Seis frases budistas para salir adelante (La vida es dura 1 / 7)

Seis frases budistas para salir adelante (La vida es dura 1 / 7)

La vida humana es dura y no hay lugar para negociación. Desde que nacemos estamos en constante lucha por aprender, por asegurar nuestra posición en la manada y desarrollar la personalidad. Vamos creciendo y estamos en contra del ecosistema, de otras personas y comenzamos a interesarnos en llevar vida de pareja. Al volvernos adultos tenemos todo en contra, pero lo queremos todo.

La vida es dura y llena de obstáculos. Hay lugares a los que ir, cosas por tener y títulos por ganar. Esto crea dukkha, insatisfacción que se vuelve infelicidad y confusión.

Pero al mismo tiempo, dentro del caos que puede resultar la existencia moderna, hay paz. Existe acceso a la aceptación a la tranquilidad y siempre hay salida a todo lo que nos causa conflicto. De hecho, contemplar el conflicto mismo es un camino seguro a la paz interna.

Chocobuda, estás mal de la cabeza. El conflicto no es paz. ¿Cómo estar tranquilos si el gobierno/mi pareja/mi jefe/mi madre/si el clima está (inserte materia prima para la angustia aquí)?

El budismo nos presenta una solución efectiva a todo lo que nos vuelve infelices, y esa es una gran noticia. El problema es que no es una píldora mágica que quitará el pesar de nuestros corazones. Y no es que el zen resuelva los problemas, no. La práctica zen nos regresa la calma para poder ver salidas y opciones que estaban bloqueadas por el berrinche.

Al llevar una práctica constante de zazen y de estudio del dharma, tenemos las herramientas para poder manejar todo lo que nos atormenta. No es necesario transformarse en monje budista para vivir de este lado del dharma, por supuesto.

La cultura actual nos nace huir de todo lo que no nos parece placentero. Evitamos los problemas a toda costa. Pero ¿y si estamos equivocados con esa actitud? ¿Qué pasaría si en lugar de salir corriendo, abrazamos los problemas? ¿Y si los problemas mismos fueran solo creación de nuestra propia mente?

El budismo nos abre la puerta a vivir en paz con todo lo que pasa,  aun en las situaciones más duras.

A veces es tan simple como comenzara a leer de forma correcta frases y citas de maestros budistas. Por esta razón decidí presentar una pequeña selección de 6 frases budistas que nos ayudan a salir adelante cuando las cosas se ponen oscuras.

Esta práctica se llama Lojong y nació en Tibet gracias al maestro Chekawa Yeshe Dorje (S. XII). Trata del estudio y contemplación de frases clave que nos crean consciencia de la calidad de nuestra propia mente ante las situaciones de la vida. El propósito es liberarnos de los obstáculos que evitan que desarrollemos bodaishin (bodhicitta), la mentalidad del bodhisattva.

Por contemplación me refiero a leer una frase y sentarnos a practicar zazen con ella por algunos días, soltando todo tipo de pretensión sobre comprenderla a fondo.

La colección completa consta de 59 frases, pero aquí solo hablaremos de la Transformación de Circunstancias Poco Afortunadas en el Camino a la Iluminación. Al final de esta serie de posts con toda certeza no seremos seres iluminados, pero sí más tranquilos.

En una serie de 6 entradas escribiré sobre las frases:

  1. Convierte todos los contratiempos en el Camino.
  2. Conjunta todas las culpas en una.
  3. Sé agradecido con todos.
  4. La confusión es Buda. Practica la Vacuidad.
  5. Haz el bien, aléjate de lo maléfico, aprecia tu locura, pide ayuda.
  6. Todo lo que encuentras es el Camino.

No es raro escuchar de los maestros budistas que el camino a la felicidad comienza cuando cambiamos nuestra relación con los fenómenos y con nuestra propia mente. Este es un buen lugar para dar el primer paso.

Todos los posts de esta serie los puedes ver aquí.

Eres junkie del teléfono móvil por esta razón

Eres junkie del teléfono móvil por esta razón

 

Soy un entusiasta de la ciencia y tecnología. Me gusta mucho, disfruto leer sobre ellas y me parece apasionante cómo hemos avanzado para hacer que esta vida sea más cómoda.

Un hogar promedio de esta civilización occidental cuenta con servicios y comodidades que ni siquiera los faraones egipcios podían soñar. Ducha, estufa, hornos de microondas, televisión con control remoto (mando), cristal en las ventanas… ¡somos muy afortunados!

Y es que muchas de nuestros artilugios y herramientas tecnológicas son prótesis. Han sido diseñadas para mejorar o reemplazar funciones corporales. El martillo o el tenedor son prótesis de nuestras manos, por ejemplo. Los autos, las bicicletas son prótesis que mejoran nuestras piernas. La lavadora, la podadora o la batidora evita que cansemos las manos. Los binoculares, telescopios, microscopios o las gafas existen para mejorar nuestra pobre visión.

Vivimos por y para estas herramientas. Es es increíble contar con ellas. Imagina si no tuviéramos máscaras de oxígeno en los hospitales o sistemas de navegación en los aviones.

Tener acceso a todo ello ayuda a cultivar un sentimiento de bienestar y seguridad que no existía, digamos, hace 60 años. Nos sentimos bien, seguros y plenos con todo ello. Excepto por una herramienta en especial por la que generamos justo los sentimientos opuestos: el teléfono móvil.

El pequeño dispositivo que cargas en el bolsillo o en el portafolio es una gran herramienta, pero tenemos una relación espantosa con él.

Así como inventamos prótesis para otras funciones y órganos, el móvil es una prótesis para la mente. Sí, eso es correcto. Reemplaza nuestra mente con todo y capacidad de pensamiento crítico, habilidades sociales e imaginación.

Existen cientos de papers científicos explicando nuestro comportamiento frente a los móviles, así que me mantendré en el enfoque budista.

El teléfono móvil y toda su industria al rededor se especializan en explotar los puntos débiles de nuestra psicología, para en crear cientos de ilusiones. Éstas funcionan al mismo tiempo, dándonos sentimientos de conexión, de pertenencia, de importancia y, la mejor, de poder.

Tener un móvil de muchas capacidades transforma nuestra experiencia porque podemos tener acceso a más y más información. Podemos mirar la vida de los demás, llevar estadísticas de lo que comemos o los pasos que damos o las horas que meditamos.

Todo este conjunto de ilusiones apuntala de forma directa a la madre de todas las ilusiones: el ego (Anatta, en sánscrito).

Entre más ilusiones de conexión, de amistad y de control tenga el ego, más gordo y enorme crece, más adicto se vuelve… porque ya no tiene necesidad de pensar, de crear, de imaginar, de mirar a los ojos a las personas, o de imaginar.

Es mucho más fácil mirar la pantalla que esperar 10 segundos a la luz verde del semáforo. Es más cómodo responder textos que mirar a las personas en la mesa. Es más delicioso leer Tweeter que una novela.  Es más conveniente compartir un meme de «salven a las focas» que salir a luchar por las causas justas.

El móvil es nuestro refugio, nuestro lugar seguro.

Pero nuestro ser interno no es tonto. Sabe que le damos placebos todo el tiempo y nos pide calma, conexión real con las personas… pero no se la damos y cubrimos esa necesidad con más tiempo de teléfono. Esto crea un círculo que nos lleva cada vez más a dukkha, vivir en insatisfacción por completo.

No es que esté mal usar el teléfono y sus respectivas apps. Pero tenemos que buscar el punto medio.

El Buda nos dejó la Gran Vía, que también se le conoce como el Camino Medio. No podemos estar encadenados a nuestros excesos o a las ilusiones de la sociedad de consumo.

En algún punto hay que recobrar la consciencia y el control de nuestra tranquilidad. Y por paradójico que parezca, dejar de estar conectados y mirando una pantalla en la palma de nuestra mano, es el primer paso.

Soluciones hay muchas. Cada persona es responsable de cómo vive su tranquilidad.

Pero pasando un par de horas al día a solas, en silencio y sin móvil, funciona.

 

Autoestima desde la óptica budista

Autoestima desde la óptica budista

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El universo y mercado de la autoestima es un campo minado donde un paso en falso podría causar daños severos a quien busca mejorar su vida. Existen libros y conferencias por autores dedicados vendernos la idea de que somos ganadores y que el mundo es nuestro, sin importar nada o cómo se logre.

Hay quien dice que con tan solo repetir una afirmación por unos 30 días, la balanza cambiará a nuestro favor porque (supuestamente) se construyen partes de la mente que no existen en alguien que se odia.

Para el budismo todo es diferente. De hecho, el término «autoestima» ni siquiera aparece en las escrituras clásicas. Esto es porque en el dharma sabemos que todos los seres vivos somos buenos por naturaleza. Todos somos budas. Es nuestra verdadera esencia, pero ha sido cubierta por la sociedad de consumo y la presión social. Este sistema nos envuelve en un manto de negatividad y de creencias dañinas sobre nosotros mismos.

Por ello no creemos que sea necesario recitar miles de afirmaciones positivas todos los días. Es mucho más sencillo.

En el budismo sabemos que el lenguaje y las palabras tienen un poder inmenso sobre el comportamiento y la manera de pensar. Así que una manera certera de arreglar la autoestima es dejar de decirnos cosas horribles a nosotros mismos. No se trata de hablarnos con palabras lindas. Solo hay que detener el discurso que nos causa daño.

¿Cómo lograrlo? Cada vez que detectes que estás dicéndote algo que lastime o te haga sentir mal, has paro total y cambia tu atención a cualquier cosa. Puede ser el clima, la pared, las personas que te rodean, el aire… ¡lo que sea! Si la atención la canalizas a ayudar o a ser amable con alguien más, mucho mejor.

Con la práctica, las palabras destructivas comenzarán a ser menos y respirarás más tranquilo. Esta pequeña técnica funciona porque, entre otras cosas, dejas de pensar tanto en ti.

 

¿Cómo sentirme mejor conmigo?

El Buda dijo: tú mereces tanto amor como cualquier otro ser del universo.

No importa cuántos insultos te digas, eso no cambia el hecho de que eres un buda, eres buena persona en el interior y que mereces ser querido.

Este ejercicio de meditación metta (amor incondicional) ha ayudado a muchos de mis alumnos y a mi mismo. Creo que también te podría ser útil:

  • Aparta unos minutos de tu día para que estés en tranquilidad, sin teléfono o distracciones.
  • Cierra tus ojos.
  • Respira profundo varias veces y regresa a tu respiración normal.
  • Visualiza que estás en una sala de cine, mirando la proyección.
  • En la película apareces tú. Te miras, ves cómo hablas y te comportas.
  • Pones pausa a la proyección en un cuadro en el que estés sonriendo.
  • Desde lo más profundo de tu corazón, genera luz y calor para esa persona en la pantalla.
  • Y en tu mente di: Que estés bien y en calma. Que no te falte nada y tengas salud. Mereces amor, como todos los seres que te rodean. Soy un buda, como todos los demás.
  • Dibuja una sonrisa grande en tu cara por unos 2 minutos. No importa que no la «sientas». El cerebro sabrá que es hora de producir endorfinas.
  • Respira profundo.
  • Abre tus ojos.

Hay muchas clases de meditaciones metta. Esta es muy simple y la puedes hacer en cualquier momento de tu día.

No es una afirmación optimista vacía. Es una práctica que funciona porque por primera vez entendemos nuestra verdadera naturaleza.

Podría ser una experiencia transformadora.

Si quieres saber más de estos métodos y técnicas, te invito a Hikari, el taller de autoestima de Chocobuda.

 

La amabilidad nos une con la vida

La amabilidad nos une con la vida

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«Entondes, monjes, debemos entrenarnos así: desarrollaremos y cultivaremos la liberación de la mente con amor gentil (metta). Que sea nuestro vehículo, nuestra base y estabilidad. Hay que vivir en él y llegar a perfeccionarlo.» —El Buda, Samyutta Nikaya

Existe un idioma que va mucho más allá de las palabras, los textos y las redes sociales. Trasciende religiones, culturas y especies. Es un idioma perfecto, simple y que todos los seres vivos compartimos. Cuando nos expresamos a través de esta lengua nos sentimos plenos y, aunque no sepamos a ciencia cierta qué es lo que pasa, la felicidad nos llena el corazón.

Este idioma que no se enseña en ninguna academia y ninguna universidad lo tiene en su curriculum, se llama amabilidad. Tiene otros nombres como gentileza o ternura. En el budismo lo conocemos como metta, amor gentil, amor compasivo o amor perfecto.

Todos los seres vivos somos capaces de comunicarnos por medio de la amabilidad porque cuando tratamos bien a los demás, estamos afirmando la vida misma. Creamos condiciones para que todos los organismos prosperen y nos hace sentir muy bien.

Ser amables es salir de nuestro ego, aunque sea por 1 segundo, para pensar en el bienestar de los demás.

Ceder el paso, acariciar un animal, cuidar las cosas ajenas, sonreír… son estas acciones que parecen insignificantes, las que mantienen el equilibrio del universo.

Escribo esto porque este insignificante video está lleno de dharma:

Esta amiguita se llama Princess BB y con mucho placer recibe un masaje con hisopos. Tiene una comunicación con su humano que rompe la barrera entre especies y ambos se benefician de éste diálogo. Con amabilidad ella recibe cariño y la persona recibe cariño de regreso.

Cuando tratamos bien a los demás creamos relaciones y puentes tan fuertes que jamás son olvidados. Al mismo tiempo nos volvemos conscientes de cómo nos tratamos a nosotros mismos al procurar nuestro bienestar.

Por supuesto que en la sociedad humana hemos dejado de lado la amabilidad, y el costo ha sido inmenso. Los políticos, por ejemplo, la han erradicado de su corazón y generan caos y odio en todas las naciones.

Al luchar en contra de ellos, los ciudadanos también la borramos. Lo único que se genera a raíz de ello, son tensiones y más odio.

Cuando queremos ganar de todas todas, cuando dejamos que la avaricia nos domine, al permitir que la pasión tome el control del ser, estamos haciendo de lado a la amabilidad. Y así es como las cosas jamás funcionan, nacen las divisiones y los pleitos por la superioridad.

En cambio, al tomarnos el tiempo de hacer algo por los demás, la vida florece. Los corazones y las mentes se unen bajo un solo banderín y nace la colaboración.

La amabilidad es perfecta. Funciona. Nos llena de alegría.

¿Por qué no comenzar en este mismo momento haciendo algo lindo por alguien más (tú mismo incluido)?

No te rindas, poema por Edgar A. Guest (1881-1959)

No te rindas, poema por Edgar A. Guest (1881-1959)

Cuando las cosas no salgan como quieres,
cuando el camino sea cuesta arriba,
cuando el dinero es poco y las deudas grandes,
cuando quieras sonreír pero solo salga un suspiro,
cuando las tensiones te pongan triste;
descansa un poco, pero no te rindas.

La vida es maravillosa con sus giros y vueltas.
Es algo que todos aprendemos en algún momento.
Muchos entienden que pudieron salir victoriosos
de haber continuado.

No te rindas aun cuando tu paso sea lento.
Puedes llegar a tu meta si empujas un poco más.
Casi siempre el objetivo está más cerca
de lo que el débil o el derrotista cree;
pudo haber obtenido la recompensa,
pero lo comprendió hasta el final.

El éxito es solo el fracaso visto del otro lado,
es la tinta de plata que cubre las dudas.
Nunca sabes qué tan cerca estás.
Quizá llegues antes de lo que crees.

Sigue luchando aunque te hayan golpeado duro.
Es cuando las cosas se miran peor que no debes rendirte.


Traducido y adaptado por Kyonin.

Diez factores con los que destruyes tu autoestima [Parte 2/2]

Diez factores con los que destruyes tu autoestima [Parte 2/2]

 

En el post anterior vimos los primeros cinto factores que destruyen la autoestima. Hoy continuamos con la lista y tocaremos puntos que pondrán incómodos a más de uno. Y eso es bueno 😀

 

6. Tu alimentación

El cuerpo necesita alimento para continuar vivo y ayudarnos a navegar las olas del samsara.  Pero la alimentación con la que contamos en las ciudades es terrible, por decir lo menos.

El consumo de comida procesada daña la salud de muchas maneras. Un órgano que recibe mucha agresión originada por la comida, es el cerebro. El azúcar y los cereales inflaman el cerebro, lo que produce depresión y agresión como síntomas. No es una coincidencia que los índices de depresión y violencia estén tan altos. ¡Nos alimentamos muy mal! Referencias aquí y aquí.

Cada persona es distinta, claro. La nutrición siempre es personal. Pero si revisas lo que comes y optas por lo natural cocinado en casa, es buena idea. ¡Lo peor que puede pasar es que te sientas bien y con menos apatía hacia ti!

 

7. Falta de luz solar

Por lo regular cuando tenemos problemas de baja autoestima preferimos vivir de noche. Esto se debe a que es cuando todos duermen que tenemos la ilusión de que nadie molesta y somos libres.

Pero es una ilusión peligrosa porque lo único que sucede es que nos aislamos más, sacrificamos la salud en más de una forma. Y una de ellas es la generación de vitamina D, que solo llega por exposición a la luz solar.

Sí, la luz del sol es buena, contra todo lo que nuestros amigos emos, dark y góticos piensen.

La luz solar hace que nuestra piel genere vitamina D, que ayuda a que el cerebro funcione de forma correcta y evite depresión, ansiedad y angustia.

Salir a la luz del sol sin gorra ni bloqueador, por 30 minutos al día, es una práctica sana que promueve la alegría y un cuerpomente sano. Obvio, eso es un buen paso para comenzar a reparar nuestra relación con nosotros mismos.

Referencias aquí y aquí.

 

8. Tu religión

Este es un punto muy espinoso y lo mantendré corto, pero una religión basada en la culpa y en la vergüenza del cuerpo humano, siempre afecta la autoestima.

Sin importar tu religión, siempre es bueno cuestionar y revisar si lo que sientes es originado por dogmas o ideas irrefutables. De ser así, es tiempo de emigrar a pasturas más verdes.

 

9. Tus opiniones

Tener opiniones sobre lo que nos rodea es bueno. Así es como nos relacionamos con el universo y aprendemos lo necesario para la vida.

Casarnos con las opiniones y volverlas pilares de nuestra personalidad es terrible. Cada juicio inamovible es una piedra que llevamos a cuestas en la espalda que nos inmoviliza y nos evita crecer como personas.

Las opiniones y los juicios sobre uno mismo son rocas radiactivas. A parte de pesadas, contaminan todo lo que hacemos.

Estar atentos a nuestro diálogo interno y a los juicios es vital. Así es como comenzaremos a cobrar consciencia de las trampas que nos ponemos y seremos capaces de detener el sabotaje en el que incurrimos.

 

10. Tu envidia

Reservé la envidia para el punto final porque creo que es el factor determinante para la baja autoestima.

La envidia nace por dos razones: presión social de ser siempre perfectos y por las eternas comparaciones internas a las que nos sometemos. Evaluamos nuestro progreso personal y lo contrastamos con la vida de otros, lo cual nos lleva a la depresión pues jamás podremos ser como los demás.

Y en realidad la envida es sólo una historia más contada por la mente. Pero esta historia es altamente destructiva porque nos hace infelices desde el momento que surge. Cancela la inteligencia y comienza a crear odio en el corazón.

Al igual que las opiniones, la envidia es un pensamiento al que hay que vigilar de cerca. Tan pronto notemos que llega, hay que regresar al momento actual y agradecer lo que somos y lo que tenemos. Necesitamos entender que el presente es lo único que tenemos y que si lo perdemos por compararnos con los demás, dejaremos de vivir.

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Hasta aquí la pequeña lista de 10 cosas que hacemos para destruir la autoestima. No está completa. ¿Tienes sugerencias o más factores? ¡Ayúdame a completar la lista en los comentarios!

Y si te interesa tener una mejor relación contigo, te invito a Hikari, el taller de meditación y autoestima.