Meditación: Deja ir a los que se adelantaron

El final de octubre y el principio de noviembre son la época en la que el velo que existe entre la vida y la muerte se vuelve delgado y los recuerdos de los que ya se fueron regresan. Y en la mayoría de los casos, su partida sigue doliendo porque simplemente nos negamos a dejar ir la memoria  y el cariño.

Es una gran pena que estas culturas occidentales no nos enseñen que todo en la vida es impermanente, que todos vamos a morir. Si tan sólo lográramos entender esto, el proceso de muerte y despedida sería mucho más tranquilo de lo que es ahora.

Así que comparto con ustedes este pequeño ejercicio de meditación para sanar las heridas, dejar ir el pasado y seguir adelante.

Meditación de Día de Muertos

Preparativos

  • Escoge un  tiempo del día en el que nadie te moleste y puedas estar en silencio.
  • 1 vela pequeña

Meditación

  • Estira todo tu cuerpo.
  • Siéntate en una silla cómoda, con la espalda recta sin recargarla en el respaldo. Si puedes sentarte en el suelo en flor de loto o seiza, adelante.
  • Enciende la vela y paga las luces.
  • Cierra tus ojos y respira profundamente, varias veces. Trata de tranquilizar y relajar todo tu cuerpo. No avances al siguiente paso hasta que todos tus músculos estén relajados.
  • Regresa tu respiración a ritmo normal.
  • Piensa en la persona que se fue y que extrañas mucho.
  • Date tiempo para recordar todos los buenos momentos, el aprendizaje, las risas y las lágrimas. Quédate en ese momento favorito, donde más disfrutaste su compañía.
  • Esa persona te mira a los ojos por un largo momento.
  • Con una voz tranquila y en calma te dice: “Muchas gracias por recordarme, eso me hace muy feliz. Tuve una vida llena de aprendizaje. Ahora estoy bien. No tengo hambre, frío ni calor. Por favor mira la llama de esta vela. Es brillante y genera un calor muy agradable.  Va a brillar por un largo rato y luego se apagará. Esta fue mi vida. Así es la vida.”
  • Abre tus ojos y mira la vela.
  • Di en voz alta. “Muchas gracias por tocar mi vida, aprendí mucho de ti. Es hora de que descanses y que los dos seamos libres para seguir adelante. Adiós. Adiós. Adiós.”
  • Quédate en silencio observando la vela. Mira cómo se consume. Esa es nuestra vida. Esa es la naturaleza de las cosas. Todo se acaba, pero todo brilla y nos deja su calor.

Esta meditación la aprendí hace mucho años y es una experiencia muy poderosa. Si la sigues al pie de la letra y la repites varias veces durante esta temporada de muertos, te ayudará mucho.

El objetivo primordial es que entiendas que todo termina y que entre más te aferres al recuerdo de alguien que murió, nunca cerrarás el ciclo y te causarás mucho daño. No serás libre para moverte a nuevas experiencias en tu vida.

Suelta a esas personas que se fueron. Este es tiempo para que tú escribas tu propia historia. Hoy es el tiempo en que debes hacer brillar tu propia luz y dar calor a los que te rodean.

Feliz Día de Muertos.

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Toy Story 3 toca las fibras de la existencia humana

Nunca hemos reseñado una película en Choco Buda, pero Toy Story 3 merece ser recomendada ampliamente porque es muy divertida, está llena de valores humanos (aun con personajes principales juguetes) y toca enseñanzas de la vida como la impermanencia, insatisfactoriedad, transición, desapego y dejar ir.

Hago constar de que no pierdo de vista que Pixar y Disney son compañías que están en la industria para hacer dinero, no para educar a la gente. Sin embargo, de vez en cuando, es posible encontrar en los medios masivos historias que nos ayudan a hacer una pausa, tener catarsis y seguir adelante. Es el caso de la tercera parte de la saga de Buzz y Woody.

Aclaro que no revisaré ningún punto técnico del filme. Para eso están otros sitios.

Sobre revelar la trama de la película, no se preocupen. No lo haré. Esta reseña va sin spoilers porque en realidad me interesa hablar sobre los valores humanos, que se pueden relacionar con puntos que el budismo ha tratado desde hace más de 2,500 años.

Paso del tiempo y transición
Cuando somos niños el mundo es un lugar dulce. No importa cual sea tu nacionalidad o situación económica, siempre hay espacio para jugar y crear historias en la imaginación.

Nuestros personajes en Toy Story han experimentado esto también a lo largo de las tres películas. Llegaron a la vida de Andy cuando él era un pequeño y fue creciendo.

Cuando pasa el tiempo nuestro marco de referencia cambia. Vamos madurando y, aunque nos duela, no podemos detener la marcha de los años. Crecemos.

Woody se da cuenta de esto cuando su dueño ya no juega con él y está listo para ir a la universidad. Andy es todo un joven que tiene otros intereses y está listo para moverse hacia adelante. Y sus juguetes no toman esto nada bien y tratan de aferrarse a su estilo de vida.

Apego
Hace unos años platicaba con un compañero de trabajo sobre series de TV. Él estaba muy enojado porque su serie animada (los diseñadores somos fans de las caricaturas), Invazor Zim había terminado. Y yo le decía que eso estaba bien. No se puede mantener el status quo de un producto por demasiado tiempo.

De pronto él entró en modo berrinche y me dijo que si algo te gusta, deberías poder seguir haciéndolo hasta el final de tus días.

Recuerdo mucho esa discusión porque mi compañero me recordó la manera en la que nos apegamos a las cosas. Nos aferramos a personas y situaciones que nos hacen sentir bien, luchamos por mantenerlas así por el mayor tiempo posible.

Con esto perdemos perspectiva y nos hacemos adictos no al bienestar, sino a la búsqueda de cómo mantenerlo por siempre. Esto tiene consecuencias enormes porque mucho de nuestro sufrimiento viene de nuestros apegos positivos y negativos.

En Toy Story 3, los juguetes se aferran a su estatus de objetos favoritos de Andy y luchan a toda costa por mantenerlo; siendo ellos mismos los causantes de su propio malestar.

El villano tiene su calidad de maléfico debido a que vive apegado a tiempos pasados.

Insatisfactoriedad
Estoy seguro que uno de los factores que nos hacen seguir adelante en la vida es la insatisfactoriedad, estemos conscientes de ello o no.

El no encontrar satisfacción en nuestro entorno, nuestro ser y poseciones, nos hace salir adelante y trabajar duro para alcanzar metas. Cuando llegamos a ellas, descansamos un par de días y seguimos buscando lo que queremos cambiar y le entramos.

Este espíritu humano de cambio está por todos lados en Toy Story 3. Los juguetes no están contentos con ser guardados en el ático. Andy necesita ir a la universidad. Los juguetes villanos no están contentos con el final que tuvieron. Y esto hace que la historia se mueva hacia adelante.

Nosotros no somos diferentes a los juguetes en el film. La insatisfacoriedad no es mala, nos hace trabajar y desarrollarnos. Lo que es muy, muy malo es no ser felices por ella.

Conozco muchas personas que dicen “estoy muy gorda”, pero no paran de comer. No están satisfechas con lo que son, lo saben. Pero no hacen nada para modificar su conducta.

Dejar ir. Desapego.
Los juguetes comprenden que no pueden seguir siendo jugados por Andy y entienden que, entre más se aferren a su dueño, más sufrirán. Por consiguiente, los juguetes también tienen que moverse y crecer.

El muchacho ya es todo un joven que necesita irse y tanto juguetes como él mismo, comprenden que llegó el momento de decir adiós.

Y esto es lo que me hizo llorar como magdalena. Sí, lo admito. Se presentaron las legendarias lágrimas de cocodrilo.

¿Cuántas despedidas hemos tenido en la vida? ¿Cuántas nos faltan? ¿Hemos dejado ir a las personas de manera fácil o aun ahora las llevamos como piedra en la espalda?

El desapego es muy difícil y, a veces, hasta cruel. El truco está en aprender que cuando llegue la despedida, es natural pasar por un proceso de duelo.

Cuando ya no es normal, es cuando el duelo dura toda la vida.

Todos hemos sido víctimas de esto. Algunas personas cargamos tantas despedidas en la espalda, que se vuelven un obstáculo para que podamos encontrar nuestra felicidad.

Transición
La vida está en constante movimiento y no voy a decir nada más porque les arruinaría la historia.

Es suficiente anotar que la vida siempre está modificándose. Nosotros mismos cambiamos. Y nuestro corazón y puntos de vista también. Woody y compañía comprenden esto.

Diversión
No importa qué tan dura es la vida, siempre hay que encontrarle algún punto divertido. Y los juguetes, como siempre, lo encuentran.

Aquí tomo lecciones directas de mi padre, quien a pesar de ser un tipo rudo, machista y con todo el sello de los años 50 en él, siempre encuentra un chiste para todo.

Ser budista me ha enseñado que las preocupaciones siempre se hacen más ligeras si nos divertimos. Todos hemos pasado por situaciones de dolor extremo, pero si hacemos una pausa en el drama, digamos para ver una película o salir por un helado, nuestro cerebro va encontrando la salida.

Dentro de la cinta, Buzz, Jessie y todos los demás pasan por un par de situaciones mega duras, que hacen que el espectador pase por momentos de angustia.

Estos momentos son rotos por algún chiste de alguno de los demás juguetes, haciendo que la angustia se diluya y se solucione el problema.

Justo como debe ser la vida.

Conclusión
A pesar de ser animación, Toy Story 3, como producto, también ha comprendido el paso del tiempo. No es una película para niños porque los pequeños que vivieron la ternura de la primera película, ahora tienen la edad de Andy y también están listos para moverse hacia adelante.

La historia, como ya lo analizamos, es divertida y cargada de mensajes de todo tipo. Pero también es un poco más oscura y madura, así que si la ven con niños pequeños, estén listos para responder preguntas y atender un par de pesadillas.

Contra lo que puedan decir los aguafiestas, Toy Story 3 es una gran experiencia. Vayan a verla y carguen con ustedes un paquete de pañuelos desechables.

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Mini guía para dejar ir el pasado


“Deja que los muertos descansen y que el pasado quede en el pasado.”
Capitán Jean-Luc Picard, USS Enterprise NCC-1701-D

Esta es una máxima en mi vida: aferrarte al pasado es como abrazar a un perro rabioso. En cualquier momento te va a morder el trasero. 


Pero, por desgracia, decir “no te aferres” o “deja ir el pasado” es mucho más fácil de decir que de lograr. Y es que en esta sociedad con fuertes cimientos católicos, el dejar ir las cosas es lo que nunca se nos enseña. Desde niños se nos instruye a luchar por y a agarrarte a las cosas que te hacen feliz. De igual forma nos urgen a nunca olvidar a los muertos, a tener rencor y a tomar venganza por cosas que no tienen importancia.

Aun así, con todo ese cúmulo de ladrillos emocionales en nuestra espalda, llega el momento en el que tenemos que decir adiós a las cosas, personas o situaciones. 

Y aquí es donde el Budismo brilla porque buena parte del dharma (enseñanza) se basa en la comprensión de la impermanencia de las cosas. En español: nada es para siempre.

No importa qué tan bien te la estés pasando ese fin de semana en la playa, al final llegará el lunes y tendrás que dejar todo atrás.

Quizá amas con todo tu ser a tu pareja y duren muchos años, pero al final uno de los dos morirá.

Si estás en el mejor empleo del mundo y está cambiando tu vida, en algún momento las cosas cambiarán y te verás sin él.

El nuevo celular que compraste tiene todo lo que deseas. Qué bueno y disfrútalo porque la próxima semana saldrá el nuevo modelo y hará polvo a todos los demás.

En este momento todo está perfecto en tu vida. Estás sano, con buen empleo y en la mejor relación del mundo. Pero tú sigues creciendo, envejeciendo. Y no eres eterno.

¿Me doy a entender? Todo tiene un final, bueno o malo, contigo o sin ti. Y mucho del sufrimiento mental que nosotros mismos nos provocamos es porque nos abrazamos a no terminar con una experiencia que nos hace felices.

Es como los niños que se la están pasando bomba en el parque y hacen el berrinche más grande del universo cuando les informan que es hora de regresar a casa. Los adultos no somos diferentes a eso.

Para poder dejar ir las cosas, personas y situaciones, y evitarnos el proceso de duelo que viene con la ruptura, lo único que podemos hacer es comprender que todo va a cambiar. No es cuestión de si llegará o no el final. Es cuestión de cuándo.

Entender esto, personalmente, ha sido un trabajo de toda mi vida y, con frecuencia, sale a flote el niño berrinchudo que traigo dentro. Ahí es donde comprendo que mi reto personal es domarlo, hacerle ver que el berrinche no lleva a ningún lado, y comprender que todo termina.

Y justo ese conocimiento de la impermanencia es el motor que te hace amar mucho más todo lo que vives. 

Todas las personas que conoces (padres incluidos), todas las cosas que posees, las memorias que tienes, la casa sólida y bien construida a la que llamas hogar, el mejor auto, la relación más increíble, el planeta en el que vivimos… Todo, absolutamente todo, va a terminar y a cambiar.

Si esto lo aprendiéramos desde chicos, ¿te imaginas la cantidad de dolor que evitaríamos? 

Entonces, después de todo esto, la mejor manera de dejar ir el pasado es no abrazarte a él. 

Si viviste los mejores días de tu vida en los 80′s, qué bueno. Esa década nos dejó muchas cosas importantes. Pero no hay ninguna razón para que sigas escuchando la misma música, te vistas igual y (Hollywood, te estoy viendo) sigas celebrando remakes de todo lo que fue. Ahora tenemos mejores propuestas creativas, hay mucho mejor música y la tecnología está en su pico.

El pasado ya terminó. Entiende que lo que sucedió antes, bueno o malo, es lo que te llevó a ser quien eres. Aprecia las lecciones aprendidas y enfócate sólo en lo que sucede hoy. 

Acepta y entiende que el mejor lugar para estar es hoy, con todos los retos y goces que implica.

Para dejar ir el pasado tenemos que comprender que todo termina. Y justo por eso, vivir con intensidad, lograr lo que te hace feliz y amar con todo el corazón, cobran un mejor significado.

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Nota choco budista: La Impermanencia de las Cosas (anicca) es una enseñanza que dejó el Buddha hace más de 2,500 años. Aprenderla es todo un arte, pero cada vez que logramos dominar la urgencia por el apego al pasado, estamos a un paso más de lograr una vida tranquila y verdaderamente feliz.

Entender que tu realidad es esta y que hoy es el mejor día para estar vivo, se llama Aceptación. Nos ayuda a tener un mejor sentimiento de la realidad y a enfocarnos en este momento.
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Con la paciencia de un santo. Siete consejos prácticos

Estar esperando 30 minutos o más a que alguien llegue, nos crispa los nervios. Hacer un trámite burocrático de 180 pasos en distintas oficinas,  nos hace gritar HULK SMASH. Que las cosas no las obtengamos en el momento que las queremos, saca lo peor de nosotros.

La paciencia es un estado de resistencia en el que entramos cuando nos exponemos a circunstancias difíciles. Esto significa el enfrentar la demora o la provocación sin que nos enganchemos en una conducta de molestia o enojo; también implica no demostrar incomodidad bajo situaciones de estrés.

Desde niños hemos escuchado la frase “tienes paciencia de santo”, pero no nos dicen qué santo. Es posible que no sea el Enmascarado de Plata, porque él ha demostrado patear traseros a la menor insinuación. A nosotros, por el contrario, se nos dan mensajes opuestos y nunca se nos enseña a ser pacientes.

Estamos en una sociedad de recompensa inmediata. Pones dinero en el mostrador y obtienes lo que quieres, al momento. Un jefe en la oficina grita y pega en el escritorio y la gente reacciona al instante, por miedo. Un bebé llora y hace berrinche y los padres le proporcionan lo que pide.

Pero también nos dicen que “Roma no se construyó en un día”. Que debemos ser constantes para alcanzar los sueños y toda esa basura.

Tal parece que nadie se da cuenta de este contra sentido. Pero en Choco Buddha sí. Y no por que yo sea sabio, sino porque son días de entender la paciencia como un reto personal y como una experiencia que deje una mejor compresión de cómo funciona la vida en sociedad.

Ser impacientes trae un precio muy elevado: actuamos por impulso. Y las peores decisiones que podemos tomar son las que resultan de un berrinche o por prisa. Creo que vale la pena aprender a esperar.

Para cultivar la paciencia es muy válido usar cualquier artilugio. A mi los que me funcionan son los siguientes:



  1. Comprender que todo es impermanente. Nada dura para siempre, todo se termina. No importa lo difícil que sea la situación, va a terminar. 
  2. Entender las consecuencias de no ser paciente. Actuar por reacción siempre trae consecuencias. Si pensamos en ellas y las entendemos, la paciencia caerá sola en nuestros hombros.
  3. Respirar. El viejo método de contar hasta 10, funciona. Tiene que ser combinado con respiración profunda.
  4. Caminar. En el post anterior sugerí salir a caminar. Créanme, funciona muy bien.
  5. Entender que no todo está en nuestras manos. Por más que estemos acostumbrados a la recompensa inmediata, la mayoría de las veces no somos dueños de los procesos. No controlamos al burócrata que está desayunando frente a nosotros, en lugar de trabajar. Tampoco tenemos influencia sobre el tráfico de la ciudad. Si comprendemos nuestro papel en los procesos, no la pasaremos tan mal.
  6. No aferrarse. Parte de la infelicidad que trae la falta de paciencia es el aferrarse al posible resultado. Entre más resultados imaginarios creamos, tenemos más de donde aferrarnos. Esto nos lleva a la desilusión porque casi nunca se cumplen. 
  7. Tomar una acción distinta. OK, ya estamos en una situación que reta nuestra paciencia. Si hay que esperar 4 horas, hay que llevar un libro. O podemos escuchar música. Si es un proceso largo, como de 30 días, lo mejor es hacer todo lo que nos toque del proceso y enfocar nuestra atención a otra cosa. Esto se aplica para procesos personales como esperar a que la futura pareja diga sí. 

Siendo humanos, no importa que tan pacientes pretendamos ser. Siempre habrá alguien muy creativo que pondrá nuestras capacidades al límite. Cuando esto pase, lo mejor es sentarse a esperar. 
El mejor ejemplo que tengo es el mismo planeta donde vivimos. A la Tierra le tomó millones de años llegar a donde esta y jamás se apuró. Poco a poco ha terminado los procesos que comienza y sigue trabajando. Deberíamos aprender de ella.
Nota choco budista:
El entender que la impaciencia existe y que nos provoca infelicidad, se refiere a la Primera Noble Verdad: la vida incluye el sufrimiento. 

También nos hace ver la vida con ojos críticos y analíticos; esto cae en Visión Correcta, parte del Camino Óctuple.

Detectar cuando nos aferramos a un resultado imaginario, se refiere a la Segunda Noble Verdad: el sufrimiento emocional viene de los apegos.

Detener en seco a nuestra mente y comprender que en algún punto el problema terminará, se refiere a la Tercera Noble Verdad: El sufrimiento siempre termina.

Enfocar nuestra mente y simplemente esperar en la manera más cómoda, se refiere a la Cuarta Noble Verdad: Hay un camino a la tranquilidad.
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