
Una mañana de verano en el templo, cuando me tocó servir la mesa de Oryoki para mis compañeros por primera vez, estaba muy nervioso. A pesar de que había entrenado varios días para poder cumplir esta obligación con decoro y de acuerdo con el protocolo, el miedo a equivocarme estaba muy presente. Los recuerdos de mis múltiples descuidos anteriores me hacían difícil aceptar el pasado para servir adecuadamente en el presente.
Ese día era yo el encargado de servir la sopa de miso. Con una mano cargaba la olla y con la otra servía usando una cuchara grande de madera. Los primeros dos platos los serví sin problema, pero en el tercero me tropecé con mi propio atuendo y tiré sopa de miso en el tatami (piso de paja tejida que se daña muy fácil con los líquidos).
Todos mis compañeros miraron cómo en cámara lenta la sopa caía al delicado suelo. Nadie dijo nada porque el voto de silencio debía ser mantenido. Con decoro, elegancia y sin mostrar molestia alguna, el compañero más experimentado se levantó, caminó rápido a la cocina por una toalla, regresó y rápidamente limpió el piso.
Me sorprendió su serenidad. Días más tarde, cuando se nos permitió hablar, le pregunté: “¿Cómo lograste no enfadarte ni un poco por mi torpeza?”.
Su respuesta fue sencilla y sonriente: “Por las Cuatro Promesas del Bodhisattva que recitamos diario. La forma en que actúo hoy determina cómo se corrige mi pasado y el de todos. Tiraste la sopa en el tatami no por maldad. Fue un error porque estabas pensando en el pasado”.
Aquello me dejó reflexionando durante días. Fue entonces cuando comprendí que en el Zen, aceptar el pasado no es un ejercicio de nostalgia ni de culpa; es un acto presente y futuro.
¿Qué son las Cuatro Promesas y porqué las practicamos? La respuesta es Fu
En el Budismo Zen recitamos diariamente las Cuatro Promesas del Bodhisattva, que aparecen en el Sutra de la Plataforma del Sexto Patriarca Huineng.
Estas no son simples palabras que repetimos sin sentido. Son compromisos con la práctica espiritual y con nuestro YO del futuro, para crear intenciones virtuosas en nuestros actos. Arreglamos el futuro desde hoy, para crear consecuencias positivas en todo lo que estamos por pensar, decir y hacer. A esto Huineng le llama Fu.
Huineng también nos enseña que los seres que debemos salvar primero son los que habitan en nuestra propia mente: el mentiroso, el engañado, el malévolo. En otras palabras, salvamos a Mara que está en nosotros.
Las Cuatro Promesas no son solo un acto altruista hacia otros, sino una forma de reconciliarnos con nuestra propia historia. Aceptamos lo que hemos sido en el pasado, sin remordimientos, culpas ni reproches.
Recitar estas promesas establece un puente entre nuestro presente y lo que deseamos para el futuro, sanando las heridas del pasado al ofrecerles un nuevo significado.
¿Qué significa aceptar el pasado según el Zen?
Aceptar el pasado, en la visión Zen, no es resignarse. Tampoco es olvidar. Aceptar el pasado es reconocer que nuestras acciones, palabras y pensamientos de ayer son parte de quienes somos hoy, pero no determinan necesariamente nuestro mañana.
Desde el punto de vista budista, el karma es dinámico. Y una forma directa de transformar ese karma es cultivar una intención virtuosa, como nos enseña el voto del Bodhisattva.
El “arrepentimiento vacío” de Huineng es precisamente entender el tiempo, nuestra historia y el futuro desde la perspectiva de la vacuidad. El Sexto Patriarca nos dice:
“Liberarse a uno mismo por su propia Esencia de la Mente significa liberarse de los ignorantes, engañosos, e instigadores seres en el interior de nuestra mente, por medio de la Visión Correcta.”
Esa visión correcta nos permite ver el pasado con honestidad, sin negar nuestros errores ni aferrarnos a ellos.
Las Cuatro Promesas y su relación con el Sutra de la Plataforma
El Sutra de la Plataforma deja claro que las Cuatro Promesas son más que una formalidad sin sentido. Son un método para trabajar con las pasiones y engaños internos. Al prometer liberar a los seres, romper con los autoengaños, aprender el Dharma y alcanzar la Budeidad, no buscamos la perfección inmediata, sino establecer una orientación continua.
Esa orientación nos permite agradecer lo vivido, incluso lo difícil, porque gracias a ello hemos llegado al momento presente. Son un mapa de hacia dónde caminamos para crear un mejor futuro.
Lo que nos dicen las Cuatro Promesas
1. Salvar a todos los seres vivos, aunque los seres vivos sean incontables
En un sentido literal, parece imposible y hasta pretencioso. Sin embargo, el Sutra de la Plataforma nos enseña que esos “seres vivos” también son aspectos de nuestra propia mente. Cada vez que liberamos un pensamiento negativo o una emoción destructiva, estamos salvando un “ser”.
En la práctica cotidiana, esto se traduce en gestos simples como escuchar con paciencia, actuar con honestidad, ofrecer ayuda sin esperar recompensa. Cada acto virtuoso tiene un eco que va más allá de nosotros mismos.
2. Destruir mis autoengaños, aunque mis autoengaños sean innumerables
Los autoengaños son las historias que nos contamos como “No soy suficiente”, “Nunca cambiaré”, “Esto es lo que me tocó vivir”. Estas ideas nos atan al pasado y limitan nuestro presente.
Mediante la práctica de Shikantaza y la introspección, podemos ver esos patrones mentales con mayor claridad. Nuestra práctica no es una lucha violenta contra ellos, sino un suave desmantelamiento mediante la visión correcta, la aceptación de nuestras sombras y la sabiduría que desarrollamos con la experiencia.
3. Percibir la realidad, aunque la realidad sea infinita
El Zen no busca imponer una única verdad. Por el contrario, reconoce que la realidad está en constante cambio. Percibirla es vivir cada instante con atención plena, sin aferrarse a ideas fijas.
Aceptar el pasado implica entender que nuestras percepciones son siempre parciales y condicionadas. Hoy podemos mirarlas con otros ojos, desde el silencio interior y la apertura del corazón.
4. Caminar hacia la iluminación, aunque a esta nunca llegue
Este voto es tal vez el más característico del espíritu del Soto Zen. No practicamos para llegar a un destino final, sino porque el propio caminar ya es la práctica.
Cada paso, cada respiración, cada error incluso, forma parte del camino del Bodhisattva. Aceptar el pasado es reconocer que incluso nuestras caídas han tenido un valor: nos han permitido levantarnos una y otra vez.
Aceptar el pasado en el Zen moderno
Hoy, muchos practicantes laicos y monásticos recitan las Cuatro Promesas al comenzar o terminar su día. En mi experiencia, incluirlas en la rutina diaria es una forma poderosa de recordar nuestra dirección ética y espiritual.
Puedes hacerlo de la siguiente manera:
- Al despertar, recita en voz baja o mentalmente las Cuatro Promesas.
- Durante el día, cuando enfrentes un momento difícil, repítelas interiormente.
- Antes de dormir, reflexiona sobre cómo has vivido en relación con esas promesas.
Poco a poco, notarás que creando un futuro virtuoso, tu relación con el pasado se suaviza. Lo que antes parecía un peso, se convierte en aprendizaje.
Sanar el futuro para aceptar el pasado
En el Zen, sanar el futuro no significa olvidar el pasado, sino transformar su significado mediante una acción presente clara y compasiva. Las Cuatro Promesas del Bodhisattva nos ofrecen una guía práctica para cultivar esa transformación día a día.
Aceptar el pasado, entonces, es un acto vivo, no un recuerdo estático. Es reconocer que podemos seguir aprendiendo, creando, creciendo y floreciendo, sin importar lo que haya quedado atrás.

