¡Respira!

¡Respira! Porque el dulce toque del aire llena tu ser de la esencia y vitalidad que hace que te muevas con el universo.

¡Respira! Porque eres canto, energía pura y tus pasos son la danza que grita al mundo que estás hoy aquí.

Ríes, lloras y das magia a otras vidas con tu silencio, con tu esfuerzo noble, con cada palabra que dices y con cada molécula de aire que sale de tu nariz al exhalar.

Cuando besas con pasión; al olvidar la ofensa con el paso del tiempo, sabio y pleno. Cuando hierves en furia y buscas el refugio de tus amigos. Cuando no sabes dónde esconder la cara de vergüenza, ¡respira!

Al caer la noche y cuando estás rendido, mirando dormir a quien ama; cuando ves que el sol comienza a abrazar la tierra luego de una noche de fiesta; cuando tienes la panza llena de tu comida favorita…

¡Respira!

Porque eres luz de amplio espectro y vas de tristeza a felicidad en un segundo. Porque eres parte de mi y yo soy parte de ti y porque entiendes que todos los seres vivos estamos interconectados por el hilo invisible de esta intangible mezcla aire, polvo y polen.

¡Respira y agradece! Porque estás leyendo estas líneas en la comodidad de una silla con tus ojos que te sirven para navegar el mundo. Porque sabes que tener comida en tu plato, ropa en tu espalda y existe un sitio en el mundo que se llama hogar.

¡Respira! Porque sabes que hay mucho trabajo de por medio para librar a los seres vivos del sufrimiento. Porque a pesar de que sabes que el ego es grande, reconoces que la perfección no existe y aun tienes muchas cosas internas por arreglar.

¡Respira! Porque juntos luchamos por la paz, por hacer un mejor planeta para las generaciones que vienen. Porque sabes que en tus manos está el poder del cambio, un día a la vez.

Respira y levanta tu espíritu con el aroma de incienso cuando te sientas en soledad y estás atento al ritmo de tus pulmones en meditación.

Respira por respirar, que no hay lugar al que necesites llegar cuando entiendes que hoy es aquí y ahora.

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El logro más grande [Poema Zen]

El logro más grande [Poema Zen]

El pasado ya no está aquí,
no trates de traerlo de regreso.
El presente jamás se queda,
no trates de tocarlo,
momento a momento.
El futuro no ha llegado,
no pienses en él
por adelantado.
Lo que llegue a tu vida,
déjalo ser como es.
No hay mandamientos
que seguir.
No existe suciedad que limpiar.
Con la mente vacía por completo
y llena de dharma,
no tengas vida.
Cuando puedes lograr esto
habrás conseguido
el Logro Más Grande.

P’ang Yün
(Laico Pang, Budismo Chán, China, año 700 a.C.)

Aclaración: El verso No tengas vida implica vivir aceptando las cosas como son, sin poner demasiado empeño por entender o buscar explicaciones. Estas palabras engloban todo el concepto de la Dualidad en el budismo zen.

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El zen de la caca de gato al amanecer

El zen de la caca de gato al amanecer

En el camino del budismo zen es común encontrar a personas que no entienden el concepto de Zen. Y no los culpo. La mercadotecnia se ha encargado de trastornar el significado. Tenemos tés, champús, salones de masaje, píldoras, gadgets, gimnasios, ropa y hasta jabones con la etiqueta de “zen”.

Por alguna razón que escapa a mi pequeña mente, se piensa que zen es igual a tranquilidad o inactividad.

Y no, no lo es.

He pensado en esto porque hace algunos días alguien, al enterarse que soy monje, lanzó este comentario en tono de pedir evidencia:

¿Y de verdad eres muy zen?

Después de pensar un poco en la respuesta, dije: soy tan zen como cualquier otra persona. Y seguí mi vida. De hecho hasta olvidé que había sucedido.

A la mañana siguiente, durante mi sesión meditación, estaba muy tranquilo siguiendo el ritmo de mi respiración.

Cuando de pronto un olor fétido llegó a mi. Tan asqueroso, que me hizo perder concentración.

Uno de mis dos amos gatunos estaba saludando al sol usando el arenero. ¡O poderoso incienso de las croquetas procesadas, sin piedad y sin decoro!

El olor de su excremento invadió mi zazen. Juro que hasta el Buda arrugó la nariz.

Sin interrumpir mi meditación, sólo reconocí lo que pasaba y no me moví. Como todas las cosas en el universo, la peste también es impermanente.

Y de pronto llegó a mi cabeza… ¡Esto es zen!

¡Esto ES zen!

Zen no es exclusivamente un estado perfecto de tranquilidad. Tampoco es calma absoluta o inacción. Y no, no es un producto de belleza.

Zen es la vida en su totalidad. Es encontrar lo hermoso en el peor barrio de la ciudad. Es percibir la enormidad del universo en un grano de sal. Es aceptar que la fealdad del ser humano es parte de nosotros.

Zen es vómito, celos, avaricia, políticos malignos, desesperación, el reguetón, los misiles contra Gaza y el narco en México.

Zen es un el milagro de un recién nacido, la inocencia del primer beso, la armonía improvisada del Jazz, el éxito profesional y las risas imparables de una tarde con amigos.

Zen es un producto con la palabra zen, pero también es no comprar nada que se llame zen.

Zen es el olor de la caca de gato mientras meditas. Pero a la vez, Zen es la felicidad que trae ese mismo gato (o perro), tu mejor amigo.

Zen es saber que todo ello es simplemente parte de un paquete llamado vida y aceptarla como es, sin juicios ni etiquetas.

Es estar en paz con las cosas como son, para luego caminar hacia adelante un día a la vez.

Y sí. Soy tan zen como cualquiera.

Nada especial, en realidad.

 

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Adiós a la culpa en 5 acciones concretas

Adiós a la culpa en 5 acciones concretas

Los humanos somos seres de contrastes. Ejecutamos diferentes papeles protagónicos en esta puesta en escena llamada vida. Nos toca ser héroes, amigos, maestros, padres, bufones (mi favorita), parejas o villanos.

De todos los roles que actuamos, el de villano es el que más sufrimiento nos trae porque sabemos que estamos dañando a alguien pero nos empeñamos en seguir. Y tarde o temprano el remordimiento y las consecuencias llegan.

En el calor de la discusión queremos sentirnos reivindicados. El ego cree que el universo nos debe algo y actuamos pensando con el trasero y no con el cerebro.

Ser el malo de la historia tiene muchos matices, claro. No todos actuamos con malicia absoluta, sino con el ego intoxicado por los Tres Venenos (akusala-mula, en Pali):

  • Ignorancia (moha): no se refiere a falta de conocimientos académicos. Es cuando ignoramos el hecho de que todos los seres vivos tenemos capacidad de sufrir. Somos ignorantes cuando cerramos la mente y pensamos en absolutos, sin ver todos los aspectos de las personas o situaciones.
  • Apego  (lobha): La ignorancia se convierte en apego. Nos aferramos a nuestras ideas, a los recuerdos, a los planes y a todo lo que nos da la ilusión de estar bien, aunque sea por un momento.
  • Aversión (dosa): El apego genera rechazo a todo lo que no está de acuerdo a esta ilusión de bienestar. Rechazamos ideas, personas, credos, naciones completas o especies de seres vivos enteras.

Estos Tres Venenos nos cierran el corazón y la mente. Entonces el ego se inflama y se pone gordo. Tan gordo que tapa la vista y oprime la razón. Entonces manipulamos, mentimos, agredimos y odiamos. Hacemos lo mejor para que el ego siga inflamado.

Luego de un tiempo el ego se desinfla un poco y da el paso al remordimiento, que se transforma en culpa. La culpa es la conciencia plena de que hemos violado la moral o derechos de alguien. Y nótese el uso de la palabra violado. Sí, me refiero a violación, con toda la agresión que ello implica.

La culpa es una piedra de 1 millón de kilos que llevamos a cuestas. Nos come por dentro, nos deprime. Sabemos que cometimos un error y una parte de nosotros quiere enmendar el daño, pero si el ego sigue estando inflamado, entonces no hacemos nada. Pero la culpa permanece y pronto se convierte en sufrimiento.

¿Cómo lidiar con la culpa?

En el pasado he tenido luchar contra la culpa porque no siempre fui un trabajador del dharma. He herido a muchos en el pasado, con honestidad lo digo. Estos golpes contra la pared de mi ego hicieron que desarrollara las siguientes acciones que me han funcionado a lo largo de los años. Espero te sean útiles.

1. Acepta lo que pasó

Parte del fenómeno de la culpa es la fabricación del rechazo a la realidad. No queremos admitir que hemos herimos o destruido a alguien. Lo negamos y nos justificamos por todos los medios. Creamos la ilusión de que somos moralmente superiores y que lo hicimos por justicia.

Pero el hecho permanece. Causamos mucho daño.

Cuando aceptamos la verdad y admitimos que fuimos villanos (por la razón que sea), será más fácil manejar todo porque nos regresamos a nivel humano. Eso implica ver que también somos seres llenos de sombras y fealdad.

Somos capaces de sufrir, claro. En la misma magnitud que somos capaces de causar sufrimiento.

El pasado siempre es perfecto. Es lo que te trajo hasta este punto en la historia, sin importar la situación. Y tenemos que estar agradecidos por ello.

2. Entiende por qué sucedió

Cuando asimilamos que no somos superiores y que causamos daño, hay que entender la causa.

Estudiar los Tres Venenos nos permite encontrar el origen de nuestras acciones, siempre y cuando lo hagamos con toda honestidad y sin maquillaje.

Quizá nos aferramos demasiado a nuestras opiniones. Tal vez queríamos cambiar a una persona y esto se convirtió en obsesión. Incluso la avaricia pudo haber sido tanta que por ganar dinero o poder, agredimos a alguien.

Las razones sólo las sabrás tú. Es momento de ver la parte oscura de nuestra personalidad. No es algo lindo, pero ayuda mucho a aprender la responsabilidad de nuestras acciones.

3. Medita

Meditando aprendemos a mirar los sentimientos y emociones por fuera, como si estuviéramos en el cine. Luego es más fácil soltar.

¿Quieres aprender a meditar? ¡Bienvenido!

En el budismo zen usamos este gatha (verso). Lo recitamos diario y nos ayuda a entender que no somos perfectos. A la vez, nos pone en acción para arreglar las cosas. Lo podrías incluir al final de tu sesión de meditación.

Verso de la Enmienda

Todos los actos, palabras y pensamientos dañinos cometidos por mi,

a causa de infinita avaricia, ira o ignorancia,

nacidos de mi cuerpo, boca y mente, 

¡Los enmiendo hoy!

4. Enmienda

Luego de algunos días o meses de meditar y entender, es hora de arreglar las cosas.

Si es posible ver o llamar a la persona agredida, hazlo. Habla con él o ella. Explica lo que pasó y ten la humildad para aceptar que actuaste de manera egoísta y que estás en la mejor disposición de arreglar las cosas.

Esta acción podría funcionar si la persona está dispuesta a escuchar o a perdonar. Si es así, es momento de transformar (ver siguiente punto).

Pero a veces no es tan sencillo. Quizá la persona tiene demasiado rencor y no está en capacidad de perdonar. Podría ser que no puedas localizarla. O podría estar muerto. Uno nunca sabe. Si esto sucede, entonces…

5. Transforma

Las acciones negativas son muy poderosas porque una sola puede borrar de tajo mil acciones positivas.

La buena noticia es que las acciones positivas se quedan para siempre y mejoran el universo. Y de eso se trata, de convertir lo negativo en obras que borren el sufrimiento de los demás. En esa medida, nuestra culpa y angustia se transformarán en virtud.

Como ejemplo puedo mencionar el caso de una persona que cayó en la infidelidad. Luego de un periodo oscuro, se dio cuenta de lo que había pasado; entendió porqué sucedió y ahora se dedica a enseñar a los demás a salir adelante cuando se enfrentan a esa situación. Convirtió un problema fuerte de su vida en enseñanza para los demás. Esto es virtud.

Sea cual sea tu problema o situación, haz lo posible por ayudar a los demás en situación similar. Si tomaste venganza, promueve la compasión y los derechos humanos básicos. Si golpeaste, promueve la paz y enseña respeto a los jóvenes. Si robaste, dona a organizaciones no gubernamentales que lo necesiten. Si rompiste un corazón, ayuda a los demás a tener buenas relaciones personales.

Se trata de dejar este mundo mejor de como lo recibiste.

Nos han educado a ver la culpa como un monstruo con el que todos tenemos que lidiar y cargar a cuestas.

Yo digo que no. La culpa es una parte natural del ser humano. Hay que comprenderla y transformarla en luz.

¿Quieres aprender más sobre la culpa y el manejo de emociones? Esto te podría interesar.

Pero no me hagas caso. Sólo soy un tonto idealista.

Imagen: http://www.deviantart.com/art/Guilt-198465541

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Ango 2014. Práctica intensa de 3 meses. ¿Me acompañas?

Ango 2014. Práctica intensa de 3 meses. ¿Me acompañas?

Como todos los años desde los tiempos del Buda, las comunidades budistas en el mundo celebran Ango. Este es un período intenso de práctica, estudio y espiritualidad con duración de 3 meses. Se estableció para proteger de la temporada de lluvias a los monjes vagabundos y mendicantes en India ancestral.

Lo que comenzó como una necesidad de protección del clima, se convirtió en tradición que sigue hasta estos días.

Para el budismo Soto Zen, el Ango se sigue celebrando durante los últimos tres meses del año. Culminará con un retiro de dos días llamado Rohatsu, en la primera semana de diciembre.

El Ango es la temporada donde dejamos atrás el ego y nos empujamos nuestros límites un poco más. Llevamos nuestra práctica a niveles más formales y hacemos zazen por más tiempo de lo normal.

Entendemos que el crecimiento personal está afuera de nuestra comodidad.

El participante de Ango debe hacer una serie de compromisos personales en los que el primer beneficiado será él mismo. Por ejemplo dejar 3 cosas por las que se sienta apego; como comer chocolates o postres, fumar o pasar tiempo en redes sociales.

No hay trampas ni trucos. Si uno se auto-engaña, resulta ser la primera víctima. Así que no hay más que avanzar un paso a la vez.

Para mi serán 3 meses de práctica y servicio fuertes, en donde:

  • Aumentaré mi tiempo de zazen de 40 a 50 minutos por la mañana. 20 minutos por la tarde. En domingo por la mañana (que es cuando tengo tiempo) será de entre 1:30 y 2:00.
  • Leeré más libros de dharma, en especial uno que siempre me ha costado trabajo.
  • Donaré un poco más  de lo usual a organismos de ayuda humanitaria.
  • Comenzaré un grupo local y otro grupo virtual de zazen.
  • Haré de la compasión el centro absoluto de mi práctica.
  • Dedicaré aun más tiempo al estudio de formas, movimientos y ceremonias.

Ahora, todos estos objetivos podrían no cumplirse. Uno nunca sabe cómo atacará la Señora Impermanencia. Pero la idea es hacer lo posible para llevarlos a cabo.

Sí, se ve difícil. Pero ese es el punto: que cueste trabajo.

Ahora, no necesitas ser budista para practicar el Ango. Se trata de entender que el agua pacífica y tranquila se estanca. De vez en cuando es necesario convertirnos en ríos caudalosos y llenos de caídas.

Piensa algo que quieras lograr pero que no has llevado a cabo. ¿Leer más libros? ¿Correr una carrera de 5K? ¿Limpiar tu vocabulario? ¿Levantarte más temprano?

Si tienes un objetivo que cumplir, te invito a que unas al Ango 2014. Te conviene.

La primera persona beneficiada serás tú. Y luego el mundo que te rodea.

¿Me acompañas?

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La elegancia del Silencio

Una día un filósofo visitó al Buda y le preguntó: “Sin palabras y sin no-palabras, ¿me dirás la Verdad?”

El Buda se mantuvo en silencio.

Después de un momento el filósofo se levantó, hizo reverencia y agradeció al Buda diciendo: “Gracias a tu infinita gentileza y amor, he limpiado todos mis autoengaños y he llegado al Camino Verdadero.”

Cuando el filósofo se había ido, Anando, un discípulo avanzado del Buda, le preguntó: “Gran Maestro, ¿Qué es lo que el filósofo obtuvo?”

El Buda respondió: “Un buen caballo corre tan solo al ver la sombra del látigo”.

En estos días he estado reflexionando sobre el Silencio, la elegancia que lo envuelve y lo mucho que lo odiamos.

Sí, me refiero al Silencio con S mayúscula, como una práctica de desarrollo personal.

Parecería que uno de nuestros monstruos más grandes es la simple idea de pasar un minuto en Silencio absoluto. Le damos la vuelta, huimos de él como si nos fuera a matar.

Tememos su simpleza y su vacío porque estamos muy acostumbrados al ruido.Preferimos la vulgaridad y agresión del sonido incesante del habla o de los motores de nuestra civilización.

Cuando ganamos unos momentos a solas corremos a violar el Silencio con música o con nuestro incansable diálogo interno.

El Silencio nos impone autoridad y horror porque es dentro de él cuando nos enfrentamos a nuestro más grande enemigo: nosotros mismos.

Dentro de nuestra mente viven nuestras pasiones y sufrimientos. También están los recuerdos y planes del futuro. Pero también están los remordimientos y arrepentimientos. Toda esa complejidad nos produce angustia, pero la preferimos a sentarnos en Silencio porque no tenemos ni idea de cómo practicar la quietud absoluta.

El Silencio es elegante y majestuoso. Tan simple y tan elemental que hemos perdido la capacidad de encontrarlo.

No es casualidad que el Buda nos haya dejado enseñanzas importantes con este tema. Él pedía a sus monjes que guardaran silencio lo más posible, a menos que fueran a hablar de forma constructiva o sobre el dharma.

También nos ilustra con esta analogía (del Sutta Nipata): El riachuelo es pequeño y lleno de rocas, tiene curvas y pendientes; por ende hace mucho ruido. En cambio el río es enorme y vasto; y corre hacia el mar haciendo el menor ruido posible.

El chisme, las críticas, las charla vacía, la música alterante, el exceso de medios de comunicación, las incesantes alertas de nuestros teléfonos móviles; todo ello contribuye a que nuestra existencia sea ruidosa y se mantenga alejada de la práctica silente.

Para llegar a la Iluminación o a la Verdad, el Silencio es el camino. No hay más.

Esto se logra con la práctica de técnicas de enfoque y meditación. Ya sea zazen, mindfulness, qi gong, mandalas o yoga; cualquier disciplina que promueva el Silencio, nos hará crecer y acercarnos más a nuestra elusiva espiritualidad.¿Qué prefieres ser, un riachuelo o un río?

sin freno

majestuosa y completa

palabra no dicha

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