Ordenación

Ordenación

Luego de algunos años de preparación, de muchas dolorosas caídas, aprendizaje, sueños olvidados, enfrentamientos con mi ego y algunos litros de café; el domingo 9 de junio recibí la ordenación como monje Soto Zen junto con otros dos compañeros.

Mi maestro tuvo a bien confiar en mí lo suficiente como para dejarme usar la kasaya (ropas del Buda) y el koromo, para afeitar mi cabeza y comenzar a caminar el largo camino del dharma y el servicio a todos los seres vivos.

La ceremonia fue sencilla, y llena de palabras sabias y amorosas por parte mi maestro.

Afirmé de nueva cuenta mis votos de bodhisattva, pero esta vez agregué nuevos que sólo atañen a los monjes ordenados.

Juré respeto absoluto para la Triple Joya: Buda, Dharma y Sangha.

Debo proteger la vida y la paz, ayudar y ser guía a quienes lo pidan… al mismo tiempo que debo cuidar mi cuerpo para ser de utilidad el mayor tiempo posible en esta vida. Como un Jedi Knight de la vida real (lo siento, no te ibas a ir sin una referencia geek).

Recibí el nombre de Hondou Kyonin, «El que corre por el Camino, cooperando y con paciencia».

Aunque suene a un logro inmenso, la ordenación de un nuevo monje Zen dista mucho de ser un privilegio. En realidad quiere decir que de forma voluntaria, estoy aceptando ser la plataforma que usarán los demás para salir adelante y crecer.

No soy una autoridad. Nada en especial. No soy un experto y puedo estar 100% equivocado en todo lo que digo y escribo.

Soy el eslabón más elemental de la cadena de la vida. Ese es mi propósito.

Gracias por leer. Si tienes preguntas, para eso están los comentarios 🙂

Síndrome del Superhéroe

Crecí leyendo cómics. De hecho, aprendí a leer con las aventuras de los Fantastic Four y de Spiderman (sí, me gusta Marvel). Aprendí otro idioma apoyado en los X-Men y Avengers.

La filosofía de los caballeros Jedi me llevó a investigar sobre budismo, hace casi 25 años.

He sido un ñoñales (geek, friki) desde pequeño y este acercamiento con los héroes ficticios sembró en mí una visión de la justicia y de la ayuda, muy extrañas. Y siempre ha sido un problema.

El dolor de los demás, la injusticia, la desigualdad y la maldad en general, son poderes muy oscuros contra los que me gustaría luchar de tiempo completo.

Quiero salvar a todo el mundo.

Cuando era joven lo intenté, sabiendo que los super poderes no existen, y me encontré con mi propio sufrimiento. Me topé con la realidad de que la gente no quiere ser salvada, a menos que lo pidan expresamente.

Por más que se quiera, no se puede ir por el mundo forzando a la gente y ayudarla contra su voluntad.

A lo más que se puede llegar es a dar información en forma de charla o mensajes de texto. Si la persona decide que necesita ayuda, entonces se le brinda.

Al final, aunque no lo reconozcamos, todos somos responsables directos de nuestro destino.

Está en nosotros saber pedir ayuda cuando es necesario.

Y ahí es cuando nuestra misión puede ser completada.

Hablando específicamente de budismo, este es uno de los dilemas clásicos del bodhisattva. ¿Cómo ayudar a todos los seres vivos? Nadie tiene ni todos los recursos, ni todo el tiempo.

Cada uno de nosotros debe hacer un compromiso personal de estar siempre listo a dar la mano a alguien, cuando lo necesite.

Y esa es la base de un mundo mejor y el fin del Síndrome del Superhéroe.

Enso

Enso

enso

El Enso es uno de los símbolos más reconocidos de la cultura japonesa y del zen.

Es la representación artística del vacío, de la nada. Pero a la vez representa el mundo en el que vivimos, donde hay superficie, pero no contiene nada en particular.

Es la inmensidad del océano, el espacio inexplorado de la mente, el incesante flujo de las estaciones del año, el compás repetitivo de una canción, la flor en primavera y la llegada de los atardeceres dorados del otoño.

Para algunos estudiosos contemporáneos simboliza la espontaneidad de la vida, pero si nos vamos mucho más atrás en la historia, encontraremos que más bien se trazaba para entender el eterno ciclo de la vida; la importancia de la repetición; y el valor de la disciplina y la rutina.

El Enso es una expresión mínima del arte japonés. Es tan sólo una torcedura de muñeca la que plasma un círculo imperfecto con un pincel y tinta negra, sobre papel blanco.

A veces el dibujo se cierra. Otras veces lo encontramos abierto.

Nada más que eso. No pretende ser un cuadro ni una obra para museo.

El Enso es lo que es.

Justo como tú y como yo.

Imperfectos, vacíos, pero a la vez somos completos y únicos.

¿Puedes ver el reflejo de tu vida en el Enso?

 

 

Las etiquetas envenenadas

Naco.

Esta es quizá una de las palabras que menos me gustan. Es inhumana, denigrante y expresa la ignorancia de quien la usa.

En México, el término naco se utiliza como insulto para etiquetar a alguien que se le considera como persona de segunda clase. Expresa los muy lamentables problemas de racismo y sistema de castas que pudren a mi país desde adentro.

Es una marca que se le adjudica a alguien que no cumple con expectativas, que no tuvo las mismas oportunidades, que no pertenece al grupo.

Es un concepto que en lo profundo, se encarga de dividirnos y de demonizar las diferencias entre las personas.

Pero es tan sólo una etiqueta más porque las utilizamos todo el tiempo. Y no es que sea malo, ya que necesitamos etiquetar el universo que nos rodea para poder relacionarnos con él.

Gracias a las etiquetas podemos distinguir el calor del frío, la oscuridad de la luz, lo agradable de lo incómodo. Son un apoyo maravilloso para aprender y crecer.

Pero también es muy fácil agregarles veneno para estamparlas en quien es diferente a nosotros y así poder odiar con más comodidad.

Cuando alguien no pertenece a mi nivel, grupo social o religión, entonces se convierte en un objeto dispuesto a ser atacado. Esa es la raíz del racismo, clasismo y todos los crímenes de odio que han acompañado a la humanidad a lo largo de la historia.

Y considero imperativo aprender a no etiquetar a la gente. O al menos no de maneras que promuevan las diferencias.

No, no es tan difíl de lograr. Sólo basta con estar atentos a lo que decimos y pensar si nos gustaría estar en los zapatos de la persona que llamamos naco. Estoy seguro de que no.

Todo esto lo escribo porque uno de los beneficios inesperados que trae la práctica dedicada de zazen (meditación), es que las etiquetas comienzan a desvanecerse poco a poco. Es como si la mente comenzara a derribar las murallas que separan al Yo del resto del universo.

Al final, derribar murallas es lo que necesitamos para avanzar.

El monstruo más horrible

El monstruo más horrible

Los humanos buscamos el camino de menos resistencia para hacer las cosas.

Odiamos el esfuerzo en cualquiera de sus etapas y presentaciones. Admiramos a quien puede dormir hasta mediodía a y se desvela toda la noche. Soñamos con ganar algún premio que nos inunde de caudales de dinero sin trabajar. Buscamos la píldora mágica para bajar de peso o que nos cure de nuestras adicciones.

Pero al mismo tiempo vemos con envidia a quien logra metas, a quien empuja los límites siempre un poco más, a quien destaca, a quien se comporta mejor en reuniones.

Lo primero que viene a la mente es algo como «yo podría lograrlo también, pero no tengo tiempo».

Nos justificamos diciendo que ya es demasiado tarde, que no hay el dinero, que nací en el país equivocado, que Dios no me llamó por ese camino.

