Una de mis películas budistas favoritas es Shaolin (2011), dirigida por Benny Chan. Vemos al protagonista, Hou Jie, un general despiadado que lo tiene todo: poder, riqueza y una familia. Sin embargo, su ambición lo lleva a una traición que termina con la vida de su hija y lo deja en la ruina total. Es en ese «tocar fondo», refugiado entre los monjes que antes despreciaba, donde ocurre lo imposible. Al soltar su uniforme ensangrentado y rapar su cabeza, Hou Jie no solo cambia de ropa; deja morir al general para que nazca el hombre.
Su historia nos enseña que el renacimiento no es una metáfora mística, sino una decisión radical de enmendar el pasado a través de la presencia. Es una historia entrañable y nos podemos relacionar con ella porque es una historia de nacimientos. Justo como la ocasión por la que escribo hoy, el nacimiento del Buda.
El Buda nace hoy
Cada 8 de abril celebramos el nacimiento de Siddhartha Gautama. En muchas comunidades lo celebran bañando figuras del «Buda bebé» con flores y té dulce. Es un rito hermoso, pero ya me conoces, soy un poco rebelde. Prefiero ir al fondo pragmático de esta celebración. El nacimiento del Buda no es solo historia, es la ocasión perfecta para también nacer con él.
En Japón, esta fecha coincide con el Hanamatsuri o festival de las flores. Se dice que al nacer, el pequeño Siddhartha dio siete pasos y de cada uno brotó un loto, mientras señalaba al cielo y a la tierra diciendo: «En el cielo y en la tierra, solo el Ser es venerable».
¿Cuál Ser? Por supuesto el Buda. Pero el Buda es naturaleza búdica, que es vacuidad. Y todos estamos unidos en vacuidad. Por lo tanto tú eres tan Buda como el mismo Buda.
En el Mahayana, esto no es arrogancia; es el reconocimiento de que tú, yo y el Buda somos una sola cosa.
El Buda transformó el piso en cada uno de sus pequeños pasos. Tú también transformas el mundo con cada paso, es solo que no lo ves. Si entiendes esto, entonces verás que cada paso es un renacimiento porque es imposible que seas la misma persona de hace 10 minutos. Siempre estamos naciendo, una y otra vez.
El Buda en el espejo
A menudo vemos al Buda como un ídolo lejano, pero el Zen nos arruina la sorpresa: el Buda eres tú. Si miras tu propia naturaleza, encontrarás vacuidad. Sé que la palabra «vacío» asusta a muchos, pero es la mejor noticia del mundo. Esta es la enseñanza de Shunyata, que nos dice que la vacuidad es posibilidades infinitas porque nada está escrito y todo está unificado. Estar vacío significa que no eres una estatua sólida y fija; eres una narrativa y proceso en constante cambio.
Si tu identidad es una narrativa, ¡puedes cambiar el guion! La enseñanza del Tathagatagarbha nos dice que la semilla de la budeidad está en ti, pero no es un regalo pasivo; es algo por lo que tienes que pelear y cultivar. El Buda no es alguien a quien comprarle la paz, es la claridad que surge cuando dejas de identificarte con el «personaje» que sufre y empiezas a vivir desde tu naturaleza real.
El día en que tú naciste nacieron todas las flores
La canción mexicana de cumpleaños, Las Mañanitas, habla sobre el florecimiento. En el caso del Buda, la leyenda nos dice que esto es literal. Cuando nace un Buda nacen todas las flores.
Pero una flor no nace de la nada, es el resultado de la Ley de Causa y Efecto.
La naturaleza no florece por capricho. Si observas un documental sobre cómo abre una flor, verás un proceso biológico y físico impresionante y caótico. Para que nosotros florezcamos, también necesitamos un proceso interno profundo. Algunas leyendas dicen que antes de que el Buda saliera del vientre de su madre, el clima era horrible, lleno de tormentas y nubes negras.
Esto es una analogía perfecta: antes de cualquier gran transformación personal, siempre pasamos por un periodo de oscuridad. Las nubes negras del pensamiento parecen sólidas, pero son vacuidad; si intentas agarrar una, no hay nada. El problema es que nos abrazamos a nuestras nubes por tanto tiempo que olvidamos el cielo azul que hay detrás.
Renacer es, simplemente, dejar que las nubes se disipen para que el cielo de tu mente vuelva a brillar.
Muérete en el zafu
Aquí es donde el Zen se pone serio. Uno de mis maestros, Muho Roshi me dio una vez el mejor consejo de mi vida antes de un Sesshin: «Muérete en el zafu». Me dijo que si «moría» en mi asiento de meditación, estaría matando todos los procesos que no funcionan: el ego, los miedos, la inercia.
Renacer requiere la humildad de aceptar que la versión actual de nosotros mismos ya no funciona. Yo mismo tuve que tocar fondo cuando pesaba 150 kg y mi salud colapsaba. Quería resultados distintos haciendo exactamente lo mismo, lo cual es la definición de locura. Solo cuando maté mi viejo esquema de pensamiento y vacié mi taza (como el erudito de la famosa historia de Nan-in), pude usar herramientas nuevas y recuperar mi salud.
En el budismo, el renacimiento cósmico es algo de lo que queremos salir (el Samsara). Pero el renacimiento del Ser es nuestra herramienta de liberación. Es dejar de ser el general herido de la película Shaolin para convertirnos en un ser humano fresco y creativo.
El primer respiro del Buda
En el Zen hacemos Shikantaza, que es como una «muerte chiquita» en condiciones controladas. Te sientas, te mueres por 20 o 30 minutos a tus opiniones y juicios, y renaces con energía renovada.
Para cerrar, haz este ejercicio simple: detente. Inhala profundamente y siente que esta es la primera vez que tus pulmones reciben ESTE aire. Al exhalar, suelta un proceso que ya no te sirva: un rencor, un mal hábito o una idea fija sobre quién eres. ¿Qué quieres transformar hoy? ¿Cómo vas a renacer en este momento?
El Buda murió bajo el árbol Bodhi para que naciera la iluminación. Tú puedes hacer lo mismo en tu próximo respiro. ¡Feliz nacimiento! ¡Feliz cumpleaños del Buda!
Si no has visto Shaolin, hazlo. No te arrepentirás. A veces la puedes encontrar en YouTube.
La vida en la ciudad es un reto para muchos, yo incluido. Hace unos años, mi vida era una competencia constante contra el reloj y el mal humor. Recuerdo que salía de casa ya predispuesto a la batalla. No era que me preparaba para cosas negativas, pero algo dentro de mi siempre estaba a la defensiva.
Si el metro se retrasaba, era un ataque personal del destino. Si llovía, el cielo conspiraba contra mi. Si alguien me empujaba accidentalmente en la calle, mi mente generaba un discurso de tres tomos sobre la falta de educación en la sociedad moderna. Culpaba a la ciudad, a la gente y hasta al clima por mi infelicidad. Obvio que el gobierno tiene la culpa de todo. Estaba convencido de que, para ser feliz y estar en paz, necesitaba mudarme a una montaña lejana, lejos del ruido, del smog y los gritos.
Pero, como dicen en mi pueblo, a donde quiera que vayas, ahí estás tú.
¿Por qué siento que el caos en la ciudad me consume?
Vivir en una metrópoli moderna es, para muchas personas, un ejercicio de supervivencia sensorial. Estamos bombardeados por estímulos como anuncios brillantes, notificaciones en el teléfono, el ruido incesante del tráfico, la música de otros y esa prisa colectiva que parece contagiosa. Sentimos que el caos en la ciudad es algo externo que nos atropella, una fuerza que nos quita el control de nuestra propia calma.
Desde la psicología budista, entendemos que este «caos» no es solo lo que sucede afuera, sino cómo nuestra mente reacciona a ello. Pasamos el día en un estado de resistencia. Nos resistimos al tráfico, nos resistimos a la fila del supermercado, nos resistimos al ruido del vecino. Esa resistencia es la que genera el sufrimiento, no el hecho en sí. En el Zen, aprendemos que el mundo no tiene la obligación de ser silencioso para que nosotros estemos en paz. Y, de hecho, entendemos que no existe tal cosa como caos.
¿Cómo ayuda el Zen a navegar por el ruido urbano?
A menudo pensamos que el Zen es algo ultra pacífico o algo que solo ocurre en un cojín de meditación dentro de un templo perfumado con incienso. Pero el verdadero Zen se prueba en el semáforo que no cambia a verde cuando tú lo necesitas o cuando se cae el internet en medio de una reunión importante.
En nuestra escuela Soto Zen, practicamos Shikantaza, que significa «simplemente sentarse a meditar». No buscamos visiones místicas ni estados alterados; nos entrenamos para sentir la perfección de la vida tal cual es. Esto suena contradictorio, pero cuando dejas de pelear con el momento presente, el caos deja de ser caos y se convierte simplemente en «lo que está pasando».
Nuestro Primer Patriarca del Zen, Bodhidharma, escribió en su Sermón de la Penetración esta frase que me inspira:
«La mente es la raíz desde la cual todas las cosas crecen. Si puedes entender la mente, todo lo demás está incluido. Es como la raíz de un árbol. Todas las flores y frutos de un árbol, las ramas y las hojas, dependen de su raíz. Si alimentas esa raíz, el árbol se multiplica. Si cortas su raíz, él muere.»
Cuando dejas de ser el centro del universo quejumbroso, permites que los sonidos del tráfico, el olor del café y el roce de la gente solo sean. No te dejas derrotar por la ciudad, sino que cambias tu relación con ella. Ya no eres una víctima, eres un participante consciente que comprende que la paz no es la ausencia de ruido, sino la comprensión de la raíz de tu propia agitación.
5 consejos prácticos para sentir menos presión hoy mismo
No necesitas renunciar a tu trabajo ni ser monje budista. Es más, ni siquiera te tiene que interesar el budismo. Aquí te comparto cinco micro-prácticas que puedes aplicar mientras caminas por la ciudad.
El semáforo de la atención plena: En lugar de revisar el celular cada vez que el semáforo está en rojo, úsalo como una campana de meditación. Siente tus pies en el suelo, nota tu respiración y observa el cielo. Esos 30 segundos son un regalo de pausa, no un obstáculo.
Escucha el «Mantra Urbano»: En lugar de calificar los ruidos como molestos, bonitos o feos, intenta escucharlos como si fueran una sinfonía compleja. La sirena de la ambulancia, el motor del autobús, los pasos… son solo fenómenos sonoros surgiendo y desapareciendo. Escucha sin juzgar.
Kinhin en la acera:Kinhin es la meditación caminando. No hace falta que vayas extremadamente lento como en el templo, pero sí puedes caminar sintiendo el contacto de cada paso. Nota cómo el cuerpo se mueve solo. Camina para caminar, no solo para llegar.
La pausa del café consciente: Cuando tomes tu bebida matutina, hazlo de verdad. Siente el calor de la taza, el aroma y el sabor. Por dos minutos, no leas correos ni pienses en la junta. Solo existan tú y el café.
Cortesía radical: En un entorno donde todos se empujan, cede el paso. Deja que alguien pase primero en la fila o en el tráfico. Este pequeño acto rompe la inercia del ego y te conecta con los demás, bajando tus niveles de cortisol de inmediato.
Consejo bonus: Apaga el teléfono por al menos 2 horas al día y haz otra cosa. Lo que sea, pero desconéctate. El teléfono te está causando más daño de lo que crees.
Regreso a la espiritualidad
He tocado este tema muchas veces y lo seguiré haciendo hasta que me hagas caso. Necesitas una vida espiritual y punto.
Es común que hoy en día miremos con recelo cualquier cosa que huela a incienso o ritual. Sin embargo, tener una vida espiritual es vital para no terminar fundidos por las exigencias del sistema. Aquí hay un punto clave que debemos aclarar para estar en la misma página: espiritualidad no es lo mismo que religión.
La religión suele ser una estructura externa, con reglas, jerarquías y dogmas que a veces se sienten como una camisa de fuerza. La espiritualidad, por el contrario, es un asunto profundamente personal. Es el latido interno que nos dice que hay algo más allá de nuestra lista de pendientes y de nuestra cuenta bancaria. Es lo que nos permite sentir que estamos unidos al universo, que no somos una pieza aislada y solitaria flotando en el cemento de la ciudad.
Cuando cultivamos este regreso a la espiritualidad, nuestra relación con las cosas que pasan cambia radicalmente. Ya no vemos el mundo como un lugar hostil, sino como un despliegue de vida del cual somos parte. Al sentir esa conexión con todo lo que existe (la gente en el metro, el árbol que sobrevive en la banqueta, el viento que sopla entre los edificios), surge de forma natural una mayor paciencia. Nos volvemos más amables y compasivos porque entendemos que el «otro» es una extensión de nosotros mismos.
En el Zen vemos el 100% de nuestra vida como práctica espiritual. Trabajo, problemas de la ciudad y Buda son una sola cosa.
¿Por qué Zazen y la compasión activa funcionan en la ciudad?
Si alguien te dice que meditar es «poner la mente en blanco», ¡huye! Zazen es un ejercicio de meditación que te pone en una buena disposición para conectar con la vida. Y eso incluye entender que la compasión es esencial porque nos saca del aislamiento mental que tenemos en las ciudades.
Cuando nos sentamos en Zazen, desarrollamos la capacidad de observar nuestros pensamientos de enojo sin convertirnos en ellos. Si alguien te insulta en el tráfico, puedes notar el pensamiento «estoy molesto» en lugar de reaccionar como un resorte.
La compasión es nuestro mejor escudo. Si miras a esa persona que te empujó y consideras, aunque sea por un segundo, que quizá está pasando por un día terrible o que sufre igual que tú, tu enojo se disuelve. La compasión no es ser débil; es tener la firmeza de no permitir que la negatividad ajena dicte tu estado interno.
La ciudad también es Buda
Lo que me dio un poco de paz para mi vida en la ciudad no ocurrió en una cueva como la de Bodhidharma, sino en un vagón del metro atestado de gente. Estaba a punto de explotar de frustración cuando miré a la persona que tenía frente a mi. Se veía cansada, con los ojos fijos en la nada, probablemente cargando con las mismas preocupaciones que yo. En ese momento comprendí que la ciudad no era mi enemiga. El clima no conspiraba contra mí. La infelicidad no estaba en el smog, sino en mi resistencia a la realidad.
Acepté el ruido, acepté el empujón y, de repente, sentí una paz inmensa. El caos seguía ahí, pero yo ya no era parte de él. Sigo viviendo en la ciudad, pero mi relación con ella cambió para siempre. La perfección de la vida incluye el ruido del camión de la basura, porque eso también es vida manifestándose. Es el Buda enseñando el Dharma justo en nuestras narices.
Y a ti, ¿cómo te afecta la vida en la ciudad? ¿Cómo anda tu nivel de quejas? ¿Te atreverías a probar las prácticas que te compartí en este post? Me encantaría leer sobre tu experiencia en los comentarios. No importa si es un parque pequeño o solo el momento en que te quitas los zapatos al llegar a casa; todos tenemos un refugio.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
1. ¿Es posible practicar Zen si solo tengo 5 minutos al día?
¡Claro que sí! El Zen no se mide en horas, sino en la calidad de tu atención. Cinco minutos de presencia total mientras lavas los trastes o caminas hacia el transporte son mucho más valiosos que una hora de meditación con la mente perdida en planes futuros o rechazando el presente. La clave es la constancia, no la duración.
2. ¿Cómo manejo a las personas tóxicas o agresivas en el trabajo usando el Zen?
El Zen nos enseña a poner límites con sabiduría y compasión. No significa dejar que otros te pisen, sino responder en lugar de reaccionar. Cuando alguien es agresivo, observa tu propia reacción interna. Al no devolver la agresión, mantienes tu centro y, a menudo, desarmas el conflicto sin necesidad de palabras hirientes.
3. ¿Necesito ser budista para aplicar estas técnicas de micro-práctica?
Para nada. Las enseñanzas del Zen sobre la atención plena y la compasión son herramientas universales para el bienestar humano. Puedes ser de cualquier religión, o de ninguna, y aun así beneficiarte de estar más presente y ser más amable contigo mismo y con los demás en el entorno urbano.
Todos los años desde que comencé con este blog, Chocobuda, y desde que comencé la sangha Grupo Zen Ryokan, surge varias veces la misma pregunta pero formulada de diferentes maneras: ¿Cómo conservo la calma ante (inserte su amenaza o preocupación del momento)? Creo que todos hemos estado ahí mil veces y mil veces seguiremos ahí.
Ya sea guerra, invasión, problema ecológico, asunto político local, epidemia, violencia en la calle o evento de la naturaleza; a todos nos afecta en el estado de ánimo. Nos preocupamos, nos quedamos sin dormir y nos mudamos a un mundo de desesperanza porque nos sentimos impotentes ante lo que no podemos arreglar pero que amenaza nuestra visión del mundo.
Justo esta semana en nuestros foros surgió la pregunta y pensé que mi respuesta podría ser útil para más personas.
La preocupación por los sucesos del mundo es compartida y genuina. Pero siempre trato de desempacarla y mirarla desde varios puntos de vista. Advierto que este post es completamente personal y sé que soy muy pequeño como para entender el panorama geopolítico. Lo que estás por leer puede que no se acomode con tu visión del mundo o posición política.
Siempre hay algo que te quiere destruir
Soy muy viejo. Nací en 1972 y crecí durante la Guerra Fría (1947 a 1991), aquel tiempo donde las grandes potencias, USA y URSS, se amenazaban mutuamente todos los días con aniquilarse con bombas nucleares. Para mi generación el miedo a la destrucción de la humanidad era cotidiano. Todos los días las noticias eran horribles y todos esperábamos a que algún loco «presionara el botón» y adiós humanidad. Esta canción de Miguel Mateos te puede dar una idea de cómo el miedo era permanente, aún en la música pop.
Esto nos da un panorama de lo que se vivía en esos tiempos. Había miedo y desesperanza 24/7. ¿Qué vas a hacer si llegas a grande? ¿Tenemos tiempo? ¿Vale la pena siquiera esforzarse si de todas formas el mundo va a explotar cuando alguien apriete el botón? El cine, la televisión, los noticiarios y las charlas de adultos eran sobre esto. Películas post-apocalípticas como Mad Max se planteaban un mundo postapocalíptico y cómo serían las cosas luego de las bombas atómicas.
La Guerra Fría pasó y la aniquilación jamás llegó. Seguro, se dieron muchos eventos de todo tipo, pero hoy estoy en mi escritorio con mi gato en las piernas, bebiendo una excelente taza de café que preparé con cariño y cuidado. Nadie ha presionado el botón. La destrucción que tanto nos desvelaba y que tanto se nos inyectó en la cabeza, jamás pasó.
También me tocaron los grandes miedos de la humanidad. En los 70s todos estábamos espantados porque la comida se iba a terminar. Había abejas asesinas, pirañas y hormigas mutantes. También se hablaba de que la sobre población acabaría con el mundo, y ahora ¡irónicamente ahora se nos pide tener más bebés!
En los 80s todos nos íbamos a ahogar en una nube tóxica y andaríamos con máscaras anti-gas por la calle. Todos moriríamos por el desastre de Chernobyl. El agua se iba a terminar en cualquier momento.
En los 90s tuvimos muchas guerras que marcaban el fin de la humanidad como las de Pérsico. Todos debíamos estar involucrados en la guerra de Bosnia Herzegovina. La capa de ozono se estaba debilitando, el petróleo se terminaría y también era el fin de los tiempos. Creo que también el cometa Halley anunciaba el fin del mundo.
En los 2000 hemos pasado por pandemias, más guerras, las tortugas se están muriendo por tu culpa, el plástico es el enemigo más grande, invasiones y hasta mensajes extraterrestres que parecen aterradores y resultan ser emisiones de un hoyo negro distante.
Y aquí sigo escribiendo. Mi café se ha terminado. La taza aún está caliente.
En mi vida me han tocado tantos y tantos apocalipsis, pánicos masivos, epidemias, terremotos, huracanes, tifones y conflictos que, honestamente, hoy vivo mi vida sin miedo porque siempre hay algo que nos va a aniquilar. La humanidad prevalece buscando la siguiente alerta para vivir con miedo.
El miedo es la más rentable de las industrias
Antes de ser monje budista fui diseñador gráfico. Trabajé mucho tiempo en medios de comunicación y confieso que fui parte de la máquina que propaga el miedo. Sé las tácticas que se usan y cómo impactar al público tocando las fibras más sensibles de la psique. Ahí aprendí lo débiles y fáciles de manipular que somos.
Entonces, no es que no me importe todo lo que pasa, es solo que no me importa porque mi kung fu es más fuerte que el kung fu de los nuevos medios. Haber pasado por tantas cosas y sobrevivirlas hace que mi cinismo y paz interna sean sólidos y un refugio.
Hoy vivimos conflictos como el de Israel vs Palestina, el de Venezuela y una gran lista de etcéteras. Del 100% de las cosas que pasan en el mundo, tengo 0% de control o de influencia. Decido mejor enfocarme en lo que sí puedo hacer. Tengo una sangha que cuidar, y un presente que vivir no importa qué.
¿Sabes por qué? Porque el miedo siempre está y es de fácil absorción. Nunca habrá falta de preocupaciones. Y también tengo la comprensión de que el miedo es una gran industria que genera mucho dinero y produce sociedades altamente manipulables.
Por industria del miedo se entiende no sólo la producción social del riesgo y la incertidumbre, sino también el aprovechamiento y la rentabilidad comercial y política que el mercado hace de la inseguridad existencial de los individuos. LINK
Entre más miedo tenemos, las redes sociales ganan más dinero. Entre más miedo y preocupaciones tenemos, los gobiernos del mundo pueden mantenernos sometidos y muy blanditos.
La hiperconectividad destroza la paz real que existe
La humanidad siempre ha sido conflictiva. Siempre ha habido actos violentos y amenazas. Y de hecho, hace 100 años o más atrás era mucho peor. Lo que ahora mata nuestra paz es la manera en la que se comparten noticias y opiniones, así como el lucro de la industria del miedo.
Es perfectamente natural sentirnos abrumados en este momento. Estamos pasando por una era de hiperconectividad voraz donde una sola noticia se multiplica y se repite hasta el cansancio, actuando como un filtro que distorsiona nuestra visión del presente. De pronto, el mundo se percibe como un lugar oscuro y sin esperanza, un incendio constante que parece no tener fin.
Sin embargo, la realidad es mucho más luminosa de lo que las notificaciones sugieren. Las redes sociales y las fuentes noticiosas se alimentan de tu atención mediante el miedo y la urgencia para generar clics, lo cierto es que transitamos por tiempos de paz sin precedentes que el estrépito digital no nos deja apreciar.
En las últimas décadas, las guerras de todo tipo se han vuelto menos frecuentes y menos letales, aunque los medios nos muestren cada día violencia y desastre como si el mundo estuviera siempre al borde del colapso. –Doc. Steven Pinker
Recomiendo mucho ver esta charla que habla justo sobre este tema.
No hay dinero en la paz y mucho menos en la felicidad. Hemos creado un sistema que necesita de nuestro miedo e inconformidad para mantenernos generando dinero y siendo controlables.
Admitir que pasamos un periodo de paz y progreso maravilloso en la historia no es atractivo y no hay negocio por hacer ahí. Los algoritmos se alimentan de tu engagement, que es el resultado de mantenerte enojado, preocupado y con miedo.
La paz mental viene de la compasión y el servicio, no de la preocupación
Aquí va lo que me ha metido en problemas mil veces, pero me mantengo firme cuando digo: no tienes la obligación moral, ni la capacidad física de cargar sobre tus hombros cada conflicto del planeta que aparece en tu muro de noticias o que te comentan tus personas cercanas.
No es que lo de Venezuela no sea importante. Pero no está en tus manos arreglarlo.
Palestina debe ser libre. Sí, claro, pero no eres palestino y, honestamente, no tienes ni idea de cómo ve el mundo una persona de esa zona. No está en tus manos arreglarlo.
Donald Trump va a invadir el mundo. Que lo haga. Tienes más cosas importantes por vivir.
Esto te va a volar la mente. ¿Sabes qué pasa si no tomas acción y una postura política? Nada. No pasa nada. El mundo sigue.
No quiero ser malinterpretado, por supuesto. Hay cosas que la humanidad necesita atender para crecer como especie, pero los cambios nunca llegan con la revolución, sino con la evolución. No podemos estar todo el tiempo preocupados, sin dormir y viendo la vida solo con tintes oscuros.
Hay que trabajar para mejorarnos a nosotros mismos, para un mejor futuro, pero cada uno de nosotros lo hace desde su área de acción, nunca desde el área de preocupación porque es un callejón de dolor y no de soluciones.
Tu verdadera tarea es soltar esas pesadas cargas que no te corresponden y dirigir tu energía hacia lo que sí está al alcance de tus manos.
Al cuidar tu entorno inmediato, desde el orden de tu espacio hasta la calidad de tus palabras con quienes te rodean, y actuar con compasión en lo pequeño, recuperas la luz y la claridad que el ruido externo te había robado.
La paz del mundo comienza, invariablemente, cuando regresas a este momento. Este es tu verdadero hogar.
Deja de ver noticias y redes sociales. Regálate horas de silencio y observa la vida. ¿A quién puedes ayudar hoy? ¿Cómo puedes ser una mejor persona hoy?
Regresa tus recursos emocionales y mentales a los seres que tienes al alcance de tus brazos. No sé, podría ser que funcione.
¿Qué ves, qué escuchas, qué siente tu cuerpo, qué hueles en este momento?
Prácticas del budismo Zen para recuperar la paz hoy mismo
Si sientes que el ruido externo te está robando la vida y la alegría, la tradición Zen nos ofrece herramientas directas para cortar el ciclo de la angustia. La paz no es algo que se adquiere, sino algo que surge cuando dejamos de fabricar tormentas mentales. Los grandes maestros del Zen tienen mucho por enseñarnos.
Zazen y el olvido del «yo» ansioso (Dogen Zenji): Dogen Zenji nos indica en Genjokoan: «Estudiar el camino de Buda es estudiarse a uno mismo. Estudiarse a uno mismo es olvidarse de uno mismo». Cuando las noticias nos aterran, nuestro «yo» se vuelve gigante y frágil. Al sentarte en Zazen, simplemente dejas que ese yo asustado se disuelva en la respiración. No intentas arreglar el mundo en tu cabeza; simplemente eres el mundo respirando. Al olvidarte de tus opiniones y miedos por un momento, la paz que ya estaba ahí se manifiesta.
Abrir la mano del pensamiento (Kosho Uchiyama Roshi): Uchiyama Roshi explicaba que los pensamientos son como «secreciones del cerebro». El miedo al futuro es solo una secreción más. Su práctica consiste en «abrir la mano del pensamiento». Cuando te descubras apretando el puño de la preocupación por una noticia, simplemente abre la mano y deja ir el pensamiento. No lo reprimas, pero no lo sigas. Déjalo pasar como una burbuja que estalla.
Práctica sin provecho o Mushotoku (Sawaki Kodo): Sawaki Kodo era un maestro implacable. Decía que «El Zen no sirve para nada». En un mundo que nos pide estar informados para «ganar algo» o «prevenir algo», el Zen nos pide actuar sin buscar beneficio personal (mushotoku). Deja de consumir noticias con la esperanza de encontrar seguridad. La seguridad no existe. Siéntate, camina o trabaja por el puro placer de hacerlo, sin el deseo de que el mundo se ajuste a tus expectativas. Sawaki Roshi dice «solo siéntate y deja de ser un títere de tus propios deseos y temores».
La paz del mundo no comienza con un gran tratado internacional firmado en una oficina lejana; comienza invariablemente cuando regresas a este momento, a este cuerpo y a este aliento. Este es tu único y verdadero hogar.
Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre Budismo Zen y la Paz Mental ante la Amenaza
Como budista, ¿qué puedo hacer para estar más tranquilo ante las noticias?
La práctica fundamental en el Zen es Zazen o la meditación sentada, que nos enseña a observar la realidad sin juicios. El Zen nos explica que el sufrimiento no viene de la noticia en sí, sino de nuestra resistencia a lo que es o de quedarnos atrapados en «construcciones mentales» catastróficas.
Cuando consumas información, practica la observación directa: nota la tensión en tu mandíbula o la agitación de tu mente. En ese momento, respira y reconoce: «Esto es solo ruido externo golpeando mis sentidos». Al nombrar el proceso, dejas de ser la víctima del miedo. En el Zen, no intentamos que las nubes desaparezcan, simplemente nos sentamos hasta que recordamos que somos el cielo, no la nube.
¿No es egoísta buscar la paz personal cuando hay tanta gente sufriendo en guerras?
En la tradición Zen, entendemos la no-dualidad: tú y el mundo no son dos cosas separadas. Si tú estás en caos, añades caos al mundo. Si tú cultivas paz, esa paz es el mayor servicio que puedes prestar.
No puedes rescatar a nadie de un incendio si tus manos están temblando de pánico. Cultivar tu paz interna es un acto de responsabilidad. Un practicante de Zen en calma irradia una estabilidad que ayuda a los demás a recuperar su propio centro. Tu paz no es un escape de la realidad, es la base necesaria para actuar con verdadera sabiduría y compasión.
¿Cómo puedo practicar la compasión por personas que sufren muy lejos de mí?
El Zen nos enseña a transformar la angustia en presencia. Puedes dedicar tu práctica de meditación al bienestar de esos seres, pero lo más importante es entender que la compasión empieza «a un brazo de distancia».
La preocupación por lo que está lejos, a menudo es una forma de evitar lo que está cerca. Si quieres ayudar al mundo, empieza por no añadir más enojo a tu entorno inmediato. La verdadera compasión Zen es tangible: si alguien tiene hambre, dale de comer; si alguien sufre cerca de ti, escúchale. Esa energía de bondad local tiene un impacto real en la red de la existencia que nos conecta a todos.
¿Qué dice el Zen sobre el fin del mundo o las grandes catástrofes?
El Zen abraza plenamente la impermanencia (Mujo). Todo lo que aparece en el campo de la forma eventualmente desaparecerá. Aceptar esto no es pesimismo, es la liberación definitiva del miedo.
Cuando dejas de luchar contra la naturaleza cambiante de la vida, dejas de ver la «amenaza» como algo que no debería ocurrir y empiezas a verla como parte del flujo del universo. Esta aceptación te permite vivir con una intensidad y libertad asombrosas. En lugar de temblar por el futuro, puedes enfocarte totalmente en la maravilla de lo que existe ahora: el calor de tu taza, el sonido del viento y el milagro de estar vivo en este instante.
Creo que esto va a resonar contigo. Recuerdo muy bien cómo era mi vida antes de que el Zen me moviera el suelo. Cada 31 de diciembre, me convertía en una máquina de repartir deseos de «felicidad». Escribía tarjetas, mandaba mensajes y brindaba diciendo: «¡Que seas muy feliz!». Lo decía de corazón, claro, pero en el fondo había una trampa que yo mismo no veía. Deseaba una felicidad que dependía de que las cosas salieran bien, de que no hubiera problemas, de que el dinero fluyera y la salud fuera perfecta. El foco de mis buenos deseos para los demás se centraba en lo externo.
Con el tiempo, y tras muchos años de sentarme en Zazen, me di cuenta de que desear «felicidad» a secas es un poco como regalarle a alguien un helado en pleno desierto. Es rico un momento, pero se derrite rápido y te deja con más sed.
Hoy, mi deseo para ti es diferente. No te deseo solo que las cosas te salgan bien. Te deseo algo mucho más radical, poderoso y duradero. Para este 2026, te deseo el despertar. Porque cuando uno despierta, la felicidad ya no depende de si el año es «bueno» o «malo», sino de la capacidad de vivir en paz con lo que sea que la vida nos ponga enfrente.
La gran mentira del calendario y la «vida nueva»
Hay una broma muy común en los templos de Asia: el calendario cambia, pero el ego sigue teniendo la misma cara de sueño. Tenemos la ilusión de que el 1 de enero sea una página en blanco mágica. Pero, siendo honestos, si entras al 2026 con la misma mente que tenías en 2025, el año será una copia al carbón del anterior, solo que con un número diferente en las facturas.
Locura es hacer lo mismo una y otra vez, esperando un resultado diferente. Esto es muy cansado.
La mente humana es experta en la procrastinación espiritual. Nos decimos: «Este año sí voy a recuperar la espiritualidad«, «Este año sí voy a ser más paciente». Pero el despertar no es un propósito de año nuevo que se hace entre uva y uva. El despertar es un compromiso con el ser y con el aquí y el ahora.
Si no puedes encontrar la paz mientras pelas patatas hoy, no la vas a encontrar en unas vacaciones exóticas en julio. El año nuevo es hoy, en cada respiración.
El sufrimiento y la rueda del buey: ¿Cómo recuperar la espiritualidad?
Mucha gente se acerca al budismo o busca recuperar la espiritualidad cuando el sufrimiento ya les aprieta demasiado el zapato. Y está bien, casi todos llegamos así al Dharma. El Buda, en Dhammapada, nos arroja un balde de agua fría para despertarnos:
«Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos. Si un hombre habla o actúa con mente impura, el sufrimiento le sigue tan de cerca como la rueda sigue la pezuña del buey que tira del carro.»
Es una imagen poderosa. El buey camina y la rueda, inevitablemente, le sigue los talones. Si entramos al 2026 arrastrando pensamientos de queja, de envidia o de «no soy suficiente», el sufrimiento nos va a seguir como esa rueda.
Intenta este ejercicio: Ahora que comienza el año, haz un inventario, pero no de tus posesiones, sino de tus quejas recurrentes. Elige una, la que más te pese, y decide que en 2026 no la vas a alimentar más. Cuando aparezca, solo mírala y dile: «Ah, eres tú otra vez. Hoy no vamos a salir a pasear». Eso es empezar a recuperar tu poder espiritual.
Tres acciones para que el 2026 sea el año de tu despertar
Para que este año no sea solo «un año más», te propongo tres acciones basadas en nuestra práctica Soto Zen:
1. Conviértete en el testigo de tu propia película
En el Zen practicamos la observación pura. Imagina que tu mente es una sala de cine y tú eres el único espectador. Tus miedos sobre el futuro y tus culpas sobre el pasado son solo imágenes proyectadas en la pantalla.
En la práctica: Cuando sientas estrés por el trabajo o la familia, haz una pausa de 10 segundos. Siente tu respiración y recuerda: «Yo soy el que observa este pensamiento, no soy el pensamiento». Esta pequeña distancia es el inicio de la libertad.
2. Hazte amigo de la incertidumbre
Todos queremos que el 2026 sea seguro, predecible y cómodo. Pero la vida es un río salvaje. El Buda decía que el sabio endereza su mente como el arquero su flecha. Enderezar la mente significa aceptar que no tenemos el control de lo externo.
En la práctica: Este año, cuando algo no salga como planeaste (y te aseguro que pasará), en lugar de enojarte, intenta decir: «¡Qué interesante! Vamos a ver a dónde me lleva esto». Cambiar la queja por la curiosidad es un acto de sabiduría profunda.
3. Vacía tu taza (y limpia tu corazón)
Para recuperar la espiritualidad, primero hay que hacer espacio. No puedes llenar una taza que ya está llena de opiniones, prejuicios y rencores viejos. El odio, como dice el Dhammapada, no cesa con el odio; solo cesa con el amor y la comprensión.
En la práctica: Si tienes un «asunto pendiente» con alguien, no esperes a que el otro cambie. Perdona tú, no porque el otro se lo merezca, sino porque tú te mereces caminar ligero. El perdón es el mejor detergente para el alma.
El mejor de los deseos: Vivir por el Dharma
Desearte el despertar es desearte que dejes de ser una víctima de las circunstancias. Es desearte que encuentres ese lugar dentro de ti que nunca se perturba, pase lo que pase afuera.
Vivir por el Dharma significa esforzarse un poquito cada día. No necesitas convertirte en un monje o monja y vivir en una montaña mística (aunque, oye, el look tiene su encanto y ahorras mucho tiempo en las mañanas). Solo necesitas estar presente mientras caminas, mientras escuchas a tu pareja, mientras trabajas.
Que este 2026 sea el año en que dejes de buscar la paz fuera y te des cuenta de que siempre la has llevado contigo, escondida bajo capas de ruido mental.
¿Y tú? ¿Qué peso quieres dejar atrás en el 2025 para caminar más ligero? Me encantaría leerte en los comentarios y que compartamos este camino juntos.
¡Feliz y consciente 2026!
Preguntas Frecuentes (FAQ)
1. ¿Qué significa realmente «recuperar la espiritualidad» desde el punto de vista del Zen?
No se trata de volverse alguien místico o andar levitando. Recuperar la espiritualidad significa volver a conectar con nuestra esencia más simple y presente. Es dejar de vivir en «piloto automático» y empezar a notar y agradecer la maravilla de estar vivos en los detalles cotidianos. Es pasar de la distracción constante a la atención plena.
2. ¿Cómo puedo empezar a practicar el despertar si mi vida es muy ajetreada?
El Zen no es algo que haces «fuera» de tu vida, sino «en» tu vida. No necesitas horas de soledad. Puedes practicar mientras esperas en un semáforo, simplemente sintiendo tu cuerpo y tu respiración. El despertar empieza con momentos de 30 segundos de presencia absoluta varias veces al día.
3. ¿Por qué el budismo dice que el deseo de felicidad puede ser un estorbo?
No es que la felicidad sea mala, sino que el apego a una idea fija de felicidad nos hace sufrir. Si creo que solo seré feliz si tengo X cosa o persona, y no la consigo, sufro. Si la consigo y tengo miedo de perderla, también sufro. El budismo nos enseña a buscar una paz que sea independiente de los deseos cumplidos o incumplidos.
Querida sangha Grupo Zen Ryokan y amigos de Chocobuda,
Rompo mi silencio digital para invitarlos a que me acompañen en nuestra Ceremonia de Año Nuevo 2026.
Será el jueves 1 de enero de 2026, a las 10:00 horas, tiempo de la CDMX, por Zoom.
Este año, en febrero, recibimos al Caballo de Fuego del calendario lunar, cuya energía representa el vigor de Kanthaka y el esfuerzo gozoso necesario para cruzar el océano del samsara.
Kanthaka era el caballo blanco de Siddhartha Gautama. Nació el mismo día que el futuro Buda y lo acompañó en su Gran Renuncia a los 29 años, llevándolo con Channa fuera del palacio hasta el bosque, saltando el río Anoma. Allí, Siddhartha se despojó de sus ornamentos y le ordenó regresar. Kanthaka, triste por la separación, murió de corazón roto.
Se dice que renació como monje, siguió al Buda y alcanzó la iluminación.
También el Año del Caballo de Fuego se define por una energía dinámica, veloz y transformadora. La combinación del Fuego Yang (un fuego solar, apasionado y carismático) con el espíritu libre, incanszable y social del Caballo, crea una energía de acción rápida, innovación y gran visibilidad.
Este es un año para avanzar con decisión, entrenamiento, disciplina y entusiasmo, pero también para moderar la impulsividad, porque tanto el fuego como el caballo pueden agotar recursos rápidamente y llevar a la imprudencia.
2026 se abre para avanzar con pasión, pero con sabiduría y amor compasivo por todos los seres. Aunque no te interese el calendario chino, estos valores son útiles para darle a tu 2026 un tema de progreso personal que quizá no se te había ocurrido.
Si estás en otra zona horaria, ¡no hay problema! Siempre podrás ver el video en YouTube. No importa en dónde estés o cuándo estés, estamos juntos porque somos un ser indivisible 🙂
Como ya es tradición, recitaremos el Usnisa Vijaja Dharani Sutra o Butcho Sonsho Dharani Kyo. Es un dharani (oración y petición a Amida Buda) del budismo Mahayana. Se dice que tan solo de escucharlo, nos liberamos del del sufrimiento, se limpia el mal karma de esta y otras vidas, se destruyen los obstáculos del camino y ayudamos a la sanación de los seres queridos, entre otras cosas, todo el mar karma que hemos hecho en nuestros incontables renacimientos, queda limpio.
Es perfecto para iniciar 2026 con un corazón puro y con intenciones virtuosas.
Quien incorpora este dharani a su práctica cotidiana, estará protegido por la Luz Dorada del Buda y podría experimentar la Iluminación de Todo Lo Que Es.
NAMO BHAGAVATE TRAILOKYA PRATIVISISTAYA BUDDHAYA BHAGAVATE. TADYATHA, OM, VISUDDHAYA-VISUDDHAYA, ASAMA-SAMA SAMANTAVABHASA- SPHARANA GATI GAHANA SVABHAVA VISUDDHE, ABHINSINCATU MAM. SUGATA VARA VACANA AMRTA ABHISEKAI MAHA MANTRA-PADAI. AHARA-AHARA AYUH SAM-DHARANI. SODHAYA-SODHAYA, GAGANA VISUDDHE. USNISA VIJAYA VISUDDHE. SAHASRA-RASMI, SAMCODITE, SARVA TATHAGATA AVALOKANI, SAT-PARAMITA, PARIPURANI, SARVA TATHAGATA MATI DASA-BHUMI, PRATI-STHITE, SARVA TATHAGATA HRDAYA ADHISTHANADHISTHITA MAHA-MUDRE. VAJRA KAYA, SAM-HATANA VISUDDHE. SARVAVARANA APAYA DURGATI, PARI-VISUDDHE, PRATI-NIVARTAYA AYUH SUDDHE. SAMAYA ADHISTHITE. MANI-MANI MAHA MANI. TATHATA BHUTAKOTI PARISUDDHE. VISPHUTA BUDDHI SUDDHE. JAYA-JAYA, VIJAYA-VIJAYA, SMARA-SMARA. SARVA BUDDHA ADHISTHITA SUDDHE. VAJRI VAJRAGARBHE, VAJRAM BHAVATU MAMA SARIRAM. SARVA SATTVANAM CA KAYA PARI VISUDDHE. SARVA GATI PARISUDDHE. SARVA TATHAGATA SINCA ME SAMASVASAYANTU. SARVA TATHAGATA SAMASVASA ADHISTHITE, BUDDHYA-BUDDHYA, VIBUDDHYA-VIBUDDHYA, BODHAYA-BODHAYA, VIBODHAYA-VIBODHAYA. SAMANTA PARISUDDHE. SARVA TATHAGATA HRDAYA ADHISTHANADHISTHITA MAHA-MUDRE SVAHA.
Para escuchar la pronunciación y obtener los beneficios de este dharani, ver este video:
Versión en español:
Dharani de la Victoriosa Corona del Buda ¡Adoración al Bienaventurado que es el más excelente del triple mundo! ¡Adoración al Iluminado, al Bienaventurado! ¡Om! ¡Purifícanos, purifícanos! ¡Oh, aquel que siempre es imparcial! Aquel que posee la luz que todo lo impregna, la luz que todo lo ilumina, quien es puro en su naturaleza propia, libre de la oscuridad de los cinco caminos de la existencia. ¡Bendícenos, oh Shugata, con las mejores palabras y las grandes frases verdaderas! ¡Quita los desastres, quita los desastres, oh aquel de vida eterna! ¡Límpianos, límpianos, oh aquel tan puro como el cielo! ¡Oh, aquel que es tan puro como la victoriosa corona del Buda! ¡Oh, aquel que irradia mil rayos de luz! ¡Oh, todos los Tathagatas que miran al mundo entero! ¡Oh, aquel que es perfecto en las Seis Paramitas! ¡Oh, aquel que tiene el gran sello facultado con el poder espiritual que emana del corazón de cada Tathagata! ¡Oh, aquel cuyo cuerpo es tan sólido y puro como un Vajra! ¡Oh, aquel completamente puro, limpio de todos los impedimentos, de todos los miedos y de todo mal camino! ¡Aléjanos de los males, Oh aquel que disfruta de una vida purificada! ¡Oh, aquel que nos da el poder de la sangha original! ¡Oh joya, joya, la Gran joya! ¡Oh talidad que es realidad y pureza absoluta! ¡Oh, aquel que es puro en su iluminación evolucionada! ¡Sé victorioso, sé victorioso, sé siempre victorioso, sé siempre victorioso! ¡Tener en cuenta, tener en cuenta! ¡Oh, aquel que es puro y tiene las facultades de todos los Budas! ¡Oh Vajragarbha que tiene el Vajra! ¡Deja que mi cuerpo sea como Vajra! ¡Que los de todos los seres también sean como Vajra! ¡Oh, aquel de cuerpo absolutamente puro! ¡Oh, aquel que es absolutamente puro de todos los caminos de la existencia! ¡Permite que todos los Tathagatas me consuelen! ¡Oh, aquel que está facultado con el poder consolador de todos los Tathagatas! ¡Sé iluminado, sé iluminado, sé siempre iluminado, sé siempre iluminado! ¡Haz que despertemos, haz que despertemos, haz que siempre despertemos, haz que siempre despertemos! ¡Oh, aquel quien es más puro de la manera más completa! ¡Oh, aquel que tiene un gran sello facultado con el poder espiritual que emana del corazón de cada Tathagata! ¡Soaka!
Recibamos 2026 en paz y silencio:
Dedicatoria de incienso.
Sutra del Corazón.
Butcho Sonsho Darani Kyo.
Zazen 30 minutos.
Teisho, charla Dharma.
Verso de la Enmienda.
Cuatro Promesas.
Verso de Gratitud.
Comenzamos al a hora en punto. Si no estás a tiempo, no podrás entrar.
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Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi