El monstruo más horrible

El monstruo más horrible

Los humanos buscamos el camino de menos resistencia para hacer las cosas.

Odiamos el esfuerzo en cualquiera de sus etapas y presentaciones. Admiramos a quien puede dormir hasta mediodía a y se desvela toda la noche. Soñamos con ganar algún premio que nos inunde de caudales de dinero sin trabajar. Buscamos la píldora mágica para bajar de peso o que nos cure de nuestras adicciones.

Pero al mismo tiempo vemos con envidia a quien logra metas, a quien empuja los límites siempre un poco más, a quien destaca, a quien se comporta mejor en reuniones.

Lo primero que viene a la mente es algo como «yo podría lograrlo también, pero no tengo tiempo».

Nos justificamos diciendo que ya es demasiado tarde, que no hay el dinero, que nací en el país equivocado, que Dios no me llamó por ese camino.

Esta nefasta filosofía se transmite de padres a hijos y ha estado envenenándonos por generaciones.

Sabemos que el monstruo más horrible está ahí.

Y le tememos. Huimos de él porque sabemos que no podemos enfrentarlo. No soportamos la idea de caer en sus garras porque quedarse inmóvil es mejor.

Nos llenamos la cabeza con ideas de que la rutina es mala.

La disciplina es el dragón más grande a vencer.

Es la que nos hace aprender a tocar un instrumento musical, a comer mejor, a hacer ejercicio, a tener mejores modales, a leer, a meditar, a ser mejores.

La disciplina es el general que te hará levantar temprano a ver el amanecer con tu frente perlada en sudor.

Es la explosión nuclear que destruye el «no puedo» y lo evapora, para dar paso a «hoy logré un poco más».

Es el poder de la rutina y de los rituales cotidianos. Es la inversión del tiempo que capitaliza en la repetición.

Para el budismo zen, la disciplina y la repetición son la base del estudio y el conocimiento; pero al mismo tiempo es la base para llegar mejor a ningún lado, por paradójico que suene.

¿Porqué ahora es políticamente incorrecto exigirle a los jóvenes? ¿Porqué está mal visto?

Muchos de los problemas que tenemos como sociedad, como el bullying  o la obesidad, podrían ser evitados con disciplina.

Si sabemos que ésta nos permitirá recoger frutos asombrosos, ¿porqué la rehusamos?

 

Algunos cambios al Chocobuda

Casi nunca comento sobre el estado del blog y mis proyectos personales, pero amigos lectores me han hecho preguntas que necesitan respuesta.

Chocobuda, su blog minimalista y budista zen de confianza, está pasando por algunos cambios que hay que comentar.

En lo personal

Actualmente me encuentro en un periodo de entrenamiento zen que me requiere mucho tiempo.

Estoy estudiando diversos textos del Buda, Dogen y koan; practicando sesiones largas de zazen; pasando más tiempo con mi sangha y en proyectos de caridad; y cosiendo una O’kesa (las ropas del Buda).

En un mes este ritmo se incrementará y me quedará menos tiempo libre.

La razón de todo esto la publicaré pronto.

Es suficiente saber que me queda menos tiempo para publicar con la frecuencia de antes.

Artículos en el blog

Por default estoy escribiendo una vez por semana. Si me es posible, escribiré más.

Estaré publicando un poco más de haiku y cosas más orientadas hacia el zen y budismo en general.

Podcast, talleres y Hangouts

Todas estas actividades están detenidas hasta nuevo aviso.

Próximo libro

Está en preparación. Podría ser publicado este año.

También viene una compilación de cuentos fantásticos y de ciencia ficción. Quizá en este año también.

Por último, mi primer libro Minimalista, lo podrás descargar a manera de trueque humanitario. Es decir, tú haces algo lindo por alguien y podrás obtener el libro. Más noticias pronto.

Espero haber aclarado las preguntas hechas. Si quieres saber algo más relacionado con el blog, ¡pregunta! Para eso están los comentarios.

Sobre Boston y la compasión selectiva

Sobre Boston y la compasión selectiva

Soy corredor desde hace varios años y el atentado en Boston del 15 de abril de 2013 me dejó muy, pero muy triste.

Un maratón es una fiesta donde se celebra la vida y el reto personal. Es una verbena en la que al cruzar la meta lo hacemos felices de haber derrotado a nuestros demonios internos.

El histórico Maratón de Boston se pintó de sangre porque alguna persona (o grupo de personas) llena de odio decidió que no hay demasiado horror en el universo.

No fue un ataque contra Estados Unidos o contra los corredores. Fue un ataque contra la humanidad.

Habiendo dicho eso, tengo que decir que abril de 2013 ha sido un mes terrible para el mundo.

En Irak murieron 42 personas y al menos 257 resultaron heridas. LINK

En Sudán 12 soldados de Naciones Unidas murieron en una emboscada por atacantes no identificados. LINK

En la frontera de Irán y Paquistán, un terremoto de 7.8 grados, destruyó la zona y mató a al menos 40 personas. LINK

En Perú murieron 33 personas en un lamentable accidente de autobús. LINK

Este año en México morirán al menos 70,000 personas por diabetes. LINK

Con toda esta batería de noticias terribles, ¿porqué las explosiones en el maratón son más tragedia que lo que pasa en el resto del mundo?

¿Porqué sentimos más la muerte de 3 personas, que las múltiples muertes que sucedieron ayer mismo en otras partes del mundo?

¿Porqué nuestra compasión es selectiva, en lugar de ser amplia y sentir a todos los seres vivos como uno solo?

En mi humilde punto de vista, la respuesta es la manipulación mediática.

Los medios de comunicación siguen reglas y ritmos establecidos por las cadenas noticiosas de Estados Unidos, y si pueden lucrar con una noticia, lo harán hasta el cansancio.

De pronto salen héroes locales a los que les están sacando todo el jugo posible. Los videos tomados por asistentes al maratón son reproducidos tantas veces como sea posible.

Los medios nos implantan en la mente por quién debemos sentir compasión.

Y al parecer, estamos felices de ser manejados.

Creo que la compasión no es un asunto de preferencias o de motivo comercial.

La compasión debe ser abierta, universal y todos debemos estar atentos a cuidar unos de otros. Una tragedia es una tragedia es una tragedia, no importa la nación o la cultura en la que suceda.

La compasión no puede y no debe ser selectiva. El corazón y la mente necesitan estar conscientes de que todos los seres vivos sufrimos y necesitamos ayuda mutua, de lo contrario el sistema se vuelve insostenible.

Lo que pasa en Siria nos afecta. Lo que pasó en el Maratón de Boston nos afecta. Las muertes en Sudán nos afectan.

Es cuestión de querer ver un poco más allá de lo que nos marca la televisión.

Aclaro que no soy insensible ante las explosiones de Boston. Todo lo contrario. Me afectó mucho. Pero también me entristece que, de pronto, olvidamos que el dolor es universal.

Así que mi corazón va con todos los seres vivos que sufren en este momento.

Los corredores seguiremos corriendo.

Sin parar.

Sin ser derrotados.

Porque somos uno solo.

Reduce la entrada de información [Minimalismo]

Reduce la entrada de información [Minimalismo]

En un reciente artículo en The Guardian, el periódico de Reino Unido, científicos concluyen que ver las noticias no sólo provoca estrés, sino que es pésimo para la salud.

Un buen minimalista, sin ser doctor en ciencias, lo sabe de forma intuitiva desde el inicio.

Pero para nosotros, esto va mucho más allá.

El minimalismo nos enseña que es necesario controlar el flujo de información y de datos que llegan a nuestro cerebro.

Una entrada de información es toda aquella fuente de imágenes, ruido, sensaciones y estímulos que compiten por entrar a la mente.

Como algunos ejemplos podemos mencionar la televisión, radio, redes sociales, todo Internet, publicidad callejera, medios impresos, llamadas telefónicas, perfumes y aromas, clima, conversaciones. Básicamente todo lo que nos relaciona con el mundo alrededor.

Vivimos en una sociedad que ha basado su subsistencia en la producción de información y depende de que nosotros la absorbamos de la forma más rápida posible. Entre más datos nos metan al cerebro, más dinero se mueve y más crecen nuestras conexiones con el mundo.

Desde el punto de vista económico, quizá esto no esté tan mal. Al final de cuentas la economía fluye y nuestras conexiones crecen.

El problema es que es demasiado.

Haz este experimento justo ahora: cuenta todas las entradas de información que tengas en este momento. Puede ser este blog, la música en tus audífonos, la conversación en la oficina, el calendario, el teléfono móvil, alertas de Facebook, el clima en la ciudad, el aire acondicionado, la incomodidad de la corbata… ¿Cuántas pudiste contar? ¿No es de dar miedo?

De todas estas entradas de información, ¿cuántas son basura? Sí, ese torrente de datos que no aporta nada y que sólo está molestando, como alertas de redes sociales.

Podrías pensar que todo es normal y parte de la vida, pero tu mente no lo cree así. Para la mente, tanta carga de datos al mismo tiempo, lo refleja como estrés y angustia. (Por cierto, este blog también es basura porque no aporta nada)

Entre más entradas de información tengas, más tenso estarás a lo largo de tu vida. La salud sufre, tus relaciones personales sufren y de pronto entras en este ciclo infinito y angustiante de consumo de información.

Y es necesario pararlo y entender que la información es seductora y muy adictiva. Crece como un virus dentro de nosotros y cuando nos damos cuenta, somos dependientes.

¿Cómo detener tanta información que compite por entrar en nosotros? Fácil: desecha a lo que no te sirva.

No necesitas tantas cuentas de redes sociales. Sólo ten una.

No necesitas ver las noticias todo el tiempo. Velas una vez por semana.

 

No necesitas informaciones a medias o especulaciones. Huye de los chismes.

Contrario a lo que nos implantan los medios de comunicación, el silencio es nuestro amigo más íntimo, pero al que más le tememos.

Por cierto, no necesitas este blog.

Siéntate a meditar.