por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jun 24, 2013 | Budismo, Zen
En este mundo obsesionado por tener y por alcanzar metas, vivimos inmersos en las trampas de la personalidad. Asumimos que somos lo que comemos, lo que vestimos, lo que poseemos y nuestros deseos definen la personalidad.
«Es que es una persona ambiciosa», dicen, como si sentir hambre por avanzar fuera lo mejor que cualquiera pudiera tener.
He conocido personas que llegan hasta el extremo de no querer bajar de peso, bajo el pretexto de que los sabores de la comida son lo que les da identidad como persona. Entre más comen, más seguros de sí mismos están.
Pero la ropa, los autos, los títulos y los colores de piel son sólo una distracción que nos evita llegar a ver quiénes somos en verdad.
Somos mucho más de lo que portamos. Nuestra esencia es más profunda que los títulos y reconocimentos. No somos las ambiciones, ni las relaciones personales.
Pero hasta que nos tomamos el tiempo de encontrar el silencio interno, hasta que detenemos el tren social y miramos hacia adentro, sabemos lo que somos en realidad.
Cada persona tiene la tarea de encontrar lo que hay después del silencio.
Es la esencia, la pureza que siempre hemos buscado. Sin basura ni etiquetas, sin música y sin distracciones.
Es lo que te define como tú.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jun 19, 2013 | Budismo, Zen
Somos muchas cosas al mismo tiempo. Trabajadores, empleados, maestros, ingenieros, burócratas, escritores, diseñadores, constructores, cocineros, médicos, comerciantes, militares, políticos, clérigos, corredores, economistas o pilotos.
Cumplimos tantos roles como hay estrellas en la noche. Somos madres, padres, amigos, amantes, enemigos, guías, villanos, familia, legión, fans, antagonistas, rivales, confidentes o aprendices.
Pero cuando eliminamos todo eso, ¿qué queda?
No somos los que estudiamos. Tampoco lo que hacemos día con día. No somos de la manera en que los demás nos perciben.
Al soltar las etiquetas y las máscaras auto impuestas, lo único que resta es el vacío.
El verdadero Yo que se integra al flujo imparable del universo.
Y nos damos cuenta de que no somos nada en especial.
Así llega la liberación.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jun 14, 2013 | Budismo, Zen
Hace unas horas un amigo quiso saber cuáles eran mis objetivos como monje.
Pensé por un momento y respondí: ninguno.
No tengo objetivo ni meta.
Sólo hago lo que se siente que es natural. Sé hacia a dónde voy, pero acepto que la naturaleza de la vida es el cambio y la impermanencia. Mis planes no son nada cuando la vida cambia.
¿Hasta dónde llegaré? No lo sé.
¿Qué busco? Nada. Todo lo que necesito ya está aquí, pero a la vez estoy feliz de que todo esté vacío.
El Sutra del Corazón, texto pilar para el budismo zen, nos habla justo sobre el vacío en todas las cosas. Incluídos nosotros.
Léelo con atención muchas veces. Con el paso de los días comprenderás un poco lo que dice.
El Sutra del Corazón
Traducción: José Silvestre Montesinos
Avalokiteshvara, el Bodhisattva de la Compasión, meditando profundamente sobre el
Entendimiento Perfecto, descubrió que los cinco aspectos de la existencia humana
estaban vacíos, liberándose de este modo del sufrimiento. En respuesta al monje
Sariputra, dijo lo siguiente:
El cuerpo es tan solo vacío,
el vacío no es más que el cuerpo.
El cuerpo está vacío,
y el vacío es el cuerpo.
Los otros cuatro aspectos de la existencia humana:
Sentidos, pensamientos, voluntad y conciencia,
también están vacíos,
y el vacío los contiene.
Todas las cosas están vacías:
Nada nace, nada muere,
nada es puro o impuro,
nada aumenta o disminuye
Así pues, en el vacío, no existe el cuerpo,
ni las sensaciones, ni los pensamientos,
ni la voluntad, ni la conciencia.
No hay ojos, ni oídos,
ni nariz, ni lengua,
ni cuerpo, ni mente.
No hay sentido de la vista, ni del oído,
ni del olfato, ni del gusto,
ni del tacto, ni de la imaginación.
Nada puede verse o escucharse,
olerse o gustarse,
tocarse o imaginarse.
No existe la ignorancia,
ni el fin de la ignorancia.
No existen la vejez y la muerte,
ni el fin de la vejez y la muerte.
No existe el sufrimiento, ni la causa del sufrimiento,
ni el fin del sufrimiento, ni un camino a seguir.
No existe el logro de la sabiduría,
ni ninguna sabiduría que lograr.
Los Bodhisattvas confían en el Entendimiento Perfecto,
y, libres de todo engaño,
no sienten ningún miedo,disfrutando del Nirvana aquí y ahora.
Todos los Budas,
pasados, presentes y futuros,
confían en el Entendimiento Perfecto,
y viven en la iluminación total.
El Entendimiento Perfecto es el mejor mantra.
El más lúcido,
el más elevado,
el mantra que elimina todo sufrimiento.
Ésta es una verdad fuera de toda duda.
Dilo así:
Gaté,
gaté,
paragaté,
parasamgaté.
¡Bodhi!
¡Svaha!
(Que significa…
Partir,
partir,
partir a lo alto,
partir a lo más alto.
¡Iluminados!
¡Que así sea!)
Esta la versión de Sutra del Corazón o Hannya Shingio (en Japonés) que practico:
http://www.youtube.com/watch?v=xGhYtHeI3SQ
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jun 11, 2013 | Budismo, Vida, Zen
Luego de algunos años de preparación, de muchas dolorosas caídas, aprendizaje, sueños olvidados, enfrentamientos con mi ego y algunos litros de café; el domingo 9 de junio recibí la ordenación como monje Soto Zen junto con otros dos compañeros.
Mi maestro tuvo a bien confiar en mí lo suficiente como para dejarme usar la kasaya (ropas del Buda) y el koromo, para afeitar mi cabeza y comenzar a caminar el largo camino del dharma y el servicio a todos los seres vivos.
La ceremonia fue sencilla, y llena de palabras sabias y amorosas por parte mi maestro.
Afirmé de nueva cuenta mis votos de bodhisattva, pero esta vez agregué nuevos que sólo atañen a los monjes ordenados.
Juré respeto absoluto para la Triple Joya: Buda, Dharma y Sangha.
Debo proteger la vida y la paz, ayudar y ser guía a quienes lo pidan… al mismo tiempo que debo cuidar mi cuerpo para ser de utilidad el mayor tiempo posible en esta vida. Como un Jedi Knight de la vida real (lo siento, no te ibas a ir sin una referencia geek).
Recibí el nombre de Hondou Kyonin, «El que corre por el Camino, cooperando y con paciencia».
Aunque suene a un logro inmenso, la ordenación de un nuevo monje Zen dista mucho de ser un privilegio. En realidad quiere decir que de forma voluntaria, estoy aceptando ser la plataforma que usarán los demás para salir adelante y crecer.
No soy una autoridad. Nada en especial. No soy un experto y puedo estar 100% equivocado en todo lo que digo y escribo.
Soy el eslabón más elemental de la cadena de la vida. Ese es mi propósito.
Gracias por leer. Si tienes preguntas, para eso están los comentarios 🙂
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | May 22, 2013 | Haiku, Zen
el pasado como ancla
nube a la deriva
mente aquí