Esta nefasta filosofía se transmite de padres a hijos y ha estado envenenándonos por generaciones.

Sabemos que el monstruo más horrible está ahí.

Y le tememos. Huimos de él porque sabemos que no podemos enfrentarlo. No soportamos la idea de caer en sus garras porque quedarse inmóvil es mejor.

Nos llenamos la cabeza con ideas de que la rutina es mala.

La disciplina es el dragón más grande a vencer.

Es la que nos hace aprender a tocar un instrumento musical, a comer mejor, a hacer ejercicio, a tener mejores modales, a leer, a meditar, a ser mejores.

La disciplina es el general que te hará levantar temprano a ver el amanecer con tu frente perlada en sudor.

Es la explosión nuclear que destruye el «no puedo» y lo evapora, para dar paso a «hoy logré un poco más».

Es el poder de la rutina y de los rituales cotidianos. Es la inversión del tiempo que capitaliza en la repetición.

Para el budismo zen, la disciplina y la repetición son la base del estudio y el conocimiento; pero al mismo tiempo es la base para llegar mejor a ningún lado, por paradójico que suene.

¿Porqué ahora es políticamente incorrecto exigirle a los jóvenes? ¿Porqué está mal visto?

Muchos de los problemas que tenemos como sociedad, como el bullying  o la obesidad, podrían ser evitados con disciplina.

Si sabemos que ésta nos permitirá recoger frutos asombrosos, ¿porqué la rehusamos?

 

Cuidado con el McBudismo

Cuidado con el McBudismo

Quizá una de las aberraciones más grandes de la alimentación humana es la comida de McDonald’s. Es poco nutritiva, llena de productos químicos dignos de película de terror, con cantidades industriales de sal, grasa y azúcar; y sólo engorda.

Pero seguimos comiéndola porque penetra nuestro subconsciente con campañas publicitarias de millones, es rápida, sabe igual en todas partes y el precio es cómodo. En una palabra, es conveniente.

Esta conveniencia es la palabra que define nuestra cultura de consumo. Más por tu dinero, más grande, más rápido, recompensa inmediata;  aunque de por medio vaya la salud.

Podemos encontrar este fenómeno en todas partes donde haya seres humanos. En el cine, en los bancos, en los hospitales, compañías de cable… y por desgracia la conveniencia también se aplica al budismo.

El McBudismo es toda aquella aproximación a la filosofía budista que clame una recompensa inmediata por la cifra adecuada de dinero. Esto puede ser dormir mejor, menos estrés, estar en contacto con seres supremos, ver vidas pasadas, arreglar karma, y porqué no: la iluminación.

Justo como la comida rápida, el budismo express existe para todas las personas que deciden comprar el boleto hacia el camino fácil. Ellos no tienen tiempo de sentarse a meditar o leer libros. Quieren tener una experiencia de media hora o de fin de semana para sentirse cerca de lo místico, porque eso es lo que está de moda.

Y claro, los clientes del McBudismo no podrían existir sin los vendedores.

Basta con abrir el periódico o hacer una búsqueda rápida en la Red. Existen centros holísticos con sesiones de meditación de 30 minutos, spas que prometen alineación y balanceo de chakras, terapias de cristales. También he visto centros donde enseñan una mezcla de budismo con chamanismo y que alivian el alma en varias sesiones.

Luego están los libros, por supuesto. Aquí podemos encontrar cientos de títulos que combinan jerga pseudo científica y pregonan que la mecánica cuántica salvará muchas almas. Y más basura del estilo.

Para las personas que buscan conveniencia, el McBudismo es una salida adecuada. Obtienen justo por lo que pagan: una aproximación fría y vacía hacia una de las filosofías más hermosas de la humanidad.

Habiendo dicho todo eso,  no creo que el McBudismo sea tan malo como un primer contacto con el dharma. Podría plantar la semilla del conocimiento, que una persona con suficiente curiosidad sabrá cultivar.

El truco está en saber ver con ojos críticos.