por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 21, 2010 | Budismo, Vida

"El hecho es que nunca antes nos hemos conocido". En la camiseta: "Realidad".
A diferencia de lo que dicen mis amigos emos, quienes afirman que la vida sólo es sufrimiento, nosotros comprendemos que la vida incluye el sufrimiento.
Es parte de nosotros, es la manera en la que pedimos ayuda y es la forma en la que nos recordamos lo que no pudimos completar.
Siendo el sufrir una conducta humana tan real y tan presente en todos nosotros, es uno de los campos de estudio más grandes del budismo.
Claro que existen muchos factores y acciones que nos llevan a sufrir gratis, justo como nos gusta; pero hoy me enfocaré en el rechazo de la realidad y su cura, la Aceptación Radical.
Imagina que tu hijo está enfermo. Lo ideal sería responder a la situación lo más acertado posible, sin perder tiempo, ¿correcto? Pero cuando pasamos por una situación desagradable, de inmediato nuestra mente comienza a crear fantasías sobre cómo podría ser mejor todo esto, porqué no debió haber pasado, nos culpamos por el descuido y hasta rezamos a algún dios o ser mágico para que cambie los hechos. En suma, rechazamos la realidad.
Y es que en nuestra cultura el rechazo a las cosas desagradables es un mercado enorme. Se nos educa para siempre buscar estar bien, darle la vuelta a lo desagradable y a sentir aversión por ello. Existen miles de productos y servicios para rechazar el envejecimiento, para rechazar la genética de nuestro cuerpo, para no aceptar que quizá no tienes buena situación económica.
Es como la clásica escena cuando el niño le pregunta a su madre «¿Me dolerá la inyección?», y la madre responde que no. Claro que va a doler. Quizá mucho, pero es necesaria.
Mi punto es que nuestro mundo está confeccionado para evitar la realidad de lo adverso en todas sus formas y no se nos educa para tomar la rienda ante los problemas. Y eso pasa no sólo en la mercadotecnia, sino en nuestra propia mente.
De regreso al ejemplo del hijo enfermo; cuando rechazamos la realidad de que nuestro hijo está enfermo y generamos fantasías y respuestas a los hechos como son, nuestra mente se llena de conflictos y es menos capaz de dar la atención necesaria al hijo. Nuestra atención se divide entre el conflicto interno y resolver el problema.
Rechazamos la realidad a tal grado que perdemos la frialdad y la objetividad para reaccionar de forma óptima.
Esto se aplica a todo en tu vida. Cuando se poncha una llanta, cuando repruebas un examen, cuando subes de peso, cuando te diagnostican alguna enfermedad, cuando no tienes los medios para comprar lo que deseas.
Ante estos ejemplos comunes, la mente siempre crea una reacción adversa y genera incomodidad y aversión, haciendo nuestros días miserables.
En cambio, si tenemos una relación simple y sin prejuicios ante un problema, estaremos más aptos para resolverlo y seguir adelante.
Una llanta ponchada es una llanta ponchada, es una llanta ponchada. Nada más. El universo no está conspirando contra ti. La vida no está siendo injusta, ni el destino te está jugando la peor de sus bromas. Una llanta ponchada es sólo eso. Y en lugar de perder tiempo y energía en lamentar la situación, mejor hay que resolverla de la manera más simple y eficaz.
El entender que las cosas son como son, sin velos ni prejuicios y tener una relación simple ante la adversidad, se llama Aceptación Radical.
Llegar al punto de la Aceptación Radical lleva algo de tiempo y es posible hacerlo con un poco de esfuerzo en ver la vida como es, sin prejuicios.
Cuando aceptamos las cosas de manera simple, los problemas cambian su naturaleza a algo mucho más simple.
Para cerrar, ilustro con un ejemplo más.
Forma incorrecta de ver la vida: El tráfico está horrible. Voy a llegar tarde. Pero la culpa la tiene el gobierno por comenzar obras públicas en horas de trabajo. Ya no voy a votar por ellos. Como el tonto de mi tío Crisantemo, que le encanta la jícama. Odio las jícamas. A menos que tengan limón. Y el limón es agrio como mi jefe. Maldito.
Forma correcta de ver la vida: Hay tráfico.
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Nota choco budista: El tener una relación simple con los problemas y el sufrimiento, es comprender las tres primeras Nobles Verdades. Existe el sufrimiento. El sufrimiento tiene una causa. El sufrimiento siempre termina.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jun 15, 2010 | Minimalismo, Productividad
Tener fotos en casa es una gran forma de llevar en la mente y en el corazón a las personas que queremos. Son un gran recuerdo y, con frecuencia, nos hacen sonreír.
El problema de utilizar las fotografías como decoración es que su valor de recuerdo es anulado con el tiempo.
El proceso de colocar una foto en un porta retratos es muy placentero, pero cuando la novedad termina, la imagen de la abuela con sonrisa de oreja a oreja se convierte en parte del ambiente. Esto provoca que ignoremos la imagen y que se deteriore con la exposición a la luz.
También existe el problema de tener demasiadas fotos de papel rodando por la casa. En mi propia casa he encontrado fotos olvidadas en libros, revistas, cajones y hasta en cajas de cartón.
Es por eso que digitalizar tus imágenes en un scanner es una gran solución a tus problemas de desorden y de deterioro de fotos y hasta de trabajos escolares.
Los scanners son muy baratos y accesibles en estos tiempos, así que en lugar de gastar $1,000.00 en una salida con chelas, ve y cómprate un escaner.
Guardar tus fotos en la computadora tiene estas ventajas:
1. Sonrisas y recuerdos al por mayor. Cada vez que pasas por un scanner tus fotos, las ves en la pantalla. Esto hace que recuerdes y sonrías. Es un gran valor.
2. Preservar para siempre. Es muy importante que tus fotos no sólo vivan en el disco duro de tu computadora, sino que las respaldes a CD para que las puedas tener accesibles todo el tiempo.
3. Orden y catálogo. Con programas como iPhoto para Mac y Picasa para Windows y Linux, puedes ordenar, catalogar y etiquetar las imágenes para que tengan orden por fecha, situación, color, personas y todas las etiquetas que quieras.
4. Retoque y quitar el espantoso ojo rojo. Esa foto de tu grupo donde la chica que te gusta tiene ojos satánicos puede ser retocada con los programas mencionados. También se puede restaurar una foto vieja o doblada.
5. Imprimes lo que necesitas. Como mencioné, la gente tiende a aferrarse a las fotos y no las tira a la basura cuando ya ni las miran. Cuando tienes tus fotos digitalizadas, puedes tirar la que no te guste e imprimir una copia fresca de alguna nueva.
Con todas estas ventajas terminarás con la invasión de fotos de papel y tu hogar tendrá un punto más de orden.
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Nota choco budista: El despegarte de tus fotos de papel no significa tirar a la persona a la basura. Sólo tiras papel. Esto se asocia con el principio del desapego, que es una de las soluciones al sufrimiento. Obedece a la Segunda y Tercera Nobles Verdades: el sufrimiento emocional tiene su origen en el apego, pero también tiene un final.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jun 8, 2010 | Budismo, Vida
Las caras largas, la no sonrisa y el tomar la vida demasiado en serio son síntomas una enfermedad crónica que nos azota diariamente y evita que aprovechemos la vida al máximo. Existen condiciones que hacen que las personas sufran todo el tiempo, como la depresión, la furia incontrolable, la agresión y el mal humor.
Y es que toda esa gente con cara plana y cejas gruñonas tienen razón. Sus problemas son tan profundos y tan enormes que nada los puede salvar. El mundo apesta y además en 2012 la Tierra va a explotar. O nos invadirán extraterrestres. O Godzilla atacará. O habrá una mega crisis financiera que hará que todos regresemos a usar taparrabos y vivamos en cavernas. Ah, no. Ya sé. Regresarán los mayas en una nave espacial a colonizarnos.
