La única respuesta a tus preguntas esotéricas

 

La curiosidad es una característica maravillosa de los seres humanos. Somos buscadores de respuestas de tiempo completo y no paramos hasta llenar el hueco que nos creamos con las mil preguntas que formulamos. Está bien porque es lo que nos ha traído hasta este punto de nuestra historia. La razón, la ciencia y la tecnología viven gracias a que no nos detenemos.

Pero ser buscadores profesionales nos ha hecho perder el camino y nos ha vuelto soberbios, pues con frecuencia nos vemos inmersos en las preguntas y en los millones de posibles respuestas. Creemos que estaremos completos y que la vida será mejor si conocemos la “verdad” detrás de los grandes misterios de la vida.

¿Hay vida en otros planetas? ¿Hay un dios? ¿Me visita mi ángel de la guarda? ¿Los Illuminati me controlan? ¿Cuándo comenzarán los reptilianos a devorarnos? ¿Puedo contactar fantasmas? ¿Es real mi horóscopo?

Estas preguntas que tienen un tinte de modernidad, no son distintas a las que el Buda escuchaba con frecuencia.

La gente estaba ansiosa por saber los misterios de la oscuridad.

Y con esa misma frecuencia, el Buda guardaba silencio.

Todas esas cuestiones y búsquedas no tienen respuesta en realidad. Una persona puede decir que sí hay vida extraterrestre o fantasmas, pero al final son solo opiniones. Lo que el Buda enseñaba era la elegancia y cordura del Dharma: Si lo que haces/dices/preguntas ayuda a los demás seres vivos, adelante. De lo contrario, deshecha la idea.

Esto aplica para toda nuestra existencia.

Saber si el monstruo del Lago Ness existe o no, no sirve de nada. Sin duda es agradable leer o ver un programa sobre ello, pero al final no colabora en nada con la experiencia de vida… a menos, claro que tu negocio sean los libros sobre Nessie.

Ese es justo el punto: las preguntas sin respuesta son muy divertidas. Nos hacen imaginar y si elaboramos la vida en torno a ellas, definen también nuestra personalidad y ego.

Cuando caminas el camino del Buda te encuentras con miles de cosas entretenidas e importantes. Descubres preguntas más complejas y seductoras. Es muy fácil desviarse de la práctica.

No tiene nada de malo leer libros de OVNIs o leernos el tarot. Como dije, es divertido.

Pero hay que mantener los pies en la tierra porque en el budismo Mahayana nuestro trabajo principal es ayudar a que los seres salgan del sufrimiento.

 

 

 

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Iluminación, poema por Master Dogen

 

La iluminación es como la luna que se refleja en el agua.
La luna no se moja, el agua no se rompe.
Aunque su luz es amplia y grandiosa, 
la luna se refleja aún en un charco de 2 centímetros.
La luna en su totalidad y el cielo entero
se reflejan en una gota de rocío en el pasto.

Master Dogen.

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Invitación al curso: Introducción al Budismo Zen 1. 19 de junio de 2017

 

Con más de 2,500 años de tradición y millones de seguidores en todo el planeta, el budismo se ha mantenido vigente porque es el manual de usuario para la humanidad.

El Budismo Zen es particularmente útil para la vida contemporánea. Nos enseña lo esencial para no sumirnos en el estrés, dejar las conductas compulsivas, soltar las cosas que nos lastiman y las obsesiones. Aceptamos el estado de las cosas, como son y sin complicaciones.

El estudio del Zen, su historia, arte y filosofía, abre la puerta a una vida espiritual profunda basada en la práctica del Buda-dharma, el Silencio, la Gratitud, la Compasión y la Generosidad.

Grupo Zen Ryokan abre el curso formal de estudio Introducción al Budismo Zen. Es un programa para practicar budismo en una Sangha y comenzar a vivir por el Dharma.

¿Por qué es formal? Porque requiere compromiso, dedicación y constancia.

Este primer módulo sentará las bases para incorporar las enseñanzas del Buda a la vida cotidiana y nos dará los elementos para introducirnos a la filosofía Zen.

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El monje avaro. Cuento zen.

Foto: BBC

Esta es la historia del monje avaro.

Hace muchos años en China había un pueblo a las faldas de una montaña. En la montaña estaba un monasterio budista donde vivía un monje muy avaro. Cada que había un donativo al templo o llegaba dinero para los monjes, él era el primero en la fila.

Oficiaba ceremonias y servicios solo para seguir almacenando riqueza. ¡Decían que con lo que tenía podía comprarse la casa más lujosa del pueblo!

Tenía tanto deseo por el dinero que parecía que solo eso le daba alegría. Nunca gastaba en nada, ni siquiera para él mismo. Sus ropas eran viejas y rotas, a pesar de que todos sabían de sus ahorros.

—Ahí va el monje avaro en sus ropas raídas— se escuchaba decir a la gente del pueblo. —Es tan tacaño que ni siquiera se compra algo para él mismo.

Entonces llegó la temporada de lluvias antes del invierno. Un día comenzó a llover sin cesar por varias semanas. El pequeño pueblo fue arrasado por las aguas. Las casas quedaron destruidas, los sembradíos se inundaron y el ganado murió ahogado.

El invierno llegó y los aldeanos no tenían casa o alimento para sobrevivir a la estación. Reinaba la tristeza y desesperación.

Una mañana el pueblo despertó con la sorpresa de que la plaza central estaba llena de carretas. Al inspeccionarlas  de cerca, los aldeanos vieron que estaban repletas de sacos de arroz y frijoles, cobertores, ropa y hierbas medicinales. ¡También habían yuntas, arados, azadones y cuatro fuertes bueyes para trabajar la tierra!

Justo en medio de las carretas estaba el monje avaro con sus ropas apestosas, meditando en silencio. Inmóvil.

El alcalde del pueblo se acercó a él y le preguntó de dónde había venido todo esto.

—Soy un monje Chan (Zen)— dijo discretamente. —Hace muchos años, durante mi meditación, vi el futuro de este pueblo. Pude ver y sentir que el desastre vendría. Desde entonces me dediqué a ahorrar todo lo que pude para este día.

El monje sonrió y entregó al alcalde el dinero que aún le restaba. Se despidió con una sonrisa y se alejó entonando un sutra.

Cuando los aldeanos vieron esto se sintieron avergonzados por haber tratado y pensado mal del monje.

—¡Qué gran bodhisattva!— comenzaron a gritar.

Esta es la historia del monje avaro.

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Tres haiku de Basho

 

Matsuo Basho (Japón,  1644–1694)es uno de los poetas zen más importantes de la historia. Sus textos siguen vigentes y hermosos, no importa a qué idioma sean traducidos.

Atraviesan el tiempo, tejiendo un instante de la realidad con la belleza de la palabra.

Hoy me siento agradecido por tener la oportunidad de leerlo.

Las campanas del templo callan.
Quedan los fragantes capullos.
¡Tarde perfecta!

Un monje bebe su té matutino,
hay silencio,
el crisantemo florece.

Primer día de primavera
Sigo pensando en
el final del otoño.

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La respuesta de Hui Neng

 

Hui Neng (pronunciado huei nong) era un campesino analfabeta de una provincia en China continental. Pasaba sus días trabajando para distintos jefes y también cuidaba de los campos de arroz. Un día, luego de haber acarreado leña para una tienda, encontró a un hombre recitando el Sutra del Diamante:

“…todos los Bodhisattvas, grandes o menores, experimentarán la mente pura que sigue a la extinción del ego. Una mente como esta no discrimina haciendo juicios sobre sonido, sabor, tacto, olor o cualquier otra cualidad. Un Bodhisattva debería desarrollar una mente que no forme ataduras ni aversiones hacia nada.”

Al escuchar estas palabras, Hui Neng llegó a la iluminación.

El hombre que recitó estas palabras impulsó al joven campesino a buscar a Hung Jen, Quinto Patriarca del Zen, en el monasterio Tung Chian. Hui Neng lo dejó todo para ir en busca del maestro.

Al llegar al templo, Hung Jen entrevistó al aspirante.

—Soy un campesino de una lejana provincia—, se presentó Hui Neng. —He viajado desde lejos para presentar mis respetos a usted. No pido otra cosa que no sea la budeidad.

—¿Eres de la provincia de Kwangtung, es decir, un bárbaro?— preguntó el Patriarca. —¿Cómo esperas ser un Buda?

—Aunque existen hombres del norte y hombres del sur, norte y sur no afectan la naturaleza búdica. Un bárbaro es diferente a usted sólo físicamente. Pero no hay distinción en nuestra naturaleza de Buda.

Hui Neng fue aceptado de inmediato en el monasterio.


Desde la antigüedad, para el budismo zen no existen distinciones de ningún tipo. No hay hombres, mujeres, castas, color de piel o clase.

Habemos seres vivos en igualdad, equidad y todos buscamos estar en armonía con la vida.

Solo estás tú y yo. Todos. Como un solo ser. Esa es la gran verdad de la naturaleza.

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