por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 16, 2010 | Meditación, Minimalismo, Productividad, Vida

Nuestra cultura de forzosa productividad nos obliga a estar activos todo el tiempo.
Desde que nos levantamos en la mañana hasta muy entrada la noche, estamos sujetos a una cantidad de actividades que, si las ponemos por escrito nos sorprendería ver el cúmulo de cosas que resolvemos en unas horas.
Esto no es precisamente malo porque es como funciona el mundo y es la manera en la que nos ganamos la vida prácticamente todos.
Nuestra capacidad humana de resolver, de comprender y de relacionarnos con el mundo es a través de la actividad social y el trabajo.
Sin embargo nunca parecemos tomar un respiro. Aun en los momentos de soledad buscamos algún factor de distracción y la consigna es tener la mente ocupada de tiempo completo.
Por eso cuando dormimos, en fin de semana, cuando salimos de vacaciones y cuando estamos en las situaciones más relajantes, nuestra mente sigue trabajando a toda capacidad y no descansamos.
Descansar es una industria de millones de dólares que te vende todo tipo de artefactos y servicios para que tu tiempo de relajación sea de calidad.
Sin embargo, aun necesitamos encontrar una campaña de publicidad, un servicio público que nos impulse al verdadero descanso: el silencio y la soledad.
Tal perecería que estas dos grandes palabras son los enemigos más grandes de la humanidad y se les ve con terror. «¿Comer solo? Nunca.«, he escuchado decir a muchos.
¿Porqué tenemos tanto miedo de estar solos? ¿Porqué nos aterra el pensar que, por un momento, nuestra mente no sea estimulada por la radio, televisión, videojuegos?
Las respuestas a esas preguntas todos las traemos por dentro y no existe una que aplique para todos, pero lo que sí es común es que las personas tenemos miedo del silencio porque eso hace que nuestra mente se enfoque hacia adentro, a arreglar y procesar la información que tiene pendiente porque siempre la tenemos bombardeada por estímulos.
En suma, no queremos estar solos y en silencio.
Pero la verdad es que el verdadero descanso llega al pasar tiempo con nosotros mismos y darle descanso a la mente.
Para efectos ilustrativos, lo pongo de esta forma.
Descansar en una playa, 4 días y 3 noches, todo pagado: US$600.00
Descansar en la inmensidad del espacio, dando silencio y reposo a la mente con sólo 20 minutos de meditación al día: Gratis y siempre está abierto.
Encontrar el tiempo para nosotros mismos, no para distraernos y entretenernos, es cuando realmente podemos descansar y terminar con el caos de la vida productiva.
Y todo esto es una de las actividades minimalistas por excelencia.
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Muy pronto podrán comenzar a meditar con el Choco Buda. Estén pendientes.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 24, 2010 | Vida
Desde hace tiempo he venido pensando en las máscaras que todos usamos a diario. Hay veces que nos ponemos una máscara para hablar por teléfono, otra para trabajar, otra más para estar con la pareja o amigos y una hasta para comer.
Claro que me refiero a las máscaras de forma metafórica. Aunque no dudo que haya gente que va por el mundo con una de luchador o de ladrón.
Hay personas que las usan más que otros. Por ejemplo los políticos y los jerarcas religiosos las usan de una forma tan profesional, que no parece que están ocultando la verdad.
Y es que las máscaras sirven para eso. Ocultan la verdad, son una cara temporal que pone un velo entre nuestra verdadera personalidad y el mundo exterior.
Haciendo un poco de investigación y hablando con personas muy sabias, me di cuenta que usar máscaras es uno de los comportamientos humanos más básicos y no es precisamente malo. Todos las usamos.
Lo que me llama la atención es la manera en que se usan.
¿Ocultamos la verdad con ellas? ¿De qué nos estamos protegiendo? ¿En verdad se necesitan?
El uso de una máscara distinta para cada situación de nuestro día puede ser bueno si se maneja con inteligencia y con ética porque son necesarias.
Pero también es necesario quitarlas y mostrar, de vez en cuando, nuestros colores reales.
Mis preguntas para ustedes son, ¿cuántas máscaras usamos? ¿Mentimos al usarlas o somos más profesionales y éticos? ¿Sería posible ir por el mundo sin usar máscaras?
Cada uno de nosotros sabe las respuestas a esos cuestionamientos, pero lo que debe quedarnos claro es que el uso de máscaras es un acto que siempre debemos tener consciente.
Si somos honestos con nosotros mismos, sabremos cuándo nos la ponemos y cuándo nos la quitamos; haciendo que seamos más sinceros en nuestras intenciones.
Al ser sinceros sería más fácil identificar cuando nuestras acciones podrían dañar a alguien y llevar una vida mucho más tranquila. ¿No creen?
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Nota choco budista: Estar atentos de cuándo usamos máscaras y cuándo no, nos hace practicar la Atención Consciente Correcta y Visión Correcta, que forman parte del Camino Óctuple.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jul 9, 2010 | Vida
Siente tus pies. ¿Te has dado cuenta que te ayudan mucho y todo el día te cargan? Hacen que camines y desafían la gravedad de la Tierra para llevarte a donde quieras.
Seguramente estás sentado en una silla en este momento. Eso significa que tienes un techo sobre tu cabeza, manos sanas para teclear, ojos sanos para ver, dinero para computadora e internet, puedes pagar las cuentas y te apuesto a que no tienes hambre o sed. Tampoco tienes frío.
Apuesto a que en este momento de tu vida no estás llorando. Estás leyendo. Sólo por este instante todos tus problemas se convierten en un punto muy pequeño porque tu atención está en un sólo lugar.
Si estás en la oficina es porque tienes trabajo. Quizá estás leyendo desde tu teléfono móvil. Tal vez estás en casa.
Estas palabras te acaban de hacer consciente, por unos segundos, de tu realidad. Así es como necesitamos vivir; con la mente aquí.
Piensa en todas las personas que están contigo, en lo que tienes, lo que eres. ¿No es suficiente motivo para terminar feliz esta semana?
Tómate unos segundos. Cierra los ojos.
Respira.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jul 6, 2010 | Productividad, Vida

Aclaración: El título del artículo se refiere a Foco de enfoque, concentración. No a los bulbos eléctricos. Que conste.
Llegas a tu escritorio, comienzas a trabajar, pero cometes errores porque tu mente está en otro lado.
En la mañana perdiste las llaves porque, mientras deambulabas por la casa y tratabas de despertar, las llaves cobraron vida y se escondieron. Solitas.
En la reunión de trabajo ves cómo los demás hablan, pero no los escuchas porque tu imaginación está presentando fantasías de cómo sería estar en este momento en la playa.
Y luego, cuando te reclaman, lo primero que piensas es que tienes síndrome de déficit de atención.
Pero eso no puede estar más alejado de la realidad. Lo que sucede es que estás fuera de donde tienes que estar porque no tienes enfoque. Y esto es muy normal.
Enfocar nuestra mente cuesta mucho trabajo porque es como un niño malcriado. Grita por llamar tu atención. Tu mente dice «¿no será más divertido estar jugando video juegos o ir de compras?». Siempre que hacemos una tarea que no nos gusta o simplemente si pasamos un buen fin de semana, nuestro pensamiento vuela a una realidad alterna donde todo es divertido.
También existe un problema mucho más grande. Nos encanta pretender que podemos hacer más de dos cosas a la vez.
Y ya sé que las feministas me dirán que las mujeres son multitasking, pero no. Si haces dos cosas a la vez, una de ellas sale mal. Es muy normal, pero también es peligroso. El no enfocarse provoca disgustos, pérdida de objetos y de tiempo; y lo peor, provoca accidentes.
Si no tenemos la mente donde debe estar, estamos perdiendo oportunidades para disfrutar el momento actual o resolver el problema que nos causa sufrimioento.
Cada uno de nosotros sabe muy bien cuál es nuestro problema personal cuando se habla de no poner atención, así que no daré más razones por lo que es un error no tener foco.
Pero sí les daré sugerencias para mejorar esta situación. A mi me funcionan mucho, y me considero el hombre más distraído del mundo.
1. El multitasking no existe
Por más que te esfuerces, el estar chateando mientras trabajas sólo hace que te tardes más y aumenta el margen de error. Haz una tarea a la vez y terminarás más rápido y saldrá mejor.
2. Apaga las distracciones
No, no tienes síndrome de déficit de atención. Lo que tienes es un maldito celular 3G.
Twitter es una gran herramienta de comunicación, pero también provoca muchos problemas de productividad porque, al final, es más divertido estar en el chisme que trabajando.
La vida internética nos trae muchos instrumentos que nos permiten estar en contacto con el mundo, pero también aumentan el estrés. Si apagas el celular, Twitter, Facebook y todo lo que pueda evitar que seas productivo, apágalo.
Cuando estudies, estudia, no veas la tele o escuches música. Cuando leas, lee. Cuando hables con alguien, dale toda tu atención.
3. Orden. Orden. Orden.
Como lo mencioné, soy el tipo más disperso del mundo. Si no tengo orden en mi vida, no encuentro las cosas, no sé para dónde ir y pierdo el tiempo todo el día en un juego o leyendo RSSs.
Dos factores enormes para que la mente vuele y no te ayude a concentrar, son el desorden y la saturación.
Si tu escritorio está lleno de papeles, plumas, juguetes, fotos y estampitas de San Banano, tu mente tiene muchos elementos en los cuales posarse antes de comenzar a trabajar.
Si no guardas tu cosas en un lugar determinado, te aseguro que vas a perder las cosas con mucha facilidad.
Si tienes diez mil iconos en el escritorio de tu compu, tarde o temprano vas a empezar a perder archivos.
Si no ordenas tu día con una lista de pendientes, no serás productivo.
Creo que captas el mensaje. El desorden y la mala organización te llevan a que la mente se vaya de vacaciones cuando tienes que resolver problemas.
4. Medita
Piensa que la mente es un caballo hermoso que pasta en la pradera. Pero también es un animal poderoso en estado salvaje, que necesita un vaquero que lo dome, que le de dirección.
Así es la mente. Dispersa, procesa información a velocidad luz y siempre se enfoca en lo divertido, no en lo que necesita.
Por medio de la meditación logramos callar la mente por 20 minutos, pero poco a poco nos resulta más fácil dirigirla hacia donde queremos.
Para más referencia, consulta este artículo: Calma la mente. 10 consejos para comenzar a meditar.
5. Respira y toma pausas
Cuando más tensos estamos y hay más ruido en el ambiente, queremos estallar y salir huyendo.
Esto es el resultante de que la mente pone atención, pero recibe más información de la que es capaz de procesar. Entonces estallamos y nos sentimos oprimidos y tensos.
Si haces pausas a lo largo del día, permites que la información que entra sea procesada y que tu ritmo cardiaco regrese a nivel normal.
Y no olvides respirar.
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Nota choco budista: Poner atención a lo que haces, apagar distracciones y poner la mente donde debes, se llama Atención Consciente. También es parte del Camino Óctuple y se llama Atención Correcta.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | May 20, 2010 | Minimalismo
Sabemos, de ante mano, que hoy nos enfrentaremos al insoportable tráfico, al pésimo café de la oficina/cafetería de la escuela, a los chistes estúpidos de López y la hipocresía de los jefes.
Hay que empezar el día de la mejor manera y sin que la serie de factores adversos nos hagan caer desde temprano.
¿Qué tal empezar el día un poco antes?
Si tu hora de despertar es a las 6:00 AM, mañana despierta a las 5:30 AM. Levántate, prepara un café perfecto, justo como a ti te gusta y tómate unos minutos para disfrutarlo. Pon la música que más disfrutas a volumen bajo. O toma una revista y hojéala. O, como yo, usa ese tiempo para escribir algo.
Si eres choco budista, también podrías meditar unos 10 o 20 minutos.
Esa media hora es para ti solo. Nadie más en el día podrá invadirla y te servirá para arrancar de la forma más placentera tu día.