por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 12, 2013 | Minimalismo, Vida
Cuando volteo al pasado y miro mi vida antes del minimalismo pienso lo mucho que desperdicié. No tanto en dinero o espacio, sino en salud y tranquilidad.
¡Se me fueron tantos años preocupado por tener cosas! Vivía enganchado a ser el primero en todo. Quería el primer gadget, la mejor computadora (ordenador) del momento, visitar el mejor restaurante de la ciudad, ser el primero en el estreno de la película de moda y hasta ser el pionero en probar el nuevo sabor de helado.
En el medio donde me desenvolvía, era de ganadores comprar los últimos cómics, música, películas y videojuegos. Me daba estatus sobre la manada el llegar desvelado a la oficina presumiendo que había ido a 3 bares o que había ido a una premiere de alguna basura de Hollywood.
Y yo trabajaba y trabajaba para mantener un estilo de vida que me tenía al borde de un ataque de nervios y me costaba la salud. Dormía poco, comía la comida de los ganadores: alta en calorías, carbohidratos y pobre en nutrición.
En fin. Hacía todo lo que un hombre exitoso entre los 25 y 30 debía hacer. Gastar el dinero como si no hubiera un mañana y, en el proceso, llenaba mi casa de basura coleccionable.
Por supuesto, como budista no puedo decir que haya sido tiempo desperdiciado y mucho menos que todo eso no sirvió de nada.
Por el contrario.
Me sirvió para llegar a este momento en la vida y poder maravillarme con la magia y el júbilo que trae vivir con poco.
Luego de un proceso largo y lleno de obstáculos, comencé a reducir todo lo que pude en mi vida. Llegar a comprender las 4 R’s del minimalismo nunca fue tarea fácil, pero el mensaje comenzó a hacerse claro poco a poco.
Y todo comenzó cuando lo cuestioné todo. ¿Para qué una nueva computadora si la que tengo me da muy buen servicio? ¿Para qué más libros, si tengo al menos 20 que no he tocado? ¿De verdad necesito dejar de dormir por ver algo en el cine?
¿Por qué toda esta colección de basura me estresa tanto?
Poco a poco dejé de comprar lo que no necesitaba. Luego seguí tirando y regalando lo que estorbaba en casa.
Justo ahí es cuando la magia del minimalismo comenzó a manifestarse. Llegó la tranquilidad. Comencé a no estar tenso por hacer lo que el grupo social esperaba de mi. Mi casa empezó a reflejar hermosos espacios vacíos y muros blancos. El reducir mis salidas a los lugares de moda me dejaba tiempo para leer, para salir a correr, dormir y, lo más importante, sentarme a meditar. Eso redituó en tomar el budismo mucho más en serio de lo que lo había hecho. Y el resto es historia.
Lo que es un hecho es que el minimalismo tiene una magia intrínseca que sólo pocos atrevidos experimentan. Y no me creas a mi, cientos de blogueros y escritores coinciden. Ser minimalista reduce el estrés, lleva a una vida mucho más tranquila y deja espacios abiertos para contemplar y respirar.
Pero ser minimalistas en un universo que nos presiona a tener basura y a tirar el dinero, no es fácil. De hecho, es virtualmente imposible porque la mercadotecnia nos vende la fantasía de que sólo seremos felices si cargamos todo eso en la espalda.
Se necesita un espíritu con la suficiente curiosidad como para comenzar a documentarse y experimentar.
Y poco a poco dar el primer paso hacia la liberación.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 5, 2013 | Talleres
¡Regresa Mínima, Taller de Minimalismo y Meditación Aplicados!
¡Libertad!
Hoy es el mejor día para practicar el desapego y liberarnos de lo que nos ata.
La tensión del trabajo, la acumulación de objetos inútiles y la presión por consumir, son rocas enormes en nuestra espalda. Las llevamos a cuestas por la vida y están tan dentro de nuestra cultura, que no nos damos cuenta de ello… excepto cuando comienzan a afectar nuestra salud, tranquilidad y relaciones personales.
En estos tiempos de crisis económica, saturación y estrés, donde cada centavo y cada centímetro cuadrado cuentan, es urgente aprender el desapego de lo material para mejorar nuestro estilo de vida.
Para lograrlo es necesario entender los problemas en los que la sociedad de consumo nos ha metido; pero también necesitamos saber que practicar el minimalismo es la pieza clave que nos llevará a tener más espacio y mucha tranquilidad.
Chocobuda presenta: Mínima, Taller de Minimalismo y Meditación Aplicados, donde aprenderemos métodos 100% prácticos para comprender y aplicar el minimalismo y la meditación a tu vida cotidiana.
Aprenderás a mejorar tu economía y a promover tranquilidad para ti y tu familia.
Explotando las herramientas de comunicación que nos da Internet, este taller se imparte por medio de podcasts, archivos de texto y charlas personales en video.
A pesar de que el taller es impartido por un monje zen, no te preocupes. ¡No tienes que ser budista para liberarte de lo que te ata!
Información del taller
Inicio: Lunes 2 de septiembre de 2013
Duración: 4 semanas
Incluye:
- 4 podcasts con pláticas técnicas y filosóficas, uno por semana
- 4 meditaciones guiadas, una por semana
- 20 minutos a la semana de asesoría y apoyo personal vía Skype o Google+
- Correos diarios con lecturas de apoyo
- Copia electrónica del libro Minimalista, la vida con menos cosas
Requisitos:
- Uso de computadora, internet, cuenta en Gmail
- Presentar un mini reporte semanal de experiencia por email
- Presentar un ensayo final por email
- Disciplina y tiempo para dedicar al menos 30 minutos al día
Donativo: $1,200 pesos / 73€ / US$93
Inscripciones y más información: Escribir a elchocobuda ARROBA gmail.com
Disponibilidad: Para garantizar un mejor contacto personal y atención, hay muy pocos lugares disponibles. ¡No dudes en inscribirte pronto!
Temario
SEMANA 1
- Orígenes del minimalismo
- Comprendiendo el minimalismo
- Meditación básica
- Uniendo el minimalismo y la meditación
- La regla de oro del minimalismo
SEMANA 2
- Minimalismo para Navidad y Año Nuevo
- Ser objetivos y críticos
- Generosidad verdadera, el secreto máximo de las fiestas
- Desafiando el espíritu navideño
- Meditación de navidad
SEMANA 2
- Minimalismo en casa
- Aprendiendo a ver la saturación
- Terminando con la saturación
- El poder del vacío
- Lipiando y creando espacios vacíos
- El reto de las 100 cosas
SEMANA 3
- Minimalismo en la mente
- Comprendiendo los apegos
- Los Tres Venenos
- Destruyendo los apegos
SEMANA 4
- Minimalismo en la oficina y la ciudad
- Dejar ir el hábito de comprar por comprar
- Control y nuevos horizontes
- Cierre
¡Espero meditar contigo pronto!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jul 29, 2013 | Budismo, Vida, Zen
ecuanimidad
f. Imparcialidad de juicio: la justicia debe distinguirse por su ecuanimidad.
Actitud equilibrada y constante: ecuanimidad de ánimo.
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Una actitud de vida de la que muy pocas veces se habla en estos tiempos, es de la ecuanimidad; que es la capacidad ver la vida sin emitir opiniones inclinadas hacia algún lado.
¡Cómo cuesta trabajo no emitir opiniones fuertes sobre las cosas!
Si algo nos gusta, hablamos maravillas y exageramos los hechos. Si algo no nos gusta, hacemos las cosas peores de lo que son para justificar nuestro punto de vista.
Quizá esto suena a algo normal e inofensivo, pero no ser ecuánimes es mucho más costoso de lo que nos imaginamos.
No ser ecuánimes significa abrazar y estrangular nuestras opiniones y sentimientos. Es no dejar ir lo que nos hace sentir seguros. Es tomar nuestra personalidad como bandera, sin apertura para el cambio. Es resultar heridos y ofendidos por ideas distintas a las nuestras. En suma, implica limitar nuestra inteligencia y sabiduría, víctimas de nuestro gordo ego.
Y así comienza el sufrimiento, porque no podemos aceptar otras filosofías o estilos de vida.
Como lo he explicado a algunos, vivir es como ser jugador en un campo de futbol. Estás ahí en la batalla diaria, en la acción, y tu rango visual es sólo de lo que ves frente a ti y posiblemente en la periferia de tus ojos. Tomas decisiones con base en la experiencia directa. El problema es que para ser un buen jugador, necesitas también considerar lo que pasa a los lados, por detrás y en la tribuna. De lo contrario te estás perdiendo de muchos factores que impactarán en tu desempeño. Ser sólo un jugador más en la cancha, es no ser ecuánime.
Sin embargo, cuando dejas de estar en el césped y te subes al dirigible que vuela sobre el estadio, tienes una posición privilegiada porque puedes ver a los dos equipos participantes del juego, al público, a los entrenadores e incluso el estacionamiento. Es decir, puedes apreciar todos los factores que están pasando al mismo tiempo y que influyen en el goce del partido.
Para ser ecuánimes necesitamos ver las cosas con mente abierta, dejar atrás los juicios y entender que todas las monedas tienen más de dos caras.
No podemos controlar lo que hagan los demás, ni el clima, ni el universo.
¿Qué beneficio tiene ser ecuánime? La liberación.
Es liberador porque dejamos de sufrir por factores externos y nos fomentamos la capacidad de aceptar a las personas y la vida justo como son. Esto reditúa en tranquilidad porque ya no somos pasionales sobre un equipo de soccer, por un estilo de música o un partido político. Simplemente sabemos que existe la diversidad y que así será por siempre.
Puede que algo no nos sea placentero, pero eso no es suficiente como para amargar el día o generar odio.
¿Cómo cultivar ecuanimidad? Estando atentos a nuestro discurso y puntos de vista. Si en algún momento algo nos ofende, entonces hay que revisar el porqué para dejarlo ir. Eso es todo. No es fácil, pero es posible.
Claro, meditar diario por 20 minutos, facilita este aprendizaje.
Y el sentimiento de libertad que viene no se le puede comparar con nada.
Vale la pena intentarlo.
Si tu mente es firme como roca
y ya no tiembla,
en un mundo en el que todo tiembla,
entonces tu mente será tu mejor amiga
y el sufrimiento no vendrá hacia ti.
Poema budista del Therigatha.