La confusión es Buda. Practica la Vacuidad. (La vida es dura 5 / 7)

La confusión es Buda. Practica la Vacuidad. (La vida es dura 5 / 7)

 

El budismo es una filosofía dulce y llena de textos que dan significado a la vida. Pero también tiene enseñanzas que resultan difíciles de comprender para el recién llegado, y jamás tendrán sentido a menos que se practique zazen por un buen tiempo.

Este eslogan de Lojong nos habla sobre dos conceptos complejos para la mente occidental: la inexistencia del Yo (Atman); y  la Vacuidad, que todo carece de existencia propia (Sunyata).

Para comprender el universo que nos rodea, los humanos desarrollamos a lo largo de millones de años, la capacidad del pensamiento crítico, el lenguaje y el ego. Este triunvirato es nuestra ventaja competitiva frente al medio ambiente y los depredadores porque con esta mente podemos dar orden y significado a las cosas. Nos damos significado a nosotros mismos cuando nos narramos historias como «yo soy licenciado» o «a mi me gusta la pizza».

Pero la naturaleza no necesita nuestras palabras o nuestros pensamientos para simplemente ser. Un volcán es lo que es y no está esperando a que lleguen los humanos para darle nombre. Solo es parte de la Madre Tierra.

Nosotros somos exactamente igual. No necesitamos llegar a asignarnos etiquetas para ser parte de la Madre Tierra. Somos lo que somos, una especie más de monos. A lo largo de nuestra historia nos hemos hecho de una civilización que gira en torno al ego, lo que nos ha hecho crecer y prosperar… pero al mismo tiempo es la razón de nuestro sufrimiento.

El ego nos separa de los demás. Hace que vivamos en eternas comparaciones y envidias. Nos hace juzgar a los demás, tomando como punto de comparación nuestra propia existencia. De igual manera, nos juzgamos a nosotros mismos y queremos que las cosas siempre salgan como imaginamos. Por ego vamos generando etiquetas y divisiones, que resultan en pleitos entre bandos.

La existencia humana es confusa y angustiante, por decir lo menos.

Pero al penetrar el significado de la confusión es Buda, podemos entender que este caos que nos generamos es parte de un sistema más grande que nosotros mismos. El volcán, tú, yo, los animales, las bacterias, las plantas y todo lo que te rodea, es parte de un ser vivo al que pertenecemos. No es que haya un Buda cósmico y que seamos nosotros parte de su intestino, no (¿o sí?). Usamos el término Buda como metáfora de Universo de Universos, es decir el Multiverso.

Entender esto nos lleva a ser responsables con nuestros actos y pensamientos, pues todo lo que hacemos afecta. ¡Todo! Por ello vivimos con rectitud y en servicio de los demás.

Practica la Vacuidad nos lleva a revisar nuestra verborrea mental. Nada de lo que pensamos es real. Nada de nuestros planes, conceptos, palabras y juicios es la realidad. La mente humana solo puede interpretar el mundo, pero jamás dará un dictamen certero de cómo son las cosas. Al mismo tiempo, aprender a ver que todo está vacío nos ayuda a ver que una manzana no existe por si misma, es originada por miles de factores que funcionan al mismo tiempo. Ver la Vacuidad nos lleva a admirar que nada de lo que nos rodea aparece de la nada, sino que es originado por otros objetos o fenómenos. Absolutamente todo en la vida está interconectado.

Si la confusión y el caos del universo que te rodea solo está en tu mente y si todo es Vacuidad; ¿entonces por qué sufres? Básicamente por ego.

Pero ¡oh sorpresa! El ego tampoco es real.

 

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Sé agradecido con todos (La vida es dura 4 / 7)

Sé agradecido con todos (La vida es dura 4 / 7)

 

 

Si has acudido a alguna de mis charlas públicas sabrás que hay 3 conceptos que promuevo de forma activa: Gratitud, Compasión y Generosidad.

No importa qué religión practiques o si eres un escéptico consumado, todos los seres humanos necesitamos vivir por estos valores si queremos tener paz y mejor calidad de vida. Esto es debido a que están grabados en nuestro ADN, son lo que nos hace seguir adelante como especie. De hecho, son tan imprescindibles que todos los grandes simios los comparten.

Sin embargo en la sociedad de consumo, estas prácticas han pasado a segundo plano. Ahora ser agradecido está mal visto y muchos han olvidado el significado real. Ser compasivo es demostrar debilidad. ¿Generosidad? No, gracias. Ser generosos evita que sigamos comprándolo todo y llenándonos de cosas que no necesitamos.

La palabra gracias es utilizada todo el tiempo. La decimos al recibir un café o cuando alguien nos da algo.  Es una especie de comodín que nos da armas para criticar a quien no la usa.

Pero una cosa es decir gracias y otra muy distinta es sentir gratitud.

¿Cómo entender la Gratitud? Mira tus pies. Estoy casi seguro que estás usando zapatos en este momento, por los cuales no contribuiste en nada y aún así estás disfrutando el privilegio de tenerlos. Éstos no aparecieron por generación espontánea.

Tus zapatos son el punto más alto de la historia del universo. Es debido a que existe un universo, una galaxia, un sistema solar, un planeta Tierra con recursos naturales, millones de años de historia, millones de seres vivos, artesanos, ingenieros, inventores, obreros, transportistas, vendedores… un sistema infinito de factores y existencias que han colaborado para que tengas calzado en tus pies, sin que te esfuerces más que en pagarlos.

¿No es como para estar profundamente agradecido?

Otro ejemplo: ¿hace cuánto no piensas en las personas que ayudaron a que nacieras? Médicos, enfermeras, personal del hospital o del sistema de salud de tu país. Debes tu existencia a un sistema inmenso de vidas y de ciencia.

La Gratitud (sí, con G mayúscula) es un sentimiento que debemos desarrollar y practicar todos los días porque nos da perspectiva de nosotros mismos. Nos hace sentir conectados con el universo.

Una persona que vive con el corazón agradecido sabe que nunca ha estado sola. Entiende que la todo en el universo está interconectado y que todos dependemos de todos.

Cada alimento que comes, cada bocanada de aire que respiras, cada noche que cierras tus ojos para dormir, cada político corrupto, cada familiar muerto… todo está interconectado por hilos tan finos y elegantes que escapan a la vista.

Vivir con Gratitud hace que el mundo sea más amable y que apreciemos lo que hay, lo que es. Evita que comentamos excesos, pues entendemos que estaríamos desperdiciando el esfuerzo de otras vidas. Aun en la tormenta más fuerte y en el problema social más terrible. Sigues aquí; sigo aquí gracias a ti, a ellos y a millones de seres que nos preceden.

¿Cómo comenzar a sentir Gratitud? Aquí hay una idea. Te reto a que la pongas en práctica.

Deja de decir gracias vacío. Es tiempo de vivir agradecido.

 

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Conjunta todas las culpas en una (La vida es dura 3 / 7)

Conjunta todas las culpas en una (La vida es dura 3 / 7)

Foto: Boston Review

Hay muchas razones por las que el budismo no es popular para el mundo occidental. Quizá la más grande de todas es el hecho de que en cualquier escuela budista no nos hacemos tontos; sabemos perfectamente que la responsabilidad de nuestra felicidad está en nuestras manos.

Y el el Budismo Zen esto es aún más brutal y honesto.

Sabemos que cada acto, por pequeño que sea, genera ondas por todo el universo. Lo que parece algo insignificante como llegar tarde o comer una manzana, repercute y afecta la realidad… que va más allá de nuestra comprensión.

Conjunta todas las culpas en una es una frase que podría ser el deleite de las religiones basadas en la culpa. Pero en realidad no se refiere a este tipo de culpa. Lo que buscamos es comprender que no hay culpas de ningún tipo cuando aceptamos la responsabilidad de cada pensamiento, palabra o acto.

Este eslogan nos recuerda que no podemos ir por la vida culpando al gobierno, al clima, a Mercurio o a la pareja. Seguro, hay personas que actúan con una mente engañada por la ignorancia y la avaricia, pero está en cada uno de nosotros saber hasta donde queremos engancharnos el el sufrimiento.

Lejos de parecer algo que nos condene a sentirnos mal o buscar cabezas para cortar, esta frase es liberadora porque nos impulsa a pensar que si todo lo que pasa en mi vida es afectado por mis acciones… ¿por qué no hacer lo posible por beneficiar a los demás? ¿Por qué no crear un estilo de vida que permita que todos a mi alrededor tengan una buena vida? ¿Para qué consumir o comprar lo que no necesito?

La mentalidad de conjuntar todas las culpas en una también nos lleva a la introspección y al aprendizaje. No importa qué tan ruda sea la situación por la que se esté pasando, hay mil lecciones que la vida pone bajo nuestra nariz. ¡Están ahí a nuestro alcance! Es cuestión callar la producción  de pensamientos chatarra para poder entender y aplicar lo aprendido.

Este eslogan es real para la transformación personal, pero también para las sociedades. Hoy más que nunca tiene un valor especial.

Si en lugar de buscar grupos a los que odiar, buscáramos grupos a los que ayudar, el mundo comenzaría a dejar atrás las divisiones y podría progresar más allá de la sociedad de consumo.

Pero uno siempre puede comenzar esta práctica de manera personal. En mi experiencia, esta mentalidad se contagia y alcanza a otros seres de formas que jamás imaginaríamos.

Hoy la responsabilidad por tu felicidad está en tus manos. ¿Qué harás con ella?

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Convierte todos los contratiempos en el Camino (La vida es dura 2 / 7)

Convierte todos los contratiempos en el Camino (La vida es dura 2 / 7)

 

Los humanos somos quejicas profesionales. Hemos creado una civilización que gira en torno al consumo y la evasión de lo incómodo. No está mal, pues esto genera las condiciones propicias para que nuestra especie se mantenga con vida. Pero nos quejamos todo el tiempo como si la vida fuera una telenovela mexicana.

Cada pequeña cosa que se sale de nuestro esquema de comodidad lo consideramos un obstáculo. Y si se trata de un problema más grande, nos encargamos de expandirlo para que el sufrimiento florezca.

Entonces nos deprimimos y nos derrumbamos para hacernos de una visión super oscura de la vida. Soltamos joyas como siempre es igual, todos son iguales, ya sabía que iba a fracasar, sólo me pasa esto a mi, nadie me entiende y cientos de YO, MI, ME, A MI, MÍO.

Pero al comenzar a practicar Lojong, tomamos frases para su estudio.

Convierte todos los contratiempos en el Camino, es un eslogan que nos hace conscientes de lo mucho que nos quejamos y de la poca paciencia que tenemos ante las situaciones de la vida.

Al meditar con estas palabras entendemos que la paciencia y la constancia son esenciales para el crecimiento y para que la vida misma pueda continuar. De igual manera, la mente y el corazón necesitan estar abiertos al aprendizaje que tienen todas las situaciones que vivimos.

Hay que resaltar que la frase no usa la palabra problemas; dice contratiempos. Esto es por la poderosa razón de que los problemas (o el fracaso) no existen.  El 100% de las veces somos nosotros los que transformamos una situación de la vida en un problema.

Si miramos la naturaleza con ojos honestos veremos que no existe un solo problema. Seguro, hay tormentas, volcanes y terremotos, pero son parte de la vida misma. Vida, muerte y movimiento… todo es la Madre Tierra que respira y se manifiesta de la misma forma que lo hacemos nosotros.

Es ante la mente humana que las situaciones se vuelven problemas porque vivimos abrazados a nuestra fantasía de control. Entonces, al llegar un contratiempo, perdemos la cabeza.

Pero, ¿y si en lugar de sufrir, usamos las situaciones para aprender y crecer? Esto se logra entendiendo que en la vida es impermanente y dinámica. Una persona sabia no es la que hace mejores planes, sino la que se sabe adaptar mejor a los cambios. Charles Darwin llamó a esto la supervivencia del más apto.

Así pues, si mira hacia  tu pasado vas a poder ver que todas las veces que te has adaptado, sales adelante y aprendes. Mejoras. Todas las veces que te abrazas a una fantasía o a un plan, sufres.

Convertir todos los contratiempos en el Camino nos abre la puerta a la tranquilidad y al aprendizaje.

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Eres junkie del teléfono móvil por esta razón

Eres junkie del teléfono móvil por esta razón

 

Soy un entusiasta de la ciencia y tecnología. Me gusta mucho, disfruto leer sobre ellas y me parece apasionante cómo hemos avanzado para hacer que esta vida sea más cómoda.

Un hogar promedio de esta civilización occidental cuenta con servicios y comodidades que ni siquiera los faraones egipcios podían soñar. Ducha, estufa, hornos de microondas, televisión con control remoto (mando), cristal en las ventanas… ¡somos muy afortunados!

Y es que muchas de nuestros artilugios y herramientas tecnológicas son prótesis. Han sido diseñadas para mejorar o reemplazar funciones corporales. El martillo o el tenedor son prótesis de nuestras manos, por ejemplo. Los autos, las bicicletas son prótesis que mejoran nuestras piernas. La lavadora, la podadora o la batidora evita que cansemos las manos. Los binoculares, telescopios, microscopios o las gafas existen para mejorar nuestra pobre visión.

Vivimos por y para estas herramientas. Es es increíble contar con ellas. Imagina si no tuviéramos máscaras de oxígeno en los hospitales o sistemas de navegación en los aviones.

Tener acceso a todo ello ayuda a cultivar un sentimiento de bienestar y seguridad que no existía, digamos, hace 60 años. Nos sentimos bien, seguros y plenos con todo ello. Excepto por una herramienta en especial por la que generamos justo los sentimientos opuestos: el teléfono móvil.

El pequeño dispositivo que cargas en el bolsillo o en el portafolio es una gran herramienta, pero tenemos una relación espantosa con él.

Así como inventamos prótesis para otras funciones y órganos, el móvil es una prótesis para la mente. Sí, eso es correcto. Reemplaza nuestra mente con todo y capacidad de pensamiento crítico, habilidades sociales e imaginación.

Existen cientos de papers científicos explicando nuestro comportamiento frente a los móviles, así que me mantendré en el enfoque budista.

El teléfono móvil y toda su industria al rededor se especializan en explotar los puntos débiles de nuestra psicología, para en crear cientos de ilusiones. Éstas funcionan al mismo tiempo, dándonos sentimientos de conexión, de pertenencia, de importancia y, la mejor, de poder.

Tener un móvil de muchas capacidades transforma nuestra experiencia porque podemos tener acceso a más y más información. Podemos mirar la vida de los demás, llevar estadísticas de lo que comemos o los pasos que damos o las horas que meditamos.

Todo este conjunto de ilusiones apuntala de forma directa a la madre de todas las ilusiones: el ego (Anatta, en sánscrito).

Entre más ilusiones de conexión, de amistad y de control tenga el ego, más gordo y enorme crece, más adicto se vuelve… porque ya no tiene necesidad de pensar, de crear, de imaginar, de mirar a los ojos a las personas, o de imaginar.

Es mucho más fácil mirar la pantalla que esperar 10 segundos a la luz verde del semáforo. Es más cómodo responder textos que mirar a las personas en la mesa. Es más delicioso leer Tweeter que una novela.  Es más conveniente compartir un meme de «salven a las focas» que salir a luchar por las causas justas.

El móvil es nuestro refugio, nuestro lugar seguro.

Pero nuestro ser interno no es tonto. Sabe que le damos placebos todo el tiempo y nos pide calma, conexión real con las personas… pero no se la damos y cubrimos esa necesidad con más tiempo de teléfono. Esto crea un círculo que nos lleva cada vez más a dukkha, vivir en insatisfacción por completo.

No es que esté mal usar el teléfono y sus respectivas apps. Pero tenemos que buscar el punto medio.

El Buda nos dejó la Gran Vía, que también se le conoce como el Camino Medio. No podemos estar encadenados a nuestros excesos o a las ilusiones de la sociedad de consumo.

En algún punto hay que recobrar la consciencia y el control de nuestra tranquilidad. Y por paradójico que parezca, dejar de estar conectados y mirando una pantalla en la palma de nuestra mano, es el primer paso.

Soluciones hay muchas. Cada persona es responsable de cómo vive su tranquilidad.

Pero pasando un par de horas al día a solas, en silencio y sin móvil, funciona.