por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jun 11, 2013 | Budismo, Vida, Zen
Luego de algunos años de preparación, de muchas dolorosas caídas, aprendizaje, sueños olvidados, enfrentamientos con mi ego y algunos litros de café; el domingo 9 de junio recibí la ordenación como monje Soto Zen junto con otros dos compañeros.
Mi maestro tuvo a bien confiar en mí lo suficiente como para dejarme usar la kasaya (ropas del Buda) y el koromo, para afeitar mi cabeza y comenzar a caminar el largo camino del dharma y el servicio a todos los seres vivos.
La ceremonia fue sencilla, y llena de palabras sabias y amorosas por parte mi maestro.
Afirmé de nueva cuenta mis votos de bodhisattva, pero esta vez agregué nuevos que sólo atañen a los monjes ordenados.
Juré respeto absoluto para la Triple Joya: Buda, Dharma y Sangha.
Debo proteger la vida y la paz, ayudar y ser guía a quienes lo pidan… al mismo tiempo que debo cuidar mi cuerpo para ser de utilidad el mayor tiempo posible en esta vida. Como un Jedi Knight de la vida real (lo siento, no te ibas a ir sin una referencia geek).
Recibí el nombre de Hondou Kyonin, «El que corre por el Camino, cooperando y con paciencia».
Aunque suene a un logro inmenso, la ordenación de un nuevo monje Zen dista mucho de ser un privilegio. En realidad quiere decir que de forma voluntaria, estoy aceptando ser la plataforma que usarán los demás para salir adelante y crecer.
No soy una autoridad. Nada en especial. No soy un experto y puedo estar 100% equivocado en todo lo que digo y escribo.
Soy el eslabón más elemental de la cadena de la vida. Ese es mi propósito.
Gracias por leer. Si tienes preguntas, para eso están los comentarios 🙂
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | May 22, 2013 | Haiku, Zen
el pasado como ancla
nube a la deriva
mente aquí
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | May 20, 2013 | Budismo, Vida
Crecí leyendo cómics. De hecho, aprendí a leer con las aventuras de los Fantastic Four y de Spiderman (sí, me gusta Marvel). Aprendí otro idioma apoyado en los X-Men y Avengers.
La filosofía de los caballeros Jedi me llevó a investigar sobre budismo, hace casi 25 años.
He sido un ñoñales (geek, friki) desde pequeño y este acercamiento con los héroes ficticios sembró en mí una visión de la justicia y de la ayuda, muy extrañas. Y siempre ha sido un problema.
El dolor de los demás, la injusticia, la desigualdad y la maldad en general, son poderes muy oscuros contra los que me gustaría luchar de tiempo completo.
Quiero salvar a todo el mundo.
Cuando era joven lo intenté, sabiendo que los super poderes no existen, y me encontré con mi propio sufrimiento. Me topé con la realidad de que la gente no quiere ser salvada, a menos que lo pidan expresamente.
Por más que se quiera, no se puede ir por el mundo forzando a la gente y ayudarla contra su voluntad.
A lo más que se puede llegar es a dar información en forma de charla o mensajes de texto. Si la persona decide que necesita ayuda, entonces se le brinda.
Al final, aunque no lo reconozcamos, todos somos responsables directos de nuestro destino.
Está en nosotros saber pedir ayuda cuando es necesario.
Y ahí es cuando nuestra misión puede ser completada.
Hablando específicamente de budismo, este es uno de los dilemas clásicos del bodhisattva. ¿Cómo ayudar a todos los seres vivos? Nadie tiene ni todos los recursos, ni todo el tiempo.
Cada uno de nosotros debe hacer un compromiso personal de estar siempre listo a dar la mano a alguien, cuando lo necesite.
Y esa es la base de un mundo mejor y el fin del Síndrome del Superhéroe.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | May 13, 2013 | Editorial
Advertencia: Este post es muy personal.
En dos semanas la vida cambiará para mi. ¿O seguirá igual?
Pronunciaré las palabras que dedicarán el resto de mi vida a respirar y a transmitir el dharma a todos los seres que quieran escuchar.
Viviré por los 16 preceptos del bodhisattva, sin tener ningún objetivo ni pretención en mente.
Vestiré el kimono blanco, el koromo negro y me cubrirá el universo cosido a mano; el campo de arroz que trae la vida; las piezas del rompecabezas que uní con mis torpes dedos simiescos. La kasaya será parte de mi cotidiano y será mi obligación usarla con dignidad y respeto, a pesar de ser sólo un pedazo de tela sin valor para nadie.
Afeitaré mi cabeza, soltando toda la presunción que caracteriza a la cabellera. Sí, ya sé que me veré como el Tío Lucas, pero si eso hace sonreír a la gente, todos ganamos.
Me convertiré en un niño de nuevo. Aprenderé a hablar, a vestir, a comer y a moverme.
Diré adiós a la cultura familiar, a los pocos apegos que me quedan y a todo lo que nuble mi juicio.
Suena tan, pero tan difícil.
Ver la realidad, aunque la realidad no tiene límites; dice una de las cuatro promesas.
Y todo para dedicar mi vida al servicio y beneficio de todos los seres vivos.
El camino delante de mi se ve arduo. Es una cuesta hacia arriba que tomo de forma voluntaria.
La lista de libros por leer es enorme. Practicar zazen será aun más importante de lo que es ahora.
Pero quiero hacerlo. Era el sueño de la infancia y ahora es lo correcto.
Ser monje zen me cambiará.
Pero a la vez, seré el mismo tipo que lee cómics, que disfruta de ver películas y escuchar música de todo el mundo, que devora libros de fantasía épica y ciencia ficción, que diseña para los clientes, que escribe (mal) y que cocina.
La vida cambiará, aunque no cambiará nada en realidad. Es la eterna dualidad que trae el budismo zen.
Estas dos semanas escribiré poco.
Gracias por entender.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | May 8, 2013 | Haiku
mente en rebelión
lava y furia
zazen: silencio