por Kyonin | Oct 16, 2017 | Budismo, Eventos, Vida, Zazen, Zen

La Ciudad de México ha demostrado que es capaz de salir adelante siempre que la naturaleza se manifiesta. El tiempo es testigo de que sus habitantes son fuertes y capaces de unirse cuando dejan de lado el ego.
Estos días en los que edificios deben ser reconstruidos, vemos cómo la vida sigue adelante. Sin embargo sé personas cercanas a mi que mucha gente necesita también comenzar los trabajos de reconstrucción interna.
Si tienes miedo, ansiedad o simplemente necesitas rodearte de amigos en un fin de semana de cordialidad y serenidad, acompáñame. Juntos podemos comenzar a recuperar la calma y tomar fuerza para seguir.
Por un fin de semana estaremos meditando y practicando lo esencial de budismo zen.
Fin de semana para la Reconstrucción Interna
Viernes 20 de octubre, 6:00 PM a 8:00 PM. Tarde de charla y café para conocernos y estar entre amigos. Sin costo, solo tu consumo personal.
Sábado 21 de octubre, 10:00 AM a 2:00 PM. Mañana de Reconstrucción Interna. Meditación, charla dharma y práctica de metta bhavana. Donativo a partir de: $300.
Domingo 22 de octubre, 10:00 AM a 2:00 PM. Ceremonia Zazenkai. Canto de sutra, zazen, kinhin, charla dharma, práctica de metta bhavana . Recomendado para personas con hábito estable de meditación o interés en la práctica zen. Donativo a partir de: $300.
Requisitos para sábado y domingo: Llegar al menos 15 minutos antes, llevar ropa cómoda, cobertor o cojín de meditación, haber dormido bien la noche anterior.
Lugares disponibles: quedan únicamente 5 lugares.
Reserva lugar: Escribiendo a elchocobuda ARROBA gmail.com
Sede: Café Intilari. Avenida La Morena 1305 Ciudad de México https://www.facebook.com/IntilariCDMX/
Te espero 🙂
por Kyonin | Oct 4, 2017 | Budismo, Eventos, Vida, Zazen, Zen

La Ciudad de México ha demostrado que es capaz de salir adelante siempre que la naturaleza se manifiesta. El tiempo es testigo de que sus habitantes son fuertes y capaces de unirse cuando dejan de lado el ego.
Estos días en los que edificios deben ser reconstruidos, vemos cómo la vida sigue adelante. Sin embargo sé personas cercanas a mi que mucha gente necesita también comenzar los trabajos de reconstrucción interna.
Si tienes miedo, ansiedad o simplemente necesitas rodearte de amigos en un fin de semana de cordialidad y serenidad, acompáñame. Juntos podemos comenzar a recuperar la calma y tomar fuerza para seguir.
Por un fin de semana estaremos meditando y practicando lo esencial de budismo zen.
Fin de semana para la Reconstrucción Interna
Viernes 20 de octubre, 6:00 PM a 8:00 PM. Tarde de charla y café para conocernos y estar entre amigos. Sin costo, solo tu consumo personal.
Sábado 21 de octubre, 10:00 AM a 2:00 PM. Mañana de Reconstrucción Interna. Meditación, charla dharma y práctica de metta bhavana. Donativo a partir de: $300.
Domingo 22 de octubre, 10:00 AM a 2:00 PM. Ceremonia Zazenkai. Canto de sutra, zazen, kinhin, charla dharma, práctica de metta bhavana . Recomendado para personas con hábito estable de meditación o interés en la práctica zen. Donativo a partir de: $300.
Requisitos para sábado y domingo: Llegar al menos 15 minutos antes, llevar ropa cómoda, haber dormido bien la noche anterior.
Lugares disponibles: solo 12 personas.
Reserva lugar: Escribiendo a elchocobuda ARROBA gmail.com
Sede: Café Intilari. Avenida La Morena 1305 Ciudad de México https://www.facebook.com/IntilariCDMX/
Es posible que se abran más actividades. Regresa a este post para estar enterado o sígueme en Twitter @chocobuda.
Te espero 🙂
por Kyonin | Jul 24, 2017 | Budismo, Vida, Zazen, Zen

ADVERTENCIA: Este post habla ligeramente de la visión del budismo zen sobre el dolor. De ninguna manera promueve el abandono de tratamientos profesionales o impulsa al lector a no consultar al médico. El budismo y la práctica de zazen complementan el tratamiento que solo tu médico puede indicar.
Si tienes un cuerpo y estás vivo experimentarás dolor en algún momento. Todos los seres vivos sentimos dolor. No hay verdad más contundente que esta. El dolor físico es parte del paquete de bienvenida que recibimos al nacer y no hay manera de renunciar a él. El dolor es parte de nosotros, es uno de esos compañeros de viaje al que decidimos ignorar, pero caminará a lado todo el tiempo. Se manifestará poco, a veces mucho y en ocasiones por largos periodos.
Nosotros, en la eterna pretensión de ser los reyes de la creación, evadimos esta realidad para maquillarla con mil remedios, medicamentos procesados y técnicas. Lo evadimos a toda costa porque el dolor nos hace sufrir. Y el sufrimiento es algo que no nos aterra, pero justo porque le tenemos miedo, nos visita con frecuencia… como esa tía gorda que te pellizca las mejillas.
El Buda era una persona que sabía mucho de dolor. De hecho, éste lo acompañó en la última etapa de su vida porque su espalda de 80 años ya no podía con tanto caminar. Tenía que permanecer recostado sobre su lado derecho para poder mitigar un poco su incomodidad.
De igual muchos otros maestros budistas han conocido el dolor cara a cara. Pema Chodron padece de dolores crónicos y ésto la ha llevado a una vida de contemplación solitaria. Bhikkhu Bodhi ha viajado por el mundo en busca de una cura a su dolor. Nuestro maestro Dogen Zenji, quien murió a los 53 años, pasó por una etapa fuerte de dolor y de debilidad que no le permitían estar de pie por mucho tiempo.
Sin embargo, no importa de qué era sea el maestro, en todas las imágenes que tenemos de ellos se les puede ver sonrientes, serenos y sin preocupación. La imagen del Buda recostado en su lado derecho es un recordatorio de que se puede estar tranquilo aunque se esté pasando por dolor físico, que es una parte inevitable de la vida.
¿Cómo es esto posible, si un dolor de muela es horrible? ¿Cómo sonreír cuando se está pasando por algo tan serio como cáncer o SIDA? ¿Cómo estar de buen humor con una enfermedad autoinmune? ¿Cómo estar tranquilo si la espalda me está matando?
La práctica budista zen nos permite estar en paz con el dolor y la enfermedad porque entendemos que la vida incluye dolor. Sabemos que todos los seres vivos pueden sentirlo y que de ninguna manera el dolor es exclusivo para una sola persona.
En el Sallatha Sutta, el Buda nos dice:
«Cuando es tocada por el dolor, la persona común no instruida [en el dharma] se aflige, llora y lamenta, se golpea el pecho y se vuelve distraída. Así siente dos dolores: el físico y el mental.
Es como si dispararan una flecha a un hombre y justo después dispararan otra más. El hombre sentiría los dolores de dos flechas. De la misma forma, cuando es tocada por el dolor, la persona común no instruida [en el dharma] se aflige, llora y lamenta, se golpea el pecho y se vuelve distraída. Así siente dos dolores: el físico y el mental.»
La mente humana evolucionó para pensar. Es su trabajo y lo hace muy bien. Entendemos el universo por medio de los pensamientos, que son historias que nos contamos. El problema es que estas historias casi siempre son de ego porque vemos el universo en torno a cómo nos afectan de manera personal todos los fenómenos.
Cuando incluimos la palabra YO en la experiencia del dolor, estamos asumiendo que somos los únicos en el mundo que están sintiéndolo. Olvidamos que es una cualidad más de la vida y nos volvemos miserables haciendo lo posible por repelerlo. Entre más lo rechazamos, más lo sentimos y la recuperación (o agonía) tarda mucho más.
El budismo nos hace entender que el dolor es real, es parte de nosotros y lo compartimos con todos los seres que han existido y que existirán. Es un gran maestro porque nos hace sensibles a la experiencia ajena, nos impulsa a hacer lo posible para no pasarla tan mal, a ser creativos, a ser humildes y buscar ayuda y cobijo en otros. Nos hace explorar partes de nosotros que no conocíamos. Cuando el dolor termina sabemos lo que otros experimentan y estamos en capacidad de ayudar.
La práctica zen pone en nuestra cara la realidad de que el dolor nunca ha sido y nunca será personal. No es una conspiración en nuestra contra. Es lo que es, y como todo en el universo, es impermanente. El zen nos hace estar en paz con todo y lo vivimos sin poner etiquetas, sin decir YO.
Con la práctica disciplinada de zazen es posible lograr una no-relación con el dolor, hasta el punto de disminuirlo o no sentirlo más por algún tiempo. También cambia la relación con la enfermedad: se ve como una condición más de la vida y no como una afrenta personal. No en vano la ciencia continua explorando la meditación como el mejor analgésico que jamás hayamos inventado.
Mi experiencia personal con el dolor es insignificante y de ninguna forma puedo comparar mis vivencias con las de un paciente de dolor crónico. Sólo puedo atestiguar que cuando hay dolor me siento en zazen y al final de la sesión me cuesta trabajo encontrarlo. Llevo varios años sin tomar ningún analgésico o medicamento. Pero de nuevo, los dolores y enfermedades que he tenido son nada.
En el silencio del zazen nos volvemos uno con el dolor. Y si solo queda uno, entonces ya no resta nadie más para sentirlo.
por Kyonin | Jul 10, 2017 | Budismo, Vida, Zazen, Zen

Puedes terminar la búsqueda aquí y ahora. Puedes quitarte esos zapatos y retirar la máscara de tu rostro en este instante. Ya estás en casa. Siempre has estado donde perteneces.
Has caminado por años buscando felicidad por debajo de cada roca. Has perseguido mil espejismos que te seducen con promesas de amor y de tranquilidad. Hasta ahora te has enredado en muchas relaciones que parecen no llegar a ningún lado. Amigos, parejas, familia; ellos no tienen la solución a aquello que te hace perder el sueño.
Has seguido el canto de la sirena de la sociedad de consumo, pensando que el nuevo auto o el nuevo teléfono móvil te harán una persona de éxito. Pero entre más compras y más logras, el vacío es cada día más grande.
Quieres llegar más lejos, más temprano y viajar más rápido. Quieres más títulos, más reconocimiento, quieres ser una persona rodeada de seguidores y de poder. Luchas por todo ello, pero cuando lo logras, de nuevo el vacío dentro de ti te oprime el corazón.
No, la respuesta nunca ha estado en cumplir tus sueños. Tampoco en la belleza o cubrir tus imperfecciones con maquillaje. Pelear por tus derechos, cobrar venganza, manifestarte en contra del gobierno y la corrupción. Pelear, pelear y pelear. Continúas ese camino sabiendo dentro de ti que no te llevará tampoco a casa.
¿Entonces dónde está mi lugar? ¿Dónde pertenezco? ¿Hacia dónde voy?
Ya estás en casa. Siempre has estado aquí, pero miras por la ventana hacia la casa del vecino. Te comparas, deseas y sufres lo que no tienes… mientras estás sentado en una silla llamada Gratitud.
Aquí en casa todo está en orden. El tiempo no corre, la vejez no importa y la lucha por tenerlo todo pierde todo significado.
Aquí en casa todos te amamos, te aceptamos como eres y contamos contigo para estar bien. Aquí no solo te tendemos la mano para ayudarte, sino que te impulsamos a estar bien. Sabemos que tu bienestar es nuestra felicidad.
Aquí en casa eres libre para ser tú mismo, para dejar de pretender ser lo que no eres. Aquí nadie te juzga, no te criticamos.
Esta es tu casa, en la que cada ventana mira hacia dentro de ti, hacia el contento y la aceptación la vida como es.
En tu casa hay silencio que sana y calma. No importa en qué parte del universo estés, siempre estás en casa cuando miras la vida con Compasión, Gratitud y Generosidad.
Ya estás en casa. Así que relájate. Respira. Y siéntate a meditar en zazen.
por Kyonin | Jun 29, 2017 | Budismo, Vida, Zazen, Zen

Todas las tormentas que hunden nuestras naves con las olas más devastadoras están formadas de las cosas que deseamos, de la lujuria y del consumo desmedido. Una vez que abrimos la puerta a la avaricia, es muy difícil cerrarlas. Somos adictos a tenerlo todo de inmediato y a navegar en círculos alrededor de objetivos ficticios.
Las nubes negras que lo cubren todo son las aversiones, los miedos, el odio y las divisiones que ponemos entre nosotros. Cada muralla, cada opinión a la que nos abrazamos contribuye a que la tormenta se vuelva aún más monstruosa.
Y no para. Nunca para. Vamos de puerto en puerto buscando la tranquilidad, lo que sea que nos haga felices. Pero todos los puertos están hechos de lo mismo. Nos ofrecen espejismos que al final son más caros de lo que imaginábamos.
Somos profesionales en movernos de un lugar a otro, en poner metas y salir disparados hacia ellas.
Pero cuando nos sentamos en silencio contemplando todo lo que hay y sintiendo la respiración, es posible llegar aun muelle seguro. Es un lugar en donde la calma no está en lo aparente, sin dentro de nosotros. Y es profunda. Es perfecta.
Aquí abajo no hay nada qué temer. No hay lugar al que llegar, pues ya estamos donde necesitamos estar. No hay prisas ni urgencias; el tiempo deja de ser importante. No hay odio, barreras ni opiniones qué proteger.
Vemos pasar los pensamientos como si fueran peces. Vienen, se acercan, se van.
Aquí en la profundidad no hay tormentas.
Solo silencio.

por Kyonin | Jun 19, 2017 | Budismo, Vida, Zazen, Zen

La curiosidad es una característica maravillosa de los seres humanos. Somos buscadores de respuestas de tiempo completo y no paramos hasta llenar el hueco que nos creamos con las mil preguntas que formulamos. Está bien porque es lo que nos ha traído hasta este punto de nuestra historia. La razón, la ciencia y la tecnología viven gracias a que no nos detenemos.
Pero ser buscadores profesionales nos ha hecho perder el camino y nos ha vuelto soberbios, pues con frecuencia nos vemos inmersos en las preguntas y en los millones de posibles respuestas. Creemos que estaremos completos y que la vida será mejor si conocemos la «verdad» detrás de los grandes misterios de la vida.
¿Hay vida en otros planetas? ¿Hay un dios? ¿Me visita mi ángel de la guarda? ¿Los Illuminati me controlan? ¿Cuándo comenzarán los reptilianos a devorarnos? ¿Puedo contactar fantasmas? ¿Es real mi horóscopo?
Estas preguntas que tienen un tinte de modernidad, no son distintas a las que el Buda escuchaba con frecuencia.
La gente estaba ansiosa por saber los misterios de la oscuridad.
Y con esa misma frecuencia, el Buda guardaba silencio.
Todas esas cuestiones y búsquedas no tienen respuesta en realidad. Una persona puede decir que sí hay vida extraterrestre o fantasmas, pero al final son solo opiniones. Lo que el Buda enseñaba era la elegancia y cordura del Dharma: Si lo que haces/dices/preguntas ayuda a los demás seres vivos, adelante. De lo contrario, deshecha la idea.
Esto aplica para toda nuestra existencia.
Saber si el monstruo del Lago Ness existe o no, no sirve de nada. Sin duda es agradable leer o ver un programa sobre ello, pero al final no colabora en nada con la experiencia de vida… a menos, claro que tu negocio sean los libros sobre Nessie.
Ese es justo el punto: las preguntas sin respuesta son muy divertidas. Nos hacen imaginar y si elaboramos la vida en torno a ellas, definen también nuestra personalidad y ego.
Cuando caminas el camino del Buda te encuentras con miles de cosas entretenidas e importantes. Descubres preguntas más complejas y seductoras. Es muy fácil desviarse de la práctica.
No tiene nada de malo leer libros de OVNIs o leernos el tarot. Como dije, es divertido.
Pero hay que mantener los pies en la tierra porque en el budismo Mahayana nuestro trabajo principal es ayudar a que los seres salgan del sufrimiento.