por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 20, 2012 | Budismo, Vida, Zen
Uno de los comportamientos humanos que más curiosidad me despierta, es el del robo.
No importa cuánto nos esforcemos, todos en algún momento de nuestra vida hemos robado algo. Robamos post-its o clips en la oficina, servilletas en un restaurante, dinero a nuestros padres, descargamos propiedad intelectual de la red, evadimos impuestos, usamos señal wi fi ajena, nos volamos* lo que sea con el pretexto de que somos más inteligentes… y lo peor es que nos justificamos creyendo que tenemos la razón.
Robamos. Esa es la cruda verdad. Lo hacemos todo el tiempo. Pero cuando nos llega a suceder y nos afecta, entonces sí nos parece algo antiético. Decimos que es violencia, que el crimen ha subido.
Cuando un político desaparece dinero o cuando una autoridad nos soborna, nos sentimos víctimas y clamamos por justicia y equidad.
El acto de robar es perturbador. Es irónico que robar roba tranquilidad para la víctima, y roba honestidad y honor para el culpable.
Todos sabemos que está mal y lo detestamos.
Pero, ¿porqué lo seguimos haciendo? Hay cientos de razones.
Seguimos usando lo ajeno porque muy en el fondo nos sentimos justificados. Si hay alguien que tiene más y mejores cosas que nosotros, en secreto lo odiamos.
Tomamos algo que no es nuestro porque ahí está. Porque hay oportunidad de no ser descubiertos.
En ocasiones es por pobreza extrema y porque hay una falta de oportunidades tajante, lo que obliga a alguien a tomar algo que realmente necesita.
Robar obedece a la avaricia, que es parte del Apego, uno de los Tres Venenos de la mente. Junto a la Ira y la Ignorancia, son los causantes de la infelicidad.
Como sea, el robo es real y hace que la sociedad se estanque, sin poder avanzar hacia una mejor cultura.
En el budismo, el segundo de los Cinco Preceptos dice:
Entreno para no tomar lo que no se me ha dado.
Habla sobre la la propiedad ajena y el derecho a la nuestra. Si algo no se nos ha dado libremente, no hay porqué robarlo ya sea en secreto, por fuerza, con engaños o fraude.
De la misma forma, aprendemos a no utilizar el dinero para comprar cosas que le pertenecen al público o a otras personas.
En un sentido más amplio, este precepto también significa que no tenemos que evadir nuestras responsabilidades. Si un día en la oficina somos negligentes con nuestro trabajo, entonces estamos robando tiempo que deberíamos pasar resolviendo nuestros pendientes.
Para detectar el robo es necesario poner atención a nuestro comportamiento y detenernos en seco antes de que suceda. Así nos damos tiempo para pensar en las consecuencias de lo que estamos por hacer.
Estas preguntas pueden ser de ayuda: ¿Perjudico a alguien? ¿Me sentiré bien si lo hago? ¿Me gustaría que me lo hicieran a mi?
No importa qué tan seductora sea la idea de tener cable gratis, robarlo a un vecino es inmoral y con seguridad tú de indignarías si fueras la víctima.
Practicar con este Segundo Precepto también incluye practicar la generosidad, que es una virtud que elimina el robo. Un practicante da al pobre y al enfermo porque entiende que ellos tienen necesidades más grandes.
Ser respetuoso de otras personas también es un rasgo de la generosidad.
Lo mismo aplica para atender las necesidades de nuestros padres, maestros y amigos. Ofrecer consejo y refugio a quien lo necesita.
Creo que si pudiéramos detener el acto de tomar lo ajeno, podríamos estar listos para una mejor humanidad.
¿Tú has robado algo? ¿Te sientes cómodo haciéndolo? ¿Cuál ha sido tu pretexto?
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*Volar: modismo mexicano para robar. «Me volé un libro» implica robo, pero justificado con inteligencia y humor. Apunta a una superioridad imaginaria del culpable. Lo sé, es muy lamentable.
Este es el segundo artículo de una serie sobre Los Cinco Preceptos. Para ver las entradas anteriores, clic aquí.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 17, 2012 | Budismo, Inspiración, Meditación, Vida, Zen
Para medir a un hombre sólo hay que darle un poco de dinero. Inmediatamente se comienza a mover.
La felicidad y la infelicidad no dependen únicamente del dinero. Si el balance de tu cuenta de ahorros fuera la medida de tu felicidad, todo sería muy simple. Y en realidad no lo es.
Sin dinero, las cosas se ponen difíciles. Sin embargo, deberías saber que hay cosas más importantes que el dinero. Constantemente piensas en sexo. Sin embargo, deberías saber que hay cosas más importantes que el sexo.
No vayas diciendo que necesitas acumular dinero para vivir. En este mundo puedes llevar una buena vida sin ahorros. Hasta los profesores eméritos están preocupados sólo en ganarse el pan del día.
Nada es más patético que alimentar tu ego con tu posición y salario.
«¡Trabaja, trabaja! Cuando trabajas obtienes dinero. Cuando tienes dinero, puedes relajarte y tener algo para comer.» Comparado con este pensamiento simplista, el marxismo es en verdad sofisticado.
Algunos piensan que son importantes porque tienen dinero. Otros piensan que son importantes porque creen comprender cómo funciona la vida. Pero no importa cuánto presumas ese saco de carne en el que vives, no dejarás de ser un demonio más. Porque todo eso que no te pertenece llena el universo completamente.
Cuando los pensamientos personales terminan, es cuando nace el buda-dharma.
En el mundo todo es ganar o perder, más o menos. Pero cuando meditamos, es sobre la nada. Meditar es bueno para nada.
Es por eso que zazen (meditar) es la más grandiosa e incluyente actividad que existe.
Dogen dice:
Las flores que enjoyan el cielo de mi corazón,
las ofrezco a los budas de los Tres Mundos.
Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti
Traducido por Kyonin
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 1, 2012 | Inspiración, Vida, Zen
Desde que tengo memoria he evitado pensarme como alguien espiritual, debido a toda esta niebla mágica que la sociedad le ha puesto encima al concepto. Siendo yo escéptico de todo lo imaginario y las filosofías basadas en pseudociencia, me he resistido a entrar en este estereotipo.
Por lo regular se piensa en la espiritualidad como un factor que nos conecta con la divinidad, nos hace creer en magia, brujería, pirámides, runas, adivinación, ángeles y demás entidades fantásticas.
Y por desgracia toda esta basura new age ha tocado al budismo y a la meditación, de tal forma que hay quien asegura que el Buda es una especie de ser mágico o dios que cuida a su fiel rebaño.
Sería fácil pensar que ser espiritual es creer en todo lo new age y lo imaginario.
Pero no. Espirtualidad es algo totalmente distinto.
La espiritualidad es la búsqueda constante e interminable para encontrar el camino interno que nos lleve a la esencia de nuestro ser, al encuentro de los valores que le dan sentido a la vida.
Procurar ser espiritual es identificar nuestros fantasmas y demonios, el cimiento de nuestro ego; para entonces comenzar a desmantelarlo día a día por medio del entrenamiento y la práctica.
Ser espiritual significa hallar la conexión nata con el universo y comprender nuestro lugar en él. Así podemos observar nuestra insignificancia, pero a la vez experimentamos la grandeza de estar vivos aquí y ahora.
Se es espiritual con actos de bondad y teniendo compasión por todos los seres vivos en el universo.
Y todo esto se logra con una sola herramienta: el poder puro y crudo de la mente humana.
Poniendo estas ideas sobre la mesa… ¿eres espiritual?
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Si quieres explorar estos conceptos, acompáñame en el próximo taller de espiritualidad para hombres y mujeres guerreras. Información aquí.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jul 13, 2012 | Budismo, Vida, Zen
Estoy en mi escritorio, mirando por la ventana cómo se moja el mundo por la lluvia de verano.
El sol no ha salido, así que es tiempo perfecto para escribir un poco.
Pero mi mente viaja llevada de la mano por la lluvia. Esta cae a la Tierra y es real. Te moja, hace charcos y da vida a todo. Aun si corres de ella, seguro terminas con los pies empapados.
No importa lo que hagas, la lluvia lo cubre todo. Está ahí, es real, es cruda, contundente y no la puedes evitar.
Y me doy cuenta que es todo lo que necesito.
La lluvia se comporta igual a las Cuatro Nobles Verdades.
La lluvia es la vida. Justo como el dharma.
Doy un sorbo a mi café.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jul 5, 2012 | Budismo, Inspiración, Meditación, Vida, Zen
Siempre te aferras a otros. Si alguien come papas fritas, también quieres papas fritas. Si alguien chupa un caramelo, también quieres caramelo. Si alguien sopla un silbato, gritas «¡Mamá, cómprame un silbato también!».
Y eso no sólo pasa en los niños.
Cuando llega la primavera, dejas que la primavera voltee tu cabeza. Cuando llega el otoño, dejas al otoño voltear tu cabeza. Todos están esperando a que algo los haga voltear. Algunos incluso viven de voltear cabezas: producen mercadotecnia y anuncios.
La gente adora la confusión emocional. Sólo hay que mirar los carteles de las películas en el cine: no hay nada más que confusión en los rostros que ahí aparecen. Buddha-dharma significa no ponerse a merced de la confusión emocional. Por otro lado, en el mundo, se hace revuelo por nada.
Se trata de ser una persona ordinaria. Esos sólo pueden ver con los ojos de la estupidez colectiva.
Estás rodeado de héroes y erradicas el valor para ser héroe tú mismo. No hay nada heroico en ello. Un ladrón de dice a su hijo: «Si no detienes esa maldita honestidad en este momento, nunca serás un ladrón respetable como yo. ¡Eres una desgracia para nuestra profesión!»
Un hombre pone cara de inteligente y habla de ser el Amo de la Tierra. Pero al mismo tiempo no sabe cuándo o cómo comenzar con su propio cuerpo. Mira deportes por la televisión y se defiende diciendo que todo mundo lo hace.
Vivimos en la estupidez de grupo y confundimos esta locura con la verdadera experiencia. Es esencial que te vuelvas transparente para ti mismo y que despiertes de la demencia.
Sentarse a meditar (zazen) significa abandonar a la manada y caminar con tus propios pies.
La gente es normal y soportable, pero cuando forman asociaciones con la manada, comienzan a ser estúpidos. Están tan empeñados en pertenecer a la estupidez de grupo que fundan clubes y pagan membresías.
Zazen significa abandonar la estupidez de grupo.
Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti
Traducido por Kyonin