En mis años practicando y enseñando budismo Zen he sido bendecido con encontrarme a muchas personas que han decidido caminar esta Vía conmigo. Pero también me he encontrado con muchos que se van aburridos, porque creen que siempre hablo de lo mismo. En ocasiones me preguntan, «¿Otra vez vas a hablar sobre esto, Chocobuda?». Sí, otra vez hablaré sobre esto porque la repetición es precisamente el secreto del Zen para despertar. No es un accidente ni falta de creatividad; es por diseño que los maestros budistas siempre volvemos a los mismos principios esenciales.
Vacuidad, las Cuatro Nobles Verdades, Tres Venenos de la Mente, las enseñanzas de los Patriarcas, naturaleza búdica; todos son temas recurrentes. Llevamos milenios enseñándolos y seguiremos haciéndolo porque el ser humano es tan bestia, que necesitamos repetirnos el mensaje una y otra vez.
Cuando leemos un libro o vamos a una charla, basta con que pase una mosca y lo olvidamos todo.
Vivimos en una cultura que valora lo inmediato y lo novedoso. Siempre buscamos algo nuevo, algo diferente, algo que nos entretenga y nos saque del aburrimiento cotidiano. Pero esta cultura de la inmediatez ha erosionado nuestra capacidad de profundizar en lo esencial. Hemos perdido la paciencia y olvidado que la verdadera transformación espiritual requiere tiempo, atención y, sí, repetición constante.
El Zen no está para divertirte y, para el caso, ninguna tradición budista. Estamos para retar tus ideas preconcebidas del mundo, bajarle a tu ego y darte las herramientas para ser una persona compasiva.
La trampa de creer que ya sabes todo
Me parece siempre muy curioso observar cómo algunas personas abandonan las sanghas budistas porque sienten que ya «dominan» el mensaje. Escuchan unas cuantas enseñanzas, leen algunos textos clásicos y pronto asumen que han descifrado todas las enseñanzas del Buda y los Patriarcas del Zen. Estas personas, sin darse cuenta, caen en la trampa del ego espiritual, creyendo que ya no necesitan meditar ni asistir a actividades comunitarias porque «ya lo saben».
Con cierta frecuencia recibo mensajes que dicen cosas como “no fui a Zazenkai porque ya sabía lo que ibas a decir”.
Cuando esto sucede, empiezan a distanciarse poco a poco. Su práctica se vuelve intermitente, comienzan a descuidar su meditación diaria y eventualmente abandonan completamente la comunidad. Pero ¿qué hay detrás de este fenómeno? Simplemente soberbia disfrazada de sabiduría.
El Zen para despertar no se trata de acumular conocimiento intelectual, sino de desarrollar humildad y atención plena a través de hábitos constantes y repetidos.
Dogen Zenji es claro cuando nos repite una y otra vez su mensaje: iluminación es práctica. Son una sola cosa indivisible.
El Zen no busca novedad, busca profundidad
Si estudias los textos clásicos budistas, notarás algo interesante: todos ellos son profundamente repetitivos. El Sutra del Corazón, el Sutra del Diamante, los koans y hasta las charlas informales de grandes maestros como Dogen Zenji o Bodhidharma siempre insisten en los mismos puntos clave. ¿Por qué?
Esto tiene varias razones. La primera y más importante es que el ser humano necesita la repetición para aprender y desarrollar sabiduría. La repetición es la madre de la transformación.
Otra razón es que en los tiempos del Buda la palabra escrita estaba reservada para nobles, militares de alto rango y clérigos. Los sutras surgieron como tradición oral, y la repetición era una manera de recordarlos para luego transmitirlos a otras personas.
Y luego está el hecho de que el Zen no busca sorprenderte con algo nuevo en cada sesión, sino llevarte a profundizar en las verdades fundamentales hasta que estas verdades se conviertan en tu forma natural de vivir. La repetición no es accidental, es intencional y necesaria. Cuando repetimos, gradualmente incorporamos la sabiduría del Zen en nuestro cuerpo, mente y vida cotidiana.
¿Cómo funciona la repetición en el Zen para despertar?
La repetición en el Zen tiene una función clara y precisa: nos ayuda a superar la mente que constantemente busca distracciones y novedades superficiales. Cada vez que escuchas una enseñanza repetida, si tienes una mente abierta y humilde, descubrirás una nueva capa de significado y entendimiento.
Por ejemplo, cuando te sientas en Zazen cada día, la postura es la misma, la respiración es la misma, y aparentemente no cambia nada. Sin embargo, cada sesión es diferente porque tú eres diferente. Tu mente está en otro estado emocional, tus pensamientos cambian, tu perspectiva se transforma sutilmente. La repetición constante en Zazen es precisamente lo que te permite observar estos cambios sutiles y comenzar a despertar a la realidad tal como es.
Este es exactamente el mecanismo del Zen para despertar: aunque las palabras se repitan, tú cambias continuamente. Esa es la belleza del Zen.
Día tras día hablo de Zazen y de los mismos temas que se tocan en las comunidades Soto Zen. Pero lo hago desde diferentes perspectivas, lecturas y ejercicios. Y poco a poco, conforme la sangha lo necesita, amplío la profundidad de las enseñanzas. Literalmente lo he hecho por años y a veces siento que no he tocado ni la superficie del Dharma. Pero no me rindo, sigo adelante. Es lo que hacemos los maestros del Zen y no nos vamos a detener. Es necesario.
¿Aburrido del Zen? Quizá necesitas una mente de principiante
Si tu maestro budista te aburre porque repite demasiado las enseñanzas, detente un momento y busca tu mente de principiante, ese estado mental del que hablaba Shunryu Suzuki en su libro Mente Zen, mente de principiante. Suzuki Roshi decía que en la mente del principiante existen infinitas posibilidades, mientras que en la mente del experto existen muy pocas.
Cuando pierdes la mente de principiante, caes en la arrogancia de creer que ya no tienes nada más que aprender. O que ya conoces al 100% a una persona. Este es el mayor obstáculo en tu camino espiritual. Recuerda siempre que el Zen se vive y se entiende desde la humildad y la simplicidad. Cada enseñanza, cada sutra repetido, cada sesión de Zazen es una oportunidad para despertar un poco más.
La práctica repetitiva del Zen transforma tu vida cotidiana
El objetivo del Zen para despertar no es solamente soltar los pensamientos y aceptar las cosas como son; es mejorar tu vida cotidiana aquí y ahora. La repetición en la práctica te ayuda a incorporar hábitos saludables y sostenibles que traen beneficios reales a tu vida diaria.
La paciencia, la atención plena, la calma ante el estrés, la claridad mental para tomar decisiones; todos estos son frutos directos de la repetición constante en tu práctica Zen. Cada repetición es una pequeña semilla que eventualmente dará frutos. ¿Aburrido? Quizá. Pero profundamente transformador.
La repetición es el corazón del Zen para despertar
Sé que este post puede ser tomado como una chancla gigante. Y aunque me parece divertido, no es la intención. Me gustaría que consideres esto: en el Zen, la repetición no es monotonía, sino maestría. Es el proceso que nos lleva de la superficialidad del conocimiento a la profundidad de la sabiduría práctica. Es lo que nos permite despertar gradualmente, entendiendo y experimentando cada vez más plenamente la realidad tal como es.
Así que la próxima vez que escuches una enseñanza que ya has oído antes, no te preguntes por qué se repite, sino qué nuevo aprendizaje puedes descubrir en ella. Recuerda, las palabras pueden ser las mismas, pero tú no lo eres. Este es el verdadero poder del Zen.
Para leer la primera parte de esta mini serie de la Rueda de la Vida, clic aquí.
La Rueda de la Vida o Bhavacakra, en sánscrito, es una representación simbólica del samsara, este ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento en el que los seres sintientes estamos atrapados por la ignorancia, el deseo y avaricia.
Esta imagen, común en los monasterios budistas de distintas tradiciones, no solo ilustra la condición de sufrimiento en la que vivimos, sino también las enseñanzas clave para liberarnos de ella. En el budismo zen, la Rueda de la Vida se entiende como un espejo de nuestra mente y nuestras acciones, guiándonos hacia la liberación a través de la práctica consciente.
En esta segunda entrega terminaremos de explorar los Seis Reinos de la Existencia y cómo nos pueden ser útiles.
Los seis reinos de la existencia y su significado en la práctica budista, continuación.
4. El reino de los asuras, la lucha constante
Los asuras son seres que, si tienen una práctica sincera y disciplinada, son los líderes que llevan a la humanidad hacia adelante. Pero dominados por la envidia y la competencia se convierten en tiranos. En nuestro día a día, esto se manifiesta en la comparación con los demás, la ambición desmedida y los conflictos. El Buda de este reino nos muestra cómo desarrollar la ecuanimidad y la generosidad para liberarnos de la rivalidad.
5. El reino de los humanos, la oportunidad del despertar
El reino humano es el único donde se puede alcanzar la iluminación. Aunque también hay sufrimiento, aquí tenemos la capacidad de reflexionar sobre nuestra existencia y buscar la liberación. Este es el camino del Dharma, donde el Buda nos anima a practicar la ética, la meditación y la sabiduría.
6. El reino de los dioses, el placer efímero
Este reino representa la felicidad y el disfrute, pero también la distracción. Los dioses viven en el placer hasta que el karma se agota y deben renacer en otros reinos. En nuestra vida, esto se refleja en la comodidad que nos impide cuestionarnos y avanzar en el camino espiritual. El Buda de este reino nos recuerda la impermanencia y la necesidad de seguir practicando.
La salida del samsara: el Buda y la Rueda de la Vida
En la parte superior de la Rueda hay un Buda señalando el camino hacia la liberación, usando la metáfora de la luna llena. Esto nos recuerda que, aunque el samsara es cíclico, existe una salida: la práctica budista y Zazen. A través de la atención plena, la meditación y la comprensión de la realidad tal como es, podemos dejar de estar atrapados en estos ciclos de sufrimiento.
En el budismo Zen, la práctica de Shikantaza nos permite observar directamente nuestra mente y reconocer cómo perpetuamos nuestro propio sufrimiento. Cada momento de consciencia es una oportunidad para salir del samsara y despertar a la verdadera naturaleza de nuestra existencia.
Aplicando la Rueda de la Vida en nuestra práctica diaria
Bhavacakra no es solo un concepto filosófico, sino una herramienta de introspección y crecimiento. Cada día podemos preguntarnos:
¿En qué reino me encuentro hoy? ¿Estoy atrapado en la ira, el deseo o la ignorancia?
¿Cómo puedo aplicar la enseñanza del Buda en este reino para transformar mi experiencia?
¿Estoy cultivando la atención plena para salir del sufrimiento?
Un llamado a la práctica
Comprender la Rueda de la Vida nos ayuda a ver que nuestro sufrimiento no es permanente y que tenemos el poder de transformarlo a través de la práctica cotidiana. Cada reino representa una faceta de nuestra experiencia, así como los estados mentales que desarrollamos. En cada uno de ellos hay una enseñanza para nuestra liberación.
La reflexión para ti es ¿en qué reino te encuentras hoy y cómo puedes aplicar las enseñanzas budistas para salir del sufrimiento?
¡Que todos los seres encuentren la liberación del sufrimiento!
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Continuaremos con los otros tres reinos en el post siguiente. Para saber más sobre la Rueda de la Vida, su significado y aplicaciones para mejorar tu vida, nuestro próximo curso es para ti. Clic aquí.
Uno de los símbolos budistas del Mahayana más enigmáticos para muchos de nosotros en occidente, es la Rueda de la Vida. Para el ojo no entrenado es como una pizza de imágenes “chinas” que no tienen sentido. Pero si nos detenemos a investigar un poco, encontraremos una herramienta espiritual invaluable.
La Rueda de la Vida o Bhavacakra, en sánscrito, es una representación simbólica del samsara, este ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento en el que los seres sintientes estamos atrapados por la ignorancia, el deseo y el apego.
Esta imagen, común en los monasterios budistas de distintas tradiciones, no solo ilustra la condición de sufrimiento en la que vivimos, sino también las enseñanzas clave para liberarnos de ella. En el budismo zen, la Rueda de la Vida se entiende como un espejo de nuestra mente y nuestras acciones, guiándonos hacia la liberación a través de la práctica consciente.
En este post en 2 entregas, exploraremos qué es esta imagen y cómo nos puede ser útil.
El origen de la Rueda de la Vida en la enseñanza budista
La Rueda tiene su origen en las enseñanzas de Shakyamuni Buda. Se dice que él la encargó como una ilustración visual de la condición humana y el camino hacia la liberación.
Esta imagen representa los seis reinos de la existencia, que son distintos estados mentales y emocionales en los que podemos encontrarnos, desde los más infernales hasta los más celestiales. No se trata de infiernos o cielos que se ganen al morir, sino de estados creados como resultado de nuestras acciones.
En el centro de la Rueda de la Vida se encuentran tres animales que representan las tres causas principales del sufrimiento: el cerdo (ignorancia), el gallo (deseo) y la serpiente (aversión). Estos impulsos mantienen en movimiento el ciclo del samsara. Sin embargo, en cada uno de los reinos representados en la Rueda hay una manifestación de un Buda, que nos muestra la salida del sufrimiento y nos recuerda la posibilidad de despertar.
En algunas tradiciones budistas, como la japonesa, la Rueda de la Vida cambia al Buda por Jizo Bosatsu. Jizo es quien cuida y guía a los seres perdidos para que regresen a la Luz. ¿Has visto que en la entrada de los templos japoneses hay siempre seis estatuas de “buditas” con bufanda? Bueno, no son buditas. Son los Seis Jizos de los reinos de la Rueda de la Vida. Están en los templos para guiarnos hacia la iluminación.
Los seis reinos de la existencia y su significado en la práctica budista
La Rueda describe seis reinos en los que los seres pueden renacer, pero en el budismo zen se interpretan también como estados psicológicos que experimentamos en la vida diaria. Son el resultado directo de nuestras acciones o falta de conciencia. Comprender estos estados nos permite observar nuestra mente y encontrar la manera de transformar el sufrimiento.
1. El reino de los infiernos: El sufrimiento extremo
Este reino simboliza el dolor y la desesperación. En la vida cotidiana, se manifiesta en estados de ira, odio y tormento emocional. El Buda en este reino nos enseña la importancia de la compasión y la paciencia para transformar el sufrimiento en sabiduría.
2. El reino de los espíritus hambrientos: El deseo insaciable
En este reino, los seres están dominados por el apego y el deseo desmedido. En nuestra vida diaria, esto se traduce en la insatisfacción constante y la búsqueda de placeres efímeros. El Buda en este reino nos recuerda la importancia de la gratitud y el desapego.
3. El reino de los animales: La ignorancia
Representa la vida instintiva y el actuar sin reflexión. En la práctica budista, esto equivale a vivir de manera automática, sin cuestionar nuestros hábitos y patrones de pensamiento. La enseñanza aquí es cultivar la atención plena y la sabiduría para actuar con claridad.
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Continuaremos con los otros tres reinos en el post siguiente. Para saber más sobre la Rueda de la Vida, su significado y aplicaciones para mejorar tu vida, nuestro próximo curso es para ti. Clic aquí.
Recibir los preceptos del bodhisattva en la ceremonia de Jukai es un momento significativo en la vida de un practicante budista. Nos enfrentamos a un compromiso profundo que primero nos congela porque parecer abrumador. La idea de mantener una conducta impecable bajo los lineamientos del Buda puede generar temor, pues parece que se nos exige perfección absoluta. Sin embargo, aceptar los preceptos también implica reconocer nuestra humanidad. Y esta humanidad requiere romper los preceptos budistas siempre que sea posible.
Sí, leíste bien. Así como necesitas del desamor para saber que te gusta el amor, es necesario romper los preceptos para entender la razón de su existencia.
Como ya me habrás escuchado decir, los preceptos no buscan la perfección absoluta, sino cultivar la atención plena y la responsabilidad en cada acción. Nos ayudan a desarrollar una conciencia profunda sobre nuestras palabras, pensamientos y acciones, permitiéndonos acercarnos a una vida de compasión y sabiduría.
Romper los preceptos budistas ¿es realmente un problema?
Muchas personas me han llegado a preguntar: ¿qué sucede al romper los preceptos budistas? ¿Significa que he fallado en mi camino espiritual? ¿Estoy decepcionando a mis maestros? ¿Soy un mal budista? La respuesta corta es que no pasa absolutamente nada. No hay un castigo divino ni una condena en los fuegos del infierno, sino una oportunidad de reflexión y aprendizaje.
Los preceptos nunca han sido reglas inflexibles impuestas para restringirnos, sino guías que nos ayudan a vivir con mayor atención y armonía. Cada vez que los rompemos, en lugar de castigarnos, hay que entenderlos como oportunidades para observarnos con honestidad y hacer ajustes en nuestra práctica.
Romper un precepto no debe generar culpa ni miedo, sino motivarnos a seguir avanzando en la Vía con mayor atención y compasión.
La humanidad dentro de la práctica budista
Uno de los errores comunes es pensar que los preceptos nos exigen una conducta inhumana, desprovista de emociones o errores. Pero en realidad, el Budismo Zen reconoce que cada persona es única y que nuestras personalidades no desaparecen al recibir los preceptos. Seguimos siendo humanos, con nuestras fortalezas y debilidades, y es natural que en ocasiones tomemos decisiones que pueden no estar alineadas con la vía del Buda.
En la vida cotidiana, nos enfrentamos a dilemas donde no siempre hay una respuesta clara. A veces, es necesario tomar decisiones difíciles, incluso dolorosas, que podrían impactar a otros de maneras imprevistas. Otras veces, causamos daño sin quererlo, simplemente porque somos humanos y la vida es compleja.
Lo que creo que es importante, es que tengamos la disposición para desarrollar la capacidad de reflexionar sobre nuestras acciones y aprender de cada situación. En lugar de juzgarnos con dureza, podemos practicar compasión hacia nosotros mismos y continuar mejorando.
La intención es el verdadero centro de la práctica
Si bien romper los preceptos budistas no conlleva una penalización automática, la intención detrás de nuestros actos es vital. ¿Actuamos por ego, vanidad o para nuestro beneficio exclusivo? Si nuestras acciones surgen de estas motivaciones, pueden generar consecuencias negativas tanto para nosotros como para los demás. Es lo que la gente llama “mal karma”.
Por otro lado, si rompemos un precepto por circunstancias inevitables, pero con una intención compasiva y consciente, la situación es diferente. La vía del Buda nos enseña a actuar con el corazón abierto, priorizando el beneficio de los demás y aprendiendo de nuestros errores en lugar de castigarnos por ellos.
La intención es lo que da dirección a nuestra práctica. Cada acción que realizamos debe ser examinada bajo la luz de nuestra motivación y el impacto que genera en los demás.
Yo sé que a veces esto no queda claro en la praxis, pero poco a poco vamos creando la sabiduría necesaria.
