.

Se trata de dejar este mundo mejor de como lo recibiste.

Nos han educado a ver la culpa como un monstruo con el que todos tenemos que lidiar y cargar a cuestas.

Yo digo que no. La culpa es una parte natural del ser humano. Hay que comprenderla y transformarla en luz.

¿Quieres aprender más sobre la culpa y el manejo de emociones? Esto te podría interesar.

Pero no me hagas caso. Sólo soy un tonto idealista.

Imagen: http://www.deviantart.com/art/Guilt-198465541

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Ango 2014. Práctica intensa de 3 meses. ¿Me acompañas?

Ango 2014. Práctica intensa de 3 meses. ¿Me acompañas?

Como todos los años desde los tiempos del Buda, las comunidades budistas en el mundo celebran Ango. Este es un período intenso de práctica, estudio y espiritualidad con duración de 3 meses. Se estableció para proteger de la temporada de lluvias a los monjes vagabundos y mendicantes en India ancestral.

Lo que comenzó como una necesidad de protección del clima, se convirtió en tradición que sigue hasta estos días.

Para el budismo Soto Zen, el Ango se sigue celebrando durante los últimos tres meses del año. Culminará con un retiro de dos días llamado Rohatsu, en la primera semana de diciembre.

El Ango es la temporada donde dejamos atrás el ego y nos empujamos nuestros límites un poco más. Llevamos nuestra práctica a niveles más formales y hacemos zazen por más tiempo de lo normal.

Entendemos que el crecimiento personal está afuera de nuestra comodidad.

El participante de Ango debe hacer una serie de compromisos personales en los que el primer beneficiado será él mismo. Por ejemplo dejar 3 cosas por las que se sienta apego; como comer chocolates o postres, fumar o pasar tiempo en redes sociales.

No hay trampas ni trucos. Si uno se auto-engaña, resulta ser la primera víctima. Así que no hay más que avanzar un paso a la vez.

Para mi serán 3 meses de práctica y servicio fuertes, en donde:

  • Aumentaré mi tiempo de zazen de 40 a 50 minutos por la mañana. 20 minutos por la tarde. En domingo por la mañana (que es cuando tengo tiempo) será de entre 1:30 y 2:00.
  • Leeré más libros de dharma, en especial uno que siempre me ha costado trabajo.
  • Donaré un poco más  de lo usual a organismos de ayuda humanitaria.
  • Comenzaré un grupo local y otro grupo virtual de zazen.
  • Haré de la compasión el centro absoluto de mi práctica.
  • Dedicaré aun más tiempo al estudio de formas, movimientos y ceremonias.

Ahora, todos estos objetivos podrían no cumplirse. Uno nunca sabe cómo atacará la Señora Impermanencia. Pero la idea es hacer lo posible para llevarlos a cabo.

Sí, se ve difícil. Pero ese es el punto: que cueste trabajo.

Ahora, no necesitas ser budista para practicar el Ango. Se trata de entender que el agua pacífica y tranquila se estanca. De vez en cuando es necesario convertirnos en ríos caudalosos y llenos de caídas.

Piensa algo que quieras lograr pero que no has llevado a cabo. ¿Leer más libros? ¿Correr una carrera de 5K? ¿Limpiar tu vocabulario? ¿Levantarte más temprano?

Si tienes un objetivo que cumplir, te invito a que unas al Ango 2014. Te conviene.

La primera persona beneficiada serás tú. Y luego el mundo que te rodea.

¿Me acompañas?

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La elegancia del Silencio

Una día un filósofo visitó al Buda y le preguntó: “Sin palabras y sin no-palabras, ¿me dirás la Verdad?”

El Buda se mantuvo en silencio.

Después de un momento el filósofo se levantó, hizo reverencia y agradeció al Buda diciendo: “Gracias a tu infinita gentileza y amor, he limpiado todos mis autoengaños y he llegado al Camino Verdadero.”

Cuando el filósofo se había ido, Anando, un discípulo avanzado del Buda, le preguntó: “Gran Maestro, ¿Qué es lo que el filósofo obtuvo?”

El Buda respondió: “Un buen caballo corre tan solo al ver la sombra del látigo”.

En estos días he estado reflexionando sobre el Silencio, la elegancia que lo envuelve y lo mucho que lo odiamos.

Sí, me refiero al Silencio con S mayúscula, como una práctica de desarrollo personal.

Parecería que uno de nuestros monstruos más grandes es la simple idea de pasar un minuto en Silencio absoluto. Le damos la vuelta, huimos de él como si nos fuera a matar.

Tememos su simpleza y su vacío porque estamos muy acostumbrados al ruido.Preferimos la vulgaridad y agresión del sonido incesante del habla o de los motores de nuestra civilización.

Cuando ganamos unos momentos a solas corremos a violar el Silencio con música o con nuestro incansable diálogo interno.

El Silencio nos impone autoridad y horror porque es dentro de él cuando nos enfrentamos a nuestro más grande enemigo: nosotros mismos.

Dentro de nuestra mente viven nuestras pasiones y sufrimientos. También están los recuerdos y planes del futuro. Pero también están los remordimientos y arrepentimientos. Toda esa complejidad nos produce angustia, pero la preferimos a sentarnos en Silencio porque no tenemos ni idea de cómo practicar la quietud absoluta.

El Silencio es elegante y majestuoso. Tan simple y tan elemental que hemos perdido la capacidad de encontrarlo.

No es casualidad que el Buda nos haya dejado enseñanzas importantes con este tema. Él pedía a sus monjes que guardaran silencio lo más posible, a menos que fueran a hablar de forma constructiva o sobre el dharma.

También nos ilustra con esta analogía (del Sutta Nipata): El riachuelo es pequeño y lleno de rocas, tiene curvas y pendientes; por ende hace mucho ruido. En cambio el río es enorme y vasto; y corre hacia el mar haciendo el menor ruido posible.

El chisme, las críticas, las charla vacía, la música alterante, el exceso de medios de comunicación, las incesantes alertas de nuestros teléfonos móviles; todo ello contribuye a que nuestra existencia sea ruidosa y se mantenga alejada de la práctica silente.

Para llegar a la Iluminación o a la Verdad, el Silencio es el camino. No hay más.

Esto se logra con la práctica de técnicas de enfoque y meditación. Ya sea zazen, mindfulness, qi gong, mandalas o yoga; cualquier disciplina que promueva el Silencio, nos hará crecer y acercarnos más a nuestra elusiva espiritualidad.¿Qué prefieres ser, un riachuelo o un río?

sin freno

majestuosa y completa

palabra no dicha

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Montañas caminando

El Monje Daokai del Monte Furong dijo a sus seguidores: “Las montañas verdes siempre están caminando. Una mujer de roca da a luz a un niño por la noche”. A las montañas no les hace falta cualidades de montañas. Por ende, siempre están en calma y siempre caminan.

Dogen Zenji, en Sansui Kyo (Discurso de las Montañas y el Agua)

La suave pero firme voz de mi maestro sonó como trueno en el zendo mientras mis compañeros y yo practicábamos kinhin (meditación caminando).

Montañas caminando, dijo.

Las montañas se mueven lento. Tan lento que necesitaríamos varias vidas para notarlo. Parecen inmóviles y eternas, pero no lo son. Justo como nosotros. Cuando entrenamos zazen nos convertimos por un momento en montañas que se mueven poco, pero que capturan un instante en el tiempo para luego soltarlo hacia la inmensidad.

Las montañas no necesitan demostrar lo que son. No compran dispositivos electrónicos. No usan Twitter. Tampoco necesitan títulos, colores o fronteras. Son parte del universo y se manifiestan lentamente. No dan explicaciones. Sólo son. Están.

En el zendo éramos 15 montañas distintas caminando mientras portábamos las ropas del Buda y dejábamos que el humo del incienso nos fundiera en un ente sin división alguna. Por varios días de arduo entrenamiento mis compañeros y yo recitamos los versos de Dogen y reflexionamos sobre las enseñanzas del Tathagata y muchos otros bodhisattvas.

Pasar tiempo sentado junto a mis maestros fue de especial ayuda porque me di cuenta que no soy nada. No sé nada.

Y entendí lo largo que es mi camino. ¡Tantos seres qué ayudar! Pero al mismo tiempo aprecié (una vez más) la importancia de la disciplina y el estudio.

Hubieron discusiones acaloradas, pocas horas de sueño, tensión y aprendizaje que requirió todo el enfoque posible.

Pero también hubo silencio adornado de elegancia y perlas de serenas sonrisas.

Y al final en el zendo quedó un Buda solitario observando cómo regresábamos a nuestros países.

Montañas caminando.

 

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Un Chocobuda dirigiendo el servicio matutino (a la derecha), Takesa Ge, Hannya Shingyo y salida de los monjes.

 

Ceremonia de Kito: compasión para todos los seres vivos. Dedicada a los niños sufriendo en Gaza y a niños migrantes en América Latina. Hannya Shingyo. Un Chocobuda tocando el tambor fuera de cuadro.

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Mentalidad divisoria

Mentalidad divisoria

Por estos días estoy me estoy preparando para ir a un cónclave de mi orden budista. Será fuera de México (más sobre esto en el siguiente post) y la he pasado entre listas, estudios, trabajo pendiente y zazen. A este evento acudirán compañeros monjes de varias partes del mundo y serán días de entrenamiento rígido y enfocado.

Para mi es una oportunidad única de aprender y convivir con personas interesantísimas que llevan 20 o 40 años sirviendo.

Hablando por teléfono con mi padre, que tiene un nacionalismo fanático y enfermizo por México, me dijo muy serio y ceremonioso…

-Espero pongas el nombre de México muy en alto.

Con toda amabilidad le dije que el budismo zen no funciona así. No voy a un concurso o a algún certamen. Voy a estudiar junto a personas que han consagrado su vida a servir a la humanidad. Son una inspiración para mi. Eso es todo.

Por supuesto mi padre no tomó bien esta respuesta. En su imaginación, es mi deber hacer propaganda para que México sea bien visto por el mundo; y además competir para que yo sea el mejor de todos los asistentes.

La llamada terminó, pero debo admitir que terminé molesto y un poco asqueado por la idea.

Gracias a que la gente pone en alto el nombre de su país, es que la humanidad está torcida. ¿Ser el mejor? ¿Pero en qué?

Una y otra vez la historia nos demuestra que las barreras y las fronteras no funcionan. Entre más nos esforzamos por mantener esta mentalidad divisoria, más sufrimiento nos causamos.

Tenemos esta ilusión de orgullo patriota que nos intoxica y corroe nuestra capacidad de compasión.

Las grandes guerras de la humanidad, el machismo, todos los crímenes de odio, todas las bombas israelíes que caen sobre Gaza, el racismo, los malos gobiernos, los narcos… todo ello es derivado de que en nuestra mente separamos el YO del USTEDES.

Este ego inflamado es el que nos empuja a tener más, a querer más poder y a pisotear a los demás.

En Aikido, mi amada arte marcial, aprendemos que cuando hay competencia y separación, alguien siempre sale herido. Es decir, para que exista un ganador, alguien tiene que pagar el precio y ser humillado o pisoteado.

Morihei Ueshiba O’Sensei no creía en la competencia. Él promovía la paz por medio el trabajo en equipo para el avance comunitario. Son valores que incorporé a mi práctica y son parte de mi tonta cruzada por promover la compasión.

Si te has preguntado porqué las cosas no mejoran, piensa que entre más levantes las divisiones entre los seres vivos, jamás avanzaremos como especie.

Es hora de empezar a destruir la palabra YO y reemplazarla por TODOS NOSOTROS.

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Una Mente, palabras de Master Huangbo Xiyun

Una Mente, palabras de Master Huangbo Xiyun

Existen muchos maestros de budismo Zen y de Ch’an que hay que estudiar a profundidad. Pero uno de los que más ha dejado enseñanzas para mi en estos tiempos es el Master Xiyun.

No sabemos mucho de él, sólo que nación en la provincia de Huangbo, un poco de su vida monástica y que murió en el año 850 DC. Sin embargo dejó enseñanzas que siguen haciendo eco en los practicantes de budismo en todo el mundo.

La siguiente enseñanza habla sobre cómo todos somos un sólo ser, un sólo universo. Indivisible y más grande de lo que podemos imaginar.

No tenemos más que sentir humildad y nuestra propia pequeñez ante la realidad que se aprecia sin apegos y sin rechazos:

“El Maestro me dijo: Todos los Budas y todos los seres sintientes son sólo Una Mente (una sóla Existencia), junto a la cual no hay nada más.

Esta mente sin inicio, es indestructible. No es verde ni amarilla. Tampoco tiene forma o apariencia. No pertenece a ninguna categoría de las cosas que existen o que no existen. No puede ser enseñada como algo nuevo o viejo.

No es grande ni pequeña porque trasciende medidas, nombres, rasgos y comparaciones.

Es lo que ves frente a ti. Es aquello que si lo intentas razonar, caerás en el error. Es un vacío sin límites que no puede ser comprendido o medido.

La Mente Únicaes el Buda y no hay distinción entre Buda y seres sintientes. Sin embargo los seres sintientes están atados a su forma física, así que deben buscar la Budeidad en el exterior. Y cuando comienzan a buscar, ya lo perdieron todo; porque están usando al Buda para buscar al Buda, están usando la Mente para encontrar la mente.

Aunque busquen por siglos y siglos, no encontrarán nada. No saben que si detienen el pensamiento conceptual y se olvidan de la ansiedad, el Buda se revelará ante ellos. Por que la Mente es el Buda y el Buda es todos los seres vivos.No es menos que eso para seres ordinarios y tampoco es más que eso por manifestarse en los Budas.”

Todos somos Budas. Siempre lo hemos sido y sabemos que tenemos la capacidad de parar el sufrimiento. Pero nos negamos porque estamos muy distraídos buscando la felicidad en redes sociales y en placeres momentáneos.

Es hasta que guardamos silencio y aceptamos la vida como es, que el universo se transforma en un lugar maravilloso.

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