por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 25, 2010 | Budismo, Vida
Estar esperando 30 minutos o más a que alguien llegue, nos crispa los nervios. Hacer un trámite burocrático de 180 pasos en distintas oficinas, nos hace gritar HULK SMASH. Que las cosas no las obtengamos en el momento que las queremos, saca lo peor de nosotros.
La paciencia es un estado de resistencia en el que entramos cuando nos exponemos a circunstancias difíciles. Esto significa el enfrentar la demora o la provocación sin que nos enganchemos en una conducta de molestia o enojo; también implica no demostrar incomodidad bajo situaciones de estrés.
Desde niños hemos escuchado la frase «tienes paciencia de santo», pero no nos dicen qué santo. Es posible que no sea el Enmascarado de Plata, porque él ha demostrado patear traseros a la menor insinuación. A nosotros, por el contrario, se nos dan mensajes opuestos y nunca se nos enseña a ser pacientes.
Estamos en una sociedad de recompensa inmediata. Pones dinero en el mostrador y obtienes lo que quieres, al momento. Un jefe en la oficina grita y pega en el escritorio y la gente reacciona al instante, por miedo. Un bebé llora y hace berrinche y los padres le proporcionan lo que pide.
Pero también nos dicen que «Roma no se construyó en un día». Que debemos ser constantes para alcanzar los sueños y toda esa basura.
Tal parece que nadie se da cuenta de este contra sentido. Pero en Choco Buddha sí. Y no por que yo sea sabio, sino porque son días de entender la paciencia como un reto personal y como una experiencia que deje una mejor compresión de cómo funciona la vida en sociedad.
Ser impacientes trae un precio muy elevado: actuamos por impulso. Y las peores decisiones que podemos tomar son las que resultan de un berrinche o por prisa. Creo que vale la pena aprender a esperar.
Para cultivar la paciencia es muy válido usar cualquier artilugio. A mi los que me funcionan son los siguientes:
- Comprender que todo es impermanente. Nada dura para siempre, todo se termina. No importa lo difícil que sea la situación, va a terminar.
- Entender las consecuencias de no ser paciente. Actuar por reacción siempre trae consecuencias. Si pensamos en ellas y las entendemos, la paciencia caerá sola en nuestros hombros.
- Respirar. El viejo método de contar hasta 10, funciona. Tiene que ser combinado con respiración profunda.
- Caminar. En el post anterior sugerí salir a caminar. Créanme, funciona muy bien.
- Entender que no todo está en nuestras manos. Por más que estemos acostumbrados a la recompensa inmediata, la mayoría de las veces no somos dueños de los procesos. No controlamos al burócrata que está desayunando frente a nosotros, en lugar de trabajar. Tampoco tenemos influencia sobre el tráfico de la ciudad. Si comprendemos nuestro papel en los procesos, no la pasaremos tan mal.
- No aferrarse. Parte de la infelicidad que trae la falta de paciencia es el aferrarse al posible resultado. Entre más resultados imaginarios creamos, tenemos más de donde aferrarnos. Esto nos lleva a la desilusión porque casi nunca se cumplen.
- Tomar una acción distinta. OK, ya estamos en una situación que reta nuestra paciencia. Si hay que esperar 4 horas, hay que llevar un libro. O podemos escuchar música. Si es un proceso largo, como de 30 días, lo mejor es hacer todo lo que nos toque del proceso y enfocar nuestra atención a otra cosa. Esto se aplica para procesos personales como esperar a que la futura pareja diga sí.
Siendo humanos, no importa que tan pacientes pretendamos ser. Siempre habrá alguien muy creativo que pondrá nuestras capacidades al límite. Cuando esto pase, lo mejor es sentarse a esperar.
El mejor ejemplo que tengo es el mismo planeta donde vivimos. A la Tierra le tomó millones de años llegar a donde esta y jamás se apuró. Poco a poco ha terminado los procesos que comienza y sigue trabajando. Deberíamos aprender de ella.
Nota choco budista:
El entender que la impaciencia existe y que nos provoca infelicidad, se refiere a la Primera Noble Verdad: la vida incluye el sufrimiento.
También nos hace ver la vida con ojos críticos y analíticos; esto cae en Visión Correcta, parte del Camino Óctuple.
Detectar cuando nos aferramos a un resultado imaginario, se refiere a la Segunda Noble Verdad: el sufrimiento emocional viene de los apegos.
Detener en seco a nuestra mente y comprender que en algún punto el problema terminará, se refiere a la Tercera Noble Verdad: El sufrimiento siempre termina.
Enfocar nuestra mente y simplemente esperar en la manera más cómoda, se refiere a la Cuarta Noble Verdad: Hay un camino a la tranquilidad.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 14, 2010 | Minimalismo, Vida
Llamado de la Comadreja: (Pull of the Weasel) Es la voz de esa pequeña comadreja que todos llevamos dentro, que nos lleva a hacer las cosas aun sabiendo que estamos mal y que sufriremos las consecuencias.
Uno de mis héroes intelectuales es Penn Jillette. Es actor, ilusionista, escritor, músico, pensador y escéptico enemigo hasta la muerte de basura que esté fuera de la razón y nuble la mente; como las religiones, new age y conspiraciones.
En su muy extrañado programa de radio, Penn Radio, él acuñó el término Pull o Call of the Weasel, y en sus propias palabras significa: «Sabes que algo está mal, pero en algún lugar de tus entrañas, una pequeña comadreja te dice que lo hagas».
En el show, esto se prestaba para todo tipo de historias muy graciosas que los escuchas reportaban por teléfono. Pero lejos del humor y pensando un poco más, todos somos atacados por la comadreja diariamente.
Cuando mentimos, manipulamos a las personas, cuando no hacemos las cosas en el momento, al no tomar un problema de frente; sabemos perfecto que estas acciones serán contraproducentes y deberíamos hacer lo posible para resolver la situación, pero obedecemos a esta maléfica sabandija y nos vamos por el lado oscuro.
Yo no soy un santo, ni un buddha, ni nada que se le parezca. Oh, no. La comadreja me acompaña todo el día y es mi lucha constante no hacerle caso y seguir con mi vida, por el camino que me ayude más. Para ilustrar todo este tema, expongo algunas llamadas comadréjicas personales, que creo que son ejemplos universales:
- Comida. Por supuesto que la báscula se da cuenta si como de más. Mi ropa también. Pero siempre pienso: ya mero me pongo a dieta, así que un poco más no hace daño. Es más, hay veces que ni lo pienso; simplemente me como esos nachos o pizza y ya.
- Ejercicio. Soy artista marcial de toda la vida, pero de algún tiempo para acá me vi obligado a dejar mi amado aikido. Sé que, al menos, debería ponerme a correr y que me va a beneficiar… pero no lo hago.
- Meditar. 20 minutos de meditación al día cambian tu perspectiva. Te calman y te centran. Te hacen tomar las cosas como son y sin la basura que nuestra mente crea. Me conviene y me gusta. Pero no lo hago con la frecuencia que debería.
- Llamar a mis padres. Me quieren y me extrañan y sé que les gusta escucharme. Pero siempre me hago menso y trato de no llamarles lo más posible.
Estos son tan sólo unos pocos ejemplos de lo que la comadreja hace conmigo todo el tiempo, pero hay algo que tengo que exponer:
La comadreja somos nosotros mismos, saboteándonos.
Echarle la culpa a un pobre mamífero imaginario es muy gracioso, pero es un intento por no tomar la responsabilidad de lo que hacemos.
Si tuviste una aventura a escondidas de tu pareja, no, no fue la tentación, ni culpa del alcohol, ni la oscuridad de la noche, ni el diablo. Fuiste tú y nadie más quien se puso en esa situación.
Si engordaste 10 kilos en diciembre, no fueron las fiestas decembrinas, ni que la tía Chayo es muy generosa con la comida. Fuiste tú por querer comer de más y ser indulgente con las cosas que SABES te hacen daño.
Si tienes que recurrir a medidas de emergencia porque no controlas tu bebida, no estás enfermo. Tú mismo te pusiste en esa situación.
En nuestra cultura latinoamericana tenemos la tonta costumbre de siempre culpar o agradecer a un ser supremo por las cosas que suceden. Se nos enseña a decir: gracias a Dios, todo salió bien. Esto significa que nos libramos de toda responsabilidad.
Llevar una vida sencilla implica librarnos de todo lo que no necesitamos para vivir. Uno de esos factores que nos estorban es el la llamada de la comadreja.
Ahora que ya sabemos que la llamada de la comadreja está ahí siempre, podemos localizarla y reconocer cuando no queremos hacernos responsables de las cosas.
Y ese es nuestro reto diario.
Nota budista: El luchar contra el llamado de la comadreja obedece al Camino Óctuple, que es la vía hacia el nibbana (tranquilidad, felicidad total). En el futuro cercano tendremos más al respecto en Choco Buddha.