No, no mereces abundancia

Foto: Sin Embargo

 

Por nuestra naturaleza egocéntrica, los humanos siempre estamos en la búsqueda de extinguir la angustia existencial que nos caracteriza. Queremos saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos. Eso está bien, es parte de nuestra identidad como especie.

Buscamos la espiritualidad en libros, en internet, en retiros, en vacaciones y hasta en drogas. Hay tantos sistemas como estrellas en el cielo. Eso también está bien porque no todas las personas son iguales y no todos tenemos las mismas necesidades. Tenemos el derecho de practicar y vivir nuestra espiritualidad con la filosofía que más nos llene.

El problema es que hay cientos de opciones mal fundamentadas, pésimamente investigadas y que son potencialmente peligrosas. Provocan que el ego crezca e implantan una serie de fantasías en las que se va por el mundo causando daño a todos los seres vivos.

Tal es el caso de la Ley de la Atracción, el Secreto y pseudo-religiones por el estilo.

Éstas plantean que tan sólo por ser tú, te mereces absolutamente todo. Que por desearlo con todo tu corazón, el universo cumplirá todos tus caprichos, por estúpidos o maléficos que sean. Son doctrinas seductoras porque acarician al ego. Te hacen sentir seguro de ti y de tu avaricia, entonces justifican tus acciones para salirte siempre con la tuya.

Y es ahí donde está el peligro.

Cualquier Ley de la Atracción está basada en la idea de que la vida/universo/cosmos/divinidad es para ti. Te separan del flujo de la existencia para violar conceptos elementales de biología. Hacen que veas a los demás seres como peones en tu juego de ajedrez personal. Te arrancan de ser parte de un ecosistema, para coronarte como emperador supremo rodeado de lacayos en donde todas tus acciones son válidas.

Comienzas a ver el dinero como motivo de existencia. La Madre Tierra es sólo un recurso a tu disposición. Las personas son máquinas que puedes desechar e incluso destruir si no sirven a tu Decreto.

Y lo más amargo es que al final, la angustia existencial sigue estando en el corazón. Por más abundancia que imagines, ninguna suma o pertenencias cubrirá el hoyo en tu corazón.

Escribo todo esto porque en México hay dos personas que vivieron la mentira de que sí merecían abundancia y dejaron a millones en la pobreza. Han causado muerte, desesperación y sus acciones seguirán marcando la vida de generaciones en el futuro. Perpetuaron un daño de magnitudes históricas por no poder encontrar paz interna.

La paz no viene con los excesos. La verdadera calma y plenitud espiritual vienen cuando entiendes que formas parte de la vida y que tienes que aportar a la vida misma, no destruirla o utilizarla para tu ego. Espiritualidad es sentirse unidos a los demás de forma profunda y de mutuo beneficio. Es tomar sólo lo que necesitas para vivir.

Espiritualidad es la cancelación del ego.

La felicidad es el resultado de estar en paz con lo que hay, con lo que es, sin necesitar nada extra. Es guiar tu existencia con Gratitud, