Este es el primero de una serie de artículos sobre minimalismo de año nuevo. ¡Feliz 2013!
A menos que hayamos hecho un ejercicio consciente de ser mesurados, las fiestas decembrinas se caracterizan por el exceso. Por todos lados hay mucha comida, muchas reuniones, mucho alcohol, muchos compromisos y (si somos suertudos) muchos regalos.
Vivir las vacaciones de invierno con esa intensidad es parte de la gran experiencia de ser humano. Es increíble pasar tiempo con los amigos y gozando las bondades de la época navideña.
Sin embargo, la Impermanencia de las Cosas no puede ser olvidada porque este periodo de excesos también termina; para llevarnos de regreso al trabajo o a la escuela con nuevos bríos.
El nuevo año nos recibe con páginas en blanco listas para ser escritas. Y el minimalismo nos impulsa a mantener estas páginas tan blancas como se pueda. Es decir, a vivir con la menor saturación posible.
Sobra decir que cuando aplicamos técnicas de minimalismo tenemos más calma, tranquilidad y tiempo libre para disfrutar las cosas que nos gustan de la vida.
Con pequeñas acciones que no cuestan nada de trabajo, podemos mejorar nuestras vidas y las de los demás.
¡A simplificar!
Reduce:
Las cosas que dañan tu salud (alcohol, tabaco, drogas)
Tus porciones de comida
La cantidad de ropa que no utilizas
Los libros que están sin leer desde hace años
Tu uso del automóvil
Tu consumo de telefonía móvil
Tu tiempo en redes sociales
El tiempo de televisión
Tu ego y sé generoso
La basura que produces
Chantajes, mentiras, engaños y todas las artimañas que usas para dañar a la gente
El estrés… ¡Medita!
Como todas las listas del Chocobuda, esta también está incompleta. ¿Me ayudas aportando ideas? ¡Gracias!
Era un día normal para Narayanan Krishnan en Bangalore.
El trabajo en el hotel había sido tan rudo como siempre. Se sentía cansado, pero estaba feliz porque había sido seleccionado como nuevo chef para trabajar en un hotel en Suiza.
La vida era muy buena. Era el rey del mundo.
Esa noche salió de trabajar para ir a casa. Y lo que vio en un callejón cambió su vida para siempre.
—Vi a un hombre muy viejo que literalmente, se estaba comiendo su propio excremento por el hambre, —recuerda Narayanan. —Regresé al hotel y pregunté qué tenían disponible. Tenían idli. Lo compré y se lo di al viejo. Créeme, nunca había visto a una persona comer tan rápido. Mientras comía, sus ojos estaban llenos de lágrimas. Eran las lágrimas de la felicidad».
Al igual que al Buda, el chef fue marcado de por vida por este hecho.
Luego de pensarlo, renunció a su trabajo y desde 2002 se dedica a alimentar a «los olvidados»: ancianos, pobres, enfermos mentales y hombres santos*.
Pero su labor no sólo abarca la alimentación. También corta el cabello y afeita a casi 400 personas al día. Es un trabajo de tiempo completo.
En palabras de Narayanan:
—Alimentamos a los indigentes, a los viejos y a los enfermos mentales que han sido abandonados por la sociedad. La gente está sufriendo por falta de alimento. Si no los alimentamos, morirán de hambre.
«Les corto el cabello, los afeito y los baño. Para ellos, sentirse de nuevo seres humanos ha tenido un gran impacto psicológico. Les da una mano en la cual apoyarse y esperanza para vivir.
«El alimento es una parte. El amor es la otra. Así que la comida les da nutrición física, pero el amor y afecto que les muestras les da nutrición mental.
«Todos tenemos 5.5 litros de sangre. Yo soy sólo un humano. Para mi todos son iguales.
«Existen miles y miles de personas sufriendo.
«¿Cuál es el propósito máximo de la vida? Es dar.
«Comienza a dar. Experimenta la felicidad de dar.
Esta inspiradora historia hace que nuestra mente vuele y pensamos que Narayanan y todas las personas generosas tienen un halo divino en ellos.
Pero esto está muy lejos de la realidad.
Narayan, tú o yo somos exactamente igual. Todos tenemos al rededor de 5.5 litros de sangre.
La diferencia es que él decidió dejar de lado su ego para mejorar a la humanidad.
Todos tenemos Naturaleza del Buda en nosotros. Es cuestión de quitar la basura que la cubre.
¿Hasta cuándo comenzarás a dar?
——-
* En India es común ver a los bikkhu en la calle. Son hombres que renunciaron a todo para buscar la iluminación. Viven en las calles en condiciones infrahumanas.
Esta mañana preparaba el desayuno cuando tocaron a la puerta.
Era un hombre viejo, con bigote y ojos amables. Lo reconocí porque lo he visto antes caminando por la calle. Vestía ropa cómoda y en su cabeza llevaba una gorra de algún equipo de futbol.
—Buenos días —dijo con una sonrisa.
Respondí tanto a la sonrisa como al saludo.
—Me he estado acordando de usted porque siempre veo que sale a correr. Aunque no lo he visto desde hace una semana —reclamó.
Le expliqué que he estado enfermo, pero prometí que tan pronto la tos se fuera, regresaría a mi entrenamiento. Como el hombre habló con tono tranquilo y sonriendo, no sentí desconfianza. Quizá curiosidad.
—En el periódico salió este suplemento para corredores —me extendió la revista para que la viera—. Trae información para que caliente mejor, haga estiramientos y el calendario de carreras de la ciudad. Estoy seguro de que le va a servir.
Tomé en mis manos la publicación, leí el título y mi sonrisa creció de oreja a oreja.
Le agradecí y le dije que me iba a ser de mucha utilidad. Le prometí que lo leería para aprender.
Comenzó a despedirse, estrechó mi mano y le pregunté su nombre:
— Raúl.
Y se fue. Cerré la puerta, dejé la revista en mi escritorio y continué preparando el desayuno. Por supuesto, estaba yo muy feliz.
Me di cuenta de que había sido objeto de un acto aleatorio de generosidad. Don Raúl no me conoce, no estamos relacionados de ninguna forma, pero aún así pensó en hacer algo bueno por alguien.
No lo esperaba y jamás imaginé que alguien se interesara por mi afición de correr.
Estas pequeñas acciones son las que restauran la confianza en la humanidad.
Podrán haber malas noticias, crisis mundial, políticos corruptos y personas malintencionadas; la amabilidad es parte de nuestra programación genética.
Cuando rompemos la barrera de la vergüenza y del ego para hacer algo por los demás, construimos un mundo en el que vale la pena vivir.
Muchas gracias, Don Raúl.
¿Has sido objeto de un acto de generosidad aleatorio? ¿Has hecho alguno?
En ocasiones se ve la desesperanza en tus ojos. Ya no soportas el trabajo, a tu jefe y el tráfico de la ciudad te tiene perpetuamente enfermo.
Trabajas para tener dinero y comprar lo que sea que te haga feliz, aunque sea por un instante. Satisfaces tus deseos y tus pasiones, te rodeas de mucha gente, pasas horas inmerso en redes sociales; pero la realidad es que sigues estando solo.
Odias los lunes porque te recuerdan que eres un tornillo más en la maquinaria inhumana que mueve a la civilización.
Tratas de distraer tu atención con la televisión y con el cine. No pensar es lo mejor para no enfrentar el hecho de que el vacío dentro de ti se hace más grande con el paso de los días.
Comprar una casa, un auto, muchos seguros y tener inversiones. ¡La presión es grande! No eres un triunfador hasta que tu ego se monte en el auto más ostentoso posible.
Odias que el universo no funcione como quieres y todo parece confabularse en tu contra. Los autos, las reacciones de los demás, el gobierno. ¡Nada cubre tus expectativas!
Muchas veces has llorado porque el amor que imaginas no ha llegado y pasas horas atrapado en «los mejores años de tu vida», sin darte cuenta que son arena que se fue entre tus dedos.
¿Cuántas noches no has deseado ese abrazo que no llegará?
¿Cuántas veces no has culpado a alguien por tu corazón roto, cuando el primer responsable eres tú mismo?
Te desesperas, gritas, mientras tu rostro refleja infelicidad.
Y buscas por todos lados lo que te haga sentir bien. Buscas en las tiendas, en los viajes, en tus adicciones, en la fiesta y en las redes sociales.
¿Dónde está? ¿Qué es lo que buscas?
Pero lo que buscas ya lo tienes. Está dentro de ti.
Es el silencio. Es el tiempo a solas contigo mismo, sentado mientras pones atención a tu respiración.
Es el poder ver cómo pasan los pensamientos flotando en el cielo azul que es tu mente; sabiendo que de nada sirve aferrarte a las cosas.
Es el levantarte temprano y ver en silencio cómo el sol pinta de naranja a la ciudad y sentirte agradecido por tener una oportunidad más para ayudar a los demás.
Lo que buscas eres tú, que está enterrado entre cajas de productos y pretensión.
Por lo regular soy un tipo de gustos muy sencillos y muy baratos. No me engancho en publicidad y tengo esta capacidad para poder ver a través del campo de distorsión de la realidad generado por la mercadotecnia. No compro nada que no necesito realmente.
Sin embargo hay cosas que me cuestan mucho trabajo resistir. Una de ellas son los juegos para PC. Sí, si me has leído de tiempo atrás, sabrás que soy gamer de corazón desde que en 1975 mi padre me compró mi primera máquina de Pong.
Con la llegada de la web, los juegos de PC comenzaron a mucho más populares que antes gracias a tiendas en línea como Steam.
Y esta tienda tiene baratas y rebajas de juegos en cada temporada especial. No es raro verme pasando horas mirando las ofertas y soñando con lo que me compraré para jugarlo después que tenga tiempo (es decir, nunca).
Muchas veces en el pasado sucumbí ante el embrujo de Steam, pero esta vez no me lo permití.
Elegí tres juegos del catálogo que tenían muy buen precio y antes de dar clic en el botón de pago, me detuve y me cuestioné.
¿En verdad necesito comprar estos juegos? ¿Tengo el tiempo libre requerido para invertir horas en ellos? ¿No sería mejor jugar todo lo que tengo en la lista de espera? Es obvio que tengo un poco de dinero extra, ¿no sería mejor usar ese dinero para donar a caridad?
Y entonces cancelé la transacción y no compré nada.
Claro que con este relato no diré que soy el monumento al autocontrol. Estoy muy, muy lejos de serlo. Así como los juegos me son difíciles de resistir, también lo son los libros y la música.
Pero aquí es donde entra el Buda, quien en el Dammapada nos explica que:
El irrigador conduce las aguas. El flechero fabrica flechas. Los carpinteros doblan la madera. Y los virtuosos se controlan a sí mismos.
Creo que una de las herramientas de crecimiento más grandes que pueden haber, es el autocontrol.
Ser lo suficientemente sabios para saber cuándo parar es muy difícil y hay que aprender a detectar nuestras reacciones corporales para poder decir no a tiempo.
No voy a caer en mensajes de moral falsa. Es muy agradable cometer excesos de todo. Pero los excesos se convierten en adicción y estos hacen que el ego crezca. Esto nos impide ver la realidad de las cosas y simplemente seguimos haciendo una y otra vez lo que deseamos.
Ya sea deseo material, afectivo, de poder o sexual, la razón debe estar por encima. Siempre.
Gracias a la meditación y al estudio del dharma, podemos obtener bases sólidas en las cuales apoyar la razón para tomar mejores decisiones.
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi