Dar cuando no tienes suficiente

La generosidad es una de las prácticas espirituales más maravillosas que podemos experimentar.

¿Por qué es espiritual? Por que por medio de dar sin esperar recompensa, nos hace salir de nosotros mismos para ver por el bienestar de otro ser vivo. Así calmamos el discurso eterno del ego y nos ponemos en contacto con las fibras más íntimas de nuestra naturaleza. Nos conecta a niveles muy profundos con la vida y con el mundo que nos rodea.

Ésto por sí mismo llena los huecos que la sociedad de consumo nos crea y podemos comenzar a sanar nuestras heridas emocionales.

Ver la sonrisa o el alivio de alguien que recibe nuestra ayuda hace que regiones específicas del cerebro entren en funcionamiento. Entonces se producen endorfinas, se acaba el estrés y se comienza a ser feliz.

Pero nuestro gran problema, lo que evita que seamos generosos, es la cultura de consumo en la que vivimos. La mercadotecnia de los productos y servicios se basan en implantar en nuestra mente la idea de que nuestra vida es inútil y despreciable, a menos que compremos lo que sea que anuncian.

Y así, desde niños, comenzamos a cultivar el ego. Compramos, cumplimos metas y objetivos y vivimos para dar gusto al ego en todos sentidos. Cuando volvemos la cara, nos es virtualmente imposible dar a quienes no han tenido la misma fortuna que nosotros.

La cultura moderna nos obliga a tener y a acaparar recursos, pasando por encima de quien sea para lograrlo.

Así, el argumento clásico de la persona no-generosa es: no puedo dar nada porque no tengo suficiente para mi. O cualquier frase similar.

Pensamos que nos es imposible ser generosos hasta que tengamos nuestra situación personal resuelta. Es justo esta filosofía la que nos tiene torcidos como sociedad porque nunca llegará el momento propicio. Nunca tendremos todas nuestras necesidades cubiertas porque siempre queremos más.

Dar cuando uno tiene poco es una práctica espiritual muy poderosa porque no sólo se está ayudando a otros, sino que nos conectamos con la necesidad de conservar la vida. Dar suaviza el ego y nos deja apreciar las muchas, muchas bendiciones que nos rodean en este momento.

Dar a los demás nos hace entender el significado real de compasión y que todos necesitamos ayuda en algún momento de nuestra existencia. Damos a otros porque tenemos la obligación de respetar y valorar a todos los seres que nos rodean. Damos porque sabemos que no tener lo suficiente lleva al sufrimiento.

Dar nos vuelve personas alegres y destruye la depresión o la ira.

Damos a otros porque sabemos que es lo correcto.

Y al mismo tiempo, aprendemos que debemos aceptar ayuda con humildad y gratitud.

Dar cuando no tenemos suficiente para nosotros mismos es una actividad sagrada. Es una joya que desearía que más personas comprendieran.

Compartamos nuestros alimentos, tiempo y nuestra sonrisa. Sintamos gratitud por estar en posición de ayudar y sintamos gratitud por todas las veces que nos han ayudado en el pasado.

La Generosidad es una práctica perfecta porque todos ganan. Pero preferimos ganar y nos sentamos en nuestro gordo ego a esperar la muerte.

Creo que siempre es buen momento para dar.

El alto costo de la ingratitud

Practicar Gratitud es una actividad maravillosa que siempre recomendaré. La vida se vuelve ligera, amplia y las cargas emocionales se disminuyen y desaparecen.

No en vano casi todas las filosofías del mundo se apoyan en ella y la neurociencia comienza a investigar sus misterios.

Por todos lados podemos encontrar información sobre la Gratitud, y lo entiendo. Ser agradecido se siente muy bien.

¿Pero qué pasa con el polo opuesto, la Ingratitud? (Sí, lo escribí con I mayúscula porque es un concepto importante).