Si Tundarr el bárbaro tenía razón, la luna será destruida por el impacto de un asteroide, haciendo que en la Tierra caminen criaturas mágicas y todos nos veamos como Conan el bárbaro. No estaría mal porque yo necesito un poco de músculo.
Antes de seguir, voy a hacer un pequeño experimento mental con ustedes.
No se preocupen, no es nada serio y tampoco obtendré los números de sus cuentas de banco. Tampoco el password al sitio de adultos que tanto les gusta.
Es simplemente un ejercicio de memoria. Recuerden la última vez que caminaron en la calle. Quizá fue ayer o hace un rato, camino a la oficina. Pongan su atención en la gente que los rodeaba y respondan esta pregunta:
¿Cuántos de ellos se veían contentos, incluidos ustedes?
¿Uno o dos? ¿Ninguno? Yo sé cómo funciona porque por años me tuve que transportar en el metro de la Ciudad de México y la amargura es tan constante como el color naranja de los vagones.
Todo mundo está tan preocupado en su mundo, con sus problemas, con su sufrimiento, que olvidan que sonreír de vez en cuando es un tónico maravilloso para la buena salud.
También me he dado cuenta de que muchos de nosotros nos quedamos atrapados en un mundo en el que el bienestar queda en segundo término, comparado con el bienestar corporativo. Este mundo deshumaniza, pone un número en lugar de nombre y nos usa como peones en un juego donde las compañías son las que siempre ganan. Nos usan, nos exprimen y nos desechan. Ser parte de este mundo es deprimente por definición, pero no podemos escapar a él.
Después de todo este rollo de introducción, les presento un juego de 5 pensamientos que me han ayudado a conservar el sentido del humor, aun en las situaciones más duras que he vivido.
1. Nada es tan urgente/importante como lo pintan
Alguna vez trabajé para una mujer que, desde el primer contacto por teléfono, gritaba «me URGE un diseñador». Con el paso de los meses me di cuenta de que absolutamente todo le urgía. Repetía esa palabra tantas veces que luego me di cuenta que era más una muletilla que una condición de su realidad.
No niego que hay ocasiones en las que hay que trabajar o pensar de manera rápida. Hay veces que debemos tomar decisiones que afectarán nuestra vida como la conocemos. Sí. Existen situaciones que se deben tomar con seriedad y que hasta miedo nos dan. Pero eso no significa que debamos pensar que después de ahí, la vida TIENE que ser seria hasta el infinito.
Esto viene a la mente porque nada de lo que sea importante lo es. Nada que urja, urge de verdad.
Siempre que nos enganchamos en la prisa y en la urgencia de alguien más, tomamos decisiones poco brillantes y aumentamos el margen de error.
Sin importar el calibre del problema que esté encima, tómate tu tiempo. Haz una pausa de unos minutos para pensar tu curso de acción.
Esta actitud es liberante y te permite trabajar agusto, contento.
2. Haz bromas, disfruta las bromas
No siempre estamos de humor para aguantar chistesitos. Lo sé muy bien. Pero piensa que la seriedad es un hueso que hay que roer. Nos lo dan desde que nos despertamos, lo seguimos masticando a lo largo del día y lo guardamos para dormir.
Tener ese hueso en la boca nos estorba para comunicarnos y, peor aun, para sonreír.
Lo que yo creo es que debemos ser serios pero no hasta el punto en el que nuestra felicidad dependa de ello.
Si alguien te cuenta un chiste, relájate y disfrútalo. Es una pausa muy bienvenida en días de intenso trabajo.
Y también, si tienes una anécdota o algo gracioso qué decir (sin ofender, claro), no tengas miedo y sólo dilo. Estoy seguro que causarás alguna sonrisa. Aunque sea de «pobrecito, qué malos chistes cuenta».
3. Usa el humor negro
En las noticias de ayer leí que 25 jóvenes de no-sé-dónde, tuvieron un accidente al caer un puente. Esto sucedió mientras los muchachos estaban haciendo un ritual para alejar la mala suerte de sus vidas.
JAJAJAJA Lo siento, pero me sigue dando risa la ironía. Y que conste que no me río de la desventura de estos pequeños hechiceros, pero la situación es tan tonta que me parece graciosa.
Yo sé que me veo como muy desalmado por reirme, pero el humor negro hace que las situaciones duras y tristes sean más comprensibles y fáciles de digerir.
Si puedes burlarte de la muerte, de la crisis, de tu madre (institución intocable en América Latina) y de todo lo que te rodea, haces la vida mucho más placentera.
4. No te aferres
Este es un consejo recurrente en el Choco Buda. Aferrarse, apegarse a las cosas-personas-situaciones impacta directamente en nuestro sufrimiento.
Entre más le sufrimos, menos oportunidades tenemos de ser felices y de conservar el buen humor.
Para lograr esto, siempre hay que estar conscientes de lo que somos y tenemos.
¿Nos va mal en el trabajo? Al menos hay trabajo. Si no nos gustan las reglas de ese lugar en específico, nada nos retiene por la fuerza. Siempre hay opciones en otras partes.
¿Nos botó nuestra pareja? Quizá eso es bueno. Luego de que terminamos la etapa de luto, sigue la liberación.
¿La casa necesita pintura? ¡Qué suertudos somos! ¡Tenemos casa, un techo para vivir!
¿No hay dinero que alcance para una consola de videojuegos? Los libros son más baratos y hasta podemos aprender algo. En lo personal creo que jugar siempre es necesario, así que, ¿qué tal un poco de Dungeons & Dragons?
El punto de todo esto es que entre más nos aferramos a lo que deseamos o lo que odiamos, más sufrimiento llega a nosotros.
5. Toma perspectiva
En situaciones de dolor o sufrimiento siempre pensamos que nuestra desventura es la peor calamidad de la historia. Y en realidad no lo es.
El sufrimiento es parte de la vida. Nacer, crecer, evejecer y morir, todo duele. Cuando esto es comprendido de verdad, podemos aprovechar la vida y ver todo con humor.
Mientras estamos instalados en el «no me alcanza para un auto nuevo», hay personas en la misma ciudad que no pueden caminar o necesitan ayuda de un aparato para respirar.
Eso significa tener perspectiva. Nuestros problemas, por más fuertes que sean, tienen solución.
Con todo esto y sabiendo que la vida es muy corta, ¿porqué no mejor nos la pasamos bien, sonreímos y bromeamos?
Al cabo que el mundo se acaba en 2012. Tenemos menos de dos años para estar contentos.
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Nota choco budista: El entender que en la vida hay sufrimiento, que el apego nos daña y que podemos estar bien a pesar de todo esto, significa comprender la Primera y Segunda Nobles Verdades. Estas hablan de que la vida incluye el sufrimiento y que la razón del sufrimiento emocional, es el apego.
Aceptar la vida como es, sin clavarse y entender la realidad sin prejuicios, obedece al principio de Aceptación.
Reir todo el tiempo, pasarla bien y buscar siempre la manera de ser amable, obedece al sentido común!!!
Si leíste hasta acá, no necesitas lentes. Si crees que todo esto tiene sentido, da una maroma en la oficina. También puedes iniciar una guerra de aviones de papel en la oficina.
Post patrocinado por Alegrías, las palanquetas de amaranto que comen los chicos modernos.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 25, 2010 | Budismo, Vida
Estar esperando 30 minutos o más a que alguien llegue, nos crispa los nervios. Hacer un trámite burocrático de 180 pasos en distintas oficinas, nos hace gritar HULK SMASH. Que las cosas no las obtengamos en el momento que las queremos, saca lo peor de nosotros.
La paciencia es un estado de resistencia en el que entramos cuando nos exponemos a circunstancias difíciles. Esto significa el enfrentar la demora o la provocación sin que nos enganchemos en una conducta de molestia o enojo; también implica no demostrar incomodidad bajo situaciones de estrés.
Desde niños hemos escuchado la frase «tienes paciencia de santo», pero no nos dicen qué santo. Es posible que no sea el Enmascarado de Plata, porque él ha demostrado patear traseros a la menor insinuación. A nosotros, por el contrario, se nos dan mensajes opuestos y nunca se nos enseña a ser pacientes.
Estamos en una sociedad de recompensa inmediata. Pones dinero en el mostrador y obtienes lo que quieres, al momento. Un jefe en la oficina grita y pega en el escritorio y la gente reacciona al instante, por miedo. Un bebé llora y hace berrinche y los padres le proporcionan lo que pide.
Pero también nos dicen que «Roma no se construyó en un día». Que debemos ser constantes para alcanzar los sueños y toda esa basura.
Tal parece que nadie se da cuenta de este contra sentido. Pero en Choco Buddha sí. Y no por que yo sea sabio, sino porque son días de entender la paciencia como un reto personal y como una experiencia que deje una mejor compresión de cómo funciona la vida en sociedad.
Ser impacientes trae un precio muy elevado: actuamos por impulso. Y las peores decisiones que podemos tomar son las que resultan de un berrinche o por prisa. Creo que vale la pena aprender a esperar.
Para cultivar la paciencia es muy válido usar cualquier artilugio. A mi los que me funcionan son los siguientes:
- Comprender que todo es impermanente. Nada dura para siempre, todo se termina. No importa lo difícil que sea la situación, va a terminar.
- Entender las consecuencias de no ser paciente. Actuar por reacción siempre trae consecuencias. Si pensamos en ellas y las entendemos, la paciencia caerá sola en nuestros hombros.
- Respirar. El viejo método de contar hasta 10, funciona. Tiene que ser combinado con respiración profunda.
- Caminar. En el post anterior sugerí salir a caminar. Créanme, funciona muy bien.
- Entender que no todo está en nuestras manos. Por más que estemos acostumbrados a la recompensa inmediata, la mayoría de las veces no somos dueños de los procesos. No controlamos al burócrata que está desayunando frente a nosotros, en lugar de trabajar. Tampoco tenemos influencia sobre el tráfico de la ciudad. Si comprendemos nuestro papel en los procesos, no la pasaremos tan mal.
- No aferrarse. Parte de la infelicidad que trae la falta de paciencia es el aferrarse al posible resultado. Entre más resultados imaginarios creamos, tenemos más de donde aferrarnos. Esto nos lleva a la desilusión porque casi nunca se cumplen.
- Tomar una acción distinta. OK, ya estamos en una situación que reta nuestra paciencia. Si hay que esperar 4 horas, hay que llevar un libro. O podemos escuchar música. Si es un proceso largo, como de 30 días, lo mejor es hacer todo lo que nos toque del proceso y enfocar nuestra atención a otra cosa. Esto se aplica para procesos personales como esperar a que la futura pareja diga sí.
Siendo humanos, no importa que tan pacientes pretendamos ser. Siempre habrá alguien muy creativo que pondrá nuestras capacidades al límite. Cuando esto pase, lo mejor es sentarse a esperar.
El mejor ejemplo que tengo es el mismo planeta donde vivimos. A la Tierra le tomó millones de años llegar a donde esta y jamás se apuró. Poco a poco ha terminado los procesos que comienza y sigue trabajando. Deberíamos aprender de ella.
Nota choco budista:
El entender que la impaciencia existe y que nos provoca infelicidad, se refiere a la Primera Noble Verdad: la vida incluye el sufrimiento.
También nos hace ver la vida con ojos críticos y analíticos; esto cae en Visión Correcta, parte del Camino Óctuple.
Detectar cuando nos aferramos a un resultado imaginario, se refiere a la Segunda Noble Verdad: el sufrimiento emocional viene de los apegos.
Detener en seco a nuestra mente y comprender que en algún punto el problema terminará, se refiere a la Tercera Noble Verdad: El sufrimiento siempre termina.
Enfocar nuestra mente y simplemente esperar en la manera más cómoda, se refiere a la Cuarta Noble Verdad: Hay un camino a la tranquilidad.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 9, 2010 | Budismo, Vida
No esperes nada, pero prepárate para todo.
Adagio samurai.
Tener el corazón roto debido a la desilusión es una de las experiencias más duras de la vida.
Desde niños se nos educa para que siempre esperemos algo bueno de la vida. Como por ejemplo ese día donde esperabas con toda la emoción del mundo que llegara el fin de semana porque te habían dicho que te llevarían al parque. Al final tus papás se percataban que tenían que ir a ver a alguien o simplemente estaban cansados y cancelaban el fin de semana. El resultado era un día aburrido, frustrante y muy poco inspirador. En suma, te provocaba desilusión.
Piensa también en la adolescencia, que es cuando más sufrimos. ¿Cuántas veces no esperabas que tus amigos te invitaran a una fiesta? ¿O que te dieran permiso para ir a una excursión de la escuela? ¿Qué tal la cita que querías con esa persona que te gustaba y que te dijo que no? Todo esto te llevó, irrevocablemente, a sufrir.
Casi todo el sufrimiento mental y emocional del hombre está dado en torno a los apegos. En el caso de la desilusión, esta se da cuando no obtenemos el resultado que nuestra imaginación fabricó.
Nuestra mente es una línea de producción de ideas que hace su trabajo muy bien. Entre muchas otras funciones, tiene como objetivo construir imaginaciones del futuro, realidades que «podrían pasar» si se cumplen requisitos ideales.
Es como cuando compras un boleto de lotería (admítelo, alguna vez haz comprado un Melate o un cachito). Cuando guardas este pedazo de papel en la cartera o bolsa, de inmediato tu mente comienza a crear un futuro alterno:
«Si me gano el premio voy a viajar por todas partes sin preocuparme. Pero antes voy a comprarle una casa a mi mamá y a mis hermanos. Pero necesitarán espacio para sus autos, que tienen que ser Audi al menos… «
Esta idea de lo que está por venir, como todas las que creamos, es muy atractiva, nos seduce. Y casi siempre nos aferramos a estos sueños de humo y terminamos desilusionados.
Este sufrimiento se da porque nos aferramos a la idea de lo que puede ser. Esperamos demasiado de la vida en un claro movimiento de egoísmo: queremos que el universo funcione para satisfacer nuestras necesidades.
Pero el universo está muy ocupado siendo él mismo. 🙂
Como mencioné al principio, la desilusión es parte de la vida y siempre nos va a acompañar porque siempre vamos a crear futuros ideales en nuestra mente. Entonces, ¿qué hacer para reducir los daños y salir lo menos raspado posible?
- Controla la fantasía. El conocer a una persona que nos gusta no va a hacer que se enamore de nosotros de forma instantánea. No nos vamos a sacar el Melate y no, no vamos a bajar de peso con el método de la revista. Estar conscientes de cuando la mente fabrica realidades alternas en situaciones que no controlas, es la mejor herramienta.
- Sé generoso. La desilusión viene porque el universo no nos da lo que queremos en el momento preciso. Ser generoso siempre ayuda porque en lugar de querer todo hacia nosotros, damos un poco a alguien. Puedes dar tiempo, trabajo, escuchar a alguien… no tiene que ser monetario. Al final de cuentas, una persona generosa siempre está rodeada de cosas buenas.
- Erradica las expectativas. La gente, el clima, el tráfico y todo el universo no están para servir a tus propósitos personales. Sé como los samurai: No esperes nada, pero prepárate para todo.
- Si las cosas no salen como las imaginaste, no te aferres. Si no pudiste evitar que la imaginación creara una fantasía, recuerda que nadie mas que tú la inventó. Cuando las cosas no salen como esperas, siempre ayuda no aferrarse a la fantasía de «lo que pudo ser».
Estas cuatro medicinas me han funcionado, pero estoy seguro de que no son las únicas. ¿Sabes de alguna otra que pudiera funcionar?