10 factores de la felicidad comprobados por la ciencia y el budismo [Parte 1]

10 factores de la felicidad comprobados por la ciencia y el budismo [Parte 1]

El ser humano es hedonista por naturaleza. Siempre está en la búsqueda de cómo ser feliz  y parecería que está obsesionado con ello. De hecho, puede llegar a extremos ridículos para conseguirla.

Con frecuencia salen a la luz estudios hechos por científicos sobre los factores que determinan nuestra felicidad. Incluso personalidades como Matthieu Ricard se han sometido a estudios para tratar de encontrar qué es lo que le da sentido a nuestra existencia.

Por lo regular la ciencia y el budismo convergen en los mismos puntos, debido a que el enfoque humanista y de sentido común del dharma nos lleva de la mano a erradicar el sufrimiento.

Aquí va una lista de 10 factores para la felicidad en los que coinciden la ciencia y el budismo. Primera parte.

1. Generosidad

«Al dar no sólo encontramos riqueza en esta vida, sino que logramos el punto más alto de prosperidad en la iluminación. Por eso tenemos que practicar la generosidad«; dice el Dalai Lama

En budismo, el concepto de dar desinteresadamente se llama dana y existen una cantidad indefinida de libros al respecto que plantean que el camino seguro a la felicidad.

Cuando damos de corazón y sin esperar retribución, dejamos el yo/ego de lado para poner nuestra atención en la necesidad de otros.

El estudio de Elizabeth Dunn, de la Universidad de British Columbia, marca que cuando hacemos al altruismo parte de nuestras vidas y gastamos dinero en otras personas, somos más felices que aquellos que sólo gastan en sí mismos.

2. Vivir en el momento

«Los participantes de un estudio que se tomaron el tiempo para disfrutar las acciones cotidianas, que normalmente realizaban con prisa, o que pensaron en los momentos agradables del día; mostraron un incremento significativo en su felicidad y en reducción de depresión

Una de las enseñanzas del budismo es simplemente vivir en el presente, con atención consciente. Esto funciona porque no vivimos en los recuerdos ni preocupándonos por el futuro.

3. Evitar las comparaciones

«Compararnos con otros, daña nuestra felicidad y autoestima. Por el contrario, tomar en cuenta nuestros logros personales nos lleva a una mayor satisfacción

Uno de los motivos más grandes de la infelicidad son las comparaciones. Vivimos evaluando a los demás y luego medimos esas observaciones contra nosotros mismos. Esto resulta en celos, envidia, avaricia y sentimientos de inferioridad o, peor aun, de superioridad.

Si sólo nos enfocamos en nuestros logros y vivimos contentos con lo que tenemos, daremos un paso más hacia la felicidad.

4. Dar la importancia correcta al dinero

«Entre más buscamos la satisfacción a los bienes materiales, menos la encontramos. Las personas que ponen el dinero hasta arriba de su lista de prioridades, tienen más riesgo de sufrir depresión, ansiedad y baja autoestima»; dice el investigador Richard Ryan.

El dinero es un bien muy importante. No podemos estar sin él porque necesitamos comer, vestir y un techo bajo el cual dormir. El problema es que nuestra cultura se nos enseña a pasar por encima de quien sea para conseguirlo y mantenerlo.

¿Cuántas personas mega avaras conoces? ¿Son en verdad felices?

Lo que el budismo nos enseña es a darle la importancia correcta y tenerlo sin apegos, usándolo para ser generosos con los demás.

5. Tener metas significativas

El profesor de Harvard Tal Ben-Shahar dice que «la felicidad reside en la intersección entre el placer y el significado.»

Todos buscamos ser felices en la vida. Sin embargo el concepto de felicidad está diluido porque para nuestra sociedad la felicidad es igual a dinero y bienes.  Entonces una gran parte de las personas trazan como meta de vida tener más cosas para sentirse seguros y plenos.

¿Pero y si la felicidad no es lo que en verdad creemos? ¿Porqué las personas que dedican su vida a ayudar a los demás son más felices?

Tener metas con profundidad emocional y espiritual es mucho más valioso que millones en inversiones.

Por supuesto, encontrar el punto medio entre metas materiales y emocionales es lo mejor.

Puedes leer la segunda parte aquí.

Este post está basado en 10 things science (and Buddhism) says will make you happy, publicado en www.wildmind.org
Flojito y cooperando [Dharma cotidiano]

Flojito y cooperando [Dharma cotidiano]

 

La clásica frase mexicana flojito y cooperando la hemos escuchado muchas veces en un contexto de humor.

Implica no oponer resistencia (flojo = mal atado, sin fuerza) y aceptar lo que venga sin cuestionar. Con regularidad se aplica para cuando, en una charla coloquial, relatamos que no existe más opción más que encarar la realidad.

A pesar de que hay un sinnúmero de chistes y bromas al respecto, flojito y cooperando es todo un estatuto de sabiduría que tiene que ver mucho con el dharma y con dukkha (sufrimiento); aunque usted no lo crea.

Y es que el Buda, dentro de las Cuatro Nobles Verdades vio que el sufrimiento tiene un origen. En muy pocas palabras: sufrimos por nuestros apegos y por nuestras aversiones.

Hemos hablado mucho sobre apegos, así que hoy nos enfocaremos a las aversiones, que son otro matiz de los apegos.

Aversión es la resistencia a la insatisfactoriedad de la vida. 

Es decir que si algo no nos gusta, no cumple nuestras expectativas, no nos hace felices o no sabe bien; lo repudiamos.

Odiamos que nos dejen plantados, al jefe, el dolor y la enfermedad, la visita al médico, los trámites burocráticos, las reuniones familiares, cierta comida, X tipo de música… y sufrimos por ello.

El sentimiento de incomodidad y desesperación vienen porque simplemente no podemos aceptar la realidad, llenándonos de ira y de ganas de salir huyendo.

Pero como no podemos, sufrimos.

Esta condición de repudio a la  naturaleza de las cosas nos lleva a no pensar con la cabeza, a actuar como bebés berrinchudos  y a hacer drama gratuito.

¿Qué no sería más fácil entender la realidad como es y simplemente flotar sobre ella?

Cando aceptamos las cosas como son, la vida es mucho más fácil. Incluso las situaciones más fuertes de enfermedad y muerte de algún ser querido.

Una de las cosas que más me gusta del dharma es su crudeza. Por ejemplo: si tienes cáncer, el budismo no te consiente ni te llena de eufemismos. El budismo te dice: sí, tienes cáncer y vas a morir. Esa es la realidad. Ahora, ¿qué vas a hacer para no pasarla mal y aprovechar al máximo tu vida?

Aceptación no significa que debemos ser conformistas. Todo lo contrario. Debemos seguir con nuestros objetivos y con nuestra vida, pero fluyendo con la dificultad. Incluso usándola en nuestro beneficio.

He visto muchas personas sufrir por que llueve o porque hay tráfico en la ciudad. En ambos casos no podemos hacer nada para cambiar esas realidades, pero sí podemos hacer mucho para aprovecharlas.

Me pongo como ejemplo. Cuando tenía auto pasaba a veces hasta 6 horas al día en el tráfico. Desesperante para cualquiera, ¿no? Al principio lo sufrí mucho, pero decidí convertir esas 6 horas en una experiencia didáctica y aprendí mandarín básico vía podcasts.

La experiencia era tan buena que a veces no me gustaba llegar a mi destino, ¡sólo por no dejar una lección a medias!

Me puse flojito y cooperé con el tráfico. Acepté que el tráfico en la ciudad jamás mejorará, sino todo lo contrario. Esa era la realidad que me causaba sufrimiento. Si no había opción más que usar el auto para mi trabajo, mejor me adapté y usé ese tiempo de forma productiva.

Cuando ya no tuve auto, convertí las horas de transporte público en horas de lectura.

Aceptar la realidad como es cuesta trabajo. Nos educan a obtener lo que queremos justo en el momento que lo pedimos y no tenemos la paciencia ni la sabiduría para simplemente dejar pasar las cosas y fluir con ellas.

Cuando vemos las cosas como son, podemos pensar con claridad y de forma desapegada.

Mucho del sufrimiento que tenemos no sólo es por aversión, sino por falta de creatividad.

¿Cuál es tu motivo de sufrimiento? ¿Es posible ser creativo para darle vuelta a los problemas? ¡Dilo en los comentarios!

10 consejos para mejorar tu forma de hablar

10 consejos para mejorar tu forma de hablar

 

Por alguna extraña razón que no entiendo, a quienes nos dedicamos a algo relacionado con Internet nos llegan peticiones de soporte técnico. A veces algún vecino o familiar nos pide algo como «arregla mi PC» o «instala X software». Es normal y uno ve hasta con cariño estos mini servicios.

Ayer me tocó cambiar la seguridad de un router de Internet y tuve que llamar a soporte técnico de la compañía de cable. La experiencia fue un desastre. No por problemas técnicos, sino por incompatibilidad lingüística. Simplemente no pude entender nada de lo que me decía el agente que me atendió.

Me impresionó que a pesar de que ambos hablamos castellano mexicano, no pude comprender su acento, sus modismos, su pronunciación de términos técnicos ni nada de lo que me indicaba hacer.

Al principio me pareció curioso, pero cuando esta barrera me hizo perder 1 hora al teléfono, me hizo reflexionar lo frágil que es nuestra lengua y lo difícil que es hacer llegar un mensaje a nuestro receptor.

Uno de los puntos vitales del Camino Óctuple en el budismo se llama Habla Correcta, que nos impulsa a no mentir, pero también a tener un habla suave, amable, propia y pura. Con esto conseguimos que nuestra comunicación llegue sin transformación ni mensajes ocultos.

La comunicación humana es difícil. No porque nuestros lenguajes y códigos estén mal estructurados, sino porque depende de muchos factores como el contexto o la intención.

Así que aquí dejo una pequeña lista de sugerencias para que todos mejoremos nuestra forma de hablar, apegándonos al Habla Correcta del budismo.

1. Sé honesto

Hablar con honestidad lo es todo porque de ello depende la autenticidad de nuestro mensaje. Sin mentiras ni manipulaciones. Sólo ten en mente que ser honesto no significa ser descortés. Usa tu sentido común.

2. Detente 1 segundo antes de hablar

Si haces una pausa tan pequeña que nadie la note, le darás tiempo a tu mente de decidir si lo que vas a decir vale la pena. O quizá te puede salvar de ofender a alguien. Esta acción te asegura muchos menos pléitos y comunicaciones más nítidas.

3. Sé amable

Si tu intención es agredir a alguien, mejor no digas nada. Hablar con suavidad y elegancia hace que tu mensaje llegue al receptor sin basura y en buen espíritu.

4. No hables si no es necesario

El mundo está lleno de ruido. Si no es necesario hablar, no lo hagas. La gente a tu alrededor lo apreciará.

5. Cuida tu acento

Si hablas con alguien de otra ciudad o país, ten la cortesía de revisar tu acento. Con mucha seguridad usas palabras, velocidad o entonación que para la otra persona pueden resultar incompresibles.

6. Cuida tu vocabulario

Usar malas palabras o caló no es gracioso o necesario, a menos que todos estén en contexto. Además puede resultar ofensivo para alguien que no los comparta.

7. Lee para incrementar tu vocabulario

La mejor forma conocer más palabras para comunicarte mejor, es leer. Lee todos los libros que puedas y recuerda que el diccionario es tu mejor amigo.

8. Si no conoces una palabra extrajera, pronúnciala como la lees en castellano

No es obligatorio para nadie conocer otro idioma y nuestra lengua está llena de influencias extranjeras. Si no sabes cómo se pronuncia Wireless, no tiene nada de malo o vergonzoso decir Güireles. Sólo no inventes pronunciaciones porque la gente se burlará de ti y de todas formas no te entenderán.

9. Habla de frente y mira a los ojos

A todos nos gusta ver a nuestro interlocutor. Míralo de frente al hablar. Y por favor, en nombre de lo más sagrado del universo, no atiendas el teléfono o chat cuando estés hablando con alguien en la misma habitación.

10. Mejora tu dicción

Mueve la boca al hablar, no murmures ni balbucees. Es muy recomendable leer en voz alta de vez en cuando.

Bonus: No hables en secreto frente a otros

Hablar en secreto con alguien mientras tienes a más personas frente a ti, es de muy mal gusto porque es evidente que estás ocultando cosas de los demás. Si tienes algo que decir que no deban saber todos, espera tener un poco de privacidad.

Como siempre, estos consejos no son los únicos. ¿Tienes alguno que nos quieras compartir?

Lanzamiento: Dharma para la Ciudad

Lanzamiento: Dharma para la Ciudad

 

Había una vez un hombre loco llamado Kid Buda. Él era un hombre feliz con un sueño.

Caminaba por la ciudad pensando que la vida era mucho más que el ciclo trabajar-comprar-dormir. Sabía que en el conocimiento del Buda había sabiduría por ser explorada y compartida.

Él estaba seguro que en los viejos y empolvados textos de los boddhisatvas estaba el secreto de la felicidad.

Así que meditaba y escribía para que todo el mundo leyera porque su sueño era hacer que todos fueran tan felices como él.

Dicen que un loco a la mitad del océano y a media noche, encontrará a otro loco porque son como imanes. Se atraen. Un buen día, Kid Buda se topó con otros tres locos que también tenían un sueño similar.

Estos singulares personajes eran So, de Blog y Lana; Kamizazen, de Kzen; y Morex, de Chocobuda.

Se miraron, se sentaron a hablar y nació una amistad sólida como roca.

Esta amistad, que trascendía el espacio físico, comenzó a dar frutos. La charla sobre el dharma y cómo ser felices, se trasladó a la gente que quería escuchar y de pronto los cuatro locos estaban rodeados de más personas como ellos.

Pronto, el sueño de un individuo se convirtió en el sueño de muchos y nació Dharma Para la Ciudad, el sitio de Internet donde estos cuatro autores comparten su punto de visa sobre el dharma aplicado a la vida cotidiana en la ciudad.

¿Quieres ser parte de este grupo de locos en busca de la felicidad, meditar y desafiar? Bienvenido a Dharma Para la Ciudad.

 

¡Insurrección! Cuestiona tus valores familiares

¡Insurrección! Cuestiona tus valores familiares

 

No es una coincidencia que la base de toda sociedad sea el núcleo familiar. En el seno de la familia aprendemos, crecemos y obtenemos las herramientas para enfrentar la vida adulta de la mejor forma posible.

Bajo la supervisión de los adultos y personas con más edad que nosotros, nos adentramos en la cultura y aprendemos a ser ciudadanos de nuestro país con la moral, la ética y la mística que nos inculcan. Nos integramos a la historia, patriotismo, religión, fiestas, celebraciones, modales y sistema de respeto de nuestros padres.

Una nación está formada por su gente y la gente está formada por la familia.

Estamos hechos de nuestros valores familiares y la gran mayoría nos sentimos satisfechos con ellos. Así ha sido la vida por generaciones y no tiene porqué cambiar. No hay necesidad alguna de cuestionar porque pensar demasiado es hasta inmoral ¿Correcto?

Esto viene a la cabeza porque basta leer las noticias del día para darnos cuenta que el mundo está cambiando fuertemente. Han habido revoluciones gestadas en las redes sociales, los sistemas legales y económicos de nuestros padres se están derrumbando y es imperativo un cambio de valores para la humanidad.

Pero los grandes cambios, los que quedan en los libros de historia, comienzan siempre por la célula más pequeña: tú.

Nos la pasamos quejándonos del sistema, los políticos, el dinero y depositando la responsabilidad de los problemas en terceros. Pero la semilla del cambio está en nuestras manos. En tus manos.

Entonces, si tú eres el agente del cambio que necesita el mundo, ¿no resulta lógico comenzar con lo que eres y lo que te forma?

Si lo que te forma es la familia… ¿Has cuestionado alguna vez tus valores familiares? ¿Lo que te enseñaron en casa es lo correcto? ¿No existe una mejor forma de comportarse y resolver los problemas?

Cuestionar todo es lo que nos hace comprender el mundo y adaptar la realidad a lo que funcione. Cuestionando hacemos que la ciencia y las sociedades avancen porque así entendemos lo que está mal o es poco eficiente; y trabajamos para inventar o mejorar.

Y la familia no puede quedarse fuera. Debemos cuestionar nuestros valores familiares, a pesar de que esto pueda ser considerado una falta de respeto hacia nuestros padres y abuelos.  Sólo así podemos mejorar y pasar una nueva cultura a las generaciones nacientes.

Algunos valores familiares a cuestionar y a mejorar son:

Alimentación. ¿Tradicionalmente, nos hemos alimentado bien? ¿Somos una familia basada en carbohidratos o mucha carne? ¿Hay historias de sobrepeso que se pudieron corregir? ¿Hay historias de gastritis por abuso de irritantes? ¿Realmente quiero vivir con sobrepeso, justo como los demás?

Alcohol. ¿Es lo normal ver al tío Paco vomitando de borracho? ¿Se usa el alcohol como pretexto de reuniones? ¿Es lo normal abusar del alcohol ante una desgracia o fiesta? ¿No existe una forma más sana y barata para celebrar?

Cultura. ¿Tenemos que escuchar este tipo de música? ¿No existe más entretenimiento que la TV y el soccer? ¿El equipo de soccer de mi padre, tiene que ser el mío? ¿De verdad tenemos que pasar el fin de semana así? ¿Qué hay más allá de esto? ¿Qué tipo de música, películas o TV hay en otros países?

Honestidad. ¿Justificamos el robo, la mentira y el abuso sólo porque somos pobres? ¿Robamos la electricidad, agua, cable u otros servicios? ¿Vemos como héroes a quienes tomaron ventaja de personas honestas? ¿Dejamos de pagar impuestos y soy parte de la corrupción del país?

Drama. ¿Necesitamos hacer drama por todo? ¿No sería mejor llevar una vida sin exageraciones y ver las cosas como son? ¿En lugar de quejarnos todo el tiempo, no sería mejor callarse y tomar acción?

Finanzas. ¿Llevamos finanzas sanas? ¿Es normal vivir con deuda? ¿No sería mejor ahorrar y prever? ¿No existe una mejor forma de controlar los gastos?

Superstición. ¿Realmente creo en todo lo que dicen los abuelos? ¿No existen formas más científicas de resolver problemas? ¿En verdad quiero depositar mi destino y responsabilidades en amuletos, astros o seres mágicos? ¿Qué pasa si uso la razón y me documento antes de creer a ciegas?

Religión. ¿En verdad hacen sentido las historias religiosas? ¿Creemos por convicción o porque me lo inculcaron? ¿La religión de mi familia es la única? ¿Estoy dispuesto a abrir mi mente a que existen más religiones? ¿En verdad me siento bien y libre siguiendo esta religión? ¿Es realmente necesario tener una religión?

Machismo. ¿De verdad queremos tratar a las mujeres así? ¿Es necesario aterrorizar emocionalmente o golpear? ¿Es necesario ser tan primitivos? ¿Porqué no respetar y caminar juntos?

Respeto. ¿Porqué tratamos así a los adultos mayores? ¿Por fuerza debemos menospreciar a los jóvenes? ¿Tenemos que burlarnos de la autoridad todo el tiempo?

Disciplina. ¿Nos damos demasiadas licencias para no cumplir metas? ¿Nos consentimos de más? ¿Posponemos las obligaciones ante la fiesta? ¿Dejamos todo de lado cuando estamos tristes?

Cuestionar y poner a prueba nuevas formas de pensar y de hacer las cosas, es la mejor herramienta para crecer y dejar de lado vicios que hemos arrastrado por generaciones. 

Con esto no faltamos al respeto a nuestros ancestros o padres, sólo estamos mejorando el sistema. Y quién sabe, quizá en el futuro el país también crezca.

¿Tienes el valor para cuestionar tus valores familiares?

Operación Tarahumara: ¡Muchas gracias por ayudar!

Operación Tarahumara: ¡Muchas gracias por ayudar!

Foto: www.vanguardia.com.mx

Hoy cerramos la Operación Tarahumara, en la que propuse hacer un donativo para ayudar a combatir el hambre en la Sierra Tarahumara a cambio de entrar a un taller de meditación.

La respuesta fue buena y muchas personas se quitaron la venda del egoísmo para colaborar con la Fundación Tarahumara José A. Llaguno, quienes han estado presentes en la zona rarámuri desde hace 20 años. Ellos llevan educación y alimento a quienes lo necesitan.

Ayer fui contactado por la Fundación, quienes no tenían idea la Operación Tarahumara, para agradecer nuestros esfuerzos y decirnos que pueden dar recibo deducible de impuestos a todos los que donamos.

Si participaste y lo requieres, escríbeme para darte los datos necesarios.

Abrir nuestros sentimientos, entender que todos somos uno y ayudar por ayudar, son valores que necesitamos cultivar diariamente.

De todo corazón, muchas gracias por participar.

Somos legión. Somos uno. Ayudamos.