4 razones por las que dejamos las cosas para después

4 razones por las que dejamos las cosas para después

Uno de los terribles males de la vida productiva es la procrastinación.

Dejar las cosas para después ya no es visto como un cáncer, sino como todo un estilo de vida. Personalmente he visto cualquier cantidad de ejemplos de todo tipo y no me dejo de sorprender lo fácil que es caer en ella.

No tienen idea el trabajo que me cuesta no engancharme en un videojuego, ponerme a leer mis blogs favoritos o simplemente mirar la pared. Todo para evitar comenzar a trabajar, salir a correr o, incluso, comer alimentos saludables.

Es más, hay ocasiones en las que tengo tanto trabajo, que prefiero dedicar tiempo a arreglar mi icono para las redes sociales, que resolver mis pendientes. Justo como en este magnífico web cómic.

Digamos que es una lucha constante que, por suerte, casi siempre gano.

A pesar de que se escriben largos posts e incluso libros sobre cómo romper el hábito de la procrastinación, el hecho es que es parte de la vida humana y tenemos que vivir con ella.

En mis investigaciones no científicas he encontrado que postergamos las cosas por varias razones:

  1. Simple distracción. Como no tenemos la cabeza en el ahora, el simio dentro de nosotros es el que toma el control del pensamiento. Este siempre se irá hacia donde encuentre más colores y ruidos; logrando sacarnos de concentración.
  2. Resistencia. Es posible que una tarea nos resulte sumamente desagradable, así que la vamos dejando de lado hasta que sea absolutamente necesario resolverla.
  3. No nos importa. Quizá la tarea a realizar no tiene nada de atractivo para nosotros, así que decidimos no hacerlo.
  4. Desorden. No tener métodos para hacer las cosas hace que la vida se vuelva caótica, por ende, difícil de aceptar de buena gana.

Si estamos conscientes de estos cuatro factores, quizá la tendencia a la procrastinación será menor.

En mi experiencia, la mejor forma de enfocarse en el trabajo es acabar con las distracciones y tener las ganas suficientes para terminar.

Postergar las cosas provoca mucha angustia. Y creo que a nadie nos gusta vivir así.

La vida incluye cosas que no nos gustan, pero tenemos que hacerlas. Poniéndonos de malas y resistiéndonos, sólo nos traemos sufrimiento.

Como diría un maestro del budismo chan: cuando trabajas con una sola mente, el trabajo se hace rápido.

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Experimenta con todo ¡Sin miedo!

Experimenta con todo ¡Sin miedo!

En el artículo ¡Insurrección! Cuestiona tus valores familiares, mencioné la importancia de nunca dar las cosas por hecho y de jamás permitirnos sentir demasiado cómodos con nuestros valores, ética y manera de resolver problemas.

Esto es porque el verdadero espíritu humano, el que logra cambios, el que descubre tierras inexploradas y el que nos hace lanzar estaciones espaciales; nunca descansa y siempre está buscando mejorar.

Lo que nos impulsa a ser mejores comienza con la pregunta ¿Por qué tiene que ser así?

Pero para que este cuestionamiento sea valioso y se convierta en la semilla del cambio, debe abrir un periodo de investigación y de experimentación. Con un simple método de prueba y error podemos encontrar lo que buscamos.

Como ejemplo me usaré a mi mismo.

En las últimas semanas he estado cuestionando mucho mi forma de trabajo, de pensar, de perder el tiempo y de cumplir lo que necesito hacer. El resultado es que no estoy donde quiero estar y necesito cambiar mi sistema de producción.

Acto seguido, tomé algún tiempo para listar lo que me hace feliz, todo lo que hago y cómo lo hago. Puse todo en papel porque es más fácil entender con listas y diagramas, es decir, visualmente.

Me di cuenta de todos los huecos en mi sistema y todos los hoyos negros que succionan mi tiempo y mi atención.  Leí un par de libros al respecto y modifiqué mi método de producción diaria, que aún sigue en etapa experimental. Pronto comentaré el resultado.

Así como podemos experimentar con la productividad, podemos poner a prueba nuestra condición física, buscar qué alimentación es el adecuado, cómo relacionarnos mejor con las personas y hasta podemos encontrar un mejor sistema de filosofía y creencias. Esas son las buenas noticias.

Las malas noticias es que cuesta trabajo, disposición y energía para levantarnos de nuestro gran trasero, cuestionar y actuar.

Hacer un cambio de hábito es posible, siempre y cuando sepamos que hay esfuerzo de por medio y que no hay atajos ni seres mágicos que nos ayuden.

Para comenzar a experimentar, recomiendo seguir estos pasos:

  1. Cuestiona la realidad. ¿Hay una mejor forma de hacer esto? ¿Así tiene que ser? ¿Estoy cómodo con esta situación?
  2. Analiza cómo haces las cosas. En una libreta escriba listas y pasos de cómo resuelves los problemas. Mira todo desde arriba, con otra perspectiva. Así localizarás todo lo que falla y que puede mejorar.
  3. A documentarse. Lee libros, blogs, artículos y todo lo que encuentres sobre lo que quieres cambiar. Es muy posible que haya alguien que lo descubrió antes que tú y tienes mucho qué aprender.
  4. Crea el nuevo sistema. En papel escribe los nuevos pasos para resolver tu problema. IMPORTANTE: Tu nuevo sistema tiene que seguir las Reglas de la Experimentación marcadas abajo.
  5. Pon todo a prueba. Es hora de actuar. Usa todo el tiempo tu nuevo sistema. Revisa los resultados.
  6. Modifica si es necesario. ¿Hay cambios? ¿Terminaste trabajando más? Modifica o elimina lo que no funcione y regresa al paso 5.
  7. Comparte. Enseña a los demás tus hallazgos para que la humanidad se beneficie. Sé generoso.

Por supuesto, los siete pasos anteriores no son obligatorios. ¿Estás cuestionando mi sistema de experimentación? ¡Modifícalo a tu conveniencia!

A lo largo de los años he escuchado a muchas personas que se escudan en la experimentación para hacer cosas irresponsables y nocivas. Usa tu sentido común. Si vas a conducir un experimento en ti mismo, sé responsable y sigue estas reglas.

Reglas de la Experimentación

  1. Que sea legal
  2. Que no dañe a nadie, ni a ti mismo
  3. Usa tu sentido común y lógica

Yo he estado experimentando con el ejercicio, alimentación, meditación, mis valores y hasta cómo cocino pasta. Ahora es tu turno. ¿Con qué estás experimentando actualmente?

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Cómo trabajar menos y ser cínico al respecto [Vida Oficinal 4]

Cómo trabajar menos y ser cínico al respecto [Vida Oficinal 4]

Dentro de la vida oficinal existe el mito no escrito de que verte ocupado de tiempo completo, es sinónimo de trabajar mucho. Y trabajar mucho es sinónimo de productividad.

Muchas veces me encontré que habían compañeros de oficina que habían permanecido 24 horas en su escritorio, sacando pendientes, alimentándose de frituras, pastelitos y café; y mirándose ocupados.

Esto, claro, atraía la admiración y felicitaciones de los demás compañeros que se sentían motivados a realizar la misma proeza para el bien de la comunidad.

Debo admitir que en mis 20′s, cuando viví enganchado al estereotipo de “soy creativo y trabajo de noche”, hacía exactamente lo mismo. Me enganchaba en las prisas de la mala planeación de algún jefe maniático, profesional en el oficio de mirarse ocupado. El resultado fueron demasiadas noches en vela entregadas a un amo al que yo no le importaba.

¿Te suena familiar?

Lo más deprimente del asunto es que mucho del trabajo que se realiza para “verse ocupado” es irrelevante. Se llenan formatos, reportes y vivimos reparando el daño que deja la mala organización de las tareas.

También es importante mencionar que cuando tenemos mucho trabajo tendemos a procrastinar porque nos sentimos abrumados. Entonces, en lugar de ser productivos, nos ponemos a responder mensajes en Twitter y Facebook.

Esto reditúa en mucho más estrés porque el trabajo sigue acumulándose y nosotros seguimos perdiendo el tiempo.

Cuando al fin nos dedicamos a trabajar, enfrentamos la realidad de que hay mucho por hacer y que pasaremos la noche en la oficina.

Somos fanáticos de trabajar mucho, pero no se nos ocurre que hay una mejor forma de hacer las cosas; es decir trabajar de forma inteligente.

Cuando resolvemos nuestras tareas de manera estructurada e inteligente, reducimos la carga de trabajo y optimizamos procesos. Entre las recompensas están: más tiempo libre, menos estrés, mejor humor y una salud más favorable.

Para trabajar de forma inteligente

Trabajar menos no significa ser negligentes con nuestro empleo y lista de pendientes. Lo que necesitamos hacer es encontrar un método para hacer las cosas de la manera más productiva posible.

Presento aquí algunas acciones que me han ayudado a lo largo de los años:

1. Apaga las distracciones

Las redes sociales son muy divertidas, pero son veneno para la productividad. Si quieres avanzar con tu trabajo, apágalas. No hay pretexto.

Esto aplica también para el correo elecrtónico. No vivas en el inbox. Revisa el correo dos o tres veces al día, máximo.

2. Cuestiona tu forma actual de producción

Cuando el ser humano se sienta en su gran trasero y está cómodo con su forma de resolver problemas, se vuelve perezoso. Ya no le importa innovar ni encontrar un mejor camino y se limita a hacer las cosas de la misma forma.

Creo que esto está mal. Necesitamos cuestionar cómo resolvemos las cosas. Tener un método probado por tu abuela para pelar papas, no significa que sea el mejor o más productivo.

Analizar nuestros procesos nos hace conscientes de todos los pequeños detalles que nos hacen perder tiempo o trabajar de más.

3. Aprende a usar bien tus herramientas de trabajo

Si Word es importante para resolver tu trabajo, ¿le sacas todo el jugo posible para hacer tu trabajo en menos tiempo? ¿Conoces todos los atajos? Esto aplica para todo tipo de herramientas que uses; desde una regla hasta software para editar video.

Te recomiendo mucho que inviertas en tu capacitación. Si no tienes dinero, lo único que necesitas es disciplina y buscar tutoriales en YouTube. Créeme, hay todo tipo de cursos ahí. Impresionante.

4. Respeta tu trabajo y deja de quejarte

Todos tenemos tareas que no disfrutamos del trabajo. Y parecería que uno de los deportes favoritos en la oficina es quejarse.

Si todo el tiempo que usas para quejarte lo aplicas en lo que tienes que resolver, terminarás más rápido.

5. Encuentra un sistema de productividad

No es un secreto que cuando nacemos nos arrojan a la vida sin ninguna especie de entrenamiento previo. Aprendemos a punta de golpes cómo resolver problemas. Esto, obvio, también lo hacemos de tiempo completo en la oficina.

No tener un sistema de productividad nos hace ir por esta existencia topándonos contra la pared una y otra vez.

La buena noticia es que existen muchísimos sistemas que nos ayudan a organizar el trabajo y a enfocarnos, como Getting Things Done o Pomodoro. Algunos vamos más allá y creamos nuestro propio sistema (SPOILER: pronto más noticias sobre esto).

La idea es buscar, encontrar y probar algún sistema que nos acomode.

A esto se le llama Minimalismo Aplicado. ¡Sí, señor!

PRECAUCIÓN: Buscar sistemas de productividad es muy divertido, pero puede convertirse en una carga. He conocido personas que no trabajan por estar organizando y aprendiendo a usar GTD. Lo importante de un sistema es tener un método, no el sistema mismo.

Ser cínico al respecto

Cuando comiences a terminar tus pedientes con mejor tiempo y a salir a buena hora de la oficina, te harás de muchos enemigos. Ellos aun seguirán dejando el alma en el escritorio y tú estarás haciendo cosas divertidas fuera de la oficina.

Disfrútalo con todo cinismo.

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20 consejos rápidos para mantenerte inspirado [Productividad]

Más de una ocasión he pasado por el escenario de que no quiero hacer las cosas. Cuando tengo un proyecto o actividad en la mente y comienzo con todas las ganas, pero en alguna parte del camino, me pierdo y simplemente ya no sigo.

Es cuando las musas se van, cuando la apatía cobra terreno y vemos que es más fácil leer los time lines de Twitter, Facebook o Google Reader, que seguir adelante.

En la mente nos planteamos esta ruta crítica de actividades invencibles y en algún punto del proceso, lo desechamos todo.

Procrastinación, dirían los enterados en productividad.

Para mi, el no estar motivado implica mucho más que abandonarse a perder el tiempo y sentirse abrumado por la tarea pendiente.  Y tampoco es un motivo para estar feliz, porque he visto quien se vanagloria y presume que estuvo perdido en una red social todo el día, en lugar de trabajar para terminar.

Y bueno, aquí entran muchos más factores como el hecho de que nos sentimos muy bien cuando (tontamente) retamos a la autoridad trabajando menos o escondemos la pantalla para aparentar que trabajamos.

Pero, ¿qué pasa cuando esta falta de ganas e inspiración afectan directamente a nuestra vida persona, como por ejemplo, dejar de fumar o bajar de peso? Nos encanta hacernos tontos y llenarnos la cabeza de pretextos por los cuales no nos podemos cumplir a nosotros mismos.

Engañar a alguien dando excusas es grave, pero creo que es mucho peor engañarnos a nosotros mismos con pretextos baratos como “estoy muy ocupado”.

Como siempre, no puedo decir que yo soy un santo y que he cumplido todos mis objetivos en la vida. Todo lo contrario. Justo porque me di cuenta de todo el tiempo y oportunidades que he perdido por tonto, es que estoy reflexionando esto.

Nos hace falta entender que para terminar lo que nos proponemos, necesitamos un buen nivel de responsabilidad y Continuidad de Propósito.

En budismo, Continuidad de Propósito es la intención de seguir y terminar lo que se empezó.

Sin auto engaños, sin exceso de planeación y sin pretextos para cubrir nuestra mediocridad.

La única forma que tenemos para llegar a nuestros objetivos es dando un paso a la vez.

Aun entendiendo este concepto, las musas son elusivas. Hay ocasiones en que se necesita una pausa en la cadena de producción y queremos un respiro, algo diferente.

La inspiración se va y puede resultar en un problema que nos pone en la situación de buscar pretextos.

Pero no todo es malo, por su puesto. En nuestras manos tenemos muchas herramientas que nos pueden ayudar a que la motivación regrese y concluyamos lo que comenzamos.

Aquí comparto estas ideas simples que me han ayudado en mi trabajo y proyectos personales. Son ideas mezcladas que pueden servir para algún trabajo rutinario o incluso para metas más grandes que toman más tiempo.

  1. Toma una pausa y camina por 10 minutos
  2. Escucha música del mundo, sal de lo que escuchas diario
  3. Lee algún blog o artículo
  4. Evita las redes sociales por algún tiempo
  5. Dibuja aunque no sepas
  6. ¡Escribe!
  7. Regálate 20 minutos y lee un poco de ese libro que no has continuado
  8. Respira profundamente por 3 minutos
  9. Medita por 10 minutos, diariamente
  10. Toma una taza de café
  11. Recarga la pila familiar y llama a tu madre
  12. Lee un cómic
  13. Aléjate de la computadora por 30 minutos
  14. Cuando estés en casa, evita la televisión
  15. ¡Apaga el teléfono móvil!
  16. Haz una lista de pendientes realista. Comienza actuando por las tareas cortas
  17. Habla con algún amigo
  18. Busca personas positivas, que te motiven, y habla con ellas
  19. Deja de quejarte
  20. ¡Hazlo un día a la vez!
Cada paso que das en la vida es una llegada completa. Nada que agregar y nada que quitar. 
Como siempre, esta lista no está completa. ¿Me ayudas a mantenernos motivados? ¡Grítalo en los comentarios!
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Cuatro años sin auto: lecciones aprendidas

La bicicleta funciona con tu energía y te ahorra dinero. El auto funciona con dinero y te vuelve gordo.

Por estos días, hace cuatro años me encontraba harto de mi coche.

Pasaba hasta 6 horas conduciendo y evadiendo otros conductores furiosos en un mar de autos que parecían consumir mi humor y mis mejores días. Sí, leíste bien. 6 horas.

Cuando iba a ver a algún cliente, llegaba de malas, muchas veces tarde y parecía que tener auto me ponía en una carrera por sacar el máximo provecho del tiempo. Pero esta carrera no virtuosa sólo se traducía en estrés. Y así estuve 13 años de mi vida.

Un buen día tuve que vender mi auto y lo primero que pensé fue ¿qué voy a hacer sin él? Por un momento el mundo se me cerró.

¿Cómo salir a ganarme la vida sin un auto? ¿Qué pensarían mis padres, mis amigos y la gente al rededor?

Poco a poco me fui acostumbrando a estar sin auto y con el paso de los días, que se convirtieron en meses, comencé a apreciar la paz mental que significa no tener que conducir a diario.

Y con los años puedo decir que soy un hombre muy feliz sin auto y que espero pasen muchos años más para que, siquiera, tenga que pensar en uno.

Estas son algunas de las lecciones aprendidas:

Sin estrés callejero

Vivo sin tensión en la calle. No tengo que cuidarme de otros conductores irresponsables o iracundos.

Soy lector hasta la muerte

Cuando dejé de preocuparme por manejar mi coche y usé transporte público, casi de forma automática aumentaron los libros leídos por mes. Eso siempre es bueno.

Cuido el ambiente

No contamino porque no tengo auto. A mi no me puedes culpar de esa linda nata de humo que flota sobre tu cabeza. Y cuando uso transporte público, trato que sea eléctrico.

Camino

De ninguna manera puedo decir que soy atleta. Pero sí puedo decir que tengo la capacidad de caminar varios kilómetros al día. En todas mis salidas doy por hecho que caminar es parte de mi vida, así que lo hago con gusto. Aire libre, ver la vida en mi ciudad y percibir a la gente es una experiencia maravillosa.

Vida tranquila

Uno de los argumentos constantes con los que se justifica el uso del auto es la seguridad. Nada más falso. En mis años como caminante y usuario de transporte público, nunca he tenido un atentado de ninguna especie.

Cuando tenía auto: me robaron, abrieron el auto, lo vandalizaron, tuve problemas con policías corruptos… y la lista sigue.

Estando a pie, la vida es dulce y tranquila.

El dinero dura más

Tener auto es muy caro. Mucho más de lo que recibe uno a cambio. Entre impuestos, reparaciones, combustible, estacionamientos, mantenimiento y seguros, tener auto ya no me hace sentido.

Al vender mi legendario Golf, me di cuenta que era como si hubiera recibido un aumento de sueldo.

Soy más responsable de mis horarios

Tener auto da un sentimiento ficticio de libertad. La frase es que puedo ir a donde sea, cuando quiera, es muy común. Pero esa libertad, en muchas ocasiones es contraproducente.

No tener auto me ha vuelto mucho más consciente de mis tiempos. Para una cita a las 16:00, consulto el mapa para llegar y las rutas disponibles. Con ello calculo el tiempo que necesito y lo uso.

De la misma forma, si tengo que salir de noche, lo evito (así eliminas riesgos innecesarios). Y si salgo, acomodo mi tiempo para siempre tener transporte de regreso a casa.

Alguna ocasión me preguntaban el tiempo que se hace del punto X al centro de la ciudad. Mi cerebro calculó el tiempo en páginas del libro del momento. Llegar al centro está a 15 páginas de distancia.

Definitivamente la vida sin auto no es para todo mundo. Sólo algunos hippies locos como yo lo pueden soportar.

Y ya sé que seré ampliamente atacado por los entusiastas de los autos, y eso es bueno porque cuando sentimos que nos mueven el tapete, estamos pensando y considerando nuevas ideas que contradicen nuestros esquemas.

¿Soy un rebelde que va en contra de la sociedad? Sí. Lo soy. Y me encanta.

Quizá en el futuro vuelva a tener coche. De momento no lo necesito y así pretendo estar por el mayor tiempo posible.

¿Estoy en un error? Por favor, ¡dímelo todo en los comentarios!

 

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ChocoCast Episodio 1. Reinicio

¡Está vivo! ¡Al fin el podcast del Chocobuda está vivo! Después de casi un año de preparación estrenamos el programa y en esta primera entrega hacemos la presentación oficial.

Como podrás notar, hay un cambio de nombre. Ahora se llama ChocoCast y hablaremos de minimalismo, budismo, zen, meditación, desarrollo personal, productividad,  noticias y a ver qué más se nos ocurre.

En este episodio hacemos la presentación oficial y hablamos un poquito sobre minimalismo en general.

También te invito que este podcast lo hagas tuyo y participes. Si tienes dudas, preguntas y cualquier tipo de idea, utiliza los comentarios, que para eso están.

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