Lo que se siente al meditar

Lo que se siente al meditar

el-cosmos

—————

ATENCIÓN: Si tienes dudas y miedos sobre la meditación, lee esto primero.

————–

Al igual que muchos temas budistas, la meditación tiene un halo de misterio y magia que evita que la gente comprenda lo que realmente es.

Hay quienes piensan que meditar nos pone en contacto con dioses o cualquier tipo de seres mágicos. Muchos piensan que meditar es poner la mente en blanco. Otros afirman que meditar nos hace trascender a otras dimensiones y demás basura new age.

Parecería que el significado más sencillo es el que más evade la gente: la meditación es un proceso mental en el que se busca la calma por medio del enfoque del pensamiento a una sola cosa a la vez.

Vamos, hay ciencia dura detrás de la meditación.

En Zen decimos que zazen (sentarse a meditar) es el acto de moverse sin moverse, alcanzar sin alcanzar nada y que no hay motivo ni objetivo alguno más que aceptar la vida como está.

Cuando nos sentamos a meditar centramos nuestro pensamiento en un sólo objeto (como la respiración) y si algo nos distrae, simplemente lo dejamos pasar y regresamos a nuestro objeto original.

Pero, ¿qué se siente meditar?

La ciencia nos dice que el cerebro está  dividido en dos hemisferios:

El izquierdo es donde se realizan los cálculos, es el hogar de la lógica y el escepticismo; y es el área que nos permite ver al mundo crudo y realista. Esta parte del cerebro es la que más domina en la mayoría de las personas.

El derecho la casa del arte, la abstracción e imaginación y es donde nos hacemos uno con el cosmos. Es la parte del cerebro que nos hace llorar cuando vemos Kramer vs. Kramer. Aquí habitan los sentimientos y la creatividad.

Es importante mencionar que lo anterior es un mini resumen de ambos lados del cerebro y dejo las explicaciones largas a los neurólogos. Es suficiente decir que el proceso del pensamiento utiliza los dos hemisferios al mismo tiempo y que ambos funcionan en un balance maravilloso.

Pero sabiendo esto podemos decir que al meditar abrimos voluntariamente la puerta que contiene al lado derecho del cerebro y es cuando cosas sorprendentes pasan.

Cuando hacemos de la meditación un hábito podemos sentir cosas que no podríamos de otra manera.

Hablando estrictamente de mi, de mi experiencia:

Cuando me siento, cierro mis ojos y comienzo, mi mente se revela y me lanza pensamientos como ametralladora. Llegan recuerdos de la infancia, listas de pendientes, analizo situaciones del día anterior y recuerdo que hay que limpiar la estufa. Es decir, me resisto a sólo sentarme.

Poco a poco la velocidad a la que llegan los pensamientos va disminuyendo, dejando un pequeño espacio entre pensamiento y pensamiento.

Este espacio se va haciendo más y más grande, hasta que los pensamientos tardan varios segundos en llegar.

Y es ahí donde la parte derecha del cerebro sale.

Siento cómo mi conciencia es tan grande que no cabe en mi cuerpo. Siento el cuerpo, pero ya no es importante porque estoy flotando en la nada.  Me siento ligero, sin tiempo y sin espacio. Soy parte del universo y no hay «yo» porque estoy integrado al mundo.

Los problemas, las tristezas y las alegrías… todo se ve más pequeño e insignificante desde lejos porque todo es parte de lo mismo.

Escucho los ruidos externos. Primero aparecen, se van haciendo más fuertes y luego comienzan a desaparecer. Son impermanentes, justo como la vida y todo en el universo. Esa es la naturaleza de las cosas.

Por un instante vivo en la inmensidad de mi mente.

Y luego llega algún pensamiento que quiere apoderarse de mi, pero sólo lo dejo pasar como si fuera una nube. No me engancho, no lo juzgo ni lo comento.

Así pasa hasta que mi sesión termina. Abro los ojos y estoy listo para arrancar mi día.

Sé que suena muy cósmico y pacheco (quien abusa de las drogas), pero así funciona el cerebro cuando meditamos.

Pensé que sería buena idea compartirlo porque he recibido muchas veces esta pregunta y era tiempo de responderlo.

El otro día, por casualidad, me apuntaron a este video de Jill Bolte, una neuróloga que sufrió un infarto cerebral y confirma lo que se siente al meditar.

¿Y tú qué sientes al meditar?

Cómo aceptar la responsabilidad de nuestros actos

Cómo aceptar la responsabilidad de nuestros actos

Con todo respeto hacia mi familia, tengo que decir que fui educado para evadir la responsabilidad de mis acciones y a poner culpas en otras personas o factores externos.

Como todos los que me rodean crecieron igual, jamás me había percatado de ello. Me hice adulto y vivía en un mundo donde las cosas suceden por que sí y yo era la víctima.

Si por estar distraído rompía un vaso, lo primero que decía era «se rompió»; pero jamás decía «lo rompí».

Si al utilizar de forma inadecuada un gadget lo arruinaba, yo decía «se descompuso»; en lugar de aceptar y decir «lo descompuse».

Y aquí los ejemplos pueden fluir:

Me chocaron

Se quemó la comida

Esas galletas engordan

La lluvia lo arruinó todo

Fue culpa del alcohol

Dios quiso que así fuera

Gracias a Dios

Fueron los astros

Este tipo de frases implican un desligue enorme de todas las cosas que hacemos y nuestra responsabilidad. Si algo sale mal, buscamos culpar a lo que sea, con tal de no vernos involucrados en el error.

Quizá esto suena inocente, pero si lo extrapolamos a la vida cotidiana y a millones de seres humanos, lo que encontramos es una enorme cadena de gente que no está acostumbrada a aceptar las faltas y a culpar al medio ambiente.

Y como la culpa radica en algo o alguien más, entonces nos sentamos en nuestro gran trasero sin hacer nada para remediar las cosas.

Por fortuna para mi, hace muchos años, cuando trabajaba en una empresa de comunicación, tuve un jefe que odiaba que yo hablara así.

Un día me dijo enojado: «No me molesta que hayas cometido el error. Me molesta que no lo aceptes y lo ocultes«. Y a partir de ahí comencé a analizar mi habla y me percaté de este fenómeno.

Cuando evadimos la responsabilidad de nuestros actos, el mundo se convierte en un lugar horrible porque nos volvemos unos cobardes. Es inhóspito, lúgubre y sólo nos dedicamos a navegar la vida sin tomar acción en nuestro propio destino.

La cobardía es un tinte más para el miedo, que puede paralizar el crecimiento personal.

Cambiar esto sólo requiere poner atención a nuestras palabras y, poco a poco, admitir que no existe la suerte, sino el trabajo, la disciplina y la dedicación en lo que sea que hagamos.

Creo que la raíz de este miedo es por temor al error. Pero cometer errores, aceptarlos y experimentar para corregirlos, es el camino más seguro al éxito y a la felicidad.

Nota chocobudista: Ver que nuestra vida es nuestra responsabilidad se asocia con Visión Correcta. Admitir que nuestra habla nos evade de responsabilidad y hacer un cambio para evitarlo, se asocia con Habla y Acción Correctas. Estos tres factores son parte del Noble Camino Óctuple.

10 factores de la felicidad comprobados por la ciencia y el budismo [Parte 2]

10 factores de la felicidad comprobados por la ciencia y el budismo [Parte 2]

Buscando la raíz de la felicidad, en diversos estudios ciencia y budismo convergen en los mismos puntos debido a que el enfoque humanista y de sentido común del dharma nos lleva de la mano a erradicar el sufrimiento.

Continuamos con la segunda parte del artículo. La primera parte la puedes leer aquí.

6. Tomar las riendas

La felicidad en el trabajo depende en qué tanta iniciativa tomes.

La investigadora Amy Wrzesniewski dice que «cuando expresas creatividad, ayudas a otros, sugieres mejorías o realizas actividades adicionales en el trabajo; hacemos nuestra labor más gratificante y nos sentimos más en control

La enseñanza budista sobre el trabajo se llama Medio de Vida Correcta y nos impulsa a ganarnos la vida de forma ética y constructiva.

Al trabajar contentos y seguros de lo que somos, sin preocuparnos del futuro, es más fácil ser creativos y dirigir a nuestro equipo a cumplir los objetivos planteados.

Tener iniciativa para terminar con nuestra lista de pendientes, sin procrastinar, acaba con el estrés y nos hace sentir completos aunque el trabajo en sí no nos guste.

7. Atesorar la amistad y la familia

«No sólo necesitamos relaciones. Necesitamos relaciones cercanas.»

A pesar de impulsar a sus monjes a dejar el hogar para estudiar de tiempo completo, el Buda atesoraba la relación que sus estudiantes tenían entre sí. En nuestros tiempos esto ha cambiado y toda la comunidad budista que se congrega en un lugar es llamada sangha, que es una de las Tres Gemas del budismo.

Los valores que mantienen unida a la familia y a los amigos son la generosidad, habla amable, ayuda mutua y unión en los eventos adversos.  El cultivo de estos destruye el egoísmo y la depresión.

8. Ver la vida por el lado amable

Los investigadores Ed Diener y Robert Biswas-Diener dicen que «la gente feliz ve las posibilidades, las oportunidades y el éxito. Son optimistas cuando piensan en el futuro. Cuando  recuerdan el pasado, saborean los puntos agradables

El budismo no nos alienta a tener esperanza o sentidos falsos de positivismo. Todo lo contrario. Es una doctrina muy dura y objetiva, pero por esa razón nos da herramientas para ver las cosas como son.

Cuando vemos la vida sin apegos, nuestra imaginación deja de fabricar fantasías siniestras sobre el futuro y acepta el pasado tal como es, sin juzgar lo bueno o malo. Nos es posible observar todas las opciones que se abren y las posibles soluciones a los problemas.

Se respira con menos peso en el pecho, sin caer en el cliché del optimismo hipócrita.

 9. Ser agradecidos

El autor Robert Emmons dice que «la gente que lleva diarios de gratitud de forma semanal son más sanas, más optimistas y logran más progreso hacia sus metas personales«.

Para el Buda uno de los factores que nos protegen del sufrimiento es la gratitud; porque entendemos que nos somos nada sin los demás, apreciamos lo que somos y tenemos y no nos cegamos ante la necesidad ajena.

También es importante decir que una persona agradecida (pero EN SERIO agradecida) tiene menos posibilidad de caer en depresión o en presunciones vacías.

Saber decir gracias nos da cimientos de realidad en la cual basar nuestra felicidad.

10. Hacer ejercicio

Un estudio de la Universidad de Duke nos dice que el ejercicio es tan efectivo como los medicamentos para tratar la depresión, sin tener efectos secundadrios.

En las enseñanzas dejadas por el Buda no hay nada relacionado con el ejercicio. Esto es debido a que en ese tiempo, más de 2,500 años en el pasado, la gente caminaba para transportarse y no habían los índices de obesidad que tenemos al día de hoy.

Sin embargo, muchos años después de la muerte del Buda, en las escuelas Shaolin, Chan y Zen; ahora se impulsa a las personas a cultivar el cuerpo tanto como la mente.

El budismo es el camino de en medio y es nuestra responsabilidad encontrar el punto justo entre sentarse por horas y tener un cuerpo entrenado.

Digamos que no nos sirve de nada ser intelectuales eméritos si tenemos un cuerpo propenso a enfermedades.

Y ahí lo tienen. En estos dos artículos vimos los puntos en los que budismo y ciencia convergen, llegando a encuentros muy afortunados para dar claridad en lo que nos hace felices.

Por cierto, en ningún punto de la lista aparecen autos, gadgets caros, ropa de diseñador, ni nada que se le parezca.

¿Crees que la lista está incompleta? ¿Estoy en un gran error? ¡Grítalo en los comentarios!

Este post está basado en 10 things science (and Buddhism) says will make you happy, publicado en www.wildmind.org
10 factores de la felicidad comprobados por la ciencia y el budismo [Parte 1]

10 factores de la felicidad comprobados por la ciencia y el budismo [Parte 1]

El ser humano es hedonista por naturaleza. Siempre está en la búsqueda de cómo ser feliz  y parecería que está obsesionado con ello. De hecho, puede llegar a extremos ridículos para conseguirla.

Con frecuencia salen a la luz estudios hechos por científicos sobre los factores que determinan nuestra felicidad. Incluso personalidades como Matthieu Ricard se han sometido a estudios para tratar de encontrar qué es lo que le da sentido a nuestra existencia.

Por lo regular la ciencia y el budismo convergen en los mismos puntos, debido a que el enfoque humanista y de sentido común del dharma nos lleva de la mano a erradicar el sufrimiento.

Aquí va una lista de 10 factores para la felicidad en los que coinciden la ciencia y el budismo. Primera parte.

1. Generosidad

«Al dar no sólo encontramos riqueza en esta vida, sino que logramos el punto más alto de prosperidad en la iluminación. Por eso tenemos que practicar la generosidad«; dice el Dalai Lama

En budismo, el concepto de dar desinteresadamente se llama dana y existen una cantidad indefinida de libros al respecto que plantean que el camino seguro a la felicidad.

Cuando damos de corazón y sin esperar retribución, dejamos el yo/ego de lado para poner nuestra atención en la necesidad de otros.

El estudio de Elizabeth Dunn, de la Universidad de British Columbia, marca que cuando hacemos al altruismo parte de nuestras vidas y gastamos dinero en otras personas, somos más felices que aquellos que sólo gastan en sí mismos.

2. Vivir en el momento

«Los participantes de un estudio que se tomaron el tiempo para disfrutar las acciones cotidianas, que normalmente realizaban con prisa, o que pensaron en los momentos agradables del día; mostraron un incremento significativo en su felicidad y en reducción de depresión

Una de las enseñanzas del budismo es simplemente vivir en el presente, con atención consciente. Esto funciona porque no vivimos en los recuerdos ni preocupándonos por el futuro.

3. Evitar las comparaciones

«Compararnos con otros, daña nuestra felicidad y autoestima. Por el contrario, tomar en cuenta nuestros logros personales nos lleva a una mayor satisfacción

Uno de los motivos más grandes de la infelicidad son las comparaciones. Vivimos evaluando a los demás y luego medimos esas observaciones contra nosotros mismos. Esto resulta en celos, envidia, avaricia y sentimientos de inferioridad o, peor aun, de superioridad.

Si sólo nos enfocamos en nuestros logros y vivimos contentos con lo que tenemos, daremos un paso más hacia la felicidad.

4. Dar la importancia correcta al dinero

«Entre más buscamos la satisfacción a los bienes materiales, menos la encontramos. Las personas que ponen el dinero hasta arriba de su lista de prioridades, tienen más riesgo de sufrir depresión, ansiedad y baja autoestima»; dice el investigador Richard Ryan.

El dinero es un bien muy importante. No podemos estar sin él porque necesitamos comer, vestir y un techo bajo el cual dormir. El problema es que nuestra cultura se nos enseña a pasar por encima de quien sea para conseguirlo y mantenerlo.

¿Cuántas personas mega avaras conoces? ¿Son en verdad felices?

Lo que el budismo nos enseña es a darle la importancia correcta y tenerlo sin apegos, usándolo para ser generosos con los demás.

5. Tener metas significativas

El profesor de Harvard Tal Ben-Shahar dice que «la felicidad reside en la intersección entre el placer y el significado.»

Todos buscamos ser felices en la vida. Sin embargo el concepto de felicidad está diluido porque para nuestra sociedad la felicidad es igual a dinero y bienes.  Entonces una gran parte de las personas trazan como meta de vida tener más cosas para sentirse seguros y plenos.

¿Pero y si la felicidad no es lo que en verdad creemos? ¿Porqué las personas que dedican su vida a ayudar a los demás son más felices?

Tener metas con profundidad emocional y espiritual es mucho más valioso que millones en inversiones.

Por supuesto, encontrar el punto medio entre metas materiales y emocionales es lo mejor.

Puedes leer la segunda parte aquí.

Este post está basado en 10 things science (and Buddhism) says will make you happy, publicado en www.wildmind.org
Flojito y cooperando [Dharma cotidiano]

Flojito y cooperando [Dharma cotidiano]

 

La clásica frase mexicana flojito y cooperando la hemos escuchado muchas veces en un contexto de humor.

Implica no oponer resistencia (flojo = mal atado, sin fuerza) y aceptar lo que venga sin cuestionar. Con regularidad se aplica para cuando, en una charla coloquial, relatamos que no existe más opción más que encarar la realidad.

A pesar de que hay un sinnúmero de chistes y bromas al respecto, flojito y cooperando es todo un estatuto de sabiduría que tiene que ver mucho con el dharma y con dukkha (sufrimiento); aunque usted no lo crea.

Y es que el Buda, dentro de las Cuatro Nobles Verdades vio que el sufrimiento tiene un origen. En muy pocas palabras: sufrimos por nuestros apegos y por nuestras aversiones.

Hemos hablado mucho sobre apegos, así que hoy nos enfocaremos a las aversiones, que son otro matiz de los apegos.

Aversión es la resistencia a la insatisfactoriedad de la vida. 

Es decir que si algo no nos gusta, no cumple nuestras expectativas, no nos hace felices o no sabe bien; lo repudiamos.

Odiamos que nos dejen plantados, al jefe, el dolor y la enfermedad, la visita al médico, los trámites burocráticos, las reuniones familiares, cierta comida, X tipo de música… y sufrimos por ello.

El sentimiento de incomodidad y desesperación vienen porque simplemente no podemos aceptar la realidad, llenándonos de ira y de ganas de salir huyendo.

Pero como no podemos, sufrimos.

Esta condición de repudio a la  naturaleza de las cosas nos lleva a no pensar con la cabeza, a actuar como bebés berrinchudos  y a hacer drama gratuito.

¿Qué no sería más fácil entender la realidad como es y simplemente flotar sobre ella?

Cando aceptamos las cosas como son, la vida es mucho más fácil. Incluso las situaciones más fuertes de enfermedad y muerte de algún ser querido.

Una de las cosas que más me gusta del dharma es su crudeza. Por ejemplo: si tienes cáncer, el budismo no te consiente ni te llena de eufemismos. El budismo te dice: sí, tienes cáncer y vas a morir. Esa es la realidad. Ahora, ¿qué vas a hacer para no pasarla mal y aprovechar al máximo tu vida?

Aceptación no significa que debemos ser conformistas. Todo lo contrario. Debemos seguir con nuestros objetivos y con nuestra vida, pero fluyendo con la dificultad. Incluso usándola en nuestro beneficio.

He visto muchas personas sufrir por que llueve o porque hay tráfico en la ciudad. En ambos casos no podemos hacer nada para cambiar esas realidades, pero sí podemos hacer mucho para aprovecharlas.

Me pongo como ejemplo. Cuando tenía auto pasaba a veces hasta 6 horas al día en el tráfico. Desesperante para cualquiera, ¿no? Al principio lo sufrí mucho, pero decidí convertir esas 6 horas en una experiencia didáctica y aprendí mandarín básico vía podcasts.

La experiencia era tan buena que a veces no me gustaba llegar a mi destino, ¡sólo por no dejar una lección a medias!

Me puse flojito y cooperé con el tráfico. Acepté que el tráfico en la ciudad jamás mejorará, sino todo lo contrario. Esa era la realidad que me causaba sufrimiento. Si no había opción más que usar el auto para mi trabajo, mejor me adapté y usé ese tiempo de forma productiva.

Cuando ya no tuve auto, convertí las horas de transporte público en horas de lectura.

Aceptar la realidad como es cuesta trabajo. Nos educan a obtener lo que queremos justo en el momento que lo pedimos y no tenemos la paciencia ni la sabiduría para simplemente dejar pasar las cosas y fluir con ellas.

Cuando vemos las cosas como son, podemos pensar con claridad y de forma desapegada.

Mucho del sufrimiento que tenemos no sólo es por aversión, sino por falta de creatividad.

¿Cuál es tu motivo de sufrimiento? ¿Es posible ser creativo para darle vuelta a los problemas? ¡Dilo en los comentarios!