Cómo vivir los preceptos en la vida diaria
A todos nos causa ansiedad la idea de romper los preceptos, pero en realidad, su propósito no es crear miedo ni culpa, sino ayudar a que pongamos atención a los detalles de nuestra vida cotidiana. Vivir en armonía con los preceptos no significa ser perfectos, sino estar presentes en cada acción, observando cómo nuestras decisiones impactan el mundo a nuestro alrededor. Tampoco debe ser de manera obsesiva, pero sí debemos estar atentos en la medida de lo posible.
Un día a la vez, podemos esforzarnos por practicar la compasión, aprendiendo de cada error y tomando decisiones más alineadas con la sabiduría del Buda. El camino del bodhisattva no se trata de alcanzar un ideal inalcanzable, sino de vivir con intención, con la mirada puesta en aliviar el sufrimiento de los demás.
Cada pequeño gesto cuenta: una palabra amable, sonreír, un acto de generosidad, el simple hecho de escuchar con atención. Así construimos una vida en armonía con los preceptos, transformando nuestra práctica en algo tangible y significativo.
Una práctica continua de compasión
No hay necesidad de preocuparse en exceso por romper los preceptos budistas. Solo hay que seguir la vida y siendo nosotros mismos. Lo importante es mantener una actitud de aprendizaje constante. Cada momento es una nueva oportunidad para alinearnos con el Dharma y actuar con más conciencia.
Así que respira, observa la situación y, con cada acción, esfuérzate por hacer las cosas un poquito mejor cada vez. La práctica del bodhisattva se construye un día a la vez, con compasión que nace del ser y se expande hacia los demás.
No te juzgues, simplemente observa y aprende. Mañana es otra oportunidad para seguir creciendo en el camino del bodhisattva.
Este poema de un monje japonés anónimo me ha dado dirección en muchas ocasiones en mi vida. Lo comparto de nuevo porque creo que puede ser útil.
Soy monje. Uso mi atuendo, mi mala en la mano izquierda, monto mi bicicleta. Voy de mi casa a la casa de mi feligrés para entonar un sutra. Soy monje. Estoy casado y tengo un hijo. Bebo sake, como carne. Como pescado, miento. Pero sigo siendo monje. Un monje sucio, muy sucio. Cuando llamo a un feligrés y acepto su caridad, ¿es eso robar? Ah, ¿y los Cinco Preceptos que dejó Shakyamuni? Los he roto todos. Pero sigo siendo bodhisattva. Camino la Senda del Bodhisattva. Deposito mi confianza en el Dharma y me siento en flor de loto. Vivo en el Dharma, vivo entre la gente. Dentro de la vida sin fin practico El Camino. De la mano de otros practicantes, ando por esta pacífica senda que no tiene igual. Es el Camino de la Verdad, el Camino del Bodhisattva. Soy inmundo y he roto todos y cada uno de los Cinco Preceptos, pero… pero gracias al Dharma, me fundiré con los Budas. Ese Camino. Ese Camino del Bodhisattva. Estoy parado en ese Camino.
Nunca pensé llegar a este punto. Una parte de mi pregunta si fue realidad o ilusión lo que sucedió. Pero luego miro mi pequeño altar y veo que ha crecido. Siento el cansancio en todo mi cuerpo y sonrío sabiendo que esto es todo real.
Cuando era niño, mis juegos y fantasías estaban llenos de robots, batallas espaciales, lucha del bien contra el mal y caballeros Jedi salvando el día. Los Jedi eran unos personajes misteriosos dedicados a la disciplina, las artes marciales y algo más. No sabía que era ese «algo más», pero mi imaginación se expandía por el misticismo y la sabiduría de los Jedi.
En la adolescencia, cuando mi Sensei de karate-do me hablaba de Bodhidharma y sus aventuras. De inmediato me sentí atraído por las enseñanzas del Primer Patriarca. Había algo en su historia, en su determinación, que resonaba en lo más profundo de mi ser. Descubrí que la inspiración para los Jedi eran los monjes budistas de la antigüedad.
La existencia de algo llamado budismo y alguien llamado Buda me inspiraron para comenzar a aprender más.
Comencé mi camino en el Zen hace muchos años, en solitario. No tenía un maestro, ni compañeros de práctica. Solo había la certeza en mi corazón de que el Buda tenía algo para mí. No sabía qué era, ni cómo encontrarlo, pero la sensación era clara, inamovible.
Un buen día, me senté en Zazen. Como pude, aprendí lo poco que encontraba sobre el Dharma, practiqué, y nunca me detuve. Al principio, era solo yo, sentado en silencio, como el loco de la familia, el loco de la calle. Pero, con el correr de los años, llegó una persona. Luego éramos tres, y muy despacio, el grupo creció.
Con el tiempo, recibí la ordenación de un viejo sabio del Soto Zen. Decidí consagrar mi vida a ayudar a todos los seres vivos. Parte de mi misión se convirtió en preservar y difundir el Zen. Comencé a enseñar budismo y meditación. Y aquel loco solitario, el que se sentaba en silencio sin razón aparente, estaba ahora rodeado de personas que, por alguna razón, llegaban. Muchos se fueron. Pocos se quedaron. Pero aquellos que permanecieron se convirtieron en algo más que estudiantes: se convirtieron en mi familia.
Hoy, ustedes pueden cubrirse con el manto del Buda, envueltos en su compasión y sabiduría. El rakusu que llevan sobre sus hombros no es solo un pedazo de tela. Es la manifestación de su compromiso con el camino, con la vida, con la práctica. Es un símbolo de nuestra interconexión, de la enseñanza que fluye desde los antiguos Patriarcas y Matriarcas del Zen hasta ustedes.
A veces me gusta ver el rakusu como un delantal de mesero. Cuando nos lo ponemos, nos recordamos que debemos servir a la vida. Y como meseros, está en nuestras manos que los seres vivos estén bien atendidos y que no les falte nada.
¿Cómo será la vida a partir de hoy? Igual que siempre. Nada cambia. Pero todo cambia.
Han recibido un nuevo nombre, un renacimiento en el camino del bodhisattva. Es un cuaderno nuevo y en blanco para escribir una nueva historia. Es un regalo que da la oportunidad de vivir con mayor conciencia, de llevar la Triple Gema a cada acción cotidiana. Es un corazón recién nacido, listo para latir con más apertura, dulzura y compasión.
Aunque parezca que hay muchos kilómetros de distancia entre nosotros, en realidad eso es solo una ilusión. Ahora son parte de una familia más grande, tejida con los hilos del Dharma. Busquen siempre estar unidos, ayudándose mutuamente y caminando juntos. Compartimos el mismo templo llamado vida, y nos guía la misma Luz Dorada de Amida Buda, recordándonos que nunca estamos solos.
El camino continúa. Nos esperan más desafíos, más preguntas, más aprendizajes. Pero juntos seguimos adelante.
Nunca nos rendimos, no dejamos a nadie atrás.
Gracias por su esfuerzo y dedicación. Gracias por no dejarme solo en esta aventura.
El monstruo más grande que tenemos los humanos es nuestro ego. Y de él se desprenden minions terribles como la apatía y la adoración a la comodidad. Esta es la que nos ata y nos mantiene inmóviles mientras la vida alrededor se desarrolla.
En esta charla entre amigos abarcamos algunas de las razones por las que fallamos al intentar hacernos de nuevos hábitos, y respondo preguntas de los participantes.
Hubo una pregunta que me hicieron y no respondí, pero lo hago aquí.
¿Es la meditación el hábito más importante? Un rotundo Súper Sí Turbo Champion Edition Alpha X. Cuando meditas dejas de lado el ego, suspendes las preguntas y aceptas la vida como es. Por unos instantes puedes mirarte sin apegos u opiniones, para apreciar el camino que tienes qué recorrer. Meditar te calma, te da cimientos para seguir adelante y nos hace ver la vida con ojos frescos.
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi