por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Dic 6, 2013 | Budismo, Meditación, Zen
El frío pega directo en la piel de mi cabeza.
No hay cabello que lo proteja, hace tiempo renuncié al lujo de la vanidad.
Mi cabeza afeitada enfrenta al mundo que me mira como si estuviera loco, como si fuera enfermo terminal.
Camino el camino del dharma, un paso a la vez.
Un libro a la vez.
Un aprendizaje a la vez.
Una renuncia a la vez.
Un remiendo a la vez.
Sin prisa.
Observo. Escribo.
Guardo silencio y hago zazen para explorar la vacuidad de la mente. Me uno al cosmos para entender que el ego es veneno.
El yo se desvanece por un momento y da paso al Buda.
El vacío es el Buda.
Zazen es el Buda.
La Okesa que cubre mi cuerpo es el Buda.
Mi cabeza afeitada es el Buda siendo el Buda.
Silencio.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 9, 2013 | Budismo, Meditación, Zen
Entre más dharma y zazen practiquemos, el universo se beneficia porque nos queda claro que la vida está interconectada.
Si me corto un dedo mientras cocino, a ti no te saldrá sangre ni sentirás el dolor.
Pero adquiero consciencia de que existe el dolor y que hay seres sufriendo mucho más que yo.
Entonces es cuando la compasión nos mueve a hacer algo por los demás.
Es claro que no importa cuánto me esfuerce, no acabaré con el hambre o las guerras. Pero hacer sonreír a un adulto mayor es suficiente. Enviar ayuda a las víctimas de desastres naturales y saber que al menos tienen un poco de comida, es suficiente para hacerme seguir adelante.
Al meditar limpiamos la cabeza de tanta basura personal para enfocarnos a servir.
No meditamos para propósitos egoístas.
Hacemos zazen para el universo.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 4, 2013 | Budismo, Vida, Zen
«Si estamos en paz, si somos felices, podemos sonreír y florecer. Así cada persona en nuestra familia, en nuestra sociedad, se beneficiará con nuestra paz.»
Thich Nhat Hanh
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El Zen a veces puede ser muy serio y lleno de rigidez. Existen formas arcanas irrompibles y ceremonias que deben ser seguidas cuidando cada detalle. Así ha sido y así será. Es parte de la mística y la verdad es que se disfruta.
Dejando de lado el budismo, la seriedad está por todos lados también. La cultura occidental nos obliga a tomarlo todo demasiado en serio. Siento que nos dice: hay que vestir de gris para tener una vida gris.
Y olvidamos el humor y la sonrisa, que son parte de lo que nos vuelve humanos y hacen que la vida se vuelva una fiesta colorida donde cada sencillo detalle puede ser una explosión a los sentidos. Incluso los desafíos que nos encontramos en el camino, por supuesto.
Sé que hay momentos en los que hay que tomar las cosas en serio para poder resolver un problema. También sé que no podemos ser ingenuos y tomar todo tan a la ligera. Eso nos haría negligentes ante la vida.
No. Se trata de simplemente sonreír.
Inspirado en las enseñanzas de Master Thich Nhat Hanh sobre la sonrisa, en los últimos 3 meses he estado experimentando e investigando la neurociencia sobre el sonreír como medio de alcanzar mejores estados de meditación. Y lo que he encontrado es sorprendente porque los resultados afectan no sólo al zazen, sino a todos los aspectos de la vida cotidiana.
Sabemos que la ciencia tiene estudios enormes sobre cómo la sonrisa disminuye el estrés, ayuda a prevenir y recuperarse de la enfermedad y promueve una vida más larga y sana; pero quería probarlo personalmente.
En general soy un tipo que sonríe con frecuencia. Pero me di cuenta que podía sonreír más, así que comencé el experimento.
Un día me senté a meditar y mantuve la sonrisa por los 40 minutos de mi zazen matutino. Y comprobé lo que dicen algunos estudiosos: aunque no haya nada gracioso de qué sonreír, si mantenemos el gesto por unos 10 o 15 minutos, el cerebro comenzará a soltar endorfinas.
Y me sentí radiante. Vi colores en patrones fractales (mandalas) y el cuerpo se llenó de energía.
Claro que esto era inusual y podía ser efecto placebo, así que en mi siguiente sesión repetí las acciones. Y el resultado fue aun más sorprendente. Mi meditación fue mucho más profunda y me fue más fácil dejar ir pensamientos, recuerdos e imágenes.
Al tercer día lo volví a intentar, obteniendo los mismos resultados… con la diferencia de que cuando terminó mi sesión, la sonrisa permaneció mucho más allá de los 40 minutos.
A lo largo del día la risa y el humor me era más fáciles, los problemas cotidianos los resolví con ligereza y me sentí muy bien en general.
A la semana integré la sonrisa a mi práctica de yoga y al running, resultando en mayor energía y mejores estados de ánimo.
Una semana se convirtió en un mes; y un mes se tornó en tres meses sonriendo al meditar. Y no podría estar más feliz.
Así que comparto mis hallazgos no científicos y 100% personales.
Sonreír, aunque no tengas ganas…
- Centra y da perspectiva ante los problemas, abriendo más opciones para resolverlos
- Combate el estrés
- Permite mejor concentración, resultando en mayor productividad
- Te vuelve más creativo ( lo siento emos y poetas depresivos… la sonrisa es la mejor herramienta creativa que he encontrado)
- Llena el cuerpo con energía y disminuye el cansancio
- Combate los sentimientos de tristeza y soledad
- Si meditas sonriendo, te hará llegar a una profundidad que nunca habías alcanzado
- Mejora tu interacción social. La gente te responde y sonríe de regreso.
- Hace que ell tiempo pasa más rápido porque te la estás pasando bien
- Aligera la carga emocional en situaciones difíciles
¡Así que sonríe! Sonríe al leer esto, al despertar, cuando des el primer sorbo a tu café, cuando veas a algún desconocido, cuando tengas un grave problema en frente, cuando estés triste. Créeme, el cerebro es muy sabio y te premiará con mejores días y mejor salud.
Como siempre, la lista no está completa. ¿Qué experiencias has tenido al sonreír? ¡Sonríe y comparte en los comentarios!
¡Oye, cara de palo: SONRÍE!