Envejecer con dignindad

Posted by on noviembre 12, 2012 in Budismo, Vida | 5 comments

Envejecer con dignindad

Quien me conoce o ha tomado Mínima, sabrá que vengo de una familia altamente materialista, que se apoya en las posesiones y en la apariencia para afirmar su lugar en el universo.

A los ojos de mis parientes, la jeraquía de las personas depende de quien tiene el mejor auto, la casa más grande y los viajes más exóticos.

Como en toda familia de estas características, el físico debe ser tan espectacular como el auto que se maneje. No es que todos sean gente hermosa. Más bien son feos, pero gran parte de su orgullo proviene de la apariencia; misma que cuidan a niveles insanos.

Justo porque no son muy guapos que digamos, tienen que sacar jugo de otros atributos. Y el más explotado es la estatura. Todos parecen lucrar con el hecho de ser un par de centímetros más altos que los demás.

Mi padre era el más orgulloso por su estatura. Solía ser su presunción más grande y hasta su tema de charla recurrente. Desde mi infancia las frases más escuchadas fueron: “Soy taaaan alto”, “Resaltamos entre los demás” o “Hasta en el supermercado destaco”.

Al menos en el aspecto de auto estima, sus argumentos fueron de orgullo, banalidad y sueños de humo.

Hasta que un día mi padre envejeció.

Y con la vejez los huesos se contraen, siendo la estatura la primera víctima. Llegó el tiempo en que mi padre se percató de que hoy es 10 centímetros más pequeño.

Sus sueños de atlante terminaron, pero además, es uno más de los millones de viejos en el mundo. Uno más.

Cuando él me comentaba todo esto, con la tristeza que trae la realidad cuando uno la ignora, no pude evitar pensar en Shakiamuni*.

Al salir del palacio para conocer la vida fuera de su capullo de opulencia, el joven Siddhartha se encontró con 4 escenas que lo cambiaron para siempre. Vio un viejo, un enfermo, un funeral y a un asceta.

Se dio cuenta que todo en el universo envejece, enferma y muere; la verdad de la Impermanencia aplica para todo el cosmos. Nada puede escapar de ella.

Por supuesto la juventud y la belleza son el ejemplo clásico de la Impermanencia. No importa cuánto tratemos de mantenerlos, algún día terminarán y no regresan nunca más.

Cuando evadimos esta verdad, estamos asegurando mucho sufrimiento. En el futuro, todos nos veremos arrugados, con canas y con dificultad para caminar.

Existe  una industria inmensa que lucra con nuestra urgencia por evadir la Impermanencia. Nos impone la necesidad de pintar el exterior con gruesas capas de pintura que se resquebraja y que tampoco dura. Sacrificamos la salud y nos hacemos daño con tal de ocultar las arrugas.

Matamos por mantener la vanidad antes que el ser.

Sabiendo todo esto… ¿porqué no envejecer con dignidad?

Cada cana, cada arruga y cada achaque son un trofeo que marca nuestra victoria sobre las experiencias de la vida.

El paso del tiempo nos da sabiduría, termina con el ímpetu y da paso a la serenidad.

Quizá no entendemos que al terminar la belleza, inicia la grandeza.

*Shakyamuni: Siddhartha Gautama, el Buda histórico.

468 ad
  • Ouch! bueno, pues te cuento, hace poco mi mamá y mi abuela tuvieron que ir a hacer un trámite, en algún punto, el jóven le preguntó su edad a mi abuela, cuando esta le dijo: 62 años, dice mi mamá que el chico sonrió por lo bajo, jejejejeje.
    No engañamos a nadie, pero aceptar que ya no eres parte del ‘ideal’ demográfico cuesta mucho trabajo, ahorita lo que rulea es ser adolescente y no tener responsabilidades; nomás prende la tele y te darás cuenta, ya no hay adultos. Ve las caricaturas ahora y ve las de cuando eramos niños: He-man no tenía 17 años, bravestar no era un mocoso, ulysses 31 era un don con barba y así… ad infinitum

    • wow muy cierto! no hay adultos en la tv, algo que también noto es que les he preguntado a varias personas si creen que llegarán a la tercera edad y ninguna lo cree, tal vez es la raíz de por qué abusamos de este planeta sin importar el mañana. Saludos.

  • Desde niña veía los ancianos y lloraba, más a mis abuelos, porque sentía tristeza al saberlos “viejos”, en mi mente, eso los acercaba a la muerte. Luego ver a mamá, ocupada de lucir bien y no verla envejecer porque murió a los 40, me hacía tener un profundo anhelo por permanecer “joven”, hoy veo claro como desperdicié dinero, dolor, tiempo y paz mental.
    Acabo de cumplir 30, ahorita me siento muy feliz de llegar con ánimo y sobre todo “ganas” a esta edad, ha sido complejo y entretenido, ya tengo 3 mechones de canas, varias muchas estrías y más flacidez de la que quisiera en este cuerpo que confiesa haber vivido y haber disfrutado de lo lindo!
    Que vivan los años y se me echen encima …Y SI, quiero envejecer y seguir llenando este cuerpo de experiencias, arrugotas y más trofeos de vida! 😀

    • Me encantó tu comentario, es inspirador, un gran abrazo para ti ñ_ñ

  • No recuerdo realmente cuando alguien me dijo por primera vez “señor” y eso fue una lección de ubicación importante.

    Por la educación recibida en casa, anexa a experiencias vividas, conocí desde chico la impermanencia de la carne: todos envejecemos y moriremos algún día. Algunos antes, otros después.

    Por estas mismas razones, aunque con cierto dejo de añoranza (lo digo por mi manera de vestir), he asumido mi edad conforme los años se van acumulando. Esto es importante, ya que no es lo mismo tener 20 a tener 40 o 60 u 80, cada década tiene sus requerimientos y como tal hay que asumirlos y llenarlos. No hay vuelta para atrás aunque nuestro cerebro se rebele.

    Vivamos el momento y disfrutémoslo. Al final la vida es el conjunto de ellos y están contados.