Regresa Shojiki, taller de hábitos. 21 de abril de 2014

Regresa Shojiki, taller de hábitos. 21 de abril de 2014

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Hace unos días terminó Shojiki, el taller de hábitos que comenzamos en enero de 2014, aquí en Chocobuda.

Varios amigos de México, España, Colombia, Venezuela y Costa Rica aprendimos la importancia que tienen los hábitos en nuestra vida. Algunos adquirieron un hábito nuevo y otros tomamos algún mal hábito y lo transformamos en conductas virtuosas.

Ha sido muy valioso este taller para mí, sobre todo porque ya entendí que lo mejor es el camino lento, y soy de las personas que aún le falta mucho tiempo, pero puedo decir que estoy cumpliendo con el hábito que me propuse.

—Ana Lilia Solis

Shojiki es una buena experiencia porque no sólo ve los hábitos como conductas superficiales, sino que estudia los origines primitivos de nuestra personalidad. Por medio de la meditación y la práctica consciente crea las conexiones neurológicas necesarias para que un hábito sea parte de nuestro instinto. Siempre siguiendo el camino lento porque paso a paso es la mejor manera de crecer.

El taller fue exitoso, pero lamentablemente muchas personas se quedaron sin lugar. Tuve que limitar la cantidad de participantes para no afectar la atención personal que puedo brindar.

Así que decidí lanzar un segundo grupo.  Si quieres experimentar Shojiki, este es el momento.

Comenzamos el 21 de abril de 2014.

Como extra incluye un taller de meditación por separado que puedes practicar mientras comenzamos Shojiki. Es decir, son dos talleres.

Recuerda que el cupo es limitado.

Haz clic aquí para más información.

 

En este lugar no hay tú

Siéntate a meditar porque es el único sitio del universo donde tú no existes.

Es donde puedes llegar, respirar tranquilo y saber que al entrar estás dejando el ego fuera de ti. Te miras por fuera y por dentro. Viajas por un espacio infinito donde están tus recuerdos, tus miedos y tus deseos.  Hilas todos los cabos sueltos que forman tu vida, pero aprendes a dejar ir todo.

Lo bueno y lo malo flotan y se pierdan en la inmensidad. Se van los pensamientos y los sueños para dejar un vació efímero en donde el cuerpo y las leyes de la física ya no son relevantes.

En este lugar todos los budas se sientan en ti. Eres el Buda siendo el Buda, meditando como el Buda. Ya no eres tú. Eres el flujo de la vida que mueve al universo. Te conviertes en una gota más que cae y se une al océano cósmico.

Al meditar estás doblando el tiempo y el espacio para convertirlos en una sola masa relativa que da origen a lo absoluto.

Quizá el cuerpo esté en un zendo, en una escuela de yoga, en una estación del metro o en un hospital. La mente vacía abandona todo y te une al todo.

Eres todo. Todo eres. Es la dulce dualidad del ser en la que aprendemos que la tristeza y la desilusión son sólo parte de la vida y tenemos que abrazarlas justo como abrazamos la dicha y la felicidad.

Cuando meditas se eliminan las barreras y la división entre tú y no-tú. Ya no hay más fronteras, colores ni opiniones.

Cuando meditas alcanzas ese lugar donde no hay tú.

Aprender cosas nuevas te hace feliz (parte 2 de 2)

Aprender cosas nuevas te hace feliz (parte 2 de 2)

Esta es la segunda parte de esta mini-serie. Para leer la primara parte, haz clic aquí.

No importa cuánto se quiera ignorar este hecho fundamental de nuestra naturaleza, el ser humano es un animal que se guía por instinto y por sensaciones.

Si algo nos agrada, lo repetimos. No hay más.

Esa es la base de todos los excesos.  Bebemos y comemos por el puro placer de hacerlo, aunque también podemos caer en lugares oscuros que no mencionaré.

Entonces, si lo agradable es adictivo y aprender cosas nuevas es maravilloso, ¿por qué muchos de nosotros no lo repetimos más seguido? Por que el ego se interpone. Como mencioné en el post anterior, el ego es un gordo inmenso que vive encima de nosotros. Con su peso evita que nos movamos, que subamos y que salgamos adelante.

Pero cuando lo podemos vencer y rompemos el esquema de la comodidad, vemos que la vida se pone aun más interesante de lo que estaba.

Aprender es uno de los placeres más grandes que tenemos. Enriquece la vida, alimenta el espíritu y nos da habilidades que podemos utilizar en todos los aspectos de nuestra existencia.

Aquí presento algunas de las ventajas que trae el aprender cosas nuevas:

Nos da un gran sentimiento de aventura

Indiana Jones no es el único que puede descubrir templos perdidos. Nosotros mismos podemos romper esquemas y retar lo establecido cuando nos atrevemos a buscar el conocimiento.

Aprender algo nuevo incrementa el flujo de oxígeno en la sangre y nos hace sentir vivos.

Ayuda a adquirir disciplina

No hay nada malo con estar cómodos y tener una vida llena de pequeños gustos. El problema es cuando se nos olvida que la incomodidad es buena y es el detonante para buscar nuevas formas de comodidad.

Comenzar con lo básico de un nuevo idioma implica trabajo, investigación y práctica. Sólo se logra sacrificando descanso por ir a una academia o dedicar tiempo autodidacta.

Todo esto se reduce a la palabra más temida por todos: disciplina.

Promueve la investigación

La búsqueda por el conocimiento inicia cuando recabas información. Y eso siempre es bueno.

Aunque no llegues a aprender algo al 100%, digamos mandarín, la investigación te dará las bases para conocer aunque sea un poco más de algo.

Así la mente se abre y se expande.

Cuando aprendes algo nuevo, todos ganamos

Al adquirir conocimientos nuevos, le eres más útil al universo. Eso nos beneficia a todos, siempre y cuando se use para actos virtuosos, claro.

¿Yo? Sigo aprendiendo Linux y soy muy feliz con él. Me hace comprender un poco más cómo funcionan las computadoras (ordenadores) y el Internet. Me hace sentir hacker, aunque sólo sea un vil novato que a penas puede abrir Chrome. Es un reto intelectual que trae resultados positivos a mi vida.

¿Qué es lo que más has disfrutado aprender?

Aprender cosas nuevas te hace feliz (parte 2 de 2)

Aprender cosas nuevas te hace feliz (parte 1 de 2)

Advertencia: este es un post largo. Así que ve por una taza de café o de té. En serio. 🙂

Además de sostener el cabello, las orejas, la gorra y las gafas,  la cabeza sirve para alojar esa nuez gigante llamada cerebro.

El cerebro es el órgano que procesa la información que percibimos, administra procesos muy complejos como la respiración o el latido del corazón, nos ayuda a entender el mundo; pero sobre todo nos ayuda a aprender.

El proceso de aprendizaje y lo que hacemos con el conocimiento es lo que nos vuelve humanos. Podemos comenzar a utilizar herramientas, crear arte, trabajar y cambiar el mundo que nos rodea. Es maravilloso.

Por supuesto, parte de la felicidad es el poder aprender algo nuevo. El cerebro disfruta cuando lo retamos y le presentamos información nueva para procesar y almacenar.

El problema llega cuando el ego se interpone. El ego es un gordo mezquino que evita que te muevas. Es la voz interna que te convence de que ya lo sabes todo y que no hay nada en el mundo que debas aceptar o aprender. El ego siempre buscará que estés lo más cómodo posible, que no te muevas y que no te esfuerces. ¿Para qué esforzarse? Es mejor ver la televisión o dormir más tiempo.

Dejar de lado al ego y olvidarlo por un momento tiene muchas recompensas. Una de ellas es que la voluntad para aprender algo nuevo se vuelve irresistible. Sí, aprender algo nuevo por el puro placer de hacerlo es maravilloso.

Esto viene porque recién tuve que comprar una laptop. Mis labores como escritor y estudiante se están volviendo más apremiantes y un equipo móvil es de gran ayuda.

Sin embargo soy muy pobre y no tuve acceso a un gran equipo como lo hubiera querido. Mi presupuesto era para una notebook muy básica, a penas con lo mínimo indispensable. En términos tecnológicos se traduce en: LENTO.

Este modelo de laptop es muy lenta desde la fábrica.

Hasta que cayó en mis manos.

Luego de usarla por varios días y ver cómo actividades vitales como usar Internet y escribir en Google Docs se convertían en actos de paciencia en Windows 8, decidí instalar Linux.

No necesito decir que soy un nerd/friki de lo peor. Tenía varios años que no usaba Linux, así que el simple hecho de investigar qué distribución era la que más me convenía, documentarme para una instalación segura y aprender a usarlo; hizo que la adrenalina corriera por litros en mi torrente sanguíneo.

Luego de un par de días de leer, ver tutoriales y participar en foros, convertí mi notebook Windows 8 en un ordenador con Linux Mint 16 XFCE. Es rápido, hermoso, estable, seguro, bien diseñado y tiene todo lo que necesito para mis labores como albañil de la palabra.

Es un viaje que estoy disfrutando mucho porque ha representado retos, obstáculos que saltar, pero sobre todo, estoy aprendiendo cosas nuevas mientras sigo trabajando.

No entraré en nada técnico porque no es el propósito de este blog, pero creo que sí es de valor rescatar la parte humana de todo esto:

Aprender cosas nuevas es maravilloso. Te hace sentir vivo, te da herramientas para una vida mejor, incrementa el conocimiento y eres más útil para el universo.

Todo eso lo describiré en la siguiente entrega de esta mini serie.

Ahora dime, ¿qué vas a aprender hoy?

Esta es la primera entrega de esta mini-serie. Para leer la segunda parte, haz clic aquí.