El amor está en todo el universo: la visión cruda del budismo zen

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El Zen tiene una perspectiva diferente y brutal con respecto al amor. Y por brutal me refiero a que hablamos del tema sin endulzar palabras, sin idealizar o crear fantasías ególatras al respecto. Al mismo tiempo incorporamos el pensamiento de la psicología evolutiva para entender al ser humano como lo que es: un simio más, un ser vivo más.

En la cultura occidental la comprensión del amor se limita a la familia, amigos y pareja. No es que esté mal, pues es en buena parte lo que nos hace humanos, pero este concepto crea sufrimiento porque hace que la mente separe la vida en bandos.

El amor es uno de los valores principales para el budismo. Podríamos decir incluso que el budismo es una filosofía de amor. Entendemos que nutre el corazón y nos ayuda a crecer como seres vivos. No se limita solo a una persona o a un grupo, sino que es una práctica espiritual cotidiana que se lleva con actos de compasión y generosidad. No busca recompensa alguna más que la integración de la vida a la vida misma, ya que comprendemos que la seguridad y felicidad de otros seres vivos garantiza la nuestra.

El amor es un concepto más allá de explicaciones que hace que la bondad se manifieste en todas las criaturas. Esta bondad la observamos como si fuera un gran río en el que nos sumergimos para convertirnos en parte de él.

El amor es libertad espiritual que fluye desde el practicante y beneficia a todos.

Sin embargo, el “amor” que incluye apegos, lujuria, manipulación, miedo o mala comunicación, no es amor. Es un auto-engaño humano que solo crea sufrimiento. Es por ello que muchas canciones populares del mundo aseguran que “el amor duele”.

Y es aquí donde la brutalidad del Zen comienza. El amor humano jamás es desinteresado, a menos que se hagan esfuerzos para mantener atención a los pensamientos. Las personas practicamos un amor egoísta que siempre busca el placer y la retribución, ya sea ideológica o evolutiva.

Muchas fuentes aseguran que el amor más puro es el de una madre, pero esto es solo una linda idea para hacernos sentir bien con la responsabilidad enorme que implica cuidar a un niño. Una madre no es una santa y no, no tiene amor desinteresado. Una madre es un ser vivo más que busca el beneficio de sus hijos para que su material genético se transmita a la siguiente generación, sano y salvo. Hay cariño, hay ternura; por supuesto. Puede que haga un buen trabajo o no. Pero la construcción de la historia de la “madre pura” es un engaño muy costoso porque es la semilla del sufrimiento.

El ser humano idealiza a la persona que decide amar y esto es un terrible piso resbaloso en el que todos caemos.

Sentimos el amor como una inversión que si no nos da lo que buscamos, sufrimos rupturas que nos llevan a la depresión o a la venganza.

Pero no. El amor jamás duele; sino que libera y empuja hacia adelante. Es tan básico y elemental para los seres vivos que aun la persona más agresiva y gruñona
es capaz de sentirlo. Demandamos amor del universo hacia nosotros, sin que pensemos que quizá es todo lo contrario.

Entender que esta emoción es parte de la vida y que somos nosotros los que la transformamos con apegos y autoengaños es importante, porque pone toda la responsabilidad en nuestras manos.

Vivir el amor es una de las mejores experiencias de estar vivo. Nos hace sentir bien, promueve la salud de todos los involucrados y se forman nexos maravillosos que pueden durar hasta la muerte. Y dicen algunas escuelas budistas que incluso van más allá, hasta el renacer de alguien.

El cultivo del amor no depende del deseo carnal o de sacar adelante a la familia.

Amar es dar todo lo que podemos para que todos los seres vivos estén lejos del sufrimiento y en libertad.

Amar es actuar con Gratitud, Compasión y Generosidad; sabiendo que trabajar por los demás nos rodeará de más amor.

Y claro, hay más qué decir… pero tenemos todo el mes para ello :)

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Febrero, mes sobre amor ¡Bienvenidos!

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Cuando era joven febrero me parecía un mes difícil, pues por toda la ciudad y en los medios se veían corazones, cupidos y lo cursi era el leitmotiff obligado. La tendencia continúa, por supuesto. Admito que yo siempre fui corazón solitario, así que el mes del amor no era mi favorito. De hecho, lo sufría y hacía lo posible para ir en contra.

Ahora muchos años después, como monje budista zen, pienso que febrero es maravilloso. Es toda una celebración al espíritu humano, aunque creo que festejamos solo una fracción del concepto de amor y nos perdemos de otros aspectos que la palabra amor contiene. Quizá son aún más importantes.

A diferencia de la filosofía occidental, el budismo tiene un punto de vista muy particular sobre el amor. No lo limita a la búsqueda ególatra de la pareja ideal o a la protección sectaria de la familia y amigos.

Para el practicante del dharma el amor es una práctica abierta, universal y aplica para todos los seres y objetos en este mundo, en todos los tiempos. El amor trasciende tiempo, géneros, espacios, especies y mundos. El amor crea conexiones y derrite las barreras de la mente divisoria.

Hay mucho qué decir, pero a la vez, hay mucho qué callar para solo contemplar.

Con todo eso en mente decidí que este febrero de 2016 sea el mes sobre el amor, aquí en Chocobuda. Estaré escribiendo posts sobre el tema con el punto de vista del budismo zen y además continuaremos con nuestras transmisiones por Periscope, que desde ahora se llamarán Chocoscopios 😀

Algunos de los temas que serían útiles:

  • Amor de pareja
  • Posibles razones por las que no tienes pareja
  • Amor universal e incondicional
  • Amor como hábito
  • Amor como práctica espiritual

Todo esto nos llevará a quizá hacer algún taller corto sobre el tema. Más información pronto.

¿Qué opinas? ¿Te gustaría algún tema en especial? ¿Quisieras participar el taller?

Dame tus puntos de vista en los comentarios :)

 

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Zazen ES

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Zazen es simplemente sentarse a observar los pensamientos. Sin juguetes mentales, sin abrazar ideas o conceptos. Es ver la vida como es, bajo la comprensión de que nuestros pensamientos son una muy pobre representación de la realidad.

Zazen es cancelar el “quiero”. Es solo dejar de estorbar a la vida por 20 o 40 minutos para que siga su curso.

Es ser espectadores del espectáculo más maravilloso del que somos parte. Es mirar sin contaminar y así nos unimos con el flujo de la existencia para sentir que somos solo un mamífero más. Nada en especial. PERO al mismo tiempo, cada uno de nosotros seres vivos, es una pieza clave para que este universo exista.

Zazen es guardar silencio.

Zazen es aceptar.

Zazen ES.

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Tarde de preguntas y respuestas sobre perdón, odio y mocos

Hoy dejo una transmisión de Periscope que tuvimos la tarde de ayer para responder preguntas sobre odio, perdón y mocos mentales; comenzando con el Sutra del Corazón para personas enfrentando la partida de un ser amado.

Estos eventos se están convirtiendo en algo recurrente. ¿Podrían ser sustituto del podcast llamado Chococast?

Lamentablemente ese nombre está siendo usado por muchas personas, así que habrá que cambiarlo. Uno nunca sabe… ¿podríamos estar en el nacimiento del Budascopio? 😀

Puedes ver el video con comentarios y corazones aquí:

Y puedes verlo también en YouTube, aunque sin comentarios ni preguntas de los participantes.

 

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Una historia de ladrones

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Taigu Ryokan (1758-1831, Japón) vivía muy feliz en su choza en las montañas. Para ser un ermitaño se mantenía muy ocupado con su poesía, caligrafía, jugando con los niños del pueblo y ayudando a los pobres de la comunidad.

Una tarde, mientras Ryokan estaba en zazen, llegó un ladrón. Buscó algo para robar, pero Ryokan no tenía nada más que un pincel, papel, comida para el día y la ropa que llevaba puesta.

Ryokan lo sorprendió mientras el ladrón intentaba huir.

—Gracias por tomarte el tiempo de venir a visitarme. No te vayas con las manos vacías. Por favor llévate mi ropa. Es un regalo.

El ladrón tomó la ropa del poeta y se escabulló en la noche.

Ryokan se sentó afuera de la choza, mirando la luna.

—Pobre hombre—, dijo el ermitaño suspirando. —¡Me hubiera gustado darle esta hermosa luna!

Tomó su pincel y escribió éste poema que quedó como testimonio de la experiencia:

El ladrón dejó detrás:
la luna
en mi ventana.

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No tengo opinión

Desde que mi entrenamiento Zen se formalizó, muchas cosas han cambiado en mi. Todo lo que me apasionaba ya no es tan relevante y en general estoy tranquilo ante las situaciones de la vida. Estoy  abierto a entender que el sufrimiento siempre viene cuando no soltamos los pensamientos.

Cuando estamos listos, el dharma llega como una gran ola que pone todas las cosas boca arriba y nos hace cuestionar lo que pensamos y hacemos.

Y una de esas cosas es nuestra postura ante dogmas y costumbres que damos por inamovibles.

Hace unos meses alguien me preguntó qué pensaba sobre la física cuántica. Respondí con honestidad que no tengo una opinión, pues es un campo del conocimiento que aun debo explorar. Lo poco que he leído no es suficiente como para hacer comentarios.

En una transmisión por Periscope otra persona me preguntó si existe un dios. De igual forma y con honestidad por delante, respondí que no lo sé.

Estos días alguien de mi familia está pasando por una situación que pone a prueba toda su madurez e integridad. Siendo alguien tan cercano supongo que yo debería tener una opinión o juicio al respecto. Me mantengo listo para ayudar, pero no tengo una opinión que dar.

Dos maestros budistas que respeto mucho están comenzando a morir por su avanzada edad. Serán extrañados cuando dejen este plano visible. Alguien me preguntó mi opinión, pero no tengo una. Entiendo que la vejez y muerte son factores mucho más grandes que mis ideas.

Los razonamientos anteriores llamaron mi atención luego de leer un texto de un compañero que está por ordenarse como monje Soto Zen. En su escrito él menciona que muchos monjes budistas no tienen opinión alguna sobre las situaciones de la vida.

Sólo observan.

Y me di cuenta que esta conducta es liberadora. No tener opinión de las cosas hace que el ego se ponga en pausa por un momento. Al aceptar la vida como es, entramos a un estado de ecuanimidad que nos da más rango de movimiento. Más aire y espacio. Pero aún más importante, nos llena de tranquilidad.

Pero Chocobuda, ¿cómo no dar mis opiniones de todo lo que me gusta o lo que me molesta?

No es fácil. Requiere entrenamiento para ver que los pensamientos son solo un flujo palabras generadas por la mente, que de ninguna manera son la realidad. Son abstracciones, comentarios y fantasías que nos formamos para tener una relación con lo que nos rodea.

Lo que tú piensas, lo que opinas, todo lo que te gusta y todo lo que rechazas, está en tu cabeza. Pretender que los demás deban pensar como tú es el error fundamental que nos ha creado tantos problemas (y guerras) a través de las eras.

La vida es lo que es. Los humanos hacen lo que los humanos hacen.

Estas palabras que he escrito y las tuyas, son solo herramientas que nos permiten vivir como la especie débil y poco competitiva que somos.

Solo somos monos aferrados a las lianas de nuestras opiniones. Cuando las soltamos, nos liberamos.

 

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