Mi gran amigo y hermano de dharma, Kid Buda, está organizando el taller en línea de meditación: El Tao de Meditar.
Yo he tenido el honor de hacer zazen a su lado y la experiencia ha sido magnífica. Si quieres aprender a meditar, no tienes tiempo para desplazarte en la ciudad, esto es lo que esperabas.
En atención a tod@s los que no puedieron tomar el taller presencial por cuestiones de horario o residencia aquí esta la versión digital.
La meditación es una de las prácticas más mal entendidas en occidente y termina en la mayoría de los casos asociandose con posturas extrañas, mantras, cantos y asuntos esotéricos.
Seguramente habrá a quién todo eso le funcione, pero eso no es meditar. Meditar en su esencia pura, es trabajar con nuestra mente, para aprender tranqulizarla ( no ponerla en blanco) y enfocarla en lo que nosotros queramos aunque sea por un minuto.
El motivo principal de la creación del budismo es la enseñanza de las Cuatro Nobles Verdades, que son la base para comprender cómo funciona la vida y terminar el sufrimiento o dukkha, en pali.
No importa cuánto nos escondamos de él y cuánto intentemos enmascararlo, el sufrimiento es parte de la vida y estamos muy acostumbrados a luchar en contra y a generar tal resistencia que, irremediablemente, terminamos sufriendo más.
Crecemos con la creencia de que la vida tiene que ser perfecta todo el tiempo. Nos educan para alcanzar el cáliz sagrado y vivir felices por el resto de nuestros días, evitando y ocultando el hecho de que no todo en la existencia es satisfactorio y nos llena plenamente.
Dicen los cuentos infantiles «y vivieron felices por siempre…»
Así como hay alegría, felicidad y risa; también existen la tristeza, las lágrimas y el dolor.
Por supuesto, las causas para el sufrimiento son muchas y las podríamos atribuir a factores externos como la economía, enfermedad, otras personas y hasta al clima.
Pero si quitamos esta capa de argumentos, nos queda un factor muy importante y que nunca aceptamos de buena manera: sufrimos por egoístas.
Pensamos que el cosmos tiene que funcionar como queremos, como resulta en nuestras fantasías. Deseamos que la gente cambie a nuestra conveniencia, nos manifestamos en contra de lo que no nos satisface. Huimos de la realidad que nos desagrada. Repudiamos lo que no nos adula.
Nos resistimos al cambio y al hecho de que la gente piensa de manera distinta. Nos sentimos ofendidos por las distintas preferencias, ideologías, culturas, grupos étnicos y colores de piel.
También decimos frases como:
¿Porqué me pasa esto a mi…?
¡No me puedes hacer esto!
Tengo mucho frío.
Yo no merezco esto.
En nuestra pequeña mente estamos seguros de que el universo gira en torno a nosotros. Yo, yo y más yo. Entonces cuando las cosas no salen como creíamos que saldrían, sufrimos.
Nuestros apegos y aversiones nos llevan a sufrir más. Y entre más resistencia generemos, más sufrimiento llega.
Pero Chocobuda, qué pasa con los pacientes de alguna enfermedad. Ellos sufren y no es su culpa estar en esa situación. ¡Ah! Y a mi prima Clodomira su esposo la engañó.
La vida también incluye accidentes, traiciones, enfermedades, envejecimiento y un sinnúmero de factores que no podemos controlar. Todos ellos son dolorosos y pueden causar sufrimiento si lo permitimos, siempre y cuando comprendamos la diferencia entre uno y otro.
Dolor es la condición insatisfactoria por la que pasamos. Sufrimiento son todas las etiquetas y asociaciones personales que ponemos al dolor.
Un maestro muy querido dice que: Si te vuelves uno con el dolor, ¿entonces quién quedará para sentirlo?
En otras palabras, hay una diferencia muy grande entre decir duele, y ¿Cómo es posible que esté yo enfermo? ¡Tanto que me cuido! Estoy arruinado. ¿Ahora qué voy a hacer?…
Cuando simplemente aceptamos la nueva condición de la vida y fluimos con ella, el sufrimiento queda desactivado.
Con esto no digo que no debamos tomar medicina, dejar de buscar justicia o abandonar un problema. No, para nada es una actitud derrotista. Es sólo que la mente está mucho más clara para actuar cuando mantenemos al ego fuera de la ecuación.
Al final de cuentas, todos tenemos problemas y todos ellos se resuelven contigo o sin ti. Lo importante es no rendirse ante ellos y no navegar el sufrimiento en el barco llamado Yo.
Uno de los más grandes venenos de nuestras sociedades es el egoísmo.
Vamos por la vida coleccionando metas y objetos, atribuyendo todo a nosotros mismos. Pero se nos olvida que somos tan sólo una pequeña parte de un sistema muy complejo.
En esta mini serie de dos episodios sobre generosidad, exploramos brevemente el egoísmo y sus raíces
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En septiembre de 2011 comencé una parte muy intensa de mi entrenamiento zen (LINK) llamada Ango, misma que culminó en la ceremonia de Jukai, en la que recibí los Preceptos del boddhisatva. Estos son una serie de promesas que regirán mi vida, honrando todos los conceptos dejados por el Buda, Dogen Eiji (creador del Zen), Ueshiba Morihei O Sensei (creador del Aikido) y Nishio Shoji (fundador de mi Nishio Budo, mi escuela marcial).
¿Qué fueron estas promesas?
Vivir sin causar daño
Vivir saludablemente, ayudando y haciendo el bien
Vivir para la gente y todos los seres vivos
Vivir para empujar a la humanidad hacia adelante
Vivir para compartir lo poquito que sé
Ah, y entre otras cosas, mi Master me dio mi nombre de dharma, con base en sus observaciones hacia mi.
En otras palabras, me espera trabajo, trabajo y más trabajo.
¿Podré llevar al pie de la letra las promesas? Sólo el tiempo lo dirá. Pero sin duda me esforzaré todos los días para lograrlo un poquito.
¿Qué sigue? Practicar y vivir, lo cual es una tarea de tiempo completo.
Las cosas cambian, pero nada cambia… y aun así hay cambio. Gracias a todos por estar.
El camino del practicante de zen es siempre de aprendizaje y de introspección.
Cuando se sienta en zazen (a meditar), mira hacia adentro y deja que la mente proyecte los pensamientos que esta quiera. La tarea del practicante es sólo observar, sin juzgar ni comentar; y ver cómo estas imágenes e historias llegan y se van, como nubes flotando en el cielo azul.
Con el tiempo y la constancia, la mente se calma y la vorágine de pensamientos aun está ahí, pero su flujo es mucho más amable y lento; generando un espacio en blanco entre una imagen y otra.
Este vacío interno infinito sirve para entender que la vida de todos los seres está interconectada y que valores como compasión y generosidad son la medicina para los males que envenenan nuestras sociedades.
Así, cada mañana, el budista zen repite Las Cuatro Promesas. Tan sólo para tenerlas en claro:
Salvar a todos los seres conscientes, aunque sean incontables.
Acabar los autoengaños, aunque sean inagotables.
Percibir la realidad, aunque sea infinita.
Seguir el camino de la iluminación, aunque sea inalcanzable
Por las últimas 6 semanas he estado un poco alejado del blog y esto es debido a que he estado sumergido con el el grupo del taller de meditación que comenzamos hace poco.
La buena noticia es que ya terminamos… ¡y la mala noticia es que ya terminamos!
Y tengo que decir que esta ocasión la experiencia fue muy enriquecedora porque tuve compañeros de varios países, todos con puntos de vista y opiniones distintas, pero unidos por un sólo objetivo: aprender a meditar.
Algunos de ellos fueron muy amables y me enviaron algunos testimonios, mismos que comparto en este post.
En este taller, Morex me permitió, con su guía y sus conocimientos sobre las agitaciones y tribulaciones humanas, irme adentrando poco a poco a mis sentimientos, pensamientos y mi espíritu de manera pacífica, cuidadosa y gentil, como quien va caminando por un lugar oscuro, nunca antes explorado, a donde quizá ha dado miedo entrar y de donde se va conociendo poco a poco cada rincón, cada sensación, adecuándote al lugar, aprendiendo a no juzgarlo, solo aceptarlo y a encontrar ahí la paz. Hoy puedo decir que más que relajación, encontré en esta experiencia una guía para el conocimiento y aceptación personal que había necesitado hace ya mucho tiempo. Gracias Morex.
Atte. Miryam
Ha sido muy interesante este taller. Creía estar conciente de como pensaba y actuaba, pero gracias a esta experiencia, me dí cuenta que no lo estaba. Ahora si puedo decir que poco a poco estaré más conciente de todo, siempre y cuando siga meditando.
Sé que lo mejor es vivir en el AQUI y el AHORA…. pero solo hasta realmente lo empece a vivir y sentir, identifique cuando no estaba conciente del lugar y momento, cuando me dejaba llevar por mis pensamientos o sentimientos.
Gracias por tu ayuda en esta experiencia!!
Karina
Lo único que me resta es dar gracias a todos ustedes por la experiencia, por la oportunidad de seguir aprendiendo y por su práctica.
Sentarse y meditar es una de las mejores inversiones que se puede hacer con el tiempo. Y los resultados a veces pueden sorprender.
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi