Las Cuatro Nobles Verdades

Las Cuatro Nobles Verdades

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Como hemos visto en posts anteriores, el budismo no es una religión. Se mide como religión debido a la cantidad de seguidores, pero en realidad es una serie de conceptos que nos ayudan a ver la vida de una manera mucho más agradable y sin complicaciones.

Con este objetivo, les resumo las Cuatro Nobles Verdades, que fueron la primera enseñanza del Buddha cuando alcanzó su estado de tranquilidad o nibbana. Estas son los pilares del budismo, pero de ninguna forma significa que las puedas aplicar a tu vida cotidiana si eres de otra forma de pensar.

Les recomiendo que lean este post con detenimiento y traten de relacionarlo a su vida y todo lo que han pasado para llegar a este momento. Ha habido muchas satisfacciones, pero también dolor. Y mucho. Este dolor mental y emocional siempre tiene una razón que se puede entender y atacar.

Esa es la razón de ser de las Cuatro Nobles Verdades.

Primera Noble Verdad: La vida incluye el sufrimiento.
Todos hemos pasado por situaciones frustrantes y dolorosas. De hecho, una buena parte han sido experiencias que nos hacen sentir miserables y nos parece que todo el dolor del universo está puesto en nuestros hombros. Nos preguntamos porqué nos tocó a nosotros sufrir esto, nos conmiseramos y casi siempre generamos una resistencia y apatía contra las personas que nos hicieron daño. Buscamos venganza.

Lo que no vemos es que no somos los únicos que sienten dolor. Todas las personas del mundo sufrimos emocionalmente y nos hacemos la vida de cuadritos porque X situación no sale justo como la imaginábamos.

Nacer, crecer, amar, comer y todos los verbos que pongan aquí resultan en dolor en algún punto. Esto es porque la vida incluye el dolor emocional y todos los seres humanos lo experimentamos.

Segunda Noble Verdad: El sufrimiento tiene una causa
Hay muchas clases de sufrimiento. Si nos duele la cabeza o tenemos gripe, es dolor físico y no lo controlamos; simplemente sucede porque tenemos un cuerpo.

Pero los humanos nos caracterizamos por crearnos situaciones que nos hacen sufrir. ¿Recuerdas que cuando eras adolescente sufrías por todo? Cuando no te daban permiso, cuando esa persona que te gustaba no te hacía caso, cuando tus amigos no te invitaban, cuando no podías comprarte un disco. Toda la experiencia de la adolescencia produce sufrimiento.

Y tu vida adulta no es diferente. Ahora sufres porque no te alcanza para una casa enorme, porque quieres un mejor auto, porque tienes un trabajo miserable (y yo levanto la mano aquí), porque las cosas no salieron como quieres, porque comiste mucho y ya no te queda tu ropa.

Tus apegos, positivos o negativos, son la causa del sufrimiento emocional.

Tercera Noble Verdad: El sufrimiento siempre termina
Una realidad es que nada es para siempre. No importa qué tan perfecto esté tu fin de semana en la playa, sabes que el lunes tienes que estar temprano para trabajar.

Si estás en la fiesta más divertida de tu vida, sabes que durará sólo un poco más y luego tendrás que ir a casa a dormir.

El sufrimiento se comporta igual: siempre se acaba.

El problema con el sufrimiento, y como con todas las emociones negativas, es que es muy poderoso. Una hora de sufrimiento puro borra de nuestra memoria 10 años de felicidad. Hay situaciones en las que parece que todo el mundo se viene abajo, hay desolación en nuestros corazones y todo indica que así será el resto de nuestras vidas.

Pero al final, contigo o sin ti, el sufrimiento termina. Siempre.

Cuarta Noble Verdad: Existe un camino para terminar con el sufrimiento
Si somos inteligentes y comprendemos que mentir, robar, matar, beber alcohol o desvelarse traen consecuencias, dejamos de hacerlo. Terminamos con una conducta que nos hace daño.

De la misma manera, el sufrimiento es igual. Se puede acabar o, al menos, aminorar si somos inteligentes y si de verdad nos dedicamos a ello.

Vivir en calma y paz es invaluable, aun a pesar de nosotros mismos.

Como les dije al principio, estos cuatro factores que marcan nuestras vidas no aplican al budismo. Son verdades universales que están en la vida de cualquier persona.

Traten de ver ejemplos prácticos en sus propias vidas y verán que todo esto está vigente y se aplica a la perfección.

Las Cuatro Nobles Verdades son la base del budismo y cuando las comprendes, ves la vida con otros ojos; la carga emocional que oprime el corazón se hace mucho más ligera.  Las veremos una a una con ejemplos prácticos en artículos futuros.

Las cuatro medicinas para la desilusión

Las cuatro medicinas para la desilusión

No esperes nada, pero prepárate para todo.
Adagio samurai.

Tener el corazón roto debido a la desilusión es una de las experiencias más duras de la vida.

Desde niños se nos educa para que siempre esperemos algo bueno de la vida. Como por ejemplo ese día donde esperabas con toda la emoción del mundo que llegara el fin de semana porque te habían dicho que te llevarían al parque. Al final tus papás se percataban que tenían que ir a ver a alguien o simplemente estaban cansados y cancelaban el fin de semana. El resultado era un día aburrido, frustrante y muy poco inspirador. En suma, te provocaba desilusión.

Piensa también en la adolescencia, que es cuando más sufrimos. ¿Cuántas veces no esperabas que tus amigos te invitaran a una fiesta? ¿O que te dieran permiso para ir a una excursión de la escuela? ¿Qué tal la cita que querías con esa persona que te gustaba y que te dijo que no? Todo esto te llevó, irrevocablemente, a sufrir.

Casi todo el sufrimiento mental y emocional del hombre está dado en torno a los apegos. En el caso de la desilusión, esta se da cuando no obtenemos el resultado que nuestra imaginación fabricó.

Nuestra mente es una línea de producción de ideas que hace su trabajo muy bien. Entre muchas otras funciones, tiene como objetivo construir imaginaciones del futuro, realidades que «podrían pasar» si se cumplen requisitos ideales.

Es como cuando compras un boleto de lotería (admítelo, alguna vez haz comprado un Melate o un cachito). Cuando guardas este pedazo de papel en la cartera o bolsa, de inmediato tu mente comienza a crear un futuro alterno:

«Si me gano el premio voy a viajar por todas partes sin preocuparme. Pero antes voy a comprarle una casa a mi mamá y a mis hermanos. Pero necesitarán espacio para sus autos, que tienen que ser Audi al menos… «

Esta idea de lo que está por venir, como todas las que creamos, es muy atractiva, nos seduce. Y casi siempre nos aferramos a estos sueños de humo y terminamos desilusionados.

Este sufrimiento se da porque nos aferramos a la idea de lo que puede ser. Esperamos demasiado de la vida en un claro movimiento de egoísmo: queremos que el universo funcione para satisfacer nuestras necesidades.

Pero el universo está muy ocupado siendo él mismo. 🙂

Como mencioné al principio, la desilusión es parte de la vida y siempre nos va a acompañar porque siempre vamos a crear futuros ideales en nuestra mente. Entonces, ¿qué hacer para reducir los daños y salir lo menos raspado posible?

  1. Controla la fantasía. El conocer a una persona que nos gusta no va a hacer que se enamore de nosotros de forma instantánea. No nos vamos a sacar el Melate y no, no vamos a bajar de peso con el método de la revista. Estar conscientes de cuando la mente fabrica realidades alternas en situaciones que no controlas, es la mejor herramienta.
  2. Sé generoso. La desilusión viene porque el universo no nos da lo que queremos en el momento preciso. Ser generoso siempre ayuda porque en lugar de querer todo hacia nosotros, damos un poco a alguien. Puedes dar tiempo, trabajo, escuchar a alguien… no tiene que ser monetario. Al final de cuentas, una persona generosa siempre está rodeada de cosas buenas.
  3. Erradica las expectativas. La gente, el clima, el tráfico y todo el universo no están para servir a tus propósitos personales. Sé como los samurai: No esperes nada, pero prepárate para todo.
  4. Si las cosas no salen como las imaginaste, no te aferres. Si no pudiste evitar que la imaginación creara una fantasía, recuerda que nadie mas que tú la inventó. Cuando las cosas no salen como esperas, siempre ayuda no aferrarse a la fantasía de «lo que pudo ser».
Estas cuatro medicinas me han funcionado, pero estoy seguro de que no son las únicas. ¿Sabes de alguna otra que pudiera funcionar?