por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 24, 2016 | Budismo, Eventos, Talleres, Vida

La voz popular siempre nos dice que “amar duele” y que “no puedes confiar ni en tus amigos”. Pasamos vidas enteras probando todo tipo de relaciones, rompiéndonos el corazón una y otra vez, lastimando personas todo el tiempo; para que al final sintamos un enorme vacío e insatisfacción que nada parece aliviar.
Nuestra vida no tiene manual de usuario y las relaciones interpersonales tampoco. Crecemos asumiendo y practicando costumbres culturales que sabemos que no funcionan, pero no tenemos hacia dónde mirar y mucho menos en dónde encontrar la solución.
Por eso creamos Yuko, taller de meditación sobre amor, pareja y relaciones personales.
Es un curso de 4 semanas que explorará la naturaleza biológica de las relaciones interpersonales, el amor de pareja, sexo, la amistad y revisaremos todo lo que he hemos estado haciendo mal. Entonces corregiremos el camino usando la meditación como espina dorsal, además de tomar elementos de ciencia, psicología evolutiva y budismo zen.
Y no, no tienes que estar en pareja para tomarlo. De hecho, estar en Yuko puede ayudar a encontrar a alguien.
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por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 23, 2016 | Budismo, Chocoscopio, Eventos, Vida, Zen

Para el gran final del mes del amor en Chocobuda haremos un Chocoscopio (Periscope) para hablar de las maneras de reparar tu corazón roto.
Veremos cómo sucede, porqué sucede y las formas inteligentes de lidiar con todo ello. Siempre basados en paciencia y compasión que emana desde dentro de uno mismo.
Para cerrar la charla haremos una meditación guiada de 10 minutos.
La liga a la transmisión será publicada en Twitter al comenzar.
Si te gustaría hablar de algo en particular o si tienes una pregunta, manda tu comentario por Twitter con el hashtag #Chocoscopio
Miércoles 24 de febrero de 2016
CDMX 8:00 PM / Buenos Aires 11:00 PM / Caracas 9:30 PM / Madrid, jueves 25 de febrero de 2016 3:00 AM
Si no alcanzas a conectarte para la transmisión en vivo, el video de la charla será publicado al día siguiente.
¡Te espero!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 22, 2016 | Budismo, Vida, Zen
Cuando tenemos el corazón roto escuchamos las canciones más dolorosas que podemos por que no soportamos escuchar el silencio y agonía que llevamos por dentro. Lo intentamos todo. Salimos con otras personas, bebemos alcohol o usamos cualquier cosa que nuble el juicio. Deseamos no despertar a la mañana siguiente y que un asteroide lo destruya todo.
Lo que sea es mejor que tomar la responsabilidad de nuestro sufrimiento, que es adictivo porque evita que pensemos y nos hace entrar en una conducta que lo justifica todo. Al fin y al cabo estoy triste.
Un día sucede al otro y si no tomamos acción, el sufrimiento del corazón roto se transforma en depresión que puede durar años.
Y todo por no entender que tener el corazón roto es el resultado de NUESTRAS acciones, no de la ex-pareja, del hijo o del medio ambiente.
Todas las historias de amor son diferentes, claro. Sin embargo los seres humanos repetimos patrones a lo largo de nuestra vida sentimental. No aprender de ellos nos hará caer mil veces hasta que el mensaje nos llegue.
En muchos textos budistas podemos encontrar enseñanzas sobre los sentimientos y la experiencia humana. Básicamente todos apuntan a que las relaciones interpersonales exigen atención consciente y la toma de responsabilidad. Desde el momento de saludar a alguien es necesario entender que estamos firmando un pacto silencioso de cuidado mutuo. Si tú me cuidas, yo cuido de ti y avanzamos juntos.
Pero el grave problema del simio que se autonombra como humano, es que es pretencioso y ególatra. Hará lo posible para que el universo cumpla sus caprichos, evitando poner de su parte. Y es que los caprichos están cimentados en la ilusión del deseo, esperanza y expectativas. En la cabeza pensamos en cómo deben ser las cosas para asumir así saldrán todo el tiempo. ¿Por qué no? ¡Por el solo hecho de haber nacido, debo tenerlo todo!
Obvio, esto se extrapola a las relaciones personales. Asumimos cómo debe ser y nos sentamos a esperar. Cuando la otra persona no sigue la historia de nuestra imaginación y actúa por su propia cuenta, nos rompe el corazón. Es decir, ambas partes solo deseaban cultivar la cosecha de su imaginación.
Entonces se rompen los corazones y llega el dolor.
Al comprender que somos nosotros quienes nos rompemos el corazón, nos hace un poco más fácil comprender que repararlo también ha estado siempre en nuestras manos.
El budismo es un a filosofía de acción y responsabilidad, así que no hay tal cosa como un proceso de duelo o luto. En cambio existen acciones de duelo y de luto. Exigen una postura activa para salir adelante.
La cultura occidental ve el duelo como una serie de factores externos a la persona. Estamos acostumbrados a entender la vida como una serie de situaciones AJENAS a nosotros. Pero además estamos en la cultura de la culpa y el sufrimiento perpetuos.
Lo que Él/Ella me hizo. Lo que ellos me hicieron. Me traicionaron. Todo ese discurso donde la idea del YO aparece.
Pero en el Zen las emociones y reacciones son nuestra responsabilidad absoluta. Así que el duelo del corazón roto, a pesar de ser natural, requiere de tomar acciones para llevarlo a cabo y a que termine en algún punto:
1. Aceptar los sentimientos. Lo que sea que llegue, hay que aceptarlo y vivirlo. Hay que llorar, hay que estar tristes. Está bien. Necesitamos darnos permiso para sentir y llorar.
2. Poner atención al momento presente. Es natural comenzar a emitir juicios y a abrazarnos al recuerdo. Es necesario enfocamos en lo que hay aquí y ahora.
3. Solucionar pendientes. Esto es importante y hay que mantenerse fríos lo más posible, sin buscar venganza. Esto es para hijos, deuda, viajes, amigos… todo lo que involucre la vida de pareja.
4. Vigilar el lenguaje. Es normal que luego de la tristeza sintamos odio. Pero el odio se alimenta del lenguaje. Si vigilamos el lenguaje interno y hablado, evitaremos poner etiquetas, insultar o gritar. Siempre hay que permanecer amables!
5. Agradecer. Aunque la relación termine, hay que sentir gratitud. SIEMPRE HAY QUE AGRADECER AL EX.
6. Cuidar el cuerpo. No comer de más (o de menos), hacer ejercicio, caminar lo más posible, alimentarse bien.
7. Decir adiós. Entre más te abraces al recuerdo y a la fantasía de cómo debió haber sido, más sufrirás.
8. Soltar.
Si te detienes a pensar, todas estas acciones se pueden ejecutar cuando tienes la mente en calma. Y si has leído Chocobuda antes, sabrás que la espina dorsal de la práctica espiritual es la meditación.
Así que vivamos el duelo y la tristeza. Nada de malo en ello.
Pero reparar el corazón roto no será magia. Requiere responsabilidad y acción.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 17, 2016 | Budismo, Vida, Zen
Febrero es el mes del amor en Chocobuda 🙂
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Los humanos somos simios muy pretenciosos. Sentimos que el universo gira en torno a nosotros y creemos de tiempo completo, que podemos salirnos con la nuestra. Generamos una idea, la ejecutamos y esperamos los resultados con emoción.
Ya sea un negocio, un viaje o una receta de cocina, ¡lo que sea!; en la mente creamos la ilusión de que el universo cumplirá nuestros caprichos y saboreamos por anticipado la recompensa favorable. Contemplamos todos los detalles. Planeamos hasta el más pequeño de los factores. Nada puede salir mal.
Creemos que por el simple hecho de «ser yo», siempre ganaremos. Pero la vida tiene un naipe que siempre guarda para sacarlo en el mejor momento y nos lo arroja en la cara.
Esta carta se llama Consecuencias.
Absolutamente todo lo que hacemos tiene consecuencias que viajan como ondas en un estanque. Si haces A, afectará a B,C,D…Z. No hay manera de que no suceda porque el universo está interconectado de maneras tan sutiles que escapan a la vista.
Esto aplica a todos los campos de la experiencia de estar vivo, y aun más para las relaciones personales.
Me parece muy curioso cómo pretendemos involucrarnos en relaciones amorosas, sexuales o de amistad y decidimos ignorar que nuestros actos generarán consecuencias. Como estamos siempre con la mentalidad ególatra de ganar, dejamos de lado entender la responsabilidad que cargamos cuando siquiera respiramos.
Esto nos lleva a usar a los demás como peones de un juego personal de ajedrez. Los manipulamos a nuestra conveniencia con mil trucos y artilugios, para pasar por encima del hecho de que estos peones son personas. Personas con corazón y ego que pueden ser lastimados por nuestros actos.
Aún más allá, nos embarcamos en relaciones para satisfacer nuestras necesidades y nunca nos preocupamos por la felicidad del otro.
Entonces cuando la relación deja de apuntalar nuestro ego y surge el ego del otro, o se vuelve complicada; nos sentamos a llorar preguntando «¿qué hice mal?». Pero como el ego está fuera de control, en lugar de corregir, saltamos a la siguiente relación y buscamos que el universo nos obedezca.
Perdón, pero esto jamás funcionará. Si seguimos con esa mentalidad todas nuestras relaciones personales serán difíciles o desastrosas.
Tus acciones tienen consecuencias.
El amor y el sexo SIEMPRE tienen consecuencias.
Si comenzamos una relación pensando únicamente en la satisfacción o recompensa personal, será una relación vacía y llena de infelicidad pues en algún momento los egos chocarán.
El punto es entender que el impacto de las consecuencias puede ser favorable si actuamos con honestidad, rectitud y ética. Si al iniciar una relación pensamos en el beneficio del otro, en lugar de nuestros caprichos o deseos, tendrás muchas posibilidades que de todo marche bien por mucho tiempo.
Claro que la vida tiene su propia agenda y las personas pueden causar daño. Pero, ¿adivina qué? Es parte de la experiencia de pertenecer a esta raza homínida y solo así aprendemos y crecemos.
Sí, esto es karma-vipaka (acción-consecuencia) y es una ley del universo que vale la pena estudiar y respetar para usarla en la vida.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 8, 2016 | Budismo, Vida, Zen
Como habrás leído, febrero es el mes del amor en Chocobuda. Hoy exploraremos algunas razones por las que tus relaciones amorosas explotan en mil pedazos. O quizá menos, el punto es que no funcionan y te han dejado infeliz por mucho tiempo, preguntando ¿qué salió mal?
La mayoría de nosotros soñamos con la pareja ideal. Sabemos qué es lo que queremos, hacemos una imagen mental de cómo deberían ser las cosas con alguien especial y estamos atentos a ver quién es la persona indicada. Llega alguien, la idealizamos y comenzamos la vida en pareja, solo para darnos cuenta que estamos más infelices y vacíos que al principio.
Esto no es coincidencia y tampoco es un problema único de alguien. Es algo que nos pasa a todos los seres humanos porque nunca nadie nos enseñó cómo funcionan las relaciones de pareja. Si ponemos atención nos podremos dar cuenta que casi todos cometemos los mismos errores y repetimos conductas que siempre terminan en lo mismo: infelicidad con o sin separación. Lo que pasa es que somos tan engreídos y egocéntricos que jamás nos detenemos a analizar lo que hemos hecho mal y buscamos que el universo (por nuestra linda cara) provea lo que queremos. Y eso jamás sucederá.
Así que he escrito una pequeña lista con razones por las que fallan las relaciones de pareja. Como siempre, no es una lista final y mucho menos pretende ser un diagnóstico. Es una lista basada en mis observaciones de la vida y puedo estar completamente equivocado. Sin embargo podría ser útil para que notes tendencias de tu propio comportamiento y puedas tomar acciones para corregir el rumbo.
Con eso dicho, tus relaciones de pareja fallan debido a que…
No sabes cuidar de otro ser vivo
Tu pareja no es lo que idealizaste ni tu salvador. Es una persona compleja con una historia que la respalda, capaz de experimentar sufrimiento y puede cometer errores graves. Al mismo tiempo, es alguien que puede dar mucho al universo y con todo el potencial de ser un buda. Justo como tú. No es «la persona de tus sueños»; es un ser vivo más que anda por este planeta. Tu pareja tiene necesidades que deben ser cubiertas y tiene sentimientos.
Iniciar una relación amorosa es una gran responsabilidad porque implica buscar su bienestar por sobre todas las cosas. Pero si no sabes cuidar de una planta o un animal o de ti mismo, ¿cómo es que te sientes en capacidad de cubrir las necesidades de otro ser vivo?
Mientes desde el inicio
Todos mentimos, decía el Doc. House. Y estaba en lo correcto. Todos somos unos mentirosos que decimos y hacemos lo que sea con tal de que la otra persona «crea» que todo sobre ella nos interesa.
Usamos esta espantosa máscara de maquillaje que cubre lo que realmente somos. Es muy raro que alguien sea honesto con su verdadera identidad, pues estamos en la cacería de pareja. Esto tiene enormes consecuencias porque esta puesta en escena termina y nos exponemos tal como somos, lo que afecta de manera irreparable la relación.
¿Por qué no dejar de usar tretas y trampas, para ser uno mismo? El amor necesita estar basado en honestidad y en nuestras verdadera personalidad. El «juego de la seducción» es un engaño que siempre lastima a todos, aun más al «cazador». Si quieres una relación sana, comienza a ser tú.
También es importante decir que el auto-engaño es una mentira que nos decimos a nosotros mismos. Cuando alguien te interese mucho, hay que ser honestos. ¿Te interesa una relación? ¿Sólo quieres la parte física? ¿Estás dispuesto a pagar las consecuencias de tus mentiras?
Usas a la persona para cumplir tus propios objetivos
Las personas no son peones en tu juego personal de ajedrez. Tampoco tienen que apegarse a un guión teatral que has escrito en tu cabeza con tus ideas y expectativas. Pretender que alguien hará lo que quieras para que tú te sientas bien es un grave error que te hará infeliz.
Las personas son lo que son. Son libres y actúan como necesitan actuar. Una relación de pareja sana necesita estar basada siempre en la libertad y respeto. La manipulación y el chantaje son formas de violación (sí como la violación sexual), ya que estás pasando por encima de alguien contra su voluntad, para tu satisfacción personal.
Sientes envidia
La envida es muy complicada porque es como el azúcar: está presente en todas partes, pero es difícil encontrarla. Daña de forma irreparable cualquier relación que toca.
La envidia llega cuando comenzamos a compararnos con los demás y a desear tener lo que tienen. Es especialmente horrible cuando la envidia sucede en la pareja.
Poner atención a nuestras reacciones es importante porque podemos detener la envidia desde el momento en que la sentimos, para convertirla en generosidad y alegría.
Quieres cambiar a tu pareja
No aceptar a las personas es el boleto premium para el parque llamado Sufridera. Cada vez que criticas o deseas que la persona sea diferente, estás alimentando tu malestar; mismo que puede convertirse en aversión y odio.
Cada persona es distinta y si no aceptas a alguien como es, sin reservas, ¿para qué molestarse en siquiera comenzar una relación?
Asumes ideas y opiniones por la persona
Cuando piensas que ya sabes qué dirá o pensará tu pareja, estás cometiendo un grave error en varios niveles. Primero que nada, estás jugando el juego de asumir cosas sin preguntas. Todas las asunciones que hagas sobre la pareja son chatarra fantasiosa.
Si tienes alguna sospecha o necesitas opinión, habla y confirma.
No comunicas con claridad
Tu pareja no lee la mente. Si necesitas que te escuche o que se de cuenta de algo, dilo con toda claridad y de frente.
De igual manera, si tu pareja necesita ser escuchada, dale toda tu atención y escucha sin prejuicios. Quizá te sorprenda lo que aprendas.
Ves a la pareja como una inversión
Tu pareja no tiene obligación alguna de retribuir tus esfuerzos. Tú amas porque quieres amar, así como tu pareja ama porque quiere amar. En el momento en que deseas rendimientos por tu inversión de amor, estarás en un hoyo del que no saldrás.
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Como siempre, esta lista no está completa. ¿Quieres ayudarme a completarla? ¡Escribe en los comentarios!
El próximo post seguirá explorando el tema del amo.