De igual forma que la Gratitud, la Ingratitud puede ser parte de nuestra vida, sólo que los resultados no son precisamente positivos.

La persona que no entiende el concepto supremo de la Gratitud habita un mundo horrible y del que cuesta mucho trabajo salir. Se requiere mucha voluntad para siquiera notarlo y tomar acciones que corrijan el rumbo.

Con tristeza tomaré el ejemplo de dos personas muy cercanas a mi que llevan la práctica de la Ingratitud a niveles extremos. Se trata de un matrimonio que pasa sus días olvidando todas sus bendiciones, montados en su ego, abrazados a sus opiniones y amargados por todo lo que no tienen.

Él es un hombre de edad mayor que ha olvidado que vive en una casa construida por las manos de muchas personas y que les debe el tener un techo sobre su cabeza. Recibe una pensión mensual del gobierno gracias a que alguien lo ayudó a que esto fuera posible; y ahora ha olvidado que sin ésta persona no tendría dinero para pagar su comida. De hecho, lo odia y habla muy mal de él. Por si fuera poco, odia a todo el que es diferente a él.

Ella se ha transformado en una secuencia interminable de quejas. Detesta el clima, su casa, su ropa, la comida a la que tiene acceso. Cuando se mira al espejo odia el paso del tiempo, su salud y cómo su piel se ha arrugado.

Cuando alguien piensa en ellos y les regala algo, ambos odian el regalo, cuestionan los motivos y desean que el regalo fuese de mucho más valor.

Lo dos viven en un mundo donde la amistad y el amor están a la venta y nadie es digno de dar o recibir cariño. Desconfían de todo y de todos.

La Ingratitud los ha vuelto amargos y muy difíciles para estar cerca.

Sin embargo, ¡tienen todo! Tienen casa, alimento, servicios de salud, ropa, personas que los quieren, amigos que les llaman a pesar de todo… Pero no. Éste matrimonio ha decidido olvidar todas sus bendiciones para habitar el Ingratitud Plex. (Sí, acabo de inventar el término).

Como mencioné, éste es un caso extremo. Pero he encontrado que la persona ingrata, es decir, quien olvida que todo en el universo está interconectado y que existimos gracias a los esfuerzos de los demás, convierte su mundo en un lugar horrible.

Me atrevo a decir que Ingratitud es sinónimo de infierno. Y es muy caro vivir en ese mundo.

No hay dinero que alcance, la salud nunca es suficiente y las expectativas jamás se cubren.

El ingrato vive con desconfianza, miedo y odio. Desea todo lo que no puede tener y cuando lo obtiene, pronto lo cambia por el siguiente objeto de deseo.

Es muy caro ser ingratos. ¿Estás dispuesto a habitar en ese mundo?

Reto 3: Un mes de Gratitud

Reto 3: Un mes de Gratitud

ejercicio-gratitud

Como mencioné en el post anterior, hace unos meses encontré la pieza que me hacía falta para poder entender hasta la médula el concepto de compasión.

No podemos sentir o practicar compasión por los demás, sin antes entender y practicar Gratitud. Sin duda todos sabemos decir gracias, pero por desgracia es una palabra vacía y que se dice más por costumbre.

Pocos entienden el verdadero significado y, peor aún, pocos toman la gratitud como práctica diaria.

Así que como buen nerd (ñoño, friki) que soy, decidí investigar a profundidad.

Gratitud es el sentimiento y acción de reconocer que hemos recibido un beneficio de forma altruista, sorpresiva y sin ánimo de ser pagada.

Recientemente la psicología tomó la gratitud en serio y la comenzó a estudiar a partir del año 2,000. Pero las filosofías del mundo y las religiones han basado su práctica en el agradecimiento, desde hace milentios. No importa si es islam, cristianismo o budismo, casi todas las doctrinas incorporan al gratitud como valor importante.

Y no es de sorprender. Practicar gratitud tiene tantos beneficios que necesitaría una serie de muchos posts al respecto.

