Llevar una vida con disciplina y hábitos, nos lleva a una experiencia más enfocada y con mejores intenciones para la vida cotidiana.
Varios amigos lectores me escribieron para pedir más posts sobre cómo forjar nuevos hábitos y cómo llevar a buen término la intención de mejorar nuestra vida.
Aprovechando que 2019 está por comenzar y que muchos aprovechan el mes de enero para aventurarse en nuevos hábitos, creo que es buena idea hablar sobre cómo lograrlo.
Esto me puso a pensar lo mucho que las cosas han cambiado para mí desde que decidí perder el miedo a experimentar. Pasamos los días haciendo las cosas como lo aprendimos de nuestros padres; y jamás nos detenemos a pensar si existe una forma más eficiente de obtener los resultados.
Vamos por la vida resolviendo problemas de la misma forma. Nos sentamos en un muy cómodo cojín, el cual nos absorbe y nos entumece el sentido crítico.
Es cierto que para los budistas es natural aceptar las cosas como son, pero eso no significa que no estemos en la búsqueda de formas óptimas que nos den más tiempo y tranquilidad. Estamos en paz con la vida, pero al mismo tiempo nunca dejamos de crecer y de aprender.
Así, forjar nuevos hábitos es una cadena de acciones que mejoran la vida y calman la mente porque llegamos a un punto en el que sabemos que estamos tomando el control sobre lo conocido. Nos atrevemos a empujar los límites sólo un poco más, hasta que la nueva actividad se convierte en estándar y seguimos adelante con el aprendizaje.
En lo personal puedo decir que crear nuevos hábitos retando el conocimiento convencional, ha mejorado mi tonta existencia. Me curé el insomnio, adquirí orden en el trabajo, adopté la meditación como parte de mi vida, aprendí lo básico de un par de idiomas de mi interés, mejoré mi alimentación, me volví corredor… y la lista puede seguir.
Por supuesto no puedo decir que mi vida es perfecta y mucho menos puedo decir que soy un ejemplo. Todo lo contrario. Soy bastante bestia y justo porque mi vida es caos y golpes contra la pared, es la razón que busqué la tranquilidad por medio de los nuevos hábitos.
¿Cómo comenzar un nuevo hábito?
Perdiendo el miedo a experimentar y reconociendo la necesidad primigenia que nos mueve hacia la búsqueda. Y de ahí en adelante comenzamos a actuar hacia lo que queremos.
No es lo mismo querer bajar de peso por vanidad, que hacerlo por una preocupación clara por nuestra salud.
Conforme pasen los días escribiré más sobre el tema.
¿Tienes algún secreto para comenzar a desarrollar nuevos hábitos? ¡Comparte en los comentarios!
Cuatro punto cinco billones. BILLONES. ¿Puedes siquiera imaginar esa cifra? Piensa en chocolates. 4.5 billones de chocolates. ¿En qué lugar cabe esa inmensidad de chocolates? Imagínate el mismo número, pero en horas. 4.5 billones de horas. ¿Qué puede suceder en ese tiempo? ¿Qué harías si pudieras vivir todo ese tiempo? Ahora cambia la unidad a años.
Cuatro punto cinco BILLONES de años. Es un espacio de tiempo que se aleja de todo tipo de fantasía e imaginación, pero es un cifra real y la vives todo el tiempo, no importa dónde estés. Es la edad de la más vieja de tu familia: tu madre. Y la mía, la Madre de todos.
La Madre Tierra se formó hace 4.5 billones de años y su transformación y evolución aún no terminan. Lo hace todo lento; tan lento que en nuestra corta vida apenas notamos sus cambios. Y es que la naturaleza no lleva prisa alguna. ¿Lo has notado?
No hay nada que urja. Hace lo que debe hacer en el tiempo que se requiera. Los continentes tomaron millones de años en formarse. Los ríos tardan siglos en construir su cauce. Los árboles también se lo llevan muy tranquilos para generar bosques.
Si el orden natural de la vida es lento y lo sabemos, ¿entonces porqué los tienes tanta prisa?
Todo lo queremos aquí y ahora. Corremos para un lado y para el otro para poder lograr cosas, y así sentirnos importantes. Y si no obtenemos lo que deseamos, entramos en conflicto que nos lleva a la depresión.
Esto lo aplicamos para las relaciones personales, para el trabajo, para los estudios y hasta para la política.
Una y otra vez nos damos contra la pared porque nuestro ego olvidó que el ser humano es parte de la naturaleza, no es dueño de ella. Deseamos imponer nuestra urgencia ante el orden de la existencia, pero al universo le importa un comino.
Hemos construido una cultura que gira en torno a la recompensa inmediata, que es seductora y fácil… si estamos dispuestos a pagar el precio, que por lo regular es más alto de lo que creemos.
Compramos la píldora mágica para bajar de peso, vamos a la universidad que prometa menos años de instrucción, nos involucramos en relaciones que solo apuntalan el deseo y no el amor, y olvidamos la magia que es leer un libro sin monitos (ilustraciones). Tarde o temprano enfrentaremos el resultado de nuestra pereza y deseo por lo fácil.
Y cuando se trata de querer crear un nuevo hábito, esta búsqueda por lo fácil nos hará fallar sin remedio.
Por esa razón es que el mito de los propósitos de año nuevo me parece muy divertido. Los hacemos en la celebración del 1 de enero, para olvidarlos una semana después.
Si hay algo que aprendí en todos mis años de obesidad, es que no hay forma alguna de que un hábito quede instalado si buscamos la píldora mágica.
Los hábitos son como la formación de planetas. Necesitan ser lentos, pasando primero por fuego y caos, para luego enfriarse y comenzar a girar en armonía y sin parar.
Si en lugar de ir en contra de la naturaleza, la observamos y tomamos las lecciones que nos pone en nuestras narices, quizá sería posible lograr nuestros objetivos de año nuevo.
No importa lo mucho que te urja o cuanto sufras porque no lo tienes aquí y ahora, la ruta más larga es la mejor. Es donde más aprendes y puedes detenerte a disfrutar el paisaje.
El Día de Muertos es una ocasión perfecta para divertirse jugando a que somos invulnerables, pero también es una fecha perfecta para reflexionar sobre nuestra propia impermanencia y la del universo.
En el zazenkai domingo 4 de noviembre, a las 10 AM (CDMX) haremos una pausa en nuestro estudio del Noble Camino Óctuple para hablar sobre la muerte desde la visión del Budismo Zen.
Si estás en Guadalajara, te invito a unirte al Grupo Zen Ryokan. Nos reunimos en el Árbol del Yoga, cerca de Centro Magno. Clic aquí para más información.
Y para el resto del mundo, transmitiré en vivo por YouTube.
Tengo una confesión qué hacer. Solo tengo 1 par de zapatos y hoy tienen manchas de sangre de otra persona. Sí, suena extraño porque no es algo que diga yo comúnmente.
El otro día necesitaba salir al mercado para comprar algo de fruta y nueces. Estaba disfrutando el sol y el aire fresco. De pronto escuché un ruido. Al voltear a mi izquierda, sobre la otra acera, estaba una mujer mayor, de unos 75 años, tirada y sangrando. Se había caído.
El mundo se centró sobre la persona. Solté lo que llevaba en las manos y corrí hacia ella.
Antes de que me diera cuenta de lo que hacía, ya estaba yo junto a ella revisando y hablándole. Pregunté su nombre. Doña Ángela había perdido el equilibrio, su bastón salió volando y ella aterrizo con la nariz sobre el pavimento.Haciendo uso de los conocimientos en primeros auxilios de un curso que tomé hace muchos años, la revisé por todos lados. Revisé su nariz para cerciorarnos que no había fracturas. La ayudé a incorporarse y la hice hablar para ver que también estuviera lúcida y para que soltara el estrés.
Le pedí que no se levantara hasta que estuviera segura de que podía. La sangre no paraba. Siempre cargo con un poco de papel para mi nariz, así que se lo di para que se limpiara. Poco a poco la hemorragia se detuvo.
Llamé a la ambulancia porque sé que sólo paramédicos profesionales pueden ayudar de manera adecuada.
Pronto comenzaron a llegar vecinos, que siguieron prestando ayuda. La sangre había parado y Doña Ángela ahora estaba sentada en un banco que alguien había traído.
Al llegar los paramédicos, la revisaron y vieron que no era nada de gravedad. Luego la llevaron a algún hospital y lo último que supe es que estaba ya descansando en casa.
La reacción de la gente me conmovió. Al ver a una persona en problemas, nadie dudó en detenerse a prestar ayuda. Todos los presentes solo estaban ahí, listos a hacer lo necesario para que Doña Ángela saliera bien.
La humanidad no está mal. A veces la compasión fluye sin preguntarnos.
La Señora Impermanencia siempre está dispuesta a darnos lecciones fuertes, cuando más las necesitamos. Justo cuando pensamos que todo está en orden, la enfermedad se manifiesta cerca de nosotros.
A veces es uno quien se enferma y hay que recibir ayuda. Otras veces son personas a las que queremos y entonces hay que brindar ayuda. Cualquiera que sea el caso, todos los seres nos enfermamos.
En la práctica Zen creemos en que la felicidad personal depende de la ayuda que demos a los demás. Entre más ayudas, más en paz está uno con la vida.
El problema es que no podemos ayudar si la persona no quiere o no sabe cómo pedir ayuda. Es el caso con las personas atravesando el infierno de la adicción, por ejemplo. Uno puede darlo todo para ayudar, pero si la persona no quiere ser ayudada, no hay mucho por hacer. Tu ego te pide cuidar, pero el ego de la persona podría no estar de acuerdo.
Y cuando imaginamos lo que la persona debería estar haciendo, pero la realidad nos muestra otra cosa, nace en nosotros un sentimiento muy fuerte de frustración que nos pone a la defensiva. Esto, claro, nos lleva a no tener la mente clara para ver las necesidades del paciente.
Los pacientes con enfermedades fuertes como cáncer, requieren dedicación especial porque nosotros como cuidadores necesitamos:
1. Meditar
Ahora más que nunca necesitas tu práctica de meditación para estar con la mente clara y el corazón dispuesto a la compasión. Si no meditas, absolutamente todo el proceso de brindar ayuda será un motivo para que sufras.
2. Respetar la inteligencia de la persona
Ser condescendientes o tratar al paciente como si padeciera de sus facultades mentales, solo creará enemistad y resistencia. Hay que respetar por completo la inteligencia de la persona y no caer en conductas que nos hagan expresar lástima. Necesitamos tratarla con normalidad y amabilidad por sobre todas las cosas.
3. Entender que la persona está sufriendo
A parte de los dolores físicos, la persona con cáncer tiene miedo y se siente traicionada por la vida. Esto hace que sus pensamientos siempre estén nublados y, con frecuencia, tienden a estar enojados. Hay que desarrollar un corazón abierto y paciente para poder estar a su lado. Hay que hablar solo cuando es necesario y siempre escuchar con atención.
Con frecuencia las peticiones de ayuda están ocultas en groserías y furia. Recuerda: nunca es personal, así que no veas los posibles ataques como algo dirigido a ti exclusivamente.
4. Entender que la persona está cambiando todo el tiempo
Hay días buenos, días malos para una persona con cáncer. A veces el dolor es sutil, pero continuo, lo que resulta en ira o tristeza que parecen venir de la nada. Estos días definen cómo piensa y cómo habla. Igual, hay que dar todo el cariño y paciencia… dejando de lado los intereses personales.
5. Estar presentes y siempre dispuestos
No podemos forzar a alguien a que acepte la ayuda. Entonces nos mantenemos ahí, escuchando, estando. Y cuando la oportunidad se presente, saltamos a la acción.
6. Documentarnos
La tristeza y la emoción hacen que la gente olvide esta parte, pero si quieres ser de utilidad, necesitas leer LIBROS de papel sobre la enfermedad y sobre primeros auxilios. ¿Por qué libros? Porque los videos de YouTube no te llevarán lejos. Si consultas con familiares y amigos igual de desinformados que tú, puedes convertirte en un peligro para la persona enferma. Entre más conocimientos reales, científicos tengas sobre la enfermedad, tendrás más elementos para ayudar cuando la situación surja.
7. Crear una red de amistad
La persona con una enfermedad fuerte, siempre afecta a la gente al rededor. Si están todos aislados, nadie será útil a la hora de prestar ayuda. Hay que estar en contacto con la familia, con los amigos. Hay que estar en buenos términos y deslavar los egos, porque entre todos deben ayudarse para poder asistir al paciente.
8. Cuidar tu salud física, mental y espiritual
Este punto está más que claro. Si no te cuidas a ti misma, no estarás en capacidad de ayudar a nadie. Con respecto a la espiritualidad, el Budismo Zen te puede dar cobijo y paz, es cuestión de buscar su práctica.
Desde el punto de vista del Budismo Zen, brindar ayuda a una persona enferma es complejo, pero no imposible. Necesitamos crean en nosotros la actitud de los samurai: No esperes nada, pero prepárate para todo.
El Buda Azul de la Medicina nos inspira para cuidar la salud de todos los seres vivos.
La única palabra que debe definir tus esfuerzos para brindar atención a alguien es: amor.
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi