El minimalismo es natural para el ser humano

El minimalismo es natural para el ser humano

Desde hace algún tiempo he estado muy interesado en la psicología evolutiva(PE), que estudia los cambios en nuestro comportamiento derivados por la evolución y la selección natural.

No importa cuánto nos esforcemos en pensar que somos los “reyes de la creación”, al final somos un animal más en el mundo. No somos diferentes de cualquier otro mamífero. Nuestras reacciones, pesamientos y emociones están ahí como resultado de millones de años de cambios graduales. Están grabados en nuestro ADN y rigen nuestra conducta actual, a pesar de estar en el punto más alto de la tecnología y el desarrollo.

Me parece fascinante porque va de la mano con las ideas centrales del budismo zen.

Parte del objeto de estudio de la PE es analizar cómo funcionan las culturas cazadoras-recolectoras que aún habitan el planeta, porque son lo más parecido que tenemos a los primeros seres humanos que vivían en África hace 200,000 años.

Son pueblos que viven en lo más profundo de las selvas o planicies y que no se han incorporado a la civilización de consumo. Subsisten con sus valores, creencias y costumbres. No tienen necesidad de integrarse al mundo moderno porque su ecosistema les da todo lo que necesitan.

Hay muchos datos curiosos sobre estas culturas. Por ejemplo, no tienen comida industrial, por ende no existe la obesidad ni enfermedades como el cáncer o la diabetes. Tampoco conocen la demencia, el autismo o el síndrome de déficit de atención. No requieren vacunas. No tienen trabajos de oficina, autos o centros comerciales; así que no tienen estrés ni enfermedades de los nervios. No están conectados por telecomunicaciones, entonces su contacto es cara a cara. El concepto de machismo o feminismo no existe, sólo hay equidad y trabajo en equipo.

Sale el sol y despiertan para ir a conseguir el alimento del día. Dedican mucho tiempo a la espiritualidad y al desarrollo de costumbres y rituales de grupo.

Viven en perfecta comunión con la Tierra.

Cada uno de los factores mencionados es digno de estudio. Pero es importante resaltar el hecho de que sólo tienen lo que necesitan.

Los aborígenes australianos o los Yanomami en América del Sur no atesoran libros, música ni adornos. No sienten apego hacia lo material porque ni siquiera tienen dónde almacenar la cantidad de basura que nosotros acumulamos.

No tienen una casa enorme que limpiar. No tienen mil tanques de gasolina qué llenar para su nuevo Mazda. Tampoco piensan en pagar el seguro o la tarjeta de crédito. No se preocupan por el guardarropa. No compran apps. No acumulan riqueza porque entienden que ésta es sólo una ilusión y que no es necesaria para la vida.

Estas sociedades tienen exclusivamente lo que pueden cargar en sus manos o en alguna bolsa hecha a por ellos mismos.

Y según estudios como este de la Universidad Vrije (Bruselas), sabemos que los cazadores-recolectores actuales son personas felices. Es más, los que se han tratado de integrar a las grandes ciudades terminan enfermos de los nervios o con diabetes.

Por supuesto yo jamás propondría un retroceso de la civilización, no. Tampoco diría que vivir como cavernícola es lo mejor.

La humanidad ha tocado niveles sorprendentes de progreso y si podemos lograr que la ciencia y la cultura sean libres para todos, llegaremos mucho más lejos de lo que imaginamos.

Así que retomar la vida primitiva  es impensable.

Pero sí debemos encontrar un equilibrio entre lo que poseemos y lo que somos por dentro. Necesitamos tomar el control sobre el consumismo desmedido y mirar hacia adentro de nosotros.

Necesitamos menos autos y más meditación. Necesitamos menos colecciones y más generosidad. Para ser felices debemos liberarnos del yugo de los apegos, para poder ayudar a los demás a salir adelante.

En tiempos de las orgías de individualidad en pantallas de 4″, mirar hacia las sociedades cazadoras-recolectoras nos puede ayudar a tomar el control del caos interno.

El minimalismo es natural al ser humano. Es parte de nuestra identidad como especie.

Entonces, ¿porqué nos esforzamos en negar el minimalismo?

 

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Mínima, taller de Minimalismo y Meditación. Verano 2014.

Mínima, taller de Minimalismo y Meditación. Verano 2014.

¡Regresa Mínima, Taller de Minimalismo y Meditación Aplicados!

 

¡Libertad!

 

Hoy es el mejor día para practicar el desapego y liberarnos de lo que nos ata.

La tensión del trabajo, la acumulación de objetos inútiles y la presión por consumir, son rocas enormes en nuestra espalda. Las llevamos a cuestas por la vida y están tan dentro de nuestra cultura, que no nos damos cuenta de ello… excepto cuando comienzan a afectar nuestra salud, tranquilidad y relaciones personales.

Muchas gracias por el taller, me abriste los ojos hacia muchas cosas que sabia que hacia mal pero no lo había notado; tratare de hacer lo posible por llevar a cabo todas y cada una de las experiencias aquí mostradas. De corazón: ¡gracias!

Juan Carlos Castro. México, D.F.

En estos tiempos de crisis económica, saturación y estrés, donde cada moneda y cada centímetro cuadrado cuentan, es urgente aprender el desapego de lo material para mejorar nuestro estilo de vida.

Para lograrlo necesitamos entender los problemas en los que la sociedad de consumo nos ha metido; pero también necesitamos saber que practicar el minimalismo es la pieza clave que nos llevará a tener más espacio y mucha tranquilidad.

Chocobuda presenta: Mínima, Taller de Minimalismo y Meditación Aplicados, donde aprenderemos métodos 100% prácticos para comprender y aplicar el minimalismo y la meditación a tu vida cotidiana.

Aprenderás a mejorar tu economía y a promover tranquilidad para ti y tu familia.

Explotando las herramientas de comunicación que nos da Internet, este taller se imparte por medio de podcasts, archivos de texto y charlas personales en video.

A pesar de que el taller es impartido por un monje zen, no te preocupes. ¡No tienes que ser budista para liberarte de lo que te ata!

Mil gracias por esta experiencia `Mínima´que en realidad se ha convertido en `Máxima´, porque como bien hiciste la referencia: menos es más… corroboré que amo el minimalismo, como forma de vida, de pensar, de estar… amo los espacios limpios, ordenados, en el que no exista el caos y la saturación, pero sobre todo amo la forma de vivir más ligera, sin apegos de ningún tipo, materiales, imaginarios o de carne y hueso… ir por la vida sin esa inmensa piedra llamada, culpa o la mayor de todas, miedo.

Saramaría Morales. México, D.F.


Información del taller

Inicio: Lunes 30 de junio de 2014

Duración: 4 semanas

Incluye:

  • 4 podcasts con pláticas técnicas y filosóficas, uno por semana
  • 4 meditaciones guiadas, una por semana
  • 20 minutos a la semana de asesoría y apoyo personal vía Skype o Google Hangouts
  • Correos diarios con lecturas de apoyo
  • Copia electrónica del libro Minimalista, la vida con menos cosas

EXTRAS:

  • Semana especial dedicada a la Navidad Minimalista. Son 5 semanas en total.
  • Incluye taller de meditación Iniciando el Camino. Seis semanas de meditación para que practiques cuando lo necesites.

Requisitos:

  • Uso de computadora, Internet, cuenta en Gmail
  • Presentar un mini reporte semanal de experiencia por email
  • Presentar un ensayo final por email
  • Disciplina y tiempo para dedicar al menos 30 minutos al día

Donativo: $1,200.00 MN /68 € / US$92.00

Si ya has tomado talleres de Chocobuda, el costo es de $1,000.00 / 57 € / US$77.00

Inscripciones y más información: Escribir a elchocobuda ARROBA gmail.com

Disponibilidad: Para garantizar un mejor contacto personal y atención, hay muy pocos lugares disponibles. ¡No dudes en inscribirte pronto!

 

Temario

SEMANA 1

  • Orígenes del minimalismo
    • Comprendiendo el minimalismo
    • Meditación básica
    • Uniendo el minimalismo y la meditación
    • La regla de oro del minimalismo

SEMANA 2

  • Minimalismo para Navidad y Año Nuevo
    • Ser objetivos y críticos
    • Generosidad verdadera, el secreto máximo de las fiestas
    • Desafiando el espíritu navideño
    • Meditación de navidad

SEMANA 2

  • Minimalismo en casa
    • Aprendiendo a ver la saturación
    • Terminando con la saturación
    • El poder del vacío
    • Lipiando y creando espacios vacíos
    • El reto de las 100 cosas

SEMANA 3

  • Minimalismo en la mente
    • Comprendiendo los apegos
    • Los Tres Venenos
    • Destruyendo los apegos

SEMANA 4

  • Minimalismo en la oficina y la ciudad
  • Dejar ir el hábito de comprar por comprar
  • Control y nuevos horizontes
  • Cierre

Preguntas Frecuentes

Preguntas Frecuentes

 

¿Es un curso budista?

No, no lo es. Sin embargo toma elementos del budismo como el desapego y la aceptación

 

No vivo en México. ¿Puedo inscribirme?

¡Por supuesto! Muchos amigos de América del Sur, España y Europa del Este han tomado talleres de Chocobuda.

 

Si eres monje budista, ¿porqué cobras? Deberías ser generoso y dar todo gratis.

Me encantaría, pero la realidad es que los monjes zen también comen y pagan alquiler. Amo impartir talleres, pero toma tiempo hacerlo. Tiempo que dedico al taller, es tiempo que no dedico a clientes de diseño (mi actividad económica principal).

Pero no te preocupes. No compraré un Ferrari. Lo ganado en este talleres sirve para pagar gastos de este sitio en Internet y comprar comida. Literalmente.

 

Pero el Buda no cobraba por sus enseñanzas.

La enseñanza del Buda no era gratuita. Vivía de Dana, donaciones que los alumnos le dejaban.

 

¿Dónde se imparte el taller?

En tu casa. En tu vida cotidiana. Es un taller en línea pensado para que practiques desde casa todo el tiempo.

 

No sé meditar / No me concentro / No tengo tiempo

No importa que meditar te sea difícil. Las meditaciones están dirigidas a todo tipo de practicantes, desde principiantes a meditadores constantes. Son cortas y dirigidas. Lo único que tienes que hacer es buscar 10 a 20 minutos de tu día.

 

Pero qué feo eres.

Lo soy. Tengo cabeza de melón.

El taller me gusto mucho y me sirvió más. Ahora estoy mas consciente de lo que compro y de cosas que ya no necesito. Ahora solo queda practicar y hasta hacerlo habito.

Karina Orozco. Guadalajara, México.

 

¡Espero meditar contigo pronto!

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Deja tus armas antes de entrar al templo

Deja tus armas antes de entrar al templo

En la antigüedad se pensaba que los templos eran lugares sagrados donde se acudía a hacer reverencia a alguna deidad o iluminado. La gente entraba en comunión con el mundo espiritual, que siempre ha sido parte innata del ser humano. Se mostraba respeto, interés y, por sobre todas las cosas, la voluntad de estar en armonía con la comunidad y el mundo al rededor.

Independiente al credo, la búsqueda interna por ser mejor y tener buena calidad de vida, son nuestra naturaleza. El mundo y la civilización humana han cambiado mucho y ahora la espiritualidad se reduce a un puñado de apps y compras sin sentido. Pero eso es tema para otro día. De origen siempre hemos buscado la paz y tranquilidad en lo espiritual.

Y en casi todas las culturas, a la entrada de los templos, se podía leer esta advertencia:

Deja tus armas antes de entrar al templo.

Siendo lugares sagrados, los templos no aceptaban utensilios para erradicar la vida o dañar a alguien.

El budismo Soto Zen no es diferente a otras filosofías en el sentido de que necesitamos un lugar para congregarnos y practicar en grupo. Es decir, los templos son parte de la cultura zen. Dejar las armas fuera también es valor requerido para acceder al templo.

A pesar de que existen muchos templos zen en el mundo, hay un concepto hermoso con el cual practicamos diario: tu cuerpo-mente es tu templo.

Cuerpo-mente es una palabra única, sin división. Está formada de dos conceptos que hemos dividido con el paso del tiempo, pero siempre ha sido una sola cosa. Es una amalgama perfecta que nos empeñamos en destruir.

Tu cuerpo es el vehículo con el cual te mueves por el mundo. Con él trabajas, juegas y experimentas las sensaciones que trae estar vivo.

La mente es el conjunto de cualidades cognoscitivas con las que entiendes el universo al rededor y te dan personalidad, producto de millones de años de selección natural.

Cuerpo-mente eres tú. Tú eres tu templo y es hermoso.

Entonces, ¿por qué nos empeñamos en violarlo una y otra vez con armas?

Existen armas “duras” como pistolas o cuchillos. Esas están diseñadas para extinguir templos.

Pero me refiero a otras armas más letales, capaces de producir muchos mayores daños y sufrimiento. Estos son algunos ejemplos de las armas más comunes que usamos en nuestra contra:

Los tres venenos: Ignorancia, Apego y Aversión

Estos venenos son naturales al ser humano. Ignorancia no se refiere a falta de estudios, sino a la capacidad que tenemos de ignorar la realidad y el sufrimiento de los demás. Apego son deseos, avaricia y obsesiones. Aversión es el reflejo de todas las cosas que rechazamos y que odiamos. Cuando los tres venenos dominan, la mente y el corazón se rompen y dejamos de ver las cosas como son.

Ira

Sentir ira de vez en cuando es normal y hasta sano para algunas personas. Se convierte en un arma cuando nos abrazamos a ella y no la soltamos.

Abuso físico

El cuerpo humano es una máquina que necesita cuidados y mantenimiento. No hay por qué abusar de él o del cuerpo de los demás.

Sustancias tóxicas

Drogas de todo tipo nublan la mente y arruinan la experiencia de la vida. Son armas muy poderosas que cuesta trabajo sacar cuando la adicción está presente. Pero es posible.

Nutrición errónea

Es impresionante lo que una nutrición adecuada puede hacer. Pero también es estremecedor ver lo que los alimentos dañinos pueden causar. Todo se puede resumir a esto: La comida natural te cura. La comida de fábrica te enferma.

La lista puede seguir por cientos de posts. Hay tantas armas contra nuestro templo como estrellas en la noche.

El punto es: ¿estás dispuesto a meter armas al templo? ¿Vale la pena?

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Esto no es Zen

Esto no es Zen

Por más que me esfuerce me es imposible dar una definición de Zen. Sería pretencioso y tonto en extremo. No soy nadie en realidad.

Han pasado casi dos milenios 800 años* desde que Master Dogen llevó el Zen a Japón, tiempo en el que ni académicos ni maestros han llegado a una definición concluyente.

Esto es porque el Zen se siente, se percibe con los sentidos y con atención plena. Cada practicante llega a entender el Zen después de años de practicar zazen, con disciplina y sin esperar nada.

Por supuesto existen convenciones muy útiles:

Zen es el universo completo, sin agregar nada y sin restar nada. Zen es aceptar la vida como está. Es todo el rango de emociones humanas, es todo lo desagradable, es la muerte, es el silencio.

Estos conceptos nos abren la mente para encontrar un significado personal que se parezca a las averiguaciones de Dogen, plasmadas en el Shobogenzo (su obra máxima).

Con todo esto podemos acercarnos a saber qué es Zen. Y aunque una definición sea elusiva, sí podemos estar seguros de lo que NO ES el Zen.

Esto viene porque el fin de semana leí una columna en cierto blog mexicano de opinión política. La autora del texto habla sobre la furia y de cómo todo mundo está harto, de que no deberíamos calmarnos y que debemos usar la ira para el cambio social.

A pesar de que entiendo su enojo, la escritora luego dice:

…un zen es un renunciante que no está sometido a ninguna práctica productiva, no se entrega todos los días al tráfico ni a la competencia; es alguien que decide romper el molde del estándar porque no le viene bien, porque lo asfixia, porque lo deja sin espíritu.

Nada más lejos de la realidad.

Tengo muchos años viviendo el Zen y nunca he renunciado al trabajo, a cuidar mi cuerpomente, a los problemas cotidianos y jamás doy la cara a la adversidad. Seguro, a veces es difícil. Pero esto también aplica para muchísimas personas en el planeta que son “Zen”.

Zen no es nihilismo. No nos abandonamos a que la vida nos atropelle. Jamás dejamos que pasen encima de nosotros y hacemos valer derechos por medio de la práctica de nuestras obligaciones.

Ser Zen es ser un ciudadano consciente que vive en armonía con la realidad y con el mundo espiritual, apoyado en el conocimiento del Buda y de Dogen Zenji.

Aceptamos la vida como es, no importa que la enfermedad y la muerte nos vean de frente.

Aceptamos el abuso político, mental y personal.

Aceptamos que así son las cosas.

No agregamos nada, no quitamos nada porque esa es la materia prima con la que se construye la vida.

Con esto avanzamos y trabajamos para mejorar el entorno y sacar adelante a todos los seres vivos que no sienten o que no reciben compasión.

Sentimos furia, pero la convertimos en virtud con acciones constructivas.

Zen no es un producto que promete tranquilidad. Tampoco es una actitud o preferencia.

Con la práctica diaria y diligente de zazen tenemos la tranquilidad necesaria para sacudir las pasiones y los juicios que nublan la mente. Así se puede sonreír ante la adversidad para salir adelante un paso a la vez.

Porque cada paso es una llegada completa.

No hay a dónde ir porque ya hemos llegado a nuestro destino. Hoy. Aquí. Ahora. Sin apegos ni aversiones.

* Fe de Erratas

Muchas gracias a Rolando Bernal de zenmexico.org por la corrección a la fecha. Es correcto. Master Dogen llevó el zen a Japón en 1227.  ¡Gracias!

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No hay problema. ¡En serio!

No hay problema. ¡En serio!

Hace muchos años, antes de que mi entrenamiento budista se convirtiera en camino de vida, yo trabajaba en una agencia de comunicación. Debido a que mi casa estaba lejos, me veía obligado a pedir comida a domicilio. Sólo contaba con 1 hora para comer.

Alguna vez pedí por teléfono un sándwich a una cafetería cercana. Conforme se iban sumando los minutos de espera, mi humor se iba haciendo más y más amargo. Luego de 40 minutos mi comida no había llegado. Enfurecido, llamé a la cafetería para preguntar por qué mi emparedado no había llegado. Noté cómo la persona que me atendía titubeaba. ¡Habían olvidado MI comida!

El dependiente volvió a tomar mi orden y me dijo que en 10 minutos estaría ahí. Colgué muy enfadado y de muy mal humor.

Diez minutos se convirtieron en 20 y el pedido llegó.

De mala gana la recibí y me apresuré a ir al comedor. Tendría que comer en menos de 5 minutos.

Al tomar el sándwich en mis manos noté que el pan no tenía buena consistencia. Al morderlo sentí que el pan no era fresco y estaba más bien aguado. Mi pedido había sido olvidado, ya no tenía tiempo de ir a comer otra cosa y encima de todo, el pan no era fresco. ¡AAAARRRRG!

Una explosión nuclear de furia y odio surgió de mi estómago. ¿Cómo era posible? ¿Cómo podían haberme esto a MI? ¡No sabían con quién se estaban metiendo!

Con toda la ira del mundo aventé la comida a la basura. Corrí por el teléfono y por 10 minutos el encargado de la cafetería tuvo que soportar mis gritos y amenazas. Mis compañeros se pusieron tan incómodos que prefirieron apartarse de mi el resto del día. Fue una de las tardes más amargas de mis 20′s.

Mirando hacia atrás puedo decir me avergüenzo de mi comportamiento. Actué como el ególatra profesional que era, hice sentir mal a mucha gente, me quedé sin comer y además gasté dinero extra en más comida. Yo mismo me encargué de que mi sufrimiento fuera amplio y expansivo.

¿Cuántas veces no pasamos por este tipo de situaciones? De pronto el universo no cumple con nuestros caprichos y expectativas; y esto nos destruye. Convertimos situaciones normales de la vida en problemas.

Tenemos el ego tan inflamado y fuera de control, que envenenamos nuestro juicio pensando que el universo nos debe algo. En realidad es todo lo contrario. Somos lo que somos gracias a que el universo funciona. Nosotros somos los que tenemos la obligación de aportar algo de regreso al universo.

Para el budismo los problemas no existen. Lo que existe son situaciones de todo tipo en un fino balance que sólo se puede apreciar con la mente en calma. La vida es un paquete que incluye la felicidad, dolor, risa, oscuridad, aire, maldad, compasión y miles de etcéteras.

Estas situaciones son convertidas en problemas por nosotros mismos, por nuestros apegos, opiniones y ese horrible sentimiento de auto importancia que tenemos.

Sin duda hay situaciones que necesitan toda nuestra atención como:

  • Resolver situaciones en el trabajo, que es nuestra fuente de sustento.
  • Lidiar con el desempleo.
  • Cuidar de una persona enferma.
  • Entregar tareas en la escuela.
  • Arreglar el corazón luego de una separación.
  • Ayudar a alguien.
  • Asegurarnos una vida cómoda y tranquila.
  • Convivir con personas difíciles.

Pero de ninguna forma son problemas.

La vida es lo que es. Punto.

Cuando entendemos esto podemos estar libres de prejuicios y opiniones. Así es más fácil atender lo que sea que se presente y sin caer en pasiones ni berrinches.

¿Cómo terminó mi pequeña historia de berrinche? Mi ego convirtió un hecho cotidiano en un incidente internacional. Fui el loco iracundo de la oficina por muchos años a venir (al día de hoy se me recuerda así). Por semanas la gente evitó comer conmigo. La cafetería siguió operando e incluso abrió nuevas sucursales.

Así que sabiendo esto, mira todo lo que te rodea. Mira a las personas difíciles. Revisa tu lista de pendientes. Piensa en tu familia y amigos.

Y repite conmigo: ¡No hay problema! 

 

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Entre más gastas, más te deprimes

Entre más gastas, más te deprimes

Recientemente The Guardian publicó un artículo sobre el nuevo libro del psicólogo inglés Graham Music. En The Good Life: Wellbeing and the New Science of Altruism, Selfishness and Immorality (La Buena Vida: Bienestar y la Nueva Ciencia del Altruísmo, Egoísmo e Inmoralidad), Music detalla cómo la ciencia ha registrado a lo largo de 40 años la forma en que el materialismo nos hace cada vez más y más infelices.

Según el autor, las personas centradas en lo material son infelices porque la civilización se alimenta del materialismo. Es un sistema hecho para devastar la personalidad. Entre más deprimido estás, más compras y más deudas te generas.

Entonces, al resumir nuestra persona a los bienes y basura que poseemos, suspendemos la humanidad y la compasión; que son los bloques básicos con los que se construye la felicidad.

El artículo también indaga sobre cómo la mente de los políticos es una mente enferma. Se necesita un grado muy alto de paranoia para soportar el odio colectivo y ser atacado por las personas a las que desangran. Los políticos desconfían de la gente, pero la explotan para obtener más poder y más bienes. Con el tiempo estas conductas generan un desequilibrio bioquímico que termina en grados de enfermedad cada vez más profundos.

Por otro lado, el psicólogo Tim Kasser, del Knox College en Illinois, Estados Unidos, destaca que si amas los objetos materiales, tienes menos probabilidad de amar a las personas y al planeta. Para él no es una coincidencia que el daño hecho al medio ambiente esté directamente relacionado con el aumento del materialismo. De igual forma, asegura que entre más sube el interés por los objetos, se incrementan el miedo a los extraños y la desigualdad. El dinero es un agente embrutecedor de la humanidad y una droga paranoica.

Como resultado tenemos una infección que devora la felicidad y la paz. La desigualdad erosiona la confianza entre las personas.

Cuando terminé de leer el artículo me quedé en silencio y asintiendo con la cabeza. El materialismo ha llegado a un grado tan devastador que preferimos comprar basura innecesaria antes de ayudar a alguien a poner comida en la mesa.

Hemos convertido la necesidad humana en un circo para el cual vendemos boletos muy caros. Si queremos pertenecer, necesitamos comprar. No hay más.

Por supuesto, siempre hay que ver las cosas por todos los lados posibles. No se trata de no tener bienes materiales. Se trata de encontrar el equilibrio entre lo material y lo espiritual para que nuestra vida sea plena y feliz. Tener lo suficiente para luego practicar generosidad y compasión hacia los demás.

El problema es que, como adictos, hay quienes no pueden tener suficiente. Más libros, más poder, más colecciones, más autos.

Posiblemente el mundo sería un mejor lugar si dejáramos de pensar tanto en nosotros mismos y nos ayudáramos más a ser felices.

Pero quién sabe. Quizá el que está mal soy yo.

 

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