por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 28, 2012 | Budismo, Inspiración, Vida, Zen
Aquel que busca su misión verdadera no querrá perseguir una carrera. Las personas que quieren ser presidentes no saben hacia que rumbo van en la vida.
Sus elecciones son tan importantes para ellos que los presidentes y políticos hacen lo impensable por conseguir votos. ¡Idiotas! Aun si me pidieran que yo fuera presidente, diría que no. «¿Qué tan tonto crees que soy?», diría.
Alguien pierde la elección presidencial y llora. La siguiente ronda gana la elección y sonríe a la cámara. ¿De todas formas, cuál es la diferencia entre políticos y niños? Funciona exactamente igual con un niño que llora: le ofreces algún dulce y una sonrisa termina con sus lágrimas.
Un poco más de madurez en los políticos sería bienvenida.
Quien usa su curriculum como plataforma para ser, es un fracasado.
Había una vez un megalómano en el hospital de Sugamo que se llamaba así mismo «El Shogún Ashiwara». Se colgaba una medalla de cartón en su cuello y decía palabras dignas a todo el que conocía. Ahora que la guerra ha terminado, podemos ver con claridad que nuestros militares no eran diferentes. Y ahora quieren volver a instituir las medallas.
Luego de ganar la Guerra Ruso-Japonesa, pensamos que habíamos ganado colonias. ¿Pero en realidad qué ganamos? Luego de perder la Segunda Guerra Mundial, nos percatamos de que sólo habíamos ganado el odio de los rusos.
Todo mundo habla de lealtad hacia la madre patria. La pregunta es, ¿hacia dónde nos lleva este patriotismo? Estaba yo muy convencido de Japón cuando fue a la guerra contra Rusia, pero después de nuestra derrota, me di cuenta que hicimos algo que nunca debimos.
En todo caso, es mejor no crear guerras nunca.
Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti
Traducido por Kyonin
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NdT. A pesar de que este texto tiene palabras fuertes sobre la historia guerrera de Japón, Master Kodo toca el tema de la política y de los títulos. Una persona jamás valdrá más por sus títulos, sino por su calidad humana.
Zen y política nunca se han mezclado bien desde los tiempos de Master Dogen (1,200 – 1,253 dc), debido a que los políticos son la antítesis de toda la bondad humana. Desde entonces los maestros zen se han mantenido alejados de ellos. Es curioso, sin embargo, que algunos políticos han recurrido a la asesoría y consejo de los maestros zen a lo largo de la historia japonesa.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 26, 2012 | Budismo, Vida
Sin importar la batería de quejas que escucho y leo todo el tiempo, vivimos en una época emocionante y que no para de sorprender.
Comparado con el mundo que teníamos después de la Segunda Guerra Mundial, parecería que vivimos una fantasía futurista en la que disponemos de tecnología que sólo podía ser posible en la imaginación. Desde cosas que damos por hecho como la refrigeración en casa, hasta la realidad de tener una estación espacial volando sobre nuestras cabezas, la ciencia y los avances en comunicación no paran.
Cada día al encender mi computadora, agradezco a los miles de científicos e ingenieros que han trabajado innumerables horas para que ver mi correo mientras escucho Kitaro en streaming, sea un proceso transparente y automático.
De todo este gran universo de tecnologías disponibles, quizá el que más quiero es la Web. Esta es una de las innovaciones más significativas en la comunicación humana desde que Gutemberg inventó la imprenta.
Gracias a la web (que no es lo mismo que Internet) me gano la vida y tengo un trabajo decente, me comunico con familia y amigos, escucho música, veo películas y series, compro libros y juegos, hago operaciones bancarias y leo noticias.
Pero lo más importante de todo: la web me da una plataforma para el crecimiento personal. Es el lienzo donde doy forma mi creatividad y es el lugar en el que comparto un espacio virtual con la comunidad budista a la que pertenezco (sangha).
El Chocobuda existe gracias a esta maravillosa interconexión de textos, medios e imágenes.
Para el budista urbano contemporáneo, la web no sólo es un medio de comunicación, sino que es el templo moderno por excelencia.
Aquí acudimos a conferencias, compartimos con la sangha, nacen y florecen relaciones, leemos y escuchamos el dharma y nos sentamos a meditar juntos. Trascendemos el tiempo y el espacio. Estamos en contacto directo con los maestros que viven en otros países. No sólo los leemos, sino que interacuamos con ellos.
En la web crecemos y buscamos llenar el hueco espiritual porque entendemos que del otro lado de una página de texto o un video, está el trabajo de cariño de una persona creativa que decidió dejar un poco de su talento para la comunidad.
Pero al final, así como en otros medios de comunicación, lo que hace a la web ser lo que es, es la humanidad misma.
A todos los que hacen posible este sueño del futuro, gracias.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 24, 2012 | Generosidad, Vida
Este fin de semana fui a la supermercado a comprar algunas cosas que necesitaba. En la fila para pagar, detrás de mi, había una mujer sumergida en su ira, desesperada porque estaba esperando su turno para pagar. Igual que todos los demás, en realidad.
Gesticulaba, gritaba, empujaba a otros, como si eso fuera a borrar a todas las demás personas que esperábamos pacientes nuestro turno. «¡Pero es que esto va a tomar todo el día!», gritaba.
Lejos de enojarme, le mujer histérica se convirtió en objeto de estudio. En ese momento, ella era el catálogo de emociones adversas que son motivo de existencia para el budismo.
Lo que más llamó la atención fue el enorme ego de esta persona. En su mente ella era tan importante, que estaba dispuesta a lo que fuera con tal de que la atendieran primero. Las personas que estábamos ahí nos convertimos en objetos dispensables y susceptibles de ser eliminados.
Un ego inflamado es mucho más letal que el cáncer porque distorsiona la realidad y nos hace tomar las peores decisiones. Erradicamos la existencia de los demás y nos auto-engañamos pensando que el universo está para obedecer nuestros egoístas propósitos.
Si lo ponemos en perspectiva, el ego ha sido el causante de muchos problemas de la humanidad a lo largo de la historia. De pronto alguien decide que su forma de ver la vida es la única que vale la pena y por lo tanto, los que piensen o sean diferentes deberán ser eliminados.
Por eso creo que debemos pasar por encima del ego. Ponerlo bajo una aplanadora y reducirlo a su expresión mínima. Necesitamos destrozar ese pequeño pedestal al que subimos y que hace que la vista se pierda.
Tener un ego bien situado nos ayuda mucho y nos mantiene vivos. Es lo que nos ayuda a decidir lo bueno de lo malo y lo que queremos para vivir mejor. Nos hace entender que hay necesidades más grandes que la nuestra y nos mueve a crear un mejor lugar para vivir, con gentileza y amabilidad.
¿Cómo destrozar el ego? Siendo generosos. Dando a quien lo necesita. Escuchando al desesperado y estando presentes para quienes nos ama (amigos, pareja, familia).
Porque en la medida que seamos generosos, ablandaremos el corazón y nos redituará en tranquilidad y una mente más abierta.
Y tener la mente abierta, con el ego bajo control, son la plataforma para una vida más completa.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 20, 2012 | Activismo, Minimalismo, Vida
Septiembre tiene varias fechas especiales para mi y estoy feliz de agregar una más como recurrente: es el mes que celebro una vida libre de auto.
Desde el año anterior quería agregar este hecho a mi calendario, pero me resistí pensando en que quizá debía pasar un poco más de tiempo. Cuando un suceso pasa dos veces, es coincidencia. Pero cuando es tres o más, es una tendencia.
Y mi tendencia personal es que soy muy feliz de haber vendido mi último auto. No estaba cómodo con él, a pesar de que como pieza de ingeniería era maravilloso.
¿Lo extraño? No. Por más que me esfuerzo en tratar de encontrar una razón para ello, no puedo encontrarla.
No lo echo de menos porque ya no gasto en combustible, estacionamiento, carreteras, impuestos, revisiones, reparaciones, partes.
Pero lo más hermoso es que no comparto el estrés clásico del dueño de autos. No estoy preocupado por la seguridad, por cuidar una pertenencia más, por evitar accidentes y furia callejera, por cuidarme de policías abusivos (muy comunes en México).
Es curioso que todos estos problemas que hacen la vida complicada a lo tonto, ya no son percibidos por el conductor. Como es parte de la vida, así ha sido y así será, no lo cuestionan y sólo se quejan.
Se ponen furiosos porque hay tráfico en la calle, cuando en realidad son ELLOS los que son el tráfico, contribuyendo a un mundo con más contaminación y saturado.
Hay una renuncia completa a la responsabilidad que ser conductor conlleva, depositando en otros sus propios problemas.
A cambio de renunciar al auto obtuve la recompensa de la tranquilidad. Desde hace cinco años aprendí a medir mejor mis tiempos de traslado y a aceptar que los sistemas de transporte públicos no están tan mal.
Pero eso sólo se ve desde este lado, claro. Siempre que sale a colación el tema con familia y amigos las reacciones son casi las mismas. El primer comentario que escucho es «yo no podría vivir sin mi auto» y luego una letanía de argumentos defensivos.
La otra frase común es «pero lo necesitas para las emergencias». La verdad es que no. Sólo he tenido una emergencia en cinco años y fue resuelta sin coche. Por estadística pura, un hecho urgente en cinco años es insignificante y no justifica tener un auto.
La gente reacciona como si mi decisión los hubiera ofendido en el alma. Muy extraño, pero es difícil de entender hasta que no se está de este lado.
Como siempre, no estoy cerrado a volver tener auto algún día. Si el trabajo me lo pide, lo consideraré.
De momento, la vida sin auto es maravillosa y muy tranquila.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 18, 2012 | Vida
Pensar que así estás bien, sin moverte de tu lugar, disfrutando de la seguridad y la comodidad, es el engaño más grande, generado por tu ego para que no avances.
Quedarse sentado en el mismo lugar, viendo pasar los años, es lo más cómodo que existe.
Sin embargo, la vida no está de acuerdo con tu inacción.
Con toda seguridad en el pasado has tenido experiencias tan fuertes y dolorosas, que han destrozado el suelo que pisabas y creías sólido.
A pesar de las lágrimas, de las penas y del sufrimiento, saliste adelante con una nueva perspectiva y aprendizaje.
Fuiste capaz de poner a prueba tus nervios, tu entereza y lograste sortear la tormenta, aun si pensaste que el final no fue el óptimo.
Y creciste. Viste por un momento que todo en la vida es impermanente.
Eres hoy el resultado de esas decisiones tomadas, buenas o malas, y que pensaste que dejarían tu vida en el sufrimiento perpetuo.
Sabiendo todo esto… ¿Porqué te aferras seguir viviendo el gran engaño? ¿Porqué tener miedo a moverte, a cuestionar, a pensar y a seguir a la manada?
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 13, 2012 | Editorial, Vida
Hoy cumplo 40.
Tengo sólo un puñado de impermanentes cosas.
No soy nadie. Nunca lo he sido.
No tengo plan para el futuro.
No tengo raíces en ningún lado.
Y el pasado ya se fue.
Libertad.