Uno de los más grandes venenos de nuestras sociedades es el egoísmo.
Vamos por la vida coleccionando metas y objetos, atribuyendo todo a nosotros mismos. Pero se nos olvida que somos tan sólo una pequeña parte de un sistema muy complejo.
En esta mini serie de dos episodios sobre generosidad, exploramos brevemente el egoísmo y sus raíces
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En septiembre de 2011 comencé una parte muy intensa de mi entrenamiento zen (LINK) llamada Ango, misma que culminó en la ceremonia de Jukai, en la que recibí los Preceptos del boddhisatva. Estos son una serie de promesas que regirán mi vida, honrando todos los conceptos dejados por el Buda, Dogen Eiji (creador del Zen), Ueshiba Morihei O Sensei (creador del Aikido) y Nishio Shoji (fundador de mi Nishio Budo, mi escuela marcial).
¿Qué fueron estas promesas?
Vivir sin causar daño
Vivir saludablemente, ayudando y haciendo el bien
Vivir para la gente y todos los seres vivos
Vivir para empujar a la humanidad hacia adelante
Vivir para compartir lo poquito que sé
Ah, y entre otras cosas, mi Master me dio mi nombre de dharma, con base en sus observaciones hacia mi.
En otras palabras, me espera trabajo, trabajo y más trabajo.
¿Podré llevar al pie de la letra las promesas? Sólo el tiempo lo dirá. Pero sin duda me esforzaré todos los días para lograrlo un poquito.
¿Qué sigue? Practicar y vivir, lo cual es una tarea de tiempo completo.
Las cosas cambian, pero nada cambia… y aun así hay cambio. Gracias a todos por estar.
El camino del practicante de zen es siempre de aprendizaje y de introspección.
Cuando se sienta en zazen (a meditar), mira hacia adentro y deja que la mente proyecte los pensamientos que esta quiera. La tarea del practicante es sólo observar, sin juzgar ni comentar; y ver cómo estas imágenes e historias llegan y se van, como nubes flotando en el cielo azul.
Con el tiempo y la constancia, la mente se calma y la vorágine de pensamientos aun está ahí, pero su flujo es mucho más amable y lento; generando un espacio en blanco entre una imagen y otra.
Este vacío interno infinito sirve para entender que la vida de todos los seres está interconectada y que valores como compasión y generosidad son la medicina para los males que envenenan nuestras sociedades.
Así, cada mañana, el budista zen repite Las Cuatro Promesas. Tan sólo para tenerlas en claro:
Salvar a todos los seres conscientes, aunque sean incontables.
Acabar los autoengaños, aunque sean inagotables.
Percibir la realidad, aunque sea infinita.
Seguir el camino de la iluminación, aunque sea inalcanzable
Por las últimas 6 semanas he estado un poco alejado del blog y esto es debido a que he estado sumergido con el el grupo del taller de meditación que comenzamos hace poco.
La buena noticia es que ya terminamos… ¡y la mala noticia es que ya terminamos!
Y tengo que decir que esta ocasión la experiencia fue muy enriquecedora porque tuve compañeros de varios países, todos con puntos de vista y opiniones distintas, pero unidos por un sólo objetivo: aprender a meditar.
Algunos de ellos fueron muy amables y me enviaron algunos testimonios, mismos que comparto en este post.
En este taller, Morex me permitió, con su guía y sus conocimientos sobre las agitaciones y tribulaciones humanas, irme adentrando poco a poco a mis sentimientos, pensamientos y mi espíritu de manera pacífica, cuidadosa y gentil, como quien va caminando por un lugar oscuro, nunca antes explorado, a donde quizá ha dado miedo entrar y de donde se va conociendo poco a poco cada rincón, cada sensación, adecuándote al lugar, aprendiendo a no juzgarlo, solo aceptarlo y a encontrar ahí la paz. Hoy puedo decir que más que relajación, encontré en esta experiencia una guía para el conocimiento y aceptación personal que había necesitado hace ya mucho tiempo. Gracias Morex.
Atte. Miryam
Ha sido muy interesante este taller. Creía estar conciente de como pensaba y actuaba, pero gracias a esta experiencia, me dí cuenta que no lo estaba. Ahora si puedo decir que poco a poco estaré más conciente de todo, siempre y cuando siga meditando.
Sé que lo mejor es vivir en el AQUI y el AHORA…. pero solo hasta realmente lo empece a vivir y sentir, identifique cuando no estaba conciente del lugar y momento, cuando me dejaba llevar por mis pensamientos o sentimientos.
Gracias por tu ayuda en esta experiencia!!
Karina
Lo único que me resta es dar gracias a todos ustedes por la experiencia, por la oportunidad de seguir aprendiendo y por su práctica.
Sentarse y meditar es una de las mejores inversiones que se puede hacer con el tiempo. Y los resultados a veces pueden sorprender.
En la segunda entrega de la serie Introducción al Budismo revisamos de forma muy breve la historia del hombre detrás de las Cuatro Nobles Verdades y del Camino de en Medio, Siddhartha Gautama.
Este príncipe nepalés, quien vivía con todos los lujos de la vida noble, decidió dejarlo todo atrás para buscar la verdad detrás de la vida. Y lo que encontró cambió el destino de millones en el mundo.
Muchas gracias por escuchar y ¡no olvides dejar tus comentarios!
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Es que no fue mi culpa haber engañado a mi esposa. La culpa fue del maldito alcohol.
Al escuchar esta, la más pobre de las excusas, mis ojos se tornaron blancos, mi piel comenzó a cambiar de color hacia el verde, mis músculos crecieron rompiendo mi camisa y mi pantalón morado quedó ajustado. HULK SMASH!
¿Cómo es posible que una persona adulta, que sabe perfectamente lo que le conviene y lo que le hace daño, sea capaz de echar la culpa a un agente externo tan tonto como el alcohol?
Corríjanme si me equivoco, pero según mi pobre lógica, el alcohol no entra solo a un cuerpo, ¿o sí?
Luego de convertirme en Hulk por el enojo con mi amigo, me tranquilicé y me puse a pensar.
Buscar pretextos, excusas e historias para no aceptar nuestra responsabilidad en la vida, es de lo más común. Y es una pena porque a la larga los costos personales y sociales son altísimos.
La mente que evade responsabilidades es la mente capaz de mentir, de manipular, de odiar y de no respetar la vida.
Cuando no tomamos en serio las consecuencias de nuestros actos es muy fácil auto engañarnos y culpar de todo a entes supremos, el clima, la situación política y un sin número de factores que nos inventamos. Y es que para las excusas nuestra creatividad es ilimitada.
Al final quienes sufren por la evasión de responsabilidad somos nosotros mismos. Debilitamos nuestro carácter y nuestra entereza. Ponemos en riesgo nuestra credibilidad porque cuando se trata de un problema mayor, es mucho más fácil buscar culpables que soluciones.
Por supuesto no estoy diciendo que toda la evasión de responsabilidades sea terrorífica. Pero sería agradable que todos pusiéramos de nuestra parte para aceptar lo que nos toca.
Todas nuestras acciones, buenas o malas, tienen repercusiones. Es como tirar una piedra en un estanque y provocar ondas en el agua. No importa la fuerza con la que arrojemos la piedra, el agua siempre generará ondas que se expanden por todos lados.
Cuando somos generosos, amables y ayudamos a los demás; estamos creando ondas de buena voluntad que viajan por todo este estanque llamado vida.
Si engañamos, mentimos y evadimos responsabilidad, el estanque se llena de ondas de mala calidad que afectan a todos.
Y no es cuestión de pensar mágicamente, es simple lógica. Todo lo que hacemos tanto hacia nuestro cuerpo como a hacia los demás, repercute y pronto regresará a nosotros.
¿En qué estanque quieres vivir? ¿Buscas pretextos para no aceptar lo que hiciste o para justificar tus acciones?
Recuerda que la calidad de tu vida depende de la calidad de tus acciones.
Gracias por tu apoyo. Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi