La envidia y sus Cuatro Medicinas

Posted by on Abril 24, 2012 in Vida | 11 comments

La envidia y sus Cuatro Medicinas

La Segunda Noble Verdad dejada por el Buda menciona que la raíz del sufrimiento son los apegos.

Estos vienen en distintas formas como caprichos o aversiones y cuando no se saben manejar, nos pueden llevar a desarrollar comportamientos destructivos hacia los demás. Esto se traduce en aun más sufrimiento para nosotros mismos.

Sin duda alguna, la envidia cabe en esta lista de actos poco amables.

Cuando no podemos controlar el deseo y dejamos que este se apodere de nosotros, es muy fácil odiar a quien ha logrado lo que no hemos podido. Esto actúa como una toxina en la mente, porque la envidia es un derivado del veneno más poderoso: la ignorancia.

Mirando con los ojos de la envidia nos parece insoportable que a otros les vaya bien en la vida; y deseamos tener lo que ellos.

Los envidiosos son personas muy infelices y atacan con saña.

Si has sido víctima de un envidioso o una envidiosa y no sabes qué hacer, te comparto esta serie de acciones que me han sido útiles en estos casos.

1. Ser generosos

El antídoto contra la envidia es la generosidad. Uno de los síntomas de la envidia es cuando nos inventan rumores que nos afectan (chismes, en español mexicano). Si te han puesto apodos y hablan a tus espaldas, poco a poco y siendo tú mismo, ve lavando estas creencias. Platica con los involucrados, sonríe y ayuda a todos los que puedas. Enséñales un poco de lo que sabes.

Ser generoso siempre suaviza las relaciones personales y la gente se dará cuenta de quién eres.

CUIDADO: Esto no significa que dejemos que los demás tomen ventaja.

2. Vivir la vida

Siendo crudos y honestos, cuando alguien siente envidia por nosotros, está siendo víctima de sus propios autoengaños. Es decir, es el envidioso el responsable de su propia infelicidad.

Así que vivir nuestra vida como siempre, es lo mejor. Toma acciones que afecten tu propia vida, sin dañar a nadie.

3. Meditar

Siéntate en algún lugar tranquilo, respira y enfócate en ver cómo flotan los pensamientos. Esto te dará entereza y fuerza para seguir adelante.

4. Paciencia

Roma no se construyó en un día, y las relaciones interpersonales pueden ser igual de lentas y complejas. Cuando enfrentamos a personas adversas sólo podemos respirar profundamente, no engancharnos en sus ataques y poco a poco las cosas regresarán a su cauce natural.

Esta cultura nos ha enseñado a luchar todo el tiempo. Y creo que no está nada mal. Sólo hay que ser inteligentes para no causar más fricciones que soluciones.

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Todos hemos lidiado con gente envidiosa. ¡Por favor comparte tu experiencia!

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  • Gran artículo!! La verdad es que aunque la mayoría de las veces no me afecta la realidad ajena, hay momentos en los que una creatura verde toma posesión de mi persona y me hace sentir envidia ante una u otra cosa… no quiero sentir eso, pues es como un veneno como tú bien dices… que se puede hace entonces? como mimimizas ese sentimiento y lo “limpias” para seguir tu camino como si nada? espero tu consejo!!

    • Morex

      Hola, Mariana.

      Creo que esa criatura verde se apodera de nosotros con frecuencia. ¿Cómo controlarla? Con meditación. Dejando que tu mente entienda que tienes lo que tienes por tu esfuerzo y que eres la persona más afortunada del mundo en este momento.

      La envidia se va disolviendo cuando te vuelves en una persona agradecida, pero que también entiende que los logros y los bienes llegan con base en trabajo duro y planeación.

      Y por último, ser generosos destruye por completo a la envidia.

      • gracias por tu respuesta… empezaré a ponerlo en práctica… 🙂

    • Anonimo

      Me pasa lo mismo que feo sentimiento

  • Karl Kast

    ¡excelente articulo!, me gusto y a mi alrededor hay gente que tiene envidia de mi familia y han logrado que nos “echen”, nos “excomulguen” totalmente de mi familia política, y mi esposa después de un tiempo hizo algunos de las cosas que mencionas por lo que puedo decir que si sirven y lo mejor, te hacen sentir bien contigo mismo.

  • en mi caso personla es mejor y saludable el no intercambio de ideas con este tipo de gentes..y no solo es la envidia si no el hecho de lo q hablan por qerer ganar terreno y satisfacer sus deseos personales.la moraleja fue mientras la fiesta q la disfruten por q posterior a ello se prevee un periodo de resecion.y es cuando actuo..burlamente el q rie al ultimo rie mejor..pero aunq asi suceda no se permite la burla de mi parte..sino q todo es equilibrado..saludos desde puebla mexico..:)

  • Anonimo

    Ayuda también siento eso es algo que me afecta mucho y ya no lo quiero sentir, aparte de sentirnos agradecidos y siendo generosos la meditación puede ayudar??

    • Morex

      Hola! Sí, el remedio contra la envidia es ser generosos. Y cuando meditamos nos hacemos plenamente conscientes de nuestros pensamientos y emociones. Inténtalo 🙂

      • Anonimo

        Muchas gracias si lo estoy intentando pero no se como es he leido arto compre un libro buenisimo pero quiero hacerlo bien en youtube hay meditaciones guiadas sirven? Otra cosa es que lo mio lo considero patológico porque hasta un psiquuatra fue me medique cesaron un poco los pensamientos pero no me cure del todo ud me podria ayudar con algunas recomendaciones, una ultima pregunta la los efectos de la meditacion se dan a largo plazo porque hasta ahora no veo mejoria pero le tengo mucha fe

        • Morex

          La meditación es una disciplina para toda la vida. Si practicas diario, con dedicación y sin juicios, en un par de años tendrás muchos beneficios. Es una camino largo, pero lleno de virtud. Si necesitas ayuda, escríbeme a elchocobuda ARROBA gmail.com

  • Cristina A.

    Gracias por este artículo. Me considero “envidiada crónica”, es una conclusión a la que he llegado recientemente, pero he sido víctima de envidia, sin saberlo, en un alto porcentaje de mis relaciones personales.
    Desarrollé desde niña un alto grado de generosidad, supongo que porque me entregaba en todo inútilmente por hallar palabras o gestos de aprobación por parte de mis padres. Pero nunca las tuve; en ocasiones, mis propias decisiones encaminadas a mi crecimiento o avance en la vida, eran boicoteadas, pisoteadas. Es por eso que siento un enorme vacío desde mi infancia, esa falta de amor materno tal y como yo lo entiendo (incondicional) me ha llevado a entregarme por exceso a todos los niveles esperando una aprobación que, por fin he entendido, si no me la dan quienes me crearon, nadie puede hacerlo salvo yo misma.
    El caso es que he desarrollado numerosas capacidades y habilidades a lo largo de la vida. Soy valiente y creativa, culta, socialmente hábil. Y resulta que, dando siempre lo mejor de mi misma, por lo general he recibido críticas, desaires, contestaciones improcedentes y todo ello con el propósito de hacerme perder el brillo. Personas con las que he sido generosa se portaron conmigo como si fuera una proscrita. Querían verme pequeña para hacerse grandes. Lo he sufrido en mi infancia, tanto dentro de casa como en el colegio, en mis relaciones de pareja y en mis amistades, en mis puestos de trabajo. He sido oveja negra, hereje, merecedora de las llamas de sus críticas y comentarios hirientes, solo por ser yo misma.
    Al no ser consciente de que era víctima de envidia, en realidad lo que ocurría era que me dejaba influenciar por esas actitudes suyas, que dañaban mi autoestima y me cargaban de culpa. Dejaba mis sueños por no hacer daño a quienes se suponía que me querían. Tenía miedo a que me rechazaran. Pero ahora entiendo que, si no aceptaban mi crecimiento, si no se alegraban de mis éxitos, era porque no me querían de verdad. Si alguien te quiere, no te pone zancadillas.
    Ahora me doy cuenta de que toda mi vida se ha centrado en cubrir ese abismo por no sentirme querida por mis padres. Nunca me dieron un abrazo, ni me consolaron en los momentos difíciles, y se negaron a celebrar mis éxitos y a aprobar mis decisiones. Ahora digiero que de nada sirve buscar unas bendiciones que nunca me van a ser dadas. Ahora comprendo que me he arrojado a la desesperada a los brazos de cualquiera, que he mostrado siempre mi lado más vulnerable, cuando, en realidad, soy una pantera. Y esos que alguna vez me amaron, en cuanto se han dado de bruces con la mujer fuerte, valiente, independiente, segura, que siempre he sido sin saberlo, han competido ferozmente y me han arrojado a la hoguera. Me han hecho creer que la pantera era mala y que la niña sumisa era buena. La envidia de otros hacia mi la han manifestado de todas las maneras posibles: en forma de violencia verbal, bullying, gaslighting, amenazando, queriendo influir en mi toma de decisiones, ridiculizandome, restando importancia a mis triunfos, buscando siempre un ‘pero’.
    He obrado con generosidad, entregando todo a cambio de nada. Pero no me preocupa. Yo soy generosa y punto. Yo amo incondicionalmente, y punto. Soy así, y lo acepto. No tengo que pedir perdón ni fustigarme por ser quien soy. Trato de actuar con integridad en la vida, y esa integridad me dice que, sin generosidad hacia mi misma, no hay avance. Nadie me había enseñado eso, que a quien más hay que amar es a uno mismo. Como casi todo, lo he tenido que aprender por mi cuenta.
    Y no guardo rencor. Ellos me envidian, ellos me inspiran compasión. No es mi labor ayudarles, no soy yo responsable de sus desdichas. Me envidian porque tengo algo, o mucho, que ellos no tienen. La carga esta en ellos.
    Por fin puedo sentirme libre de toda la culpa que me ha acompañado siempre. Por fin me he desapegado de las personas que me hacían daño. Ahora mi experiencia me permite detectar claramente cuándo soy objeto de envidia. Y ya no me duele porque ahora ya no hay nadie que pueda detenerme en mi camino. Solo yo pongo los límites.