Simplemente se siente muy bien.

En mi tonta opinión, para poder conocer Gratitud (con G mayúscula) se necesita reconocer todas las bendiciones que tenemos y que decidimos olvidar por enfocarnos en nuestro ego. Debemos reconocer el esfuerzo que existe detrás de nuestras casas, bolígrafos o electricidad. Alguien puso su vida en ellos para que nosotros disfrutemos lo que tenemos en la cotidianidad. Sin duda ellos recibieron un sueldo, así como nosotros recibimos el nuestro por lo que hacemos, pero el trabajo, la energía vital y el sudor no pueden ser borrados. Pensar que alguien recibe un sueldo por lo que hace no destruye la labor que pone en las cosas que nos brinda.

Estos regalos crean una conexión personal que ignoramos si no practicamos Gratitud.

Todo lo que existe en el Universo está interconectado y nos debemos nuestra mutua existencia.

Vivimos, progresamos y lloramos gracias a un sinnúmero de vidas y esfuerzos del pasado y el presente.

Si esa criatura acuática no hubiera dejado las aguas para caminar sobre la tierra, hace millones de años, simplemente no estaríamos leyendo esto. Si la Tierra no hubiera tenido un pasado tan violento y lleno de cambios, y si no estuviera donde está, no existiríamos.

Disfrutamos del aire, del sol, del agua, de la tecnología, de las ciudades y de la maravilla de volar en un avión… todo sin haber contribuido nada a la experiencia. Sólo despertamos todas las mañanas y las cosas están ahí.

Todo está interconectado en más formas de las que podemos entender.

Practicar Gratitud nos da una serie de ventajas que cambian la vida (todas confirmadas por la ciencia y la psicología):

  • Fortalece el sistema inmunológico
  • Reduce el dolor crónico
  • Reduce la presión arterial
  • El practicante cuida más de su cuerpo: hace más ejercicio y come saludable.
  • La calidad del sueño mejora y se descansa más
  • Genera emociones positivas con más freciencia
  • Se está más alerta y despierto
  • Se encuentra más alegría y placer en lo sencillo
  • Se es más optimista y feliz
  • Promueve la compasión y generosidad
  • Se perdona más fácilmente
  • Se es más extrovertido
  • Erradica la soledad

Entonces entendí que sólo decir gracias no es suficiente; así como entendí que para tener un corazón abierto a la compasión se necesita primero incorporar Gratitud a la práctica espiritual.

Y así nació el Reto de Gratitud. En el libro Thanks!: How the New Science of Gratitude Can Make You Happier, Robert Emmons propone llevar un diario de gratitud por 30 días.

Decidí intentarlo y los resultados han sido sorprendentes. Me volví más productivo y paciente, más consciente de las necesidades de los demás y me cuesta mucho trabajo encontrar motivos para enojarme. También escucho mejor a quienes me hablan y siempre estoy abierto a dar consuelo a quien lo pide.  Ahora estoy aún más atento a cómo mi mente emite juicios y los paro en seco antes de que me dominen.

Si te interesa unirte al reto, esta es la manera en que lo hice.

Reto de Gratitud

Por 30 días consecutivos y sin interrupción, escribe en un papel 3 cosas por las que te sientas agradecido. Puede ser desde tener un día más para vivir, el aire que respiras, tus amigos, la familia, la electricidad o agua en tu casa, la sonrisa de quien amas, tener empleo (o no tenerlo).

Pon especial atención en agradecer por tu sustento. Tener comida en tu mesa es la culminación de miles de esfuerzos y vidas. Sé agradecido.

Esfuérzate por encontrar cosas distintas a diario. Tienes más bendiciones de las que te imaginas.

Me ayudó mucho usar Twitter como medio de expresión porque pude hacer público mi reto. Digamos que se convirtió en un compromiso personal que terminó inspirando a otros a unirse, aún sin saber bien de qué se trataba el reto. ¡Así se forman cadenas virtuosas!

Si quieres usar Twitter, incluye el hashtag #RetoDeGratitud para que todos los retos estén en un mismo lugar. ¡Entre más seamos, mejor!

La primera semana y media en el #RetoDeGratitud los días fueron los mismos de siempre, pero luego sentí un cambio fuerte en mi. Tuve más claridad y comencé a sentirme muy, muy bien.

Ahora la gratitud forma parte vital

Hay mucho, mucho más que decir sobre la Gratitud. En siguientes posts continuaremos.

De momento pon a prueba todo lo que digo. ¡Únete al reto!

Y luego me dices qué tal te sientes.

¡GRACIAS!

 

 

 

Situaciones sociales, compasión y gratitud

Situaciones sociales, compasión y gratitud

Es común que los monjes budistas, sin importar la tradición, tomen un concepto como estandarte para que sea la base de la práctica personal.

Algunos se dedican a la protección de los animales o al ambiente, otros se dedican al cuidado de los adultos mayores, muchos a la enseñanza del dharma, otros al activismo político y algunos toman caminos como enseñar a la gente a sembrar su propia comida. Digamos que el eje rector de nuestra práctica es siempre pensar en beneficiar a la comunidad.

Al principio de 2014, en meditación profunda, saltó a mi atención el común denominador de los problemas de la humanidad. Sé que no es nada nuevo para muchos, pero el frijol que llevo por cerebro comprendió que en todas las culturas, en todos los países, en todas las eras de la historia, la falta de compasión ha sido constante y produce personas que siempre buscan su beneficio, aunque en ello se destruyan vidas o culturas enteras.

No entender el concepto básico de la compasión obliga a las personas a la mentira, a la traición, a la avaricia, al poder…. y muchas otras situaciones que afectan a todos por igual.

Así pues, al ver la realidad de México, España, Venezuela, Argentina y de muchos otros lugares donde llega este blog, entendí que es vital que alguien promueva la compasión como objeto de práctica y como forma de vida. No de forma religiosa, sino de manera práctica y laica.

Conforme pasaron los meses fui meditando más sobre esto, tratando de transmitir y enseñar el valor de la compasión. Pero me di cuenta que estos esfuerzos no sirvieron de mucho porque la compasión no comienza en el exterior. La compasión comienza con uno mismo, cuidando del cuerpomente como el templo precioso que es. 

Muchos amigos me han preguntado mi opinión de lo que pasa en México con los estudiantes desaparecidos y con los actos criminales de mi gobierno. Como mexicano, claro que tengo una opinión. Pero como monje budista zen me doy cuenta de que los problemas no son sólo mexicanos. El conflicto sucede en todas las naciones y culturas. Dar una opinión centrada en México sería limitante y disminuye el enfoque de mi práctica budista.

No hay mexicanos, españoles o venezolanos. Hay seres humanos en sufrimiento y todos necesitamos compasión. Ésta es la razón por la cual el budismo zen jamás ha comulgado con política o con el capitalismo. Siempre vemos a los seres vivos como un TODO. Todos somos un solo ser llamado Buda. Y no hay nadie más importante o poderoso que otros. Todos somos Buda, todos somos preciosos.

Este pensamiento es el que me lleva a siempre enfocarme en las cosas positivas cuando escribo en redes sociales. No, no soy ingenuo ni infantil. No, tampoco soy un tonto que promueve el new age. Sé muy bien lo que pasa y me duele mucho.

Sin embargo, alguien necesita detener un poco el torrente de odio que circula por doquier. En mi muy tonta manera, lo intento lo mejor que puedo.

Las situaciones sociales actuales son el resultado de que la gente en el poder borró la compasión de su mente. Los empresarios y los políticos ven a las personas como peones de su juego de ajedrez personal. Si mueren 43, 300 o 25,000 seres humanos, no les importa en lo más mínimo. Si la epidemia de obesidad destruye nuestra especie, no importa mientras se sigan vendiendo bebidas azucaradas.  Las personas somos sólo un objeto más en su cruzada por la avaricia.

Todo esto ha tomado masa crítica en los últimos meses. Estamos más conectados que nunca y tenemos más plataformas para quejarnos y esparcir nuestro odio, que cancela la compasión en la mente de los afectados.

Así tenemos este sistema eterno de acción-venganza-acción-venganza que ha demostrado no funcionar. Confundimos justicia con venganza muy fácilmente. ¡Viva la revolución! ¿Correcto?

No. La revolución no funciona. Nunca, y la historia respalda mis palabras.

Lo que funciona es la evolución social cimentada en la cultura, educación y, por sobre todas las cosas, en la compasión. Este tipo de cambios sociales toman tiempo porque primero debemos comenzar con nosotros mismos para luego educar a los jóvenes en compasión. Entonces en el futuro tendremos políticos y empresarios con la mente abierta a la humanidad.

Ahora, aquí tenemos un grave problema: No podemos pedir compasión ni respeto a los demás, cuando no respetamos nuestro propio cuerpomente.

Tomar las calles para derrocar un gobierno no sirve de nada porque el siguiente gobierno será igual o peor. Las personas que lleguen al poder serán igual de despiadadas y sedientas de control; no distintas a las anteriores.

La evolución social comienza dentro de nuestro cuerpo, en la mente. Comienza con el amor propio y el respeto absoluto por uno mismo. Buena alimentación y meditación son claves para el respeto. Entender el concepto de respeto profundamente, hasta la médula, nos dará la capacidad de enseñarlo y pedirlo a los dirigentes.

Mientras sigamos consumiendo drogas, alimentándonos con basura, robando, mintiendo, traicionando, manipulando y violando, no estaremos jamás en capacidad de pedir respeto de nadie.

En la medida de que estemos dispuestos a comprar un nuevo teléfono móvil por mera vanidad, en lugar de un kilo de comida para quien lo necesita, estaremos igual de torcidos.

Somos las primeras víctimas de nuestra falta de compasión. Lo que hacen los políticos es sólo el reflejo de lo que somos y de cómo nos hemos educado.

Con todo esto dicho, llego al objetivo principal de este post.

Hace un par de meses, también en meditación profunda, comprendí porqué estamos incapacitados para practicar compasión. No la entendemos.

Es lindo hablar de compasión, sin duda. Es lindo motivar a las personas a donar a una causa noble y da mucho material para memes bonitos. Pero esto no significa que de verdad comprendamos lo que es.

Entendí que la base de la compasión es la gratitud.

No, no basta con decir «gracias». Para practicar compasión se requiere entender el concepto de gratitud en lo más profundo del ser.

(Pacheco alert!) Durante esta meditación pude sentir cómo la vida está interconectada a través de las eras, lo mucho que nos necesitamos mutuamente y lo mucho que nos debemos. El que yo esté hoy escribiendo es gracias al trabajo de millones de vidas que pavimentaron el camino para mi existencia. Y si hay una palabra que deba salir de mi todo el tiempo es GRACIAS. Sí, en mayúsculas.

Hay una luz dorada bañando y tocando todo el universo, nos conecta y nos vuelve dependientes. Mis actos y omisiones afectan a todos los Universos, así como los tuyos tocan mi vida también.

Todos somos el Buda. Todos somos BUDA. Uno sólo, sin división, en silencio y en sincronía. Y nos debemos nuestra mutua existencia.

Cuando se comprende la gratitud de forma profunda, la compasión llega sola porque abrimos el corazón para entender que todos los seres vivos somos capaces de sufrir y necesitamos ayuda.

Todo ello me llevó a investigar sobre gratitud a nivel filosófico y neurológico. Así nació mi #RetoDeGratitud que practiqué durante 1 mes y cambió mi vida. Es un hábito maravilloso que estará incorporado en el siguiente taller de hábitos, Shojiki.

Desde entonces el eje rector de mi práctica son la gratitud y la compasión, valores en riesgo de ser olvidados.

Pero ya fue suficiente. Si llegaste hasta aquí, gracias por leer.

En el siguiente post lanzaré el #RetoDeGratitud para que todos puedan practicarlo.

Foto: Lyn Randle

 

 

 

5 hábitos positivos y de compasión para 2015

5 hábitos positivos y de compasión para 2015

La temporada de año nuevo siempre nos hace imaginar lo maravillosa que sería la vida si tan sólo pudiéremos cumplir nuestros propósitos. Algunos hacemos grandes listas con los cambios a efectuar, los saboreamos, competimos contra nuestros amigos y familia, nos prometemos que esta vez sí lo lograremos. ¡Es muy divertido! Al final de cuentas, volverse corredor es fácil, ¿correcto?

Luego de ese tornado de buenos deseos y planes, pasan las primeras semanas del año y la vida sigue inmóvil. Nada ha cambiado. Tiramos nuestros propósitos a la basura y decidimos esperar al siguiente enero para comenzar de nuevo con el ciclo.

Para muchos, ésto no es de cuidado. Si formulamos propósitos y no se cumplen, no pasa nada. Pero es todo lo contrario; fallar una y otra vez en nuestros propósitos tiene un costo muy alto en auto estima y en el concepto personal. Con el paso del tiempo nos volvemos apáticos, desesperanzados y conformistas.

Hay muchas razones por las que fallamos y están documentadas, pero existe un factor que todos pasamos por alto:

Fallamos porque todos los propósitos de año nuevo obedecen a motivos egoístas.

Todos los propósitos contienen la palabra YO de alguna manera. Quiero lograr/ganar/comer/mejorar/alcanzar… para mi y nadie más.

Cuando hacemos de nuestra vida un ejercicio de ego, nos ponemos muy cerca de la puerta del sufrimiento y de la apatía. Nos recluimos en nosotros mismos y dejamos de ver las conexiones que tenemos con la humanidad. Nos volvemos ingratos y, en general, personas poco gratas.

Entonces pregunto, ¿qué pasaría si tus propósitos sacan al ego de la ecuación? ¿Qué pasaría si tus metas para año nuevo se enfocan en mejorar y ayudar a los demás?

La respuesta a esas preguntas sólo las podrás entender cuando pongas manos a la obra. Lo que sí puedo decir es que la felicidad llega cuando abres el corazón y trabajas para los demás, sin pretender nada a cambio.

Altruismo, compasión, gratitud y generosidad son las características que necesitamos cultivar.

Al poner de lado tus intenciones egoístas, la vida mejora y poco a poco comienzan a llegar cambios positivos a tu vida.

Pero no me creas a mi, que no soy nadie. Sólo escribo cosas producto de la cafeína. Pon a prueba lo que digo. Te reto a que me desmientas practicando estos 5 hábitos positivos y de compasión para 2015:

  1. Pregúntale su nombre. Estamos rodeados de personas todo el tiempo. Algunas trabajan para ti y nunca has reconocido su labor, ni haz saludado siquiera. Este es un buen año para saludar, sonreír y aprender el nombre del barista, recepcionista, mesero, conductor. Verás que las puertas de la amistad se abren.
  2. Cuida tu cuerpo. Lo he dicho mil veces y lo seguiré diciendo: si tratas tu cuerpo como basurero, te responderá como basurero. Aprende de nutrición, olvida la comida de fábrica y sal a caminar. Si tu cuerpomente están limpios, le eres útil a la humanidad. La compasión comienza con uno mismo.
  3. No olvides a tus viejos. Padres, tíos o abuelos; todos tenemos familia en edad avanzada. Llámales, visítalos, ayuda, sal con ellos. Quizá para ti es una carga, pero para ellos es felicidad.
  4. Busca una causa. Pasamos el día en un escritorio preocupándonos por lo que sea. Es hora de tomar acción y encontrar una causa noble para colaborar. Créeme, es una muy buena manera de terminar con la angustia y crecer como persona.
  5. Lee libros. La ignorancia es muy costosa para la humanidad. Lee libros, sin ilustraciones y que no sean para colorear. Lee literatura para abrir tu mente. Lee superación personal para crecer. Lee para divertirte. Pero lee. Y cuando te canses, lee más.

Al escribir este post me doy cuenta de lo pequeña que es la lista de hábitos y lo mucho que hay por hacer en cuestión de compasión.

Pero si al menos uno de tus propósitos de año nuevo se apega a la compasión y generosidad, estarás colaborando con la humanidad, con tu felicidad y a cumplir la más noble de las metas: ayudar a todos los seres vivos a salir del sufrimiento.

Para aprender más sobre hábitos y cómo hacerlos permanentes, ven a Shojiki, el taller en el que la meditación es la espina dorsal del cambio.

Ayuda a alguien y aprende a meditar en navidad 2014 [Taller de meditación]

Este año ha sido muy difícil para nuestra insignificante especie. Los problemas socio-políticos se pueden apreciar al mismo tiempo en el planeta entero. Esto hace que el estrés y la desesperanza crezcan, resultando en una pérdida lamentable de humanidad.

Por eso creo que es necesario meter freno de mano, detener la marcha y respirar.

La época navideña es la temporada perfecta para mirar al rededor y ver qué podemos hacer para ayudar a los demás. Muchas personas lo han perdido todo en sentido material y espiritual.

Es hora de actuar. La obra de generosidad más pequeña, significa la vida para alguien más.

Además, la generosidad es la base de nuestra felicidad personal.

Aquí pongo disponible para todos el taller de meditación Iniciando el Camino, listo para descargar y comenzar a entrenar la mente cuanto antes.

Taller de Meditación Iniciando el Camino

Inicia: Hoy, mañana o cuando lo necesites

Fecha límite de inscripción: Disponible hasta el 31 de diciembre de 2014

Duración: 6 semanas

Incluye:

  • 6 podcasts con pláticas técnicas y filosóficas, uno por semana
  • 6 meditaciones guiadas, una por semana
  • Todo el material está listo en una sola entrega

Requisitos:

  • Uso de computadora e internet
  • Disciplina y tiempo para dedicar al menos 30 minutos al día

Costo: Un acto de generosidad de tu parte hacia alguien más. Algunas ideas:

  • Dona a una organización en la que confíes
  • Ayuda a algún familiar que lo necesite
  • Da comida a quien no tenga
  • Habla con los mayores
  • Pregunta su nombre a esa persona que has visto por años
  • Agradece de todo corazón lo que eres y lo que tienes
  • Regala juguetes a niños con menos oportunidad
  • Deja de quejarte
  • Limpia tu vocabulario y construye con el lenguaje
  • Deja de tratar tu cuerpo como basurero

¡Cualquier acción positiva que mejore a la humanidad es bienvenida!

Inscripciones: Para quedar inscrito necesitas:

  • Dejar un comentario explicando tu interés y lo que piensas hacer… ¡HAY QUE SER HONESTOS!
  • Escribir un mail a elchocobuda ARROBA gmail.com y listo. Confiaré en tu generosidad y en tu palabra.

Disponibilidad: ¡Infinita!

Con todo el corazón, gracias por tu generosidad.

Meditar es un hábito maravilloso y vale mucho la pena iniciar. Si tienes oportunidad, apoya también al Chocobuda uniéndote a Shojiki, taller de hábitos. ¡No tienes nada qué perder y podrías cambiar tu vida, te lo aseguro!