por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Dic 9, 2014 | Budismo, Compasión, Vida, Zen
En estas últimas semanas de práctica intensa en Ango, han saltado dos temas muy importantes para mi. El primero no es sorpresa porque ha sido un concepto recurrente en Chocobuda. Se trata del estudio y la propagación de la compasión como base del cambio humano y social.
Pero investigando y practicando zazen, entendí que a la compasión le hace falta una mecha para poder detonar. Es una parte de nosotros mismos que nos esforzamos en negar por completo, causándonos daños irreparables en la humanidad.
Se trata de la gratitud.

Todos decimos gracias al menos una vez en el día, por compromiso y por mera costumbre. Todos estamos seguros de que comprendemos el significado y no le damos importancia. Lo pasamos por alto y se ha convertido en un mueble más de nuestro entorno.
Si leemos un poco al respecto podemos ver que la gratitud ha sido parte de la humanidad a través de la historia. Está en prácticamente todos los sistemas filosóficos y religiones. Aún así, seguimos sin darle su lugar en nuestra vida.
Pero comprender lo que es realmente la gratitud es ir más allá de la definición del diccionario.
Es sentir hasta la médula el concepto, abriendo los sentidos y la mente al hecho de que:
Tu vida, la mía y la de todos los seres humanos es la cúspide del trabajo y del esfuerzo de millones de personas en el pasado y el presente; para lo cual no has colaborado en nada.
El hecho de que estés leyendo esto el día de hoy es el resultado de que miles de factores jueguen al mismo tiempo. Pequeño ejemplo: miles de ingenieros que han trabajado para que Internet funcione, todos los involucrados en que exista energía eléctrica, quienes fabricaron el dispositivo que usas, todas las criaturas involucradas en tu sustento y salud, que el planeta Tierra esté en el lugar que está en este momento.
Es decir, este momento en la historia, en tu historia, es el regalo máximo que te ha dado la vida. No importa que estés triste, que tu gobierno no responda como quiere, que estés pasando por una prueba familiar… ¿Lo puedes ver? ¿Tienes forma de sentirlo?
Tristemente, para muchos la respuesta es no. Muy pocas personas tienen abierto el corazón para aceptarlo porque estamos sumidos en nuestro ego y contaminados por el ego de los demás. También nos dejamos llevar muy fácilmente por las experiencias difíciles, que nos dejan ciegos con apegos y aversiones.
Así es como la gratitud sale volando por la ventana. Y no regresa.
Es por eso que, a pesar de que está dentro de nosotros, hay que convertir la gratitud en un hábito.
¿Cómo? Entendiendo que:
- Somos parte de un sistema muy complejo que funciona para que estemos y seamos.
- No somos tan importantes como pensábamos, sólo somos un grano más en la arena de la playa cósmica.
- Por más que lo neguemos, necesitamos de los demás.
- Estamos rodeados de bendiciones. Desde poder caminar o respirar sin asistencia; hasta poder participar en el milagro del vuelo humano al subirte a un avión.
- ¡Todo es asombroso! En serio. Lo es. Sólo baja de tu ego para poder ver la maravilla de la que estás rodeado.
No, no se trata de ser ingenuos y de ser optimistas tontos. No. Se trata simplemente de entender que el hecho de estar hoy en este momento se lo debemos al conjunto de esfuerzos históricos y personales de millones de personas… para lo cual no hemos contribuido en nada. Se trata de bajar de nuestra soberbia por un momento y aceptar con humildad.
¿No es como para decir GRACIAS de todo corazón?
Actualmente estoy haciendo un experimento de gratitud. Por 30 días convertiré la gratitud en un hábito escribiendo en un pequeño cuaderno 3 cosas por las que soy afortunado y por las que debo agradecer. Al final contaré mis experiencias, pero de momento puedo decir que está funcionado y me siento bien. Puedes seguir esas aventuras en mi cuenta de Twitter bajo el hashtag #RetoDeGratitud. ¿Te gustaría unirte?
Cultivar la generosidad como hábito tiene muchísimos beneficios psicológicos como una mejor salud, apertura a la compasión, calma mental, mejor calidad de sueño… y más. Pero eso es tema para otro día.
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Si quieres aprender más sobre hábitos y gratitud como práctica, ven a Shojiki, taller de hábitos. Podría cambiar tu vida 🙂
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Dic 3, 2014 | Activismo, Budismo, Vida, Zen
NOTA: Soy sólo un tonto de mente simple que plasma aquí lo que piensa el hamster que habita dentro de mi cráneo. No pretendo hacer análisis político, tomar bandos o siquiera entender lo que pasa a mi alrededor. Hablo como persona, como monje budista y como ser humano. Lo que aquí escribo es el reflejo de mi infinita ignorancia e ingenuidad que siempre me ha caracterizado. Lee bajo tu propio riesgo.
Son tiempos difíciles para la humanidad. Hay crisis económica, política y humanitaria en muchos lugares de conflicto del planeta. México, Venezuela, Estados Unidos o Siria son sólo algunos.
Revisando, pensando y sentándome en zazen con todo esto, me doy cuenta que en todos los conflictos hay características base en común.
No importa de qué conflicto se esté hablando, una de las principales víctimas es la compasión.
Parecería que hemos asesinado nuestra capacidad de empatía, esa que nos lleva a pensar que el otro también está sufriendo y que tiene la misma capacidad que yo de pensar diferente.
Pero Chocobuda, ¿cómo es posible que los políticos/criminales/narcos/líderes sufran? ¡Ellos son el mal encarnado!
Los que consideramos enemigos son personas también y, peor, están en sufrimiento constante. Por ejemplo, tienen que vivir con ellos mismos y con su sed de poder/dinero, así como con las consecuencias de sus actos. Eso debe ser horrible de verdad.
Sin duda hay personas que causan mucho daño. Pero eso no las hace menos personas.
Esto me lleva a mencionar otra característica de los conflictos humanos: el concepto de separación.
Sí, sé que voy a recibir una lluvia de basura por esto, pero separar a la humanidad en bandos jamás ha funcionado. Y la historia humana me respalda.
Separar a la humanidad en buenos y malos genera una división tan profunda, que es muy fácil tornarse al fundamentalismo y la polarización. Surgen pensamientos como «si no estás conmigo, eres mi enemigo», y en esa medida es muy fácil convertir al enemigo en objeto. Deja de ser persona.
Cuando eso pasa, el odio comienza y envenena la mente. Suspende la razón y la violencia surge. Esa es la raíz de la violencia de género o el racismo, entre otros.
Estás mal de la cabeza, Chocobuda. Nosotros somos los buenos. Los políticos son los malos. Hay que hacer que caigan. Necesitamos justicia.
Una vez que convertimos a alguien en objeto, podemos juzgarlo pasando por alto nuestros propios problemas. Nos volvemos fundamentalistas y creemos que nuestro bando es el que ha sido enviado por los dioses. Luego nos enfocamos sólo en las cosas malas del otro y comenzamos a usar la palabra «justicia», aunque no la conozcamos. Lo que se busca en realidad es culpables para luego cobrar venganza.
Justicia y venganza son muy fáciles de confundir en la mente envenenada por el odio.
Y podría seguir. El hecho es que en tiempos desesperados se vuelve urgente tener un sistema de valores que nos permitan entender la vida de manera pacífica y profunda. Tal sistema se llama budismo.
No, no es que crea que todo el mundo deba convertirse al budismo. Es sólo que nos apunta a valores universales que necesitamos cuidar como la compasión, la generosidad y la cultura.
Entender que todos los seres vivos son capaces de sufrir, hace que el corazón se abra.
Saber que la cultura, el arte y la ciencia son la base del conocimiento humano y la peor pesadilla de los gobiernos corruptos, nos llevará a tomar mejores acciones.
Observar la naturaleza y nuestro propio cuerpo nos da el conocimiento de que ningún cambio es automático. Todo lleva tiempo de gestación, aun los grandes cambios sociales.
A la vez, el estudio y comprensión de los hábitos nos da cimientos sólidos para controlar las cosas que están a nuestro alcance. Tener buenos hábitos de trabajo y estudio, por ejemplo, cuidará nuestra mente y razón, a pesar del caos de nuestro país.
Saber instalar hábitos positivos nos permite pensar con claridad, calma el estrés y nos da dirección.
Tanto el estudio del budismo, como la comprensión de hábitos, pueden ser herramientas insuperables para momentos de crisis.
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¿Necesitas saber más de hábitos y cómo lograrlos con éxito? Ven a Shojiki, taller de hábitos.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Dic 1, 2014 | Budismo, Comunidad, Editorial, Libro
secretos sin tiempo
vuelcan sus aromas
en la tierra mojada
Si en diciembre de 2013 me hubieran dicho los cambios que tendría mi vida en 2014, jamás lo hubiera creído. De hecho me hubiera reído, incrédulo.
Pero aquí estamos, al final de cientos de manifestaciones de la Señora Impermanencia y muy contento.
En enero de 2014 fui invitado como alumno y a dar una conferencia al diplomado en literatura, edición y creación literaria, Al pie de la letra de principio a fin; impartido por la poeta mexicana Patricia Medina.
Por 10 meses estudiamos literatura del mundo y día con día fui escribiendo y compilando el material para mi segundo libro: Secretos Sin Tiempo. Son páginas llenas con haiku, tanka, poesía y cuentos; publicados por Literalia Editores y editado por Patricia Medina.
Tanka 4
¿cómo atrapar la palabra?
vuela para seducirme
cruel, se burla
haciendo más grande
el foso de mi ignorancia
Secretos Sin Tiempo es un libro producto de la contemplación de la naturaleza, de la vida y de cómo los apegos de la mente transforman la realidad para convertirla en auto-engaño.
Secretos Sin Tiempo nace de la mínima expresión del silencio de la mañana, que convierte en verbo para jugar con los hilos de la tela cósmica.
Es un lienzo en el que pinto el mundo alrededor con los pinceles que la palabra pone en las manos. Es un pequeño viaje en el tiempo de la imaginación que nos lleva a realidades alternas.
Tanka 2
el tiempo se dobla
irrelevante, se transforma
despiertas en luz
para caminar un día más
y estar aquí
Así pues, el diplomado de literatura llegó a su fin y tendremos un evento de clausura donde 11 autores presentaremos nuestros libros.
Celebraremos, leeremos y los libros estarán disponibles para todos los aventureros literarios que nos acompañen.
Si estás en Guadalajara, Jalisco, te invito a la FIL el sábado 6 de diciembre, a las 17:00 horas. Sala Elías Nandino.
Me dará mucho gusto que me acompañes 🙂

por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 28, 2014 | Budismo, Inspiración, Talleres, Vida
Las fiestas de diciembre son un tiempo maravilloso para relajarse, dejar que el invierno llegue y de celebrar la vida. Nos da la oportunidad de revisar todo lo que hicimos en el año y pensar en lo que queremos lograr para el siguiente.
Idear nuestros propósitos de año nuevo es muy divertido porque imaginamos el futuro con algún nuevo hábito o mejorando uno que no sea tan afortunado. Hacemos listas y nos preparamos con mucha ilusión.
Suenan las 12 campanadas con las que nuestra felicidad estalla en abrazos y buenos deseos. Llega el 1 de enero y estamos listos para mejorar la vida.
Pero pasan las semanas, regresamos a la rutina y un mes después los propósitos quedaron encerrados en el recuerdo. Continuamos la vida con los mismos vicios, malos hábitos y deseando que las cosas sean distintas.
Desgraciadamente, ésto no le pasa sólo ti o a tus amigos. Nos pasa a todos. Y hay razones científicas que explican este fenómeno:
1. El cerebro humano no puede procesar los propósitos
El problema con generar propósitos es que son sinónimo de una fantasía. En la mente generamos esta imagen de que la vida cambiará mágicamente sólo con desearlo (lo siento, amigos de The Secret). Lo que el cerebro necesita en realidad es pensar en acciones cortas que nos lleven hacia el resultado final. Es decir, el objetivo final es importante, pero si primero no generamos la ruta a seguir, perderemos el enfoque en cuestión de días.
De acuerdo con el Prof. Baba Shiv, de la Universidad de Stanford, se necesita practicar fuerza de voluntad. Ésta se procesa en la corteza prefrontal del cerebro, el área detrás de nuestra frente. Para que el cerebro pueda calcular lo necesario para los propósitos de año nuevo, se necesita una fuerza de voluntad enorme, buena memoria a corto plazo y una buena capacidad para resolver problemas abstractos.
Al dividir un propósito en acciones pequeñas y al definir el camino a seguir, el cerebro tendrá menos qué procesar, menos material para fantasías y te será más fácil lograr lo que necesites hacer.
2. El cerebro disfruta los hábitos, no la fantasía de los propósitos
Todos tenemos la magnífica capacidad de imaginar y de soñar. Unos pensamos en un mundo mejor, otros pensamos en ganar la lotería, otros en que podrán dejar de fumar.
Imaginar la vida en mejores condiciones es parte de nuestra naturaleza y es lo que enciende la chispa del cambio. El problema es que queremos vivir de estas fantasías sin saber que lo que en verdad motiva una vida mejor, es el cultivo de hábitos.
Si nuestro propósito de año nuevo es convertirnos en corredores, fallaremos a menos de que comencemos por levantarnos temprano diariamente y calzarnos los Nikes.Los hábitos nos definen y aunque tengamos la fantasía de que somos seres únicos y sorprendentes, la verdad es que somos animales rutinarios y disfrutamos tener hábitos.
Definimos hábitos como acciones rutinarias de ejecución automática que no cambian con el tiempo. El cerebro se siente muy bien con ellos porque quitan trabajo a la mente para que se pueda enfocar en lo que realmente importa.
Pensar en 100 propósitos de año nuevo es una tarea fallida, a menos que pienses en el hábito que te lleve a ellos.
3. La soledad no funciona y no le gusta a la mente
Creer que tu propósito de año nuevo es sólo tuyo y que a nadie le importa, es un grave error. Te sorprendería saber la cantidad de personas que quieren lograr lo mismo.
Otro grave inconveniente de los propósitos es que asumimos que somos la única persona en el planeta. Damos por hecho que todo lo haremos solos.
Esto es real en el sentido de que nadie más podrá tener disciplina o fuerza de voluntad por nosotros. Pero nos referimos a que si buscamos un grupo de apoyo, será más fácil comprometernos.
¿Quieres convertirte en corredor? Busca un grupo de corredores en tu comunidad o en Facebook. Únete a ellos y participa en sus eventos y reuniones.
¿Quieres aprender a alimentarte mejor? Existen cientos de grupos a los que puedes acudir, en línea o en vivo.
La idea es entender que nuestro cerebro no es el de una iguana, que puede pasar su vida en solitario. Tenemos un cerebro de primate que evolucionó para que todo lo hagamos por y para el grupo social.
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Por supuesto hay una gran cantidad de estudios científicos sobre los propósitos y sobre los hábitos. Aquí sólo expuse algunos que son de suma importancia para entender porqué fallamos año con año.
¿Qué propósito de año nuevo has cumplido? ¡Cuéntanos en los comentarios!
Si necesitas saber cómo crear hábitos con todo éxito, ven a Shojiki. Es un taller de hábitos que proporciona un método exitoso probado por muchas personas, donde la meditación y el conocimiento son la base del cambio.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 27, 2014 | Activismo, Compasión, Comunidad, Vida
México está pasando por tiempos difíciles. Desgraciadamente el odio parece ser un artículo de primera necesidad porque corre en todos sentidos. La desesperanza se puede sentir en el aire (pronto escribiré al respecto).
En esta locura polarizada por bandos, crimen y política, la compasión y la generosidad son víctimas innegables. Nos cuesta mucho trabajo dejar de enfocarnos en lo malo y la vida se nos va cuando reemplazamos la razón por el odio.
Sin embargo también hay historias de esfuerzos que vale la pena sacar a la luz. Detrás de todo lo que sucede están las personas que renuncian a la preocupación y toman acciones directas para cambiar las cosas.
Mientras muchos pasan sus días propagando la ira, el miedo y buscando venganza, Bárbara Guerra, amiga, alumna y ciudadana, rompió la apatía y decidió el camino de la compasión.
Dar a conocer su proyecto aquí en Chocobuda sirve como muestra de que sí se puede actuar sin violencia y con generosidad, cuando nos enfocamos a nuestra área de acción.
Hoy presentamos esta entrevista para conocer más sobre los esfuerzos de Bárbara y para que nos unamos a su proyecto.

Cuéntanos un poco sobre ti.
Me llamo Bárbara Guerra, tengo 30 años recién cumpliditos y vivo en la Ciudad de México. Soy Ing. en Sistemas y trabajo en horario godín: de Lunes a Viernes. Juego tocho bandera en un equipo mixto y me gustan mucho los felinos (por cierto si les gustan, busquen la fundación Black Jaguar White Tiger, también es de un chico mexicano). Usualmente digo que nunca tengo mucha vida social, pero rara vez estoy en mi casa jajá.
¿Cómo se llama tu proyecto?
Se llama Año Nuevo DF 2015, me pareció adecuado para definir cuándo y dónde.
¿Qué te inspiró a comenzar?
Cada año pienso en la emoción que me daría salir a entregar juguetes en navidad a los niños y comida a gente de bajos recursos en comunidades lejanas, lo cierto es que en ninguno hice nada. Este año pensé que no hay porqué comenzar a nivel macro y dejarlo en intentos, así que he decidido salir simplemente a mi ciudad.
Pensé en ir yo sola porque realmente estoy convencidda de hacerlo pero no caería mal una ayuda extra por lo que comencé a «pasar la voz» para conseguir voluntarios para entregar las cosas, armar paquetes o simplemente donar. Este año estuve haciendo sin querer queriendo obras pequeñas de caridad en el metro, regalaba mi comida, mi botella de agua, cedía asientos y me quedaba una emoción bastante agradable, los actos de caridad no es para presumirlos pero pensé en tomar un paso más esta vez y claro que va a funcionar.
¿Has participado en otros esfuerzos de este tipo?
Liderados por mi, no. Pero sí desde mi juventud (bueno todavía soy joven, pero antes más joven) he participado en servicios sociales en mi escuela, en la universidad y en el trabajo en diferentes lugares como Morelos, Michoacán, Atlacomulco y dentro del mismo D.F. desde pintar escuelas, recorrer casas para ayudar a las familias, cursos para pequeñitos y todo lo que se pusiera en el paso.
Es muy gratificante para mi hacerlo. Pienso que quizá ese tiempo lo pude haber pasado tomando una siesta o metida en el tráfico para ir a comprar algo que ni necesitaba, así que el balance es muy bueno, me abre la mente, me saca de mi zona de confort y siempre, siempre, siempre me ha hecho reafirmar y darme cuenta que mi situación es fabulosa y no debería quejarme por nada.
¿Cuáles serán tus acciones?
De aquí a que llegue la fecha, recoletar y recolectar todo lo recolectable: manos, vehículos, donadores, mensajeros que pasen la voz.
El plan es salir en año nuevo. ¿Porqué elegí año nuevo? Honestamente me iba a ser complicado salir en Navidad por compromisos familiares pero nunca es tarde. Además como un monje budista sugirió, meditar al iniciar el año a modo de empezar de manera adecuada y con la mente clara. Luego analicé que la gente en la calle no tiene tiempo de meditaciones y enseñanzas tan directas pero sí necesitan amor traducido en algo de comer, en una sonrisa o en una cobija para taparse el frío.
Entonces, ¿qué mejor manera de comenzar el año siendo generoso también? En vez de hacerme feliz a mi solamente cenando en un lugar rico puedo compartirlo con los demás, aunque sea un jugo o una galleta. Algunos nos llamarán cursis y señoritas de concurso queriendo paz mundial pero siempre habrá alguien que te haga eco y con uno solo basta, entonces el 2 de Enero les mostraré que sí se pudo.
¿Cómo podemos ayudar?
Está la fan page en Facebook en el siguiente link: https://www.facebook.com/Voluntarios.Ano.Nuevo Mi twitter es @barb_inside y en cualquier red social pueden comenzar utilizando el hashtag #AñoNuevoDF.
Pueden dejarme mensaje en cualquiera de estos medios ya sea en una publicación o algún mensaje privado (bueno, en Twitter primero salúdenme para seguirlos y poder conversar).
Recién he recibido comentarios acerca de las fechas y si es posible juntar tanta gente podemos armar contingentes desde el 30 de Diciembre y hasta el 1 de Enero. No importa, lo relevante es que salgamos. Recibimos cualquier tipo de bebida embotellada, enlatada o tetrapack para su facil entrega, paquetes cerrados de comida (por ejemplo galletas o botanas), ropa y calzado en buen estado de cualquier género y edad y, si tienen, juguetitos para los pequeños, cobijas, frazadas.
En fin, todo lo que le pueda servir a alguien: una bolsa del mandado para guardar las cosas, una gorra para el sol, una sombrilla. Piensen en lo que ustedes usan en su día a día en cualquier momento del año. Se aceptan también voluntarios que donen su tiempo para ir a entregar. Si no desean nada de lo anterior donen clicks y copy-paste para correr la voz. Empezó como mi plan individual asi que todo lo que se una después es una gran ventaja.
¿Algún consejo para alguien que quiera empezar a ayudar?
Todo se empieza con el primer pasititito, les enlisto algunas sugerencias del manual básico de generosidad:
- Cedan los asientos a las personas mayores y mujeres embarazadas.
- Si no quieren cederlo, al menos ayuden cargando las mochilas de los que van de pie (muchas señoras mayores me han ayudado a llevar mi mochila en su asiento).
- Carguen en su mochila/bolsa/auto alguna prenda que ya no usen y dónenla al chico de la esquina que limpia los vidrios o a la señora mayor que pase por ahí. Aplica también cargar alguna fruta o alimento de más, créanme siempre hay alguien pidiendo alguna caridad. Regálenlo incluso si no se las piden.
- Digan ‘gracias’ al chofer del camión (aunque haya manejado como alma del infierno), gracias al que les detuvo la puerta, gracias al señor de la tiendita y gracias al que te dejó pasar antes.
- Procuremos portarnos coherentes. De nada le sirve a la señora que fue a misa toda su intención si saliendo va a comenzar a criticar a la gente o a ‘mentar la madre’
- Intenten dejar su aparato tecnológico de lado cuando haya al menos una persona frente a ustedes. Recién vi un chico en una sala de espera escribiendo en su celular quien no se dio cuenta de una chica embarazada que estaba de pie. Obviamente le cedimos el asiento varias veces pero no quiso sentarse. 20 minutos después el chico le dijo: «no te ví, ¿quieres sentarte?». Sí, es un acto bondadoso pero ese aparatito lo hizo perder la noción de lo que ocurrió alrededor por 20 minutos. Si tienen a su mamá o a su novia o a su amigo enfrente, sean educados y dedíquenle tiempo. El celular nos aleja (quizá sea mi siguiente campaña jaja).
- Si se caen, se levantan para seguir ayudando al de enfrente y olvidar por un momento su ‘terriblísima’ situación.
- Hagan lo que quieran hacer pero de corazón. Las grandes campañas y obras de generosidad al por mayor vendrán por consecuencia y a todo lo que hagan, agréguenle una sonrisita. =D
¿Algún comentario final?
Gracias por leerme y únanse.
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Cambiar la situación y la vida de la gente no requiere gobiernos ni alineaciones políticas. Se necesita abrir el corazón y actuar para los demás. Ese es el camino. Siempre lo ha sido.
¿Tienes algún proyecto como este? Contáctame, me gustaría mucho saber de ti.