Mi cabeza afeitada

El frío pega directo en la piel de mi cabeza.

No hay cabello que lo proteja, hace tiempo renuncié al lujo de la vanidad.

Mi cabeza afeitada enfrenta al mundo que me mira como si estuviera loco, como si fuera enfermo terminal.

Camino el camino del dharma, un paso a la vez.

Un libro a la vez.

Un aprendizaje a la vez.

Una renuncia a la vez.

Un remiendo a la vez.

Sin prisa.

Observo. Escribo.

Guardo silencio y hago zazen para explorar la vacuidad de la mente. Me uno al cosmos para entender que el ego es veneno.

El yo se desvanece por un momento y da paso al Buda.

El vacío es el Buda.

Zazen es el Buda.

La Okesa que cubre mi cuerpo es el Buda.

Mi cabeza afeitada es el Buda siendo el Buda.

Silencio.

Pensamiento sobre zazen

Pensamiento sobre zazen

Entre más dharma y zazen practiquemos, el universo se beneficia porque nos queda claro que la vida está interconectada.

Si me corto un dedo mientras cocino, a ti no te saldrá sangre ni sentirás el dolor.

Pero adquiero consciencia de que existe el dolor y que hay seres sufriendo mucho más que yo.

Entonces es cuando la compasión nos mueve a hacer algo por los demás.

Es claro que no importa cuánto me esfuerce, no acabaré con el hambre o las guerras. Pero hacer sonreír a un adulto mayor es suficiente. Enviar ayuda a las víctimas de desastres naturales y saber que al menos tienen un poco de comida, es suficiente para hacerme seguir adelante.

Al meditar limpiamos la cabeza de tanta basura personal para enfocarnos a servir.

No meditamos para propósitos egoístas.

Hacemos zazen para el universo.

Tu música

Tu música

La música es una de las expresiones humanas más sublimes.

Desde que nacemos escuchamos piezas y canciones que nos acompañan en cada momento de nuestra vida.

La alegría se goza más con ritmos rápidos y felices. La tristeza se vive con más comodidad con un buen soundtrack que la acompañe.

Acumulamos música en la casa y la llevamos con nosotros en nuestros gadgets. Jamás nos despegamos de ella.

Nos acompaña hasta la tumba.

Pero, ¿te has percatado de que la música siempre es externa a ti? A menos que seas músico de carrera, buscas música que ha sido compuesta por otras personas o interpretada por algún profesional.

Como estamos distraídos con sonidos ajenos, nos prohibimos escuchar la mejor música de toda: nuestra música interna.

Somos seres que vibran, se mueven y generan ritmos que laten con la vida. Aun en el silencio profundo de la meditación, formamos pequeñas notas que suenan en la sinfonía del cosmos.

Cuando apreciamos la música del silencio interno, nos liberamos para poder escuchar al viento, las estrellas, las ciudades y su caos vial, el ladrido de un perro, y hasta el armonioso sonido de una construcción.

La música es la vida.

Nosotros somos música.

Y tú eres la nota más importante.

Zazen es el instrumento que nos permite interpretarla.

Para ti, que no dejas de preocuparte por cómo te ven los demás

Para ti, que no dejas de preocuparte por cómo te ven los demás

No puedes ni siquiera intercambiar un simple gas con la persona de a lado. Todos y cada uno de nosotros tiene que vivir su propia vida. No pierdas el tiempo pensando en quién será el mejor.

Los ojos no dicen: «Seguro, estamos un poco más abajo. Pero podemos ver».

Las cejas no responden: «Seguro, nosotras no podemos ver nada, pero estamos más arriba».

Vivir fuera del buddha-dharma significa satisfacer tus funciones por completo, sin saber que lo estás haciendo. Una montaña no sabe que es alta. El mar no sabe qué tan ancho y profundo es. Cada cosa del universo es lo que es, sin saberlo. El canto del ave y la risa de la flor aparecen de forma natural, independientes de la persona que está sentada meditando al pie del acantilado.

El ave no canta en honor de la persona en zazen. La flor no crece para sorprender a la persona con su belleza. De esa misma forma, la persona que está sentada en zazen no lo hace para obtener la iluminación. Todos los seres se percatan del yo, a través del yo, para el yo.

Religión significa vivir tu propia vida, completamente fresca y nueva, sin ser influenciado por nadie.

¡Oye! ¿Qué estás mirando? ¿No entiendes que estoy hablando de ti?

El imbécil no necesita sentirse apenado por ser imbécil. Los pies no tienen razón alguna para irse a la huelga por ser sólo pies. La cabeza no es lo más importante de todo, y el abdomen no necesita imaginarse que es el padre de todas las cosas.

Es extraño cómo la gente ve al presidente como si fuera una persona importante. La nariz no puede reemplazar a los ojos, y la boca no puede reemplazar a los oídos.

Todo tiene su propia identidad, misma que no puede ser ignorada por todo el universo.

Unos niños capturaron un ratón que ahora se retuerce en la trampa. Se divierten observando cómo el animal raspa con su nariz hasta sangrar y cómo se desgarra su cola. Al final lo arrojarán al gato para que se lo coma.

Si yo estuviera en el lugar del ratón, me diría: «¡Malditos humanos no se divertirán conmigo!». Y simplemente me sentaría en zazen.

Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti

Traducido por Kyonin

NdT: Este texto de Sawaki Roshi es un poco criptico y rudo, pero nos habla de que cada uno de nosotros es tan importante como el otro. Todos tenemos un lugar igual de fundamental en el universo. Pero no lo sabemos. Si nos sentamos a meditar, esa barrera de ignorancia se derrumbará y podremos ver la realidad como es: todos somos un solo ente. Todos somos el universo.

Ango 2012. Tres meses de entrenamiento intenso

Ango 2012. Tres meses de entrenamiento intenso

La espina dorsal del Soto Zen es sentarse y meditar. Esa es nuestra práctica suprema.

Al mismo tiempo los maestros animan al estudiante a leer todo el dharma posible, bajo la consigna de que la sabiduría de mil libros no igualan a un minuto de práctica en la vida real.

Contrario a lo que la gente podría pensar, el buddha-dharma no está sólo en los fragantes templos de tierras exóticas.

Está en todos lados. En el trabajo y escuela, en los drenajes, en el viento, en los fraudes presidenciales, en el tráfico de la ciudad, en las flores, en las papas fritas, en las lágrimas y en las sonrisas de todos nosotros.

El buddha-dharma está en cada molécula e instante que conforma la vida.

Por esta razón, creemos que la vida entera es nuestro templo. Aquí vivimos, trabajamos, practicamos con compañeros y aprendemos a deshacernos de nuestros apegos… al mismo tiempo que formamos parte de la civilización y somos productivos.

Con esto en mente, mi sangha (comunidad budista) celebrará el Ango, que es un tradicional evento de tres meses en el que estaremos dedicados a sentarnos en zazen, al estudio intenso de la vida y al buddha-dharma. Para más información, puedes leer el post del año pasado aquí.

En resumen, el Ango es un periodo en el que tendré que poner todo de mi parte para aprender y esforzarme más de lo habitual.

Hay muchas actividades programadas para los participantes, pero aquí menciono algunas:

  • Meditación más intensa, por más tiempo, dos veces o más al día. Cada sesión es al menos de 40 minutos.
  • Estudiaré el Shobogenzo, la obra principal de Master Dogen, el creador del budismo zen.
  • Estudiaré The Mind of Clover, de Robert Aikien.
  • Estudiaré The Book of Equanimity, colección de koans tradicionales del zen/ch’an
  • Dedicaré parte de mis ingresos y tiempo a obras de caridad.
  • Coseré a mano una kesa (ropa tradicional del zen que representa la vida y el buddha-dharma)
  • Terminaré dos apegos fuertes en mi vida.
  • Reafirmaré vivir bajo los Preceptos del Bodhisattva.
Al igual que el año pasado, todas estas actividades están diseñadas para probar mi paciencia y mis ganas de seguir en este camino.
Suena difícil, pero vale la pena cada segundo.

¡Deséame suerte!