Zen, la vida de Dogen [Chococinema]

Zen, la vida de Dogen [Chococinema]

Es muy curioso cómo el budismo zen tiene este halo de misticismo no merecido. Muchos piensan que zen significa estar en calma y sentarse a escuchar música new age.  Quizá se imaginen a seres con poderes arcanos que excretan arcoíris y que proyectan paz tan sólo por respirar.

Otros piensan que zen es meditar con inciensos caros. O simplemente no estresarse.

Y algunos van mucho más lejos y lanzan productos masivos con la etiqueta de Zen.

Pero, ¿qué es zen? ¿Cómo surgió? ¿Quiénes lo practican? Son preguntas recurrentes y que tienen respuesta.

Sin embargo nadie posee una definición absoluta de lo que es Zen. Lo único que puedo decir es que el meditador constante sabe y lo vive de tiempo completo.

Zen es el sonido del tráfico en la ciudad. Eso es zen.

El creador de esta rama del budismo mahayana se llamó Dogen, y fue un monje mendicante que viajó por China aprendiendo de maestros Chan y Taoístas.

A pesar de que existen pocos registros de su vida antes de ser monje, existe una película que plasma los hechos conocidos y arregla con ficción algunos otros.

Zen, dirigida en 2009 por Banmei Takahasi, nos presenta la vida del maestro budista que cambió la forma de vivir el budismo en Japón.

En esta película podemos tener un vistazo de las enseñanzas y viajes de Dogen, aprenderemos a meditar y porqué es importante.

Y, por supuesto, nos brinda un acercamiento a una buena definición de lo que es Zen.

Gracias a la magia de YouTube podemos disfrutar el filme en su totalidad. Así que date un tiempo para verlo y dime qué opinas en los comentarios.

Necesitas el Minimalismo cuando…

Necesitas el Minimalismo cuando…

En la temporada que precede a la navidad, las ciudades del mundo occidental se convierten en un colorido infierno que viola nuestros sentidos con publicidad y mercadotecnia.

Todo compite por tener nuestra atención y nuestro dinero. La época que se supone debería ser de paz, resulta ser un maratón de supervivencia entre tráfico, compras y felicitaciones vacías.

Por estas y muchas razones más, la navidad termina siendo un período de alto estrés y depresión para muchos.

Y es aquí donde el minimalismo puede ser una actitud que podemos tomar para llevar mejor las cosas y estar tranquilos.

Pero el minimalismo es aun una idea exótica para muchos. ¿Qué es y cómo ponerlo en práctica? ¿Realmente lo necesito? ¿Cómo sé que lo necesito?

Necesitas cambiarte al minimalismo cuando…

  • Nunca tienes suficiente. Siempre quieres más de todo
  • No estás feliz con quien eres y buscas ser quien no eres
  • Consideras que ir a las tiendas es una gran actividad de fin de semana
  • Estás esperando la próxima conferencia de Apple para comprar la iBasura más reciente
  • Alteras tu cuerpo por medios artificiales porque no te aceptas como eres
  • No puedes parar de comer lo que te hace daño
  • No puedes soltar los recuerdos de «los mejores años de tu vida»
  • Compras más ropa de la que puedes usar
  • Crees que tu auto es signo de éxito y estatus
  • Discriminas
  • Pasas por encima de los demás para asegurar tu ego
  • Manipulas y mientes
  • Navidad te resulta estresante
  • Cualquier época del año te resulta estresante
  • Piensas que tus gadgets te hacen ver cool
  • Desperdicias comida
  • Reemplazas artículos que aun siguen funcionando bien
  • Descalificas a las personas que están felices con lo poco que tienen
  • Tu vida se convierte en sólo negocio y dinero
  • El desorden reina en tu casa y oficina
  • Las colecciones ocupan buena parte de tu personalidad
  • No puedes parar de hacer, comprar o hablar

Y por supuesto que esta lista no está completa. Pero sí nos podemos sentir identificados con algunos puntos.

¿Cómo comenzar a ser minimalistas? Aprendiendo la diferencia entre deseo y necesidad.

Entendiendo que menos es más, siempre.

Una vida en el reino del Yo

Una vida en el reino del Yo

El domingo fue un día interesante.

Por la mañana animé a los corredores del maratón internacional de la ciudad y la tarde la dediqué a una ceremonia zen llamada Zazenkai.

De forma literal, Zazenkai significa «reunión para meditar». Se lleva a cabo cada semana y tiene una duración de hora y media, pero una vez al mes se hace un mini retiro de cuatro horas de zazen intenso, como en esta ocasión.

Los periodos largos de zazen sirven de mucho porque la mente pasa por varios estados hasta llegar al vacío. En mi experiencia personal, primero entran las distracciones constantes. Luego llegan los recuerdos y luego las fantasías. Después la mente rechaza la inmobilidad y la quietud… Y hasta el final llega el silencio.

Es en esta fase de vacuidad donde la mente entiende cosas.

Y me percaté de cuánto tiempo pasamos pensando en Yo.

Desde que despertamos, nuestra relación con el universo es egocéntrica. Nos movemos por la vida dando por hecho que el mundo es un lugar que debe obedecer a nuestros caprichos y órdenes.

Mantenemos un constante diálogo donde el personaje único es uno mismo.

Qué me pondré hoy.

Estoy comiendo.

Voy a llegar tarde.

Tengo frío.

Voy a exigir.

Tengo tantas cosas qué hacer.

Me quiere ver la cara.

El tráfico me afecta.

En estas oraciones, el sujeto es Yo. Y eso es terrible. Cuando el ego ocupa todo nuestro ser, es muy difícil dejar entrar alguien más. Así llega la ira porque todo nos afecta y nos sentimos atacados por el mundo. Y también se presenta la depresión porque creemos ser la víctima única de las circunstancias.

Por esta razón, el budismo zen trata de hacernos ver que el pensamiento egocéntrico es la base de la infelicidad. Al dejar crecer al ego de esta manera, estamos construyendo una barrera que separa el Yo del No-Yo. Nos sacamos de la ecuación balanceada que es el universo y creemos funcionar fuera de él, pensando que podemos manipularlo a nuestra conveniencia. Vemos a los demás como objetos y pensamos que están para ser usados o agredidos.

Me di cuenta que todo el día había girado en torno a mi Yo. Mi desayuno, mi frío, mi libro, mi comodidad…

Excepto por el momento sorprendente y emotivo en el que aplaudí y grité para animar a los corredores del maratón.

Por unos minutos hice un paréntesis en mi Yo, para vitorear a Ellas y Ellos, que estaban dejando el alma en el pavimento a cada paso.

Y se sintió muy bien. Suspendí mi egocéntrico día para dedicar unos instantes a otras personas que sonreían agradeciendo los aplausos.

¿Cuánto tiempo pasas pensando en ti? Cualquiera que sea la respuesta, creo que nunca está de más dedicar unos momentos del día a los demás.

El Buda y la muerte [Semana de Muertos 2012]

El Buda y la muerte [Semana de Muertos 2012]

¿Porqué deberíamos pensar sobre la muerte? Esta es una de las preguntas que surgen cuando comenzamos a estudiar budismo. El Buda no sólo nos hace pensar sobre la muerte y la impermanencia, sino que nos invita a reflexionar en ella continuamente.

Alguna vez, el Buda preguntó a tres alumnos:

-¿Qué tanto reflexionan sobre la muerte? 

-Yo reflexiono sobre ella todos los días.- Respondió el primero.

-No es suficiente-, respondió el Buda y le hizo la pregunta al segundo monje.

-Yo reflexiono sobre la muerte en cada bocado que doy a mis alimentos.

-Mejor,- respondió el Buda. -Pero no es suficiente. ¿Qué tal tú?

Y el tercer monje respondió: 

-Yo reflexiono sobre la muerte en cada inhalación y en cada exhalación.

Y es que eso es lo único que se necesita. En un momento exhalamos y no tenemos la certeza de que volveremos a inhalar en siguiente instante.

Para el budismo la reflexión sobre la muerte es importante porque nos hace ver que todos tendremos el mismo final y que no hay nadie, aun el más poderoso, que se escape. Esto nos pone a todos los humanos en el mismo nivel, haciéndonos iguales.

No importa cuánto dinero tengas, cuántos títulos poseas, cuántos autos tengas o el puesto político del que presumas, la muerte llega lo quieras o no.

Comenzamos a morir desde el momento en que nacemos, pero es un proceso lento que no se da a conocer a menos que pongas mucha atención. Es un asunto de equilibrio, en realidad. Así como todo lo que sube es traído de regreso a la tierra, todo lo que nace tiene que morir.

Pero en nuestra cultura es malo pensar sobre la muerte. Le damos la vuelta, nos reímos… pero todos le tenemos miedo.

Y este miedo es el objeto de estudio del budismo. Aceptar, contemplar y saber que el equilibrio se conservará, aun a pesar de nosotros mismos, es trabajo de una vida.

Para el Buda, meditar sobre la muerte no era una actividad que denotara depresión o negatividad. Todo lo contrario. Él sabía que al aceptar las cosas como son, el miedo a la muerte se va. Con esto logramos disfrutar la vida con todo lo que venga.

Aunque suene extraño, aceptar la muerte como una realidad, aumenta nuestra calidad de vida.

Así que a disfrutar las fiestas, sus colores y sabores.

¡Feliz Día de Muertos!

 

El Buda y la muerte [Semana de Muertos 2012]

Contentos con nuestra muerte [Semana de Muertos 2012]

Para México, el principio de noviembre marca la celebración del Día de Muertos. Publicaremos 2 artículos relacionados al tema, para cerrar con una meditación escrita para dejar ir el dolor de la muerte de un ser querido.

Tenemos una relación muy extraña con la muerte.

Podemos imaginar la muerte de alguien que odiamos, somos indiferentes ante el deceso y sufrimiento de personas en otros países, nos reímos cuando hacemos bromas al respecto, vestimos ropa con motivos alusivos, celebramos las muertes espectaculares en el cine, comemos dulces en forma de cráneos y jugamos video juegos donde el genocidio es parte inherente del entretenimiento.

La muerte está por todos lados, y lo sabemos.

Nos pasamos una vida preparándonos inconscientemente para enfrentarla, pero cuando llega, nos convertimos en pequeños bebés que lloran por la pérdida y el miedo.

No importa cuánta muerte consumamos en la vida, la realidad es que nunca estamos preparados para ella.

Creemos que somos inmortales y jamás podemos ver la muerte como una posibilidad inminente.

Nunca tenemos las agallas para aceptar que todos morimos, que todo termina y que en este momento estamos muriendo. Vamos directo hacia ese momento en el que no despertaremos jamás.

La muerte y la impermanencia de las cosas son parte de nosotros. Y está en nuestras manos aprender a estar en paz con la idea.

El miedo a la muerte está cimentado en el miedo a dejar de existir y a perder la identidad, nuestro lugar en el mundo.

En el budismo podemos ver nuestra propia muerte mucho tiempo antes de que llegue. Entrenamos para aceptar la impermanencia en los cambios que sufre todo lo que nos rodea. Apreciamos la llegada de la edad y afrontamos la pérdida de juventud.

Sabemos que la belleza y salud que tanto presumimos, son tan sólo una ilusión que nos hacía sentir cómodos. En algún punto se convertirán en vejez y enfermedad.

El dharma nos ayuda a aceptar el hecho de que vamos a morir, y es justo eso lo que le da valor a cada momento que pasamos vivos en este mundo.

Aprendemos, reímos, caemos, lloramos y hacemos todo lo posible por aprovechar la única oportunidad que tenemos para ser felices. Sabemos que mañana podríamos no despertar o que podríamos morir en los próximos segundos. Nadie lo sabe. Pero esa es la razón por la que tiramos los apegos a la basura.

Al morir no nos llevaremos el auto, los títulos, las casas, ni el poder. Llegamos vacíos y nos vamos vacíos.

Entonces, ¿no es mejor vivir y aceptar las cosas como son?

Y no, no voy a tocar el tema del renacimiento (mal llamado reencarnación). Hasta que se tenga evidencia científica y se pueda replicar en condiciones controladas, el renacimiento es una idea que vive en la fantasía.

Lo que tenemos es la realidad pura y cruda. Vamos a morir. Ese es el final de nuestra película, y lo sabemos.

Pero con el entrenamiento entendemos que la muerte es ese estado donde vivimos en la memoria de otros.

Justo por eso no es el final.

No hay adiós.

Sólo buenos recuerdos.