por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | May 19, 2011 | Budismo, Vida

Un monje budista y su alumno caminaban por un apacible parque. La tarde era tibia y era el escenario perfecto para un agradable paseo por debajo de los árboles.
Al llegar a un estanque el maestro se detuvo y pidió sentarse a descansar.
Luego de un rato de mirar hacia el agua y el pez que vivía en ese estanque, el anciano preguntó:
-Dime, ¿cuántos estanques ves?
El aprendiz miró con extrañeza al monje, quien no separaba la vista del agua.
-Sólo hay un estanque, Maestro.
-Vuelve a mirar. Toma tu tiempo y dime cuántos estanques hay.
El muchacho regresó la vista hacia el pequeño lago y por varios minutos analizó la escena.
-Maestro, debo estar haciendo algo mal. Sólo veo un estanque.- Afirmó.
-Hay cuatro estanques.- Respondió el viejo, sin retirar la vista del pez.
Contrariado, el aprendiz miró una y otra vez buscando los que no alcanzaba a percibir. Al poco rato comenzó a pensar que quizá el monje ya estaba tan anciano que estaría alucinando.
-Pero Maestro, sólo hay un estanque. No puedo encontrar los otros tres.
-Son cuatro. El que yo veo, que es un lugar apacible y fresco para descansar. El que tú ves, que es un lugar aburrido y sin emoción. Y el que ve el pez, que significa la vida.
El monje se levantó y comenzó a caminar de nuevo.
Pensando y haciendo cuentas, el joven notó que el Maestro sólo había mencionado 3 estanques. Este hombre es tan viejo que seguro se olvidó de contar el último, dijo para sí mismo.
-Maestro, y ¿cuál es el cuarto estanque?.-Gritó.
-El cuarto es el estanque como realmente es.- Dijo el hombre y se alejó caminando.
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Nota chocobudista: Ver la vida con los ojos del prejuicio y el apego a nuestras ideas más arraigadas, hace que el mundo se convierta en un lugar duro de comprender.
Estar abiertos a nuevas ideas, expresiones y simplemente ver las cosas como son, nos hacen personas mucho más completas y pacíficas. Esto es debido a que podemos entender a los demás y al universo mismo.
Acepta a la vida, las cosas y las personas como son y mil toneladas se quitarán de encima de ti.
¿Tienes alguna experiencia como la del joven monje, alguna situación que de golpe te haya abierto los ojos a la realidad? ¡Compártelo en los comentarios, que para eso están!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | May 17, 2011 | Vida

Existen un sin fin de tomos, libros, compendios, pergaminos y documentos que hablan sobre la Atención Consciente y los beneficios innegables para quien la practica.
Por supuesto hay muchos textos budistas al respecto, ya que es uno de los fundamentos de esta filosofía. Y casi todos ellos te dicen que para ser feliz hay que meditar para cultivarla.
En efecto, he encontrado que estar atento trae muchos beneficios porque la vida se disfruta más si nos concentramos en el momento presente, sin mirar hacia atrás y sin angustiarnos por el futuro.
Pero hay un beneficio más y que es magnífico para el estilo de vida urbano:
Estar atento te ahorra dinero.
Lector Juanito McTroll: Ahora sí te volviste loco, Chocobuda. ¿Cómo es que poner atención me va a hacer que gaste menos? ¡Eso no lo dice ningún libro de economía!
No, no me volví loco. Es simplemente una afirmación que viene de años de observar mi propia vida y la de quienes me rodean.
Trata de hacer memoria. La última vez que te cortaste con un cuchillo en la cocina, ¿en qué estabas pensando? ¿Estaba tu mente donde debía estar o flotando en el éter?
Aquella ocasión en la que tuviste ese accidente en auto, ¿estabas poniendo atención al camino o a la música?
Cuando dijiste esas palabras con las que heriste a esa persona importante, ¿hiciste una pausa para pensar antes de permitir que tu trasero se expresara por ti? ¿Te dejaste llevar por la furia/desilusión?
Claro que estos son sólo unos pocos ejemplos que le pueden suceder a cualquiera, pero ¿qué pasa cuando tienes un trabajo especializado y no pones atención?
El médico puede matar a alguien, el ingeniero puede hacer que una estructura colapse, el contador puede perder la pista de recursos de la empresa, el cocinero puede dar comida en mal estado.
En un recuento personal puedo decir que mi falta de atención en el pasado ha salido muy cara. Los diseñadores gráficos vivimos cuidando el detalle. Si no lo hacemos, nuestros productos se van a la imprenta con errores que son cuantificados en dinero. Y mi falta de atención ha causado pérdidas de miles de pesos.
Cuando practicas la Atención Consciente el mundo se convierte en un mejor lugar porque disfrutas lo que vives en el momento.
Al poner cuerpo y alma en el presente, de inmediato se erradican los errores por falta de atención. Esto se traduce una de las actividades minimalistas por excelencia: el ahorro de dinero.
Si estás atento ya no perderás cosas, reducirás fuertemente tus probabilidades de accidentes, sabrás dónde está cada centavo que tengas e incluso, gastarás menos en entretenimiento porque poco a poco necesitarás menos cosas (suena loco, pero es real).
En el siguiente artículo de esta serie veremos cómo practicar la Atención Consciente con 10 sencillas acciones.
Mientras tanto, ¿porqué no compartes tu experiencia cuando tu mente no está donde debería? Para eso están los comentarios acá abajo.
También te recomiendo que asistas al Taller para tu Atención Consciente que Sensitiva y Chocobuda impartiremos el 29 de mayo de 2011. ¡Todo México D.F. y área metropolitanta están invitados!

por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | May 4, 2011 | Vida

Siempre que puedo hacer un post con título referencia al mundo del rock, soy muy feliz. Esta vez tomo prestado el nombre del Apetite For Destruction, de Guns and Roses, para comentar lo que NO extraño de la vida oficinal; que es el apetito por la auto destrucción que todos parecen ostentar.
Pero primero un poco de contexto.
Hace unas semanas, caminando por la calle, vi a un hombre vestido de traje y que iba a paso apresurado; hablando por teléfono, con la boca llena y en la otra mano unas galletas y una Coca-Cola.
De pronto, así como en las películas, tuve una regresión a mis días en el mundo corporativo, en donde yo también participaba del deporte oficial: sacrificarse por la empresa.
Viéndome hacia el pasado y mirando a este hombre, me di cuenta de todo lo mal que podemos llegar a estar cuando nos entregamos sin cuestionar a la vida en cualquier oficina. Comentarios como No manches, no he tenido tiempo de comer, Me quedé ayer hasta la 1 am y Mi jefe quiere que venga el domingo a las 6 am para avanzar en el Reporte TPS*, son usados casi todo el tiempo y parecería que los oficinistas están en competencia por ver quién es el mayor mártir de todos.
Y de verdad lo entiendo. Entiendo que todos queremos conservar el empleo y ciertas concesiones se deben hacer a la empresa en aras de seguir recibiendo un sueldo, pero a veces llegamos demasiado lejos y no vemos una verdad muy grande:
A la empresa no le importas.
Por más feo que esto suene, es real. Las empresas son negocios para hacer dinero, esa es su naturaleza. Y pasarán encima de cualquier persona o institución para generar más dividendos.
Y si trabajas para el gobierno es todavía peor porque te enfrentas a despliegues de poder, berrinches, corrupción y horas y horas de juntas y trabajo inútil.
Seguro, existen empresas que realmente se preocupan por el empleado, pero son una minoría y no están en países de habla hispana.
No, no estoy diciendo que debamos hacer una revolución comunista o que renunciemos en masa. Es sólo la verdad en la que está fundada nuestra civilización.
Pero está en nuestras manos cuidarnos y procurarnos una buena calidad de vida, aun cuando vayas en contra del sistema oficinal.
Acaba con el apetito por la auto destrucción con estos consejos.
1. Nada urge
No importa cuánta presión pongan encima de ti, nada urge.
En casi 20 años de vida oficinal llegué a la conclusión de que el trabajo urgente tiene una de dos naturalezas: es un despliegue de poder de tu jefe, o es producto de una muy pobre planeación.
Sin duda hay trabajo que tiene un límite de tiempo, pero si te enganchas en la urgencia de terminar, estarás desconcentrado y tu margen de error será grande.
Cuando surja un trabajo de emergencia, mantén la calma y trabaja lo mejor que puedas. Si no llegas al deadline, no fue tu culpa, sino de quien administra la carga de trabajo.
2. Come y come bien
A nadie le importa que pases más de 40 horas sin comer y no te van a canonizar por ello. Nunca dejes de comer a la hora establecida.
La hora de la comida tiene dos motivos: hacer una pausa para sacarte de la oficina para que respires un poco, y alimentarte.
Si no te alimentas no rendirás en el trabajo. Es así de simple.
Y claro, también procura comer bien. Los tacos, quesadillas y comida callejera es rápida, pero a la larga sólo te perjudicas.
3. Apaga las distracciones
Sé que parezco disco rayado, pero el celular, Twitter, Facebook y Messenger son divertidos, pero quitan mucho el tiempo e impactan la calidad de tu trabajo.
Apágalos.
4. Sal a tu hora
Necesitamos romper con la tonta concepción de quien se va tarde es más productivo. Eres productivo si te concentras en tu labor y tienes todo a tiempo.
5. Vive
Pasar hasta 12 horas en la oficina podría ser el nuevo estilo de vida. Sin embargo es tan dañino como fumar.
Busca una actividad que puedas realizar al salir del trabajo que te desconecte por completo de la vida oficinal. Puedes leer, estudiar algún idioma, practicar música o un arte marcial, ir al gimnasio, hornear pasteles y galletas… lo que sea tu pasión.
Revisa en tu interior qué es lo que más te gusta en la vida y haz lo posible por cumplirlo.
No seas un clon corporativo más. Que el trabajo sea una herramienta para una vida plena, no un grillete que devore tu alma.
¿Amas tu empresa y dejar la vida ahí? ¡Demuéstrame que estoy mal en los comentarios!
—
* 10,000 Chocopuntos al que me diga la referencia.
Foto: http://www.flickr.com/photos/leiferikson01/3258843143/
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Abr 28, 2011 | General, Meditación, Vida

El día de hoy no habrá filosofía ni minimalismo. Hoy sólo tengo sentido común y quiero dejar algo muy en claro, a pesar de que siempre que hablo de la meditación, lo menciono.
La meditación no es magia.
No es un reemplazo para la medicina basada en evidencia científica. Y no es un sustituto para atención psicológica o psiquiátrica.
Si estás enfermo, tienes dolor o síntomas que te hacen sentir mal, VE AL MÉDICO.
Si llevas años con depresión, enojo o angustia, VE AL PSICÓLOGO.
Esto viene porque ayer vía Twitter sucedió este intercambio:
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@lectorX: ¿Los dolores físicos también se pueden ir con la meditación? ¿Tienes algún consejo? ÚRGEME MUY EN SERIO
@chocobuda: Ve al médico.
@lectorX: Los Doctores me dan mas miedo que «El Coco» y los impuestos juntos
@chocobuda: No importa. Ve al médico. La meditación no es magia.Ve al médico. Ve al médico. Ve al médico. ¿Mencioné que tienes que ir al médico?
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Es una pena que todos los sistemas de sanación pseudocientífica que están ahí afuera implanten la idea de que la mente es más poderosa que las enfermedades y que una sesión de meditación sea más poderosa que el dictamen de alguien que ha pasado al menos 10 años estudiando medicina científica.
Y es que es así de simple. Si algo duele, si hay algún síntoma que no habías sentido y que necesita atención, acude con un profesional para que te de un diagnóstico y tratamiento.
La medicina natural, la sanación, la homeopatía, las auras, acupuntura, chakras, herbolaria, visualizaciones angelicales, flores de Bach, cuarzos y cristales, estampitas de San Plátano; todas estas disciplinas son un hobby que nos hace creer que las ideas fantásticas nos van a curar.
Pero el mundo aun tiene que ver que unos imanes en la oreja o un té curen una infección de muela, mal Gaucher, la diabetes o el cáncer.
La foto que presento abajo está tomada cerca de mi casa. Es un consultorio donde dan tratamientos basados en fe. No me quiero ni imaginar cuántas víctimas han habido con semejantes médicos y tratamientos.

Y aquí va una historia de personas cercanas a mi. Había una vez un bebé que estaba enfermo. Su madre desesperada, salió a mitad de la noche a buscar ayuda con una vecina. En un momento de inteligencia, la vecina le dijo que no llevaran al bebé al hospital, sino que con otra vecina que se dedicaba a la herbolaria.
La vecina hierbera le dio al pequeño un té de una mezcla mágica y dijo que estaría bien a la mañana siguiente.
El bebé murió unas horas después y la madre terminó en prisión por homicidio negligente.
Claro que la herbolaria no tiene nada que ver con la meditación, pero lo que sí puedo asegurar es que la ignorancia y la pseduociencia matan.
Creo que con esto hago muy claro mi punto: la meditación no es medicina y tampoco es un remedio mágico.
La meditación es un proceso mental por el cual estamos conscientes de nuestra existencia, nuestro cuerpo y ganamos tranquilidad para una mejor toma de decisiones. Con ella estamos en calma y con menos tensión, lo cual ayuda a una buena salud.
Y ya que estamos en esto:
Con la meditación no se puede entrar en contacto con dioses, hadas, ángeles, duendes, chaneques y de más criaturas imaginarias. No sirve para mirar a vidas pasadas.
Supongo que me va a llover basura por todos los fans de la medicina holística, así que para eso están los comentarios acá abajo. Pásele a lo barrido.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Abr 26, 2011 | Budismo

El desarrollo de la compasión es una actividad que se ha dejado de lado en muchos lugares de la cultura hispanoamericana.
Seguro, se nos dice que debemos sentir lástima por los que no tienen alimento en su mesa o por quienes sufren, pero no se nos enseña a tomar acciones para ayudar o mitigar el hambre. Y peor aun es que cuando ayudamos, lo hacemos con la mentalidad de «te ayudo a ti con la esperanza de nunca estar en tus zapatos»; es decir, prestamos ayuda pro-bono, esperando recibir algo a cambio… aunque sea en la próxima vida.
Otro aspecto a notar es que desde pequeños vemos por todos lados que la venganza es una postura aceptada socialmente y necesitamos hacer lo que sea para ajustar cuentas, para hundir a quien nos hizo algo o simplemente por placer de destrucción.
Todo esto viene porque en los últimos días he visto y reflexionado sobre los millones de dólares que gastamos en educación. Los padres ponen a sus hijos en los mejores colegios, cursos, actividades extraescolares y parecería concurso por ver quién gasta en el mejor colegio de la ciudad.
Y lo que me hace pensar es la idea de que toda la educación y sabiduría del universo no sirven de nada si no hay compasión en nuestros corazones.
Sé que se escucha como telenovela de Telemundo, pero es real. Toda la sabuduría y cultura que pueda tener una persona no son útiles si no nos hacen más inteligentes a la hora de ver el mundo y de relacionarnos con los demás.
¿De qué me sirve tener toda la Enciclopedia Británica en mi cerebro, si no soy capaz de dejar de discriminar a los que no son iguales a mi? ¿De qué me sirve haber viajado si no soporto a las personas que no comparten mi religión?
La capacidad de abrir el corazón para aceptar las demás culturas e idiosincrasias, sin importar nuestro marco de referencia y cultura, se llama compasión.
Esto es porque la compasión no se limita a sentir lástima, sino a tomar acción. Y por pequeña que sea la actividad, cooperamos para un mejor mundo.
El budismo comprende el equilibrio que debe haber entre sabiduría y compasión. En la antigüedad y a lo largo de Asia, los pueblos representaron a la compasión con la cara de la boddhisatva, Guanyin.
Habiendo sido una mujer normal estudiante del budismo en la antigua China, Guanyin, Avalokiteshvara (en India), Kannon (en Japón); dejó toda una escuela del budismo enfocada a la compasión. Con el paso de los siglos la gente comenzó a recordarla y verla como la cara de la compasión universal.
Con frecuencia se le representa como una figura de mil brazos y manos, que significan tus manos y las mías. Es decir, que la compasión es responsabilidad de todos.
Acumular conocimiento y experiencia es sin duda agradable, pero es mucho más agradable cuando pones tu sabiduría al servicio de los demás y de forma desinteresada.
Si únicamente te dedicas a aprender y a acumular sin compartir, te conviertes en una persona arrogante y que no es de utilidad a la humanidad, por más genio que seas.
Abre tu corazón a las necesidades de los demás. Comparte lo que sabes.