Sobre las experiencias místicas durante la meditación

Sobre las experiencias místicas durante la meditación

Cuando comenzamos a experimentar con la meditación, casi siempre lo hacemos de manera autodidacta. Buscamos algún video, app o podcast que nos ayude a dar el primer paso, lo cual es muy bueno. Es una excelente manera de iniciar.

El problema es que nos quedamos solo con lo que ese primer contacto nos da. No queda claro que la guía de un maestro es necesaria, porque en algún punto la app o el podcast no responderá preguntas que todos tenemos. ¿Qué hacer con las experiencias místicas y profundas que vamos a vivir? ¿Qué significan?

Luego de unos días de meditar por primera vez, muchas personas experimentan separación del cuerpo, ven ángeles, sienten presencias extrañas y una colección de fenómenos completamente normales. Son normales porque la mente de un novato no sabe qué hacer con la experiencia de inmovilidad y de concentrar la atención a un solo punto (normalmente la respiración).

En el Budismo Zen, a este tipo de situaciones las llamamos Makyou. Es una palabra japonesa que significa reino de los demonios, y la usamos para designar el autoengaño que son estas experiencias. La gran mayoría de las experiencias místicas que tenemos al meditar, son producto de una mente ajustándose a la disciplina. Tiene a crear proyecciones y sensaciones tan poderosas, que las tomamos como reales.

Pero al final no son más que Makyou en todo su esplendor.

Entonces, en el Zen ¿qué hacemos con estas experiencias místicas?

Nada. Absolutamente nada.

No son relevantes, no son sublimes y no sirven para nada. ¿Por qué? Por la misma razón que el Buda no se molestaba en comentar estas experiencias: por más profundas y místicas que sean, no te vuelve mejor persona.
En el Zen solo nos sentamos en silencio, sin buscar nada. A esto lo llamamos Shikantaza (solo siéntate). Si llegan esas experiencias, las dejamos pasar porque perseguirlas y razonarlas, es darle rienda suelta al ego.
El foco de nuestra práctica es la compasión. Con base en la sabiduría del Buda y Dogen, ayudamos a todos los seres vivos que nos rodean. Y lo hacemos en silencio, humildad y discreción.
Y si has pasado por Makyou, quizá es momento de acudir con un maestro a tu centro budista más cercano.
Todo por lo que pasas necesita suceder

Todo por lo que pasas necesita suceder

Vivir desconectados de la naturaleza y estar centrados en el ego, tiene costos muy altos para los seres humanos. Hemos convertido en nuestra característica principal el rechazo absoluto a la incomodidad y a todo aquello que no cumpla con nuestras expectativas. Entonces, como solo vivimos para el gozo, cuando nos enfrentamos a la adversidad, carecemos de elementos y entrenamiento para entender y salir adelante.

Los años pasan y vamos coleccionando experiencias que catalogamos como negativas, lo que deja profundas cicatrices en la personalidad. Muchos caminamos por la vida con el corazón roto.

Si carecemos de una vía espiritual que nos guíe, en algún punto el sistema se descompone y comienza el caos. Nada tiene sentido, el universo está en nuestra contra, todos los esfuerzos son fútiles y nos convertimos en zombies. Pasamos a ese estado de penumbra en el que desearíamos no despertar más mañana. ¡No me merezco esto!

Esta característica de nuestra manera de ver el mundo sucede cuando los Tres Venenos de la Mente nos controlan. Estos son Ignorancia, Ira y Avaricia. Es por ignorancia que no encontramos sentido a lo que pasa.

Para el Buda, la ignorancia significa la falta de conocimiento de cómo funciona el universo y sus leyes. Este sentimiento de que nada tiene sentido en nuestra vida es porque no nos hemos topado con la Ley de Causa y Efecto, que es esencial para el Budismo Mahayana.

En la Ley de Causa y Efecto absolutamente todo tiene una razón de ser, un motivo y producirá un resultado, que se encadenará a otros incontables resultados para crear nuevas causas y efectos, igual de incontables. Es una secuencia de situaciones que tejen la vida y que te ponen aquí en este momento, leyendo estas líneas.

Es por todo lo que has pasado, todo lo que has comido y bebido, todas las lágrimas, todas las risas; que estás aquí en este instante de la historia del cosmos. Es así y no hay manera alguna de que sea de otra manera. Eres quien eres gracias a todo ello. En su tiempo no sabías para qué era necesario pasar por todo eso, pero la realidad es que todo eso te forma hoy.

Entonces, de la misma manera que incontables causas y efectos te han traído hasta aquí; todo lo que te está sucediendo (te guste o no) obedece a un orden universal que escapa a tu comprensión. La Ley de Causa y efecto nos da justo lo que necesitamos para aprender y crecer. Quizá de momento no lo vemos porque estamos ocupados acariciando o reparando el ego, pero si abrimos bien el corazón y los ojos lo podrías ver. Sucede en tiempo real y justo frente a ti.

La práctica Zen nos ayuda justo a apreciar la elegancia de esta ley. Y es muy útil para acabar con la tristeza y la angustia, porque entonces el caos deja de serlo y se convierte en orden. La tristeza y la ira adquieren su característica principal de impermanencia y regresa la confianza de que todo estará bien y en orden.

¿Cómo llegar a ver la Ley de Causa y Efecto? Hay muchas vías espirituales que puedes seguir, pero debido a que este blog es budista…

Estudiando Budismo Zen, encontrando un maestro, siendo parte de una sangha y con la práctica disciplinada de Zazen. Con el paso del tiempo muchos conceptos difíciles de entender comenzarán a quedar claros y te ayudarán a tener una existencia más cómoda.

Formas en las que la práctica del Soto Zen te transforma

Formas en las que la práctica del Soto Zen te transforma

 

La práctica Zen no sirve para nada. Esta es una frase tan antigua como el mismo Budismo Zen de China. La encontramos en textos clásicos como El Sermón del Despertar, de Bodhidharma; y nos recuerda que aunque sea una diciplina hermosa, no debemos nunca pensar en el Zen como algo que nos regrese beneficios centrados en el ego.

Sin embargo, es imposible negar que, con el paso del tiempo, el practicante de Budismo Soto Zen experimenta cambios importantes en su manera de vivir. De ninguna forma son cambios que reditúen en más dinero, fama o productividad. Pero sí que cada persona que decide guardar silencio en el zafu, puede sentir cómo las cosas son más sencillas y menos abrumantes. 

He preparado esta lista que podría ser útil si te interesa comenzar a practicar Zen. Aunque puede que las experimentes o no, muchas personas coinciden en ellas. A saber…

 

El Zen te ayuda a experimentar la verdadera felicidad (budista)

La palabra felicidad es muy seductora. ¡Todos queremos ser felices! Con la práctica Zen, disciplina y tiempo, puedes llegar a ser auténticamente feliz… en la definición budista del término. Para el Soto Zen la felicidad es un sinónimo de algo más importante: ecuanimidad. Significa que es posible llegar a una base sólida y estable que de equilibrio a tus pensamientos y emociones. 

 

El estrés y la melancolía de la vida disminuyen

Mucho de lo que nos hace sufrir, si no es que la mayoría de las cosas, son fabricaciones de la mente. Son estos pensamientos e imaginaciones tan poderosos que, al abrazaralos y al agragarles más chatarra egocéntrica, nos hacen sentir que la vida apesta. Con la práctica Zen, estos estados mentales se vuelven menos pesados. No desaparecen por completo, pero sí se puede soltarlos antes de que causen daño.

 

Atención plena en cada instante del día

Con la práctica Zen, una taza de café es solo una taza de café. El café se vive pleno, en su totalidad, justo ahí y en ese momento. Así es cada instante del día. Cuando trabajamos, somos trabajo. Cuando amamos, solo amamos. Cuando estamos con amigos, estamos 100% ahí, presentes. La vida se siente más real y colorida, sin drama, cuando el Zen llena tu corazón. Sí, aún las cosas que no te gustan se pueden vivir en pleno.

 

La compasión por todos los seres vivos llega a tu corazón

Una enseñanza clave del budismo es la práctica activa de compasión, que es el fuego interno que nos motiva a ayudar a los demás. Cuando esto pasa, estás haciendo que la vida sea un mejor lugar para todos, además de que encontrarás cada vez más difícil quejarte de todo. 

 

Reduce el consumo innecesario

El Zen también llena de gratitud todo el ser. Eso significa que se está más cómodo con la vida como es, con lo que somos, con lo que hay. Se detiene el deseo desmedido por poseer cosas, experiencias o personas, lo que se traduce en paz espiritual y menos gasto. Es decir, tu dinero rendirá menos porque gastarás menos.  Se usan menos recursos de la Madre Tierra, por lo que la práctica Zen también es una maravillosa vía para reparar el daño que hemos causado.

 

Se descubre el ser interior

Todos esos huecos existenciales que nos caracterízan, así como las preguntas espirituales más densas, tienen resolición en el silencio de Zazen. Aquí no hay más que decir que Shikantaza es la vía para contemplar lo que verdaderamente somos.

 

La vida se vuelve más sencilla

La práctica Zen es minimalismo puro. Buscamos una relación más simple con todo lo que existe, sin crear dramas o necesidades vacías. Luego de algún tiempo de práctica, es posible estar en paz, sin criticar, sin juzgar y de buen humor todo el tiempo. De igual forma, el Zen nos ofrece una estructura de valores morales que están diseñados para tener una vida más plena y pacífica.

Aunque la palabra Zen es parte del lenguaje cotidiano, pocas personas se atreven a explorarlo. Esta lista es un buen punto de partida para ayudarte a decidir si es una práctica para ti. Muy pronto regresará el Curso 1 de Introducción al Budismo Zen, así que regresa pronto para revisar la convocatoria.

 
 
Sobre cómo sobrellevar estos tiempos tan difíciles

Sobre cómo sobrellevar estos tiempos tan difíciles

Los humanos somos simios muy curiosos. Cuando todo sale perfecto y se acomoda con el ego, no vemos nunca los potenciales problemas ni omisiones de nuestros actos.

Por ejemplo, el hecho de que haya comida disponible en mi nevera me hace sentir que todo marcha en orden, pero no puedo ver que muchos de mis alimentos provocan la muerte de millones de seres vivos y la destrucción completa de ecosistemas.

Si falta alimento en la nevera, entonces paso por la peor de las calamidades, busco poner culpa al gobierno, a los demás y la paso muy mal, quejándome hasta el infinito y más allá.

A pesar de las dificultades, la vida antes de la pandemia había sido buena y complaciente. Habíamos olvidado lo que era vivir el ataque de un virus, a pesar de que muchísimas veces en la historia hemos pasado por cosas peores. Pero justo porque olvidamos y no leemos ni ciencia ni historia, pensamos que esto es una «desgracia».

Una persona me escribió esto:

Choco, ¿qué hacer? ¿cómo sobre llevar estos tiempos tan difíciles?

Saber de tanta gente cercana que se va y otros más que sufren por estar enfermos o por tener algún familiar enfermo. Cada vez es gente conocida, amigos de toda la vida que no alcanzamos ni a despedirnos.

Chocobuda, ¿cómo afrontar esta desgracia?

Perdón, pero no veo cómo.

Mi respuesta fue:

Gracias por escribir, pero has venido con la persona menos indicada. Lo que tengo que decir no te va a gustar.

Primero que nada, puedo ver que no tienes una práctica espiritual estable. Por eso la sensación de caos y vacío. Por favor regresa a la meditación y busca una vía espiritual que te funcione. Si es Budismo Zen, pues ¡bienvenido!

En segundo lugar, sentir la epidemia como una desgracia obedece a que no has hecho tu tarea y no has leído ni historia ni ciencia. Las epidemias son fuerzas necesarias de la vida para equilibrar la vida misma. Sucede en todas las especies de plantas y animales. Esta epidemia es solo una más de las que ha habido y de las que habrá. Pero nuestra soberbia humana hace que todo se expanda porque no se acomoda con nuestro ego.

La práctica Zen nos permite entender todo esto para estar en paz. Sí, aún con la muerte de los seres queridos o la propia.

Qué hacer? Aceptar que la vida y la salud son impermanentes, por lo que cada segundo en esta vida es precioso.No, la epidemia no es una desgracia, por más caos y dolor que vivamos. Es solo la Perla Brillante siendo brillante. Nada más, nada menos.

Entenderlo así, hara que nuestra carga sea más ligera y nos dará oportunidad de entender que lo único que nos puede sacar adelante, es la compasión.Aquí una charla sobre esto:

 

Falso: los hábitos no se forman en solo 30 días

Falso: los hábitos no se forman en solo 30 días

 

Iniciar un año de retos como 2021 no solo es cuestión de buenos deseos, sino de saber qué demonios estamos haciendo con nuestros hábitos. ¿Por qué hago énfasis en los hábitos? Porque tenerlos, además de rutinas establecidas a lo largo del día, nos da paz y seguridad en este mundo en el que la Señora Impermanencia nos recuerda quién es la jefa.

Pero el problema es que no estamos educados para entender cómo funcionan los hábitos, los pequeños rituales cotidianos y su importancia. Queremos que los hábitos se queden tan sólo por imaginarlos, sin tener claro la disciplina y constancia que se requiere. Pero aún más importante, no tomamos conciencia del tiempo que requiere crear un hábito nuevo. Por ejemplo, como cuando queremos volvernos corredores en cada enero.

Nos preparamos y conseguimos todo. Estamos listos. Este año será el que marque la diferencia en mi vida.

El 1 de enero es el día perfecto para iniciar. ¡Vamos con todo!

Si entreno duro, en un mes estaré corriendo mi primera carrera. Al fin y al cabo, los blogs de productividad y TED dicen que con 21 o 30 días el hábito queda listo.

Los expertos en productividad al estilo estadounidense nos dicen que debemos vivir con la mentalidad de cambio y realizando afirmaciones que pongan la mente en el camino ideal. Aunado a acciones pequeñas, al final de 30 días el hábito quedará en la mente y será parte de nuestra vida.

Suena fácil y sencillo. Uno piensa que con un esfuerzo de tan sólo unos días podrá comer ensaladas cual vaca o salir a incendiar las calles con el running.

Sin embargo, hay una falla inmensa en este sistema. Esta teoría está pensada con la mentalidad de la recompensa inmediata.

Para la mentalidad occidental, los cambios deben llegar sin esfuerzo y de la manera menos incómoda posible. Si algo produce un poco de sudor en la frente, es descartado. Es más, si pueden pagar por que alguien más se esfuerce, lo hacen.

No en vano Estados Unidos es el país que más productos milagrosos lanza. Basta con echar un vistazo a los informerciales. Harán lo que sea para vendernos desde pelador de patatas mágico, hasta un aparato de tortura medieval para ejercitar el abdomen. Todo es fácil y con el menor esfuerzo posible.

¡Puedo tener six pack mientras miro Netflix!

Los hispanoparlantes no somos diferentes.

La recompensa inmediata es uno de los daños más grandes que la sociedad de consumo ha casado en el crecimiento personal y espiritual.

Todo lo queremos aquí y ahora, y los hábitos no se escapan.

Por eso, al intentar cumplir metas y adquirir mejores disciplinas, fallamos miserablemente. Cuando vemos la cruda realidad de que los hábitos requieren esfuerzo y hasta un poco de sacrificio, los abandonamos.

Hace años, cuando estaba experimentando con los hábitos, decidí retar la idea de los 21 a 30 días porque algo no estaba correcto.

Ya sea curar mi insomnio, volverme corredor, aprender un idioma o a cocinar… todos mis procesos de hábitos nuevos han tomado mucho más de 3 meses. Algunos más complejos han tomado unos buenos 4 años. Todas y cada una de mis mejoras personales han llevado un largo proceso de introspección, investigación, experimentación, muchos errores y caídas, y práctica constante.

Los hábitos que formamos los monjes budistas requieren aún más tiempo para quedar, pues también tienen que ver con la práctica activa de dejar el ego de lado.

Quizá soy muy tonto. Es posible que mi cerebro de mandril no pueda con una meta corta de 21 días. Pero lo que sí puedo decir es que los cambios que se han quedado y que forman parte de mi cotidiano, han sido logrados al 100% y los practico hasta el día de hoy.

Pero todos han tomado mucho tiempo y, sobre todo, disciplina.

No me cansaré de decirlo. El secreto de la vida es la disciplina. La necesitamos para estudiar, trabajar, divertirnos y hasta para dormir.

Creo que es hora de comenzar a entenderlo antes de que 2021 nos lleve en su remolino.

Si quieres aprender y entrenar hábitos conmigo, estamos por comenzar un nuevo taller. Información aquí.