Ideas para disminuir el daño del Buen Fin 2012

Ideas para disminuir el daño del Buen Fin 2012

Siguiendo con la idea del artículo de ayer, me puse a analizar con más profundidad la idea del Buen Fin.

Para quienes no estén enterados, este es un evento que copia el Black Friday de Estados Unidos y busca que compremos cosas que no necesitamos y que pidamos créditos para ello.

Según dicen los organizadores, con esto se activará la economía. Lo más raro es que la economía a activar es la de corporaciones extranjeras, cuyo modelo de negocio es sacar dinero del país que ocupen. Es decir, si compras una nueva televisión, estarás apoyando la economía de Samsung y de Walmart. Perdón pero, ¿dónde está el apoyo a la economía mexicana?

Independientemente de lo que el Buen Fin implica en materia macro económica, creo que necesitamos entender que comprar por comprar sólo impacta nuestro bolsillo y el ahorro real se da cuando evitamos gastar y mejor invertimos.

So, de Blog y Lana, dice de forma experta:

Al final del día, el dinero gastado es dinero que no regresa, así que ofertas o no, debemos planear la mejor manera de gastarlo sobre todo cuando nos llega la abundancia decembrina. LINK

Y claro, no puedo dejar pasar la idea de que al promover el materialismo y el consumo no sustentable de esta forma, estamos apuntalando los cimientos que nos hacen vivir en el eterno ciclo de despertar-trabajar-comprar-dormir.

Un Buen Fin de Semana no necesita que gastes lo que no tienes.

Un buen fin es en el que descansas, tienes paz y disfrutas con la gente que amas. Incluso si estás solo, un gran fin es el que se pasa en compañía de un buen libro.

No tenemos que gastar mucho para estar bien y mucho menos engancharnos en la trampa que tiende la mercadotecnia.

Es por eso que comparto estas ideas para pasarla en grande:

  • ¡Sé generoso! Si te sobra algo de dinero, dona a alguna organización de ayuda. La humanidad siempre es primero.
  • Pasea con tus hijos. ¿Hace cuánto no tomas una pelota y juegas con ellos?
  • Organiza una reunión familiar. Aunque no te guste, es hora de ver a la tía Lola.
  • Visita a tus padres o abuelos. Estoy seguro que la puedes pasar bien, no importa lo locos que estén.
  • Ve películas. ¡Selecciona algunas de tu colección y haz palomitas de cacerola! Bonus: se puede hacer en pijama.
  • Lee. Porque siempre un libro es una buena idea. Bonus: se puede hacer en pijama.
  • Escribe. Es buen momento de ponerte a crear, ¿no? Bonus: se puede hacer en pijama.
  • Medita. Porque poner en orden tus ideas hace un mundo mejor. Bonus: se puede hacer en pijama.
  • Sal a caminar. Estoy seguro que no conoces bien todas las zonas y parques de tu ciudad
  • Juega juegos de mesa. Compartir una buena partida de cartas, Warhammer o Dungeons and Dragons, es maravilloso (sí, ya sé. Soy un nerd friki.)
  • Visita o recibe a tus amigos. Nada mejor que risas y escuchar a la gente que te quiere.
  • Cocina y come en casa. Pero compra en el mercado local, no en supermercado. Si comes fuera, que sea en un restaurante nacional y no de cadena extranjera. La cocina mexicana es tan amplia, que necesitarías todos los fines de semana del año para probar solo un poco de todo el abanico que nos ofrece.
  • Ayuda a la comunidad. Participa en campañas de reforestación o de ayuda a alguna casa hogar. La humanidad te lo agradecerá.
  • No compres lo que no necesitas. ¿Ya tienes TV? No necesitas otra.
  • Apoya al comercio y productos nacionales. Compra dulces tradicionales, suéteres tejidos, artesanías y artículos de consumo mexicanos (café, galletas, etcétera). Esto SÍ apoya el comercio la economía nacional.

Como ves, no es necesario caer en el Buen Fin para pasarla bomba.

Estas ideas aplican para cualquier país y cultura, ya que apoyan valores humanos universales como amor, compasión, cariño y relajación.

Si te pones a pensar lo que dice el comercial de TV sobre el Buen Fin, en realidad no es una buena idea. Tampoco lo hicieron pensando en ti y mucho menos es para apoyar el comercio mexicano.

Ten un Buen Fin y aplica alguna de estas ideas. Y claro que también puedes proponer nuevas. ¡Para eso están los comentarios!

El Buen Fin. Sigue la vergüenza del Black Friday azteca

El Buen Fin. Sigue la vergüenza del Black Friday azteca

Con mucha tristeza veo que regresa el Buen Fin.

Este será un evento que durante un fin de semana largo, al final de noviembre, unirá a comerciantes para ofrecer descuentos en todo tipo de mercancía. Con esto, las instancias que manejan el destino económico de mi país esperan reactivar la economía y, por algún artilugio mágico, evitar el desempleo.

Básicamente lo que se busca es replicar todo el modelo del Black Friday, la agresiva y humillante venta especial que inaugura la temporada de compras en Estados Unidos; pero orientada a México. Para más información, ver este video.

Y es ahí donde tengo muchos problemas. Mi país está pasando por un período oscuro y doloroso en la historia. Aun no nos recuperamos de la vergüenza de haber aceptado a un presidente impuesto, la pobreza, el desempleo y la violencia están más fuertes que nunca y, en mi pequeña mente, hay problemas mucho más complejos que debemos resolver antes de copiar estructuras culturales que dañan más de lo que podrían sanar a una nación en fragmentos.

Todo esto me recuerda al 11 de septiembre de 2001, cuando los aviones se estrellaron contra el WTC de Nueva York. El presidente George Bush le dijo a su país que Estados Unidos estaba bajo ataque, pero que la gente debía seguir comprando.

De inmediato mi mente preguntó: ¿En serio? ¿Estás bajo ataque, murieron miles de personas y lo más brillante que se te ocurre es pedir que la gente gaste dinero en cosas que no necesita?

Mi presidente está al mismo nivel en este momento. Tenemos una población que vive con miedo, hambre y con muy poco dinero. ¿Lo más brillante que viene a la mente es comprar más y hacer más ricos a los que no necesitan más dinero?

En algún lugar de la red leí esto:

Las cosas se hicieron para usar y las personas para amar. Pero en algún lugar del camino las cosas se voltearon. Las personas son usadas y las cosas son amadas.

Comprar artículos que no se necesitan,por el hecho de estar en oferta, no nos vuelve mejores personas.

Educación, cultura, amor, ser compasivos y respetuosos, son los valores que sacan a una nación adelante; no las compras sin sentido que promueven el comercio no sustentable.

Para mi un Buen Fin no lleva precios en oferta ni compras sin cerebro. Un buen fin es el que te permite estar tranquilo, en paz y disfrutando de tu vida. Y para eso no se necesita gastar mucho.

En la siguiente entrega: Ideas para tener un Buen Fin gastando lo menos posible.

Envejecer con dignindad

Envejecer con dignindad

Quien me conoce o ha tomado Mínima, sabrá que vengo de una familia altamente materialista, que se apoya en las posesiones y en la apariencia para afirmar su lugar en el universo.

A los ojos de mis parientes, la jeraquía de las personas depende de quien tiene el mejor auto, la casa más grande y los viajes más exóticos.

Como en toda familia de estas características, el físico debe ser tan espectacular como el auto que se maneje. No es que todos sean gente hermosa. Más bien son feos, pero gran parte de su orgullo proviene de la apariencia; misma que cuidan a niveles insanos.

Justo porque no son muy guapos que digamos, tienen que sacar jugo de otros atributos. Y el más explotado es la estatura. Todos parecen lucrar con el hecho de ser un par de centímetros más altos que los demás.

Mi padre era el más orgulloso por su estatura. Solía ser su presunción más grande y hasta su tema de charla recurrente. Desde mi infancia las frases más escuchadas fueron: «Soy taaaan alto», «Resaltamos entre los demás» o «Hasta en el supermercado destaco».

Al menos en el aspecto de auto estima, sus argumentos fueron de orgullo, banalidad y sueños de humo.

Hasta que un día mi padre envejeció.

Y con la vejez los huesos se contraen, siendo la estatura la primera víctima. Llegó el tiempo en que mi padre se percató de que hoy es 10 centímetros más pequeño.

Sus sueños de atlante terminaron, pero además, es uno más de los millones de viejos en el mundo. Uno más.

Cuando él me comentaba todo esto, con la tristeza que trae la realidad cuando uno la ignora, no pude evitar pensar en Shakiamuni*.

Al salir del palacio para conocer la vida fuera de su capullo de opulencia, el joven Siddhartha se encontró con 4 escenas que lo cambiaron para siempre. Vio un viejo, un enfermo, un funeral y a un asceta.

Se dio cuenta que todo en el universo envejece, enferma y muere; la verdad de la Impermanencia aplica para todo el cosmos. Nada puede escapar de ella.

Por supuesto la juventud y la belleza son el ejemplo clásico de la Impermanencia. No importa cuánto tratemos de mantenerlos, algún día terminarán y no regresan nunca más.

Cuando evadimos esta verdad, estamos asegurando mucho sufrimiento. En el futuro, todos nos veremos arrugados, con canas y con dificultad para caminar.

Existe  una industria inmensa que lucra con nuestra urgencia por evadir la Impermanencia. Nos impone la necesidad de pintar el exterior con gruesas capas de pintura que se resquebraja y que tampoco dura. Sacrificamos la salud y nos hacemos daño con tal de ocultar las arrugas.

Matamos por mantener la vanidad antes que el ser.

Sabiendo todo esto… ¿porqué no envejecer con dignidad?

Cada cana, cada arruga y cada achaque son un trofeo que marca nuestra victoria sobre las experiencias de la vida.

El paso del tiempo nos da sabiduría, termina con el ímpetu y da paso a la serenidad.

Quizá no entendemos que al terminar la belleza, inicia la grandeza.

*Shakyamuni: Siddhartha Gautama, el Buda histórico.

De egos inflamados y mentiras

De egos inflamados y mentiras

Ayer pasé la tarde en un curso que tenía la noble intención de enseñarme a convertir mis ideas en proyectos terminados.

Pero lo que obtuve fue una de las demostraciones de ego y de mitomanía más grandes que he visto.

La instructora comenzó muy bien. Buena presencia, excelente dicción y parecía dominar el tema. Sin embargo, después de los primeros 10  minutos comenzó un viaje de egocentrismo y mentiras como pocos.

Ella resultó ser amiga de presidentes y líderes religiosos, una gran empresaria con millones en ganancias, positiva, viajera internacional, guardadora de secretos de estado, motivadora, emprendedora, locutora, abogada, periodista, comunicadora, especialista en SEO, mercadóloga experta, publicista excepcional, usuaria de tecnología de punta y ama de casa única.

Además de que su libreta de contactos está guardada bajo las más estrictas medidas de seguridad, debido a lo sensible de la información ahí almacenada.

Con tantas actividades, me pregunto de dónde sacará más horas al día. ¿Quizá viviendo en Júpiter?

Llegó el momento que no sabía si estaba presenciando un curso o un acto de comedia al mejor estilo Seinfeld.

Las mentiras llegaban más rápido de lo que podía yo reponerme de la anterior y una era aun más inverosímil que la otra.

Estaba tan divertido que me pasé 3 horas maravillosas llenas de risas, no por burla, sino por lo absurdo de la situación.

Y me di cuenta lo peligroso que es tener el ego fuera de control.

Cuando nuestro concepto propio es más grande que nuestra realidad, se pierde todo el sentido común y es muy fácil recurrir a la mentira para seguir alimentando el ego.

Hay una relación muy estrecha entre el ego y la mentira.

El ego es este monstruo que se mantiene consumiendo vanidad, presunción y auto engaño. Y cuando ya lo hemos alimentado con todo lo que somos, hacemos uso de la mentira.

Al hablar con falsedad, las fantasías de lo que queremos ser nos ayudan a cubrir lo poco que somos.

Y no, no soy ingenuo.Todos mentimos, diría el Doctor House.

La mentira y la exageración son parte de la humanidad.

Pero lo que importa en realidad es estar conscientes de ello para detenernos justo antes de mentir.

Al acto de comunicarnos de manera clara, amable y verídica, lo llamamos Habla Correcta. Es una de las fases del Noble Camino Óctuple, descrito por el Buda para alcanzar una vida tranquila.

Porque entre más mentimos, más veneno introducimos en nuestra mente, resultando en un ego aun más grande y obsceno.

¿Conoces a alguien así?

Una vida en el reino del Yo

Una vida en el reino del Yo

El domingo fue un día interesante.

Por la mañana animé a los corredores del maratón internacional de la ciudad y la tarde la dediqué a una ceremonia zen llamada Zazenkai.

De forma literal, Zazenkai significa «reunión para meditar». Se lleva a cabo cada semana y tiene una duración de hora y media, pero una vez al mes se hace un mini retiro de cuatro horas de zazen intenso, como en esta ocasión.

Los periodos largos de zazen sirven de mucho porque la mente pasa por varios estados hasta llegar al vacío. En mi experiencia personal, primero entran las distracciones constantes. Luego llegan los recuerdos y luego las fantasías. Después la mente rechaza la inmobilidad y la quietud… Y hasta el final llega el silencio.

Es en esta fase de vacuidad donde la mente entiende cosas.

Y me percaté de cuánto tiempo pasamos pensando en Yo.

Desde que despertamos, nuestra relación con el universo es egocéntrica. Nos movemos por la vida dando por hecho que el mundo es un lugar que debe obedecer a nuestros caprichos y órdenes.

Mantenemos un constante diálogo donde el personaje único es uno mismo.

Qué me pondré hoy.

Estoy comiendo.

Voy a llegar tarde.

Tengo frío.

Voy a exigir.

Tengo tantas cosas qué hacer.

Me quiere ver la cara.

El tráfico me afecta.

En estas oraciones, el sujeto es Yo. Y eso es terrible. Cuando el ego ocupa todo nuestro ser, es muy difícil dejar entrar alguien más. Así llega la ira porque todo nos afecta y nos sentimos atacados por el mundo. Y también se presenta la depresión porque creemos ser la víctima única de las circunstancias.

Por esta razón, el budismo zen trata de hacernos ver que el pensamiento egocéntrico es la base de la infelicidad. Al dejar crecer al ego de esta manera, estamos construyendo una barrera que separa el Yo del No-Yo. Nos sacamos de la ecuación balanceada que es el universo y creemos funcionar fuera de él, pensando que podemos manipularlo a nuestra conveniencia. Vemos a los demás como objetos y pensamos que están para ser usados o agredidos.

Me di cuenta que todo el día había girado en torno a mi Yo. Mi desayuno, mi frío, mi libro, mi comodidad…

Excepto por el momento sorprendente y emotivo en el que aplaudí y grité para animar a los corredores del maratón.

Por unos minutos hice un paréntesis en mi Yo, para vitorear a Ellas y Ellos, que estaban dejando el alma en el pavimento a cada paso.

Y se sintió muy bien. Suspendí mi egocéntrico día para dedicar unos instantes a otras personas que sonreían agradeciendo los aplausos.

¿Cuánto tiempo pasas pensando en ti? Cualquiera que sea la respuesta, creo que nunca está de más dedicar unos momentos del día a los demás.