Diferencias entre budismo tibetano y Zen

Aclaración: este post es una explicación rápida y no profundiza en el tema. Es solo una introducción y no pretende ser 100% certero en datos históricos.

 

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Rápido: piensa en un monje budista.

¿Viste ropas azafrán, colores, reliquias? ¿Llegó a tu mente la imagen de SS Dalai Lama?

Hace más de 20 años, cuando comencé a practicar budismo me sorprendí al ver que habían muchas escuelas y tradiciones. Entre más estudiaba encontraba más diferencias y culturas que practican el dharma, pero para nosotros occidentales la diferencia no es muy clara. De hecho, es confuso.

Esto se debe en parte a la popularidad el SS Dalai Lama y la historia del budismo tibetano. Su Santidad es una persona carismática y los medios cubren muy bien sus palabras y movimientos por el mundo.

Sin embargo, a diferencia del catolicismo, el budismo no es centralizado y no tiene un Vaticano. No hay un líder absoluto y cada país del mundo ha desarrollado su propia rama de budismo. Esto hace que la gente vea con sorpresa que el budismo de Burma sea distinto al de Vietnam o al de Tailandia.

Entonces es correcto asumir que budismo tibetano y Zen tienen características que los separan, a pesar de tener el mismo origen.

La primera distinción, que es la más fácil de entender, es el tiempo histórico y la zona geográfica.

El Buda nos dejó el Dharma y cerca de 80,000 enseñanzas… pero el Buda no sabía que él era budista. El término Buddhism (budismo) fue acuñado por investigadores ingleses en los 1800, cuando descubrieron restos arqueológicos en India que hablaban de la vida y prácticas de Siddhartha Gautama.

Cuando el Buda murió, sus discípulos se separaron y llevaron el dharma por Asia. Algunos fueron hacia el sur y otros hacia el oeste. Se crearon dos grandes ramas, Theravada (sur de Asia) y Mahayana (nor-este de Asia).

Conforme el dharma tocó las diferentes culturas, se fue adaptando a cada lugar. Gracias a que es una filosofía 100% humanista, el budismo se pudo adaptar a los usos y costumbres de cada nación. Al llegar a China, por ejemplo, el budismo se unió con el confucianismo y el taoísmo, creando las 5 escuelas del Chan.

Ambos, el tibetano y el Zen tienen la misma base: Mahayana. Algunos estudiosos dicen que el tibetano, a su vez, adoptó la escuela Vajrayana.

 

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En el Mahayana se cultiva el camino del Bodhisattva como práctica principal. Es decir: se dedica la vida a ayudar a los demás seres vivos a liberarse del sufrimiento.

Al llegar a Tibet el budismo se fundió con la colorida cultura y creencias locales, naciendo así el budismo que más conocemos.

En Japón el budismo llegó a través de Corea. Se fundió con la religión shinto y cultura local. Siglos después también adoptó costumbres del budismo Chan.

 

La base del tibetano es la meditación con imágenes y mantras. La base del zen es solo soltar pensamientos con la práctica de zazen.

El tibetano es elaborado y lleno de textura. El zen es simple y sencillo.

Al final, tibetano y zen promueven las enseñanzas del Buda. Elegir entre uno y otro se convierte en trabajo personal.

Dharma es dharma es dharma y no depende de nación. Depende de mente y corazón abierto para poder verlo.

¿Cómo elegir entre uno y otro?

En mi experiencia, no hay nada como vivir ambos. Si tienes curiosidad por alguno en especial, ¡adelante! Acude a algún centro o templo y comienza a practicar con ellos.

Pero te recomiendo leer mucho, meditar mucho y permanecer al menos 2 años en cada escuela. Esto te dará herramientas para saber qué es cada uno y así tomar una decisión. La opción que se sienta más natural a tu personalidad será la ganadora.

 

¿Hay rito de iniciación?

Depende de la tradición que sigas. En el tibetano sí la hay. En el zen no. En general lo que se hace es simplemente asistir a algún centro o templo budista y comenzar a practicar. Con el tiempo formalizas tu práctica y puede que haya una ceremonia o no.

Para llamarte budista lo que sí debes hacer es buscar refugio en Buda, Dharma y Sangha. Entender que son el camino supremo a terminar el sufrimiento y siempre ver por el beneficio de los demás.

“Buscar refugio” es diferente en el budismo. Aquí significa aceptar que la Triple Gema está en tu vida, los pondrás a prueba y tendrás confianza que podrían funcionar. Y luego aplicas lo aprendido a la vida cotidiana 🙂

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Tiempo de Ango 2016. Práctica intensa de 3 meses. ¿Quién me acompaña?

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Para muchas comunidades budistas hay 3 meses del año que son especiales, pues se celebra el Ango. Es un período extendido de práctica, estudio y espiritualidad.

El Buda lo estableció para proteger del monzón a sus monjes. Al no poder salir por las lluvias intensas, se quedaban en uno de los templos a practicar juntos. Esto resultó de utilidad suprema, ya que toda la comunidad podía estudiar y convivir en un solo espacio.

Para el budismo Soto Zen, el Ango se sigue celebrando durante los últimos tres meses del año. Culminará con un retiro de dos días llamado Rohatsu, en la primera semana de diciembre.

El Ango es la temporada donde dejamos atrás el ego, empujamos nuestros límites un poco más y nos alejamos de todo tipo de lujos. Vivimos con solo con lo esencial. Llevamos nuestra práctica a niveles más formales y hacemos zazen por más tiempo de lo habitual.

Entendemos que el crecimiento personal siempre sucede fuera de nuestra comodidad. Es con determinación y disciplina cuando llegan los cambios a nuestra vida.

El participante de Ango debe hacer una serie de compromisos personales en los que el primer beneficiado será él mismo. Por ejemplo, dejar 3 cosas por las que se sienta apego; como comer chocolates o postres, fumar o pasar tiempo en redes sociales.

No hay trampas ni trucos. Si uno se auto-engaña, uno mismo resulta ser la primera víctima. Así que no hay más que avanzar un paso a la vez.

Mi práctica de Ango consistirá en lo siguiente.

  • Aumentaré mi tiempo de zazen de 40 a 50 minutos por la mañana. 20 minutos por la tarde. En domingo por la mañana (que es cuando tengo tiempo) será de entre 1:30 y 2:00 horas.
  • Practicaré yoga diario, en lugar de 3 veces por semana.
  • Leeré más libros de dharma, en especial uno que siempre me ha costado trabajo.
  • Haré más días de ayuno y terminaré mi cambio de Paleo a Banting.
  • Coseré un nuevo rakusu.
  • Comenzaré el grupo de estudio formal, que será el principio de la Choco-Sangha: Grupo Zen Ryokan 🙂
  • Donaré un poco más de lo usual a organismos de ayuda humanitaria.
  • La compasión y la gratitud seguirán siendo el centro absoluto de mi práctica.
  • Dedicaré aun más tiempo al estudio de formas, movimientos y ceremonias.
  • No mazapán. ¡No mazapán!

Ahora, todos estos objetivos podrían no cumplirse. Uno nunca sabe cómo atacará la Señora Impermanencia. Pero la idea es hacer lo posible para llevarlos a cabo.

Sí, se ve difícil. Pero ese es el punto: que cueste trabajo.

No necesitas ser budista para practicar el Ango. Se trata de entender que el agua pacífica y tranquila se estanca. De vez en cuando es necesario convertirnos en ríos caudalosos y llenos de caídas.

Piensa algo que quieras lograr pero que no has llevado a cabo. ¿Leer más libros? ¿Correr una carrera de 5K? ¿Limpiar tu vocabulario? ¿Levantarte más temprano? ¿Dejar de mentir?

Si tienes un objetivo que cumplir, te invito a que unas al Ango 2016. Te conviene.

La primera persona beneficiada serás tú. Y luego el mundo que te rodea.

 

¿Cómo participar?

Puedes hacer el compromiso personal y en silencio. La única persona a la que tienes que demostrar algo, es a ti.

Si lo prefieres, puedes participar en los comentarios de esta entrada. Podríamos formar un grupo de apoyo aquí mismo, sin necesidad de usar otro tipo de sistema.

Y si te interesa una práctica más formal en budismo zen, podrías unirte al Grupo Zen Ryokan (Presencial en Guadalajara y en línea). En unos días presentaré más información y cómo participar.

La temporada de Ango comienza el 10 de septiembre 🙂

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Tortas de arroz. Cuento zen.

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Un día llegó a los oídos de Tokuzan, el estudioso, que un maestro budista iluminado en el sur de China había penetrado por completo la verdad contenida en el Sutra del Diamante.

Siendo el erudito que era, Tokuzan empacó todos sus libros y comentarios sobre el Sutra del Diamante. ¡Los documentos pesaban casi 150 kilos! A toda prisa salió para ir a escuchar a este nuevo maestro.

En el camino se detuvo a descansar y se topó con una anciana vendedora ambulante.

—¿Qué vendes?— preguntó Tokuzan.

—Tortas de arroz— respondió la abuela.

—¿Me venderías una?— quiso saber el estudioso.

—¿Para qué querrías una torta de arroz?

—Para refrescar mi mente.

La mujer miró los 150 kilos de libros de Tokuzan.

—¿Qué es todo eso que cargas?— preguntó ella.

—¿No has escuchado? Soy el experto más grande del Sutra del Diamante. No hay parte de él que no comprenda. Todos estos documentos son comentarios y notas sobre el Sutra del Diamante—, respondió el orgulloso académico.

—¿Puedo hacer una pregunta?

—Claro que sí.

—He escuchado que el Sutra del Diamante dice que la mente del pasado no puede ser tomada, que la mente presente no puede ser tomada y que la mente futura no puede ser tomada. ¿Qué mente quieres refrescar con mis tortas de arroz? Si me dices, te venderé una. Si no respondes, no te venderé ninguna torta de arroz.

Tokuzan se quedó perplejo y no pudo encontrar respuesta.

 


Esta historia es parte del Shobogenzo, el libro máximo del budismo zen (Japón entre 1231 y 1253). Master Dogen, el autor, la usa para explicar la diferencia de pensamiento entre teólogos y teóricos.

Sin entrar en muchos detalles diré que siempre me ha gustado mucho porque también nos explica que el intelecto nos sirve para entender el mundo que nos rodea… pero las cosas quedan realmente claras cuando las preguntas se dejan ir al viento y nos dedicamos mejor a observarlo todo sin juicios.

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