por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jul 24, 2012 | Budismo, Inspiración, Vida
Quizá uno de los motivos recurrentes en Chocobuda es dar importancia a valores como ética, respeto y moral.
Estos han estado con la humanidad desde que comenzamos a cazar en manada y nos sentábamos al rededor de una hoguera a contemplar y relatar historias. Nos sirven para tener una conducta honorable y llevar una vida feliz, haciendo que nuestra comunidad prospere y se mueva hacia adelante.
A pesar de que son factores naturales al ser humano, parecería que nos esforzarnos en violarlos una y otra vez. Aplaudimos a quien toma ventaja con toda malicia, idolatramos al criminal y pasamos por encima de las personas con tal de conseguir dinero, sexo o poder.
Las noticias están plagadas de personas y naciones con este tipo de conductas, y es lamentable que sean vistas como normal. La malicia es parte de nuestra cultura.
Pero a pesar de que los Tres Venenos (Ignorancia, Apego, Aversión) sean cotidianos y de cómo llevemos nuestra vida, sin importar cultura o país, hay algo que nos hace detenernos para pensar: las narraciones sobre heroínas y héroes guerreros.
En cada parte del mundo existen historias de personajes que han logrado salir adelante con trabajo, determinación y auto sacrificio. Los héroes y heroínas están en los cuentos populares, novelas, películas y en innumerables canciones.
Sus vidas, batallas y proezas son relatadas una y otra vez. Están ahí para hacernos pensar, soñamos con ser ellos y nos inspiran tan sólo por un momento.
Sin embargo, todo lo que nos enseñan es desechado en menos de un segundo y regresamos a nuestros Tres Venenos.
Así como nos encanta escuchar sobre los héroes, también nos gusta olvidarlos.
Por eso creo que de vez en cuando es necesario hacer un alto en nuestras vidas para retomar fuerzas, ver lo que hemos hecho y lo que nos falta por hacer. Hay veces que requerimos inspiración y guía. Y una fuente inagotable de inspiración es la vida de los héroes históricos y mitológicos de cualquier cultura.
Para derrotar a cualquier adversario, con lo menos posible y con todo en su contra, hallamos valor en la lucha de Leónidas contra los persas.
Si lo que quieres es aprender cómo ser líder y llevar a tu grupo o equipo a la victoria, lo mejor es leer la Ilíada y las aventuras de Odiseo.
O quizá necesites un poco de guía en cómo salir adelante y derrotar a tus peores miedos. Para esto está el poema épico Beowulf.
A veces ser guerrero también implica seguir el camino de la paz, el silencio y el pensamiento. Ahí nos inspiran Dogen Zenji y Gandhi.
Y claro que los héroes contemporáneos también nos inspiran. En lo personal siempre me han gustado mucho los imaginarios Optimus Prime y Luke Skywalker; y los héroes reales como Aung San Suu Kyi, Norman E. Borlaug, Hawa Abdi y Jonathan Netanyahu.
Como sea, las narraciones heroicas siempre han estado entre nosotros. Pero está en nuestras manos elegir entre una vida gris y sin sentido o tomar un ejemplo heroico para forjar nuestra propia leyenda.
¿Tienes algún héroe favorito? ¡ Compártelo en los comentarios!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jul 18, 2012 | Budismo, Vida
¿Te ofendió el título de este post? La verdad es que a mi también, pero para efectos dramáticos, no había uno mejor.
De toda la vida he sido una persona extraña y me asumo como tal. De hecho, soy extraño incluso dentro de mi propia familia. Y una característica básica de la cultura familiar es el lenguaje. Cada familia tiene sus propios códigos y sus formas de enviar/recibir los mensajes.
Mi familia tiene una manera demasiado coloquial para hablar que a veces es llevada a al extremo. Me refiero a que el uso de malas palabras o groserías es tal, que no se conoce otra manera de hablar.
Si a mis padres les quitara las groserías, sólo quedaría: a, ante, para, con y desde.
Siempre, desde niño, he evitado usar groserías a toda costa. Claro, soy visto como pretencioso y pedante. Incluso me llaman «santurrón» con mucha frecuencia, lo cual estoy muy lejos de ser.
Según los expertos del lenguaje, las malas palabras son necesarias para expresar frustración, acentuar una broma o chiste e incluso ayudan a mitigar el dolor cuando nos golpeamos o tenemos accidentes.
Pero también denotan falta de vocabulario y cultura lingüística; y remarcan pereza a la hora de buscar expresiones más complejas para construir mejores mensajes.
Con todo esto dicho y usando la comprensión budista, podemos decir que el lenguaje nunca es inocente. Todo lo que decimos lleva una intención y un propósito.
Si decimos algo por «accidente», en realidad no hay accidente de por medio. Existe una clara intención de comunicar algo.
Odio en tus palabras
Cuando usamos groserías como adjetivos calificativos estamos poniendo una carga de odio, una etiqueta que descarta las bondades en nuestra habla. Es atacar al universo con nuestras palabras.
Es como vivir de tiempo completo donde todo debe ser insultado.
Una televisión se convierte en la puta televisión. Un lápiz, inocente y útil, se convierte en el pinche lápiz*… Podría llenar páginas enteras con ejemplos, pero creo que el punto es claro.
Al impregnar nuestra comunicación con pequeños fragmentos de odio, nuestro corazón también se va llenando de él. Poco a poco, a lo largo de años.
Llega el día en el que ya no puedes hablar sin odiar y, a la vez, ya no puedes ver la vida de manera amable.
Hay personas cercanas a mi que simplemente no pueden disfrutar nada porque viven en un mundo repleto de insultos, y que los insulta de regreso. Se sienten atacados y ellos atacan gratis, sin razón alguna.
Habla amable
Una de las fases del Noble Camino Óctuple se llama Habla Correcta, y nos pide que el habla sea amable, clara, honesta y veraz.
Creo que nada hay de malo en usar groserías como parte de nuestro discurso cotidiano, siempre y cuando estas no reemplacen al vocabulario y no sean usadas como insultos gratuitos. Existen chistes e historias que no podrían ser relatados sin ellas.
Al final, todos podemos decir pendejadas y ser felices con ello. ¿O no?
—
*Pinche: Palabra cuyo su uso es todo un misterio. En México, implica un insulto que remarca las fallas de una persona, situación u objeto. Aunque también puede ser utilizada para remarcar cualidades.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jul 13, 2012 | Budismo, Vida, Zen
Estoy en mi escritorio, mirando por la ventana cómo se moja el mundo por la lluvia de verano.
El sol no ha salido, así que es tiempo perfecto para escribir un poco.
Pero mi mente viaja llevada de la mano por la lluvia. Esta cae a la Tierra y es real. Te moja, hace charcos y da vida a todo. Aun si corres de ella, seguro terminas con los pies empapados.
No importa lo que hagas, la lluvia lo cubre todo. Está ahí, es real, es cruda, contundente y no la puedes evitar.
Y me doy cuenta que es todo lo que necesito.
La lluvia se comporta igual a las Cuatro Nobles Verdades.
La lluvia es la vida. Justo como el dharma.
Doy un sorbo a mi café.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jul 5, 2012 | Budismo, Inspiración, Meditación, Vida, Zen
Siempre te aferras a otros. Si alguien come papas fritas, también quieres papas fritas. Si alguien chupa un caramelo, también quieres caramelo. Si alguien sopla un silbato, gritas «¡Mamá, cómprame un silbato también!».
Y eso no sólo pasa en los niños.
Cuando llega la primavera, dejas que la primavera voltee tu cabeza. Cuando llega el otoño, dejas al otoño voltear tu cabeza. Todos están esperando a que algo los haga voltear. Algunos incluso viven de voltear cabezas: producen mercadotecnia y anuncios.
La gente adora la confusión emocional. Sólo hay que mirar los carteles de las películas en el cine: no hay nada más que confusión en los rostros que ahí aparecen. Buddha-dharma significa no ponerse a merced de la confusión emocional. Por otro lado, en el mundo, se hace revuelo por nada.
Se trata de ser una persona ordinaria. Esos sólo pueden ver con los ojos de la estupidez colectiva.
Estás rodeado de héroes y erradicas el valor para ser héroe tú mismo. No hay nada heroico en ello. Un ladrón de dice a su hijo: «Si no detienes esa maldita honestidad en este momento, nunca serás un ladrón respetable como yo. ¡Eres una desgracia para nuestra profesión!»
Un hombre pone cara de inteligente y habla de ser el Amo de la Tierra. Pero al mismo tiempo no sabe cuándo o cómo comenzar con su propio cuerpo. Mira deportes por la televisión y se defiende diciendo que todo mundo lo hace.
Vivimos en la estupidez de grupo y confundimos esta locura con la verdadera experiencia. Es esencial que te vuelvas transparente para ti mismo y que despiertes de la demencia.
Sentarse a meditar (zazen) significa abandonar a la manada y caminar con tus propios pies.
La gente es normal y soportable, pero cuando forman asociaciones con la manada, comienzan a ser estúpidos. Están tan empeñados en pertenecer a la estupidez de grupo que fundan clubes y pagan membresías.
Zazen significa abandonar la estupidez de grupo.
Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti
Traducido por Kyonin
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jul 2, 2012 | Activismo, Budismo, Vida
Anoche mis sentimientos eran de tristeza absoluta cuando vi los resultados de los conteos rápidos de la elección presidencial en México.
Pero no estaba triste por la victoria del PRI, sino por la gente misma. Nadie lee ni recuerda la historia. A nadie le importa. Parecería que esta nación necesitaba regresar a 70 años de oscuridad.
Estoy seguro que no hubo fraude. Hubieron despensas, tinacos gratis, gorras, tortas y bebidas para millones de acarreados*. Ellos ejercieron su voto y vendieron su nación y el futuro, a cambio de un mini premio.
Mi desilusión y corazón roto es por los mexicanos sin memoria, sin ética y sin valores.
Mi tristeza es por la eutanasia de un pueblo.
Con todo, la realidad es perfecta como está. La acepto así.
Mi Master dice: nos sentamos** con lo que hay.
Aun con el reto de ser parte de una sociedad que prefiere el futbol y las telenovelas, a la libertad; es el material que tengo para construir mi vida justo como la quiero.
Está en mis manos trabajar diario, mejorar mi mente, ayudar, ser generoso, educar y ver siempre hacia adelante.
Como sociedad debemos estar alertas al nuevo gobierno. Exigir que trabajen y pedir cuentas. Proteger y luchar por la libertad de expresión y de prensa. Es lo que la gente inteligente haría.
Cumplir las Cuatro Promesas del Bodhisattva nunca había tenido tanto sentido como hoy:
Ayudar a todos los seres vivos, aunque estos sean incontables.
Destruir los autoengaños, aunque estos nunca terminen.
Ver la realidad, aunque esta no tenga límites.
Caminar por el camino a la iluminación, aunque esta nunca llegue.
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*Acarreados: Gente que sigue al rebaño, que se dejan manipular, que siguen a un jefe sin pensar y sin cuestionar.
**Sentarnos a meditar, a hacer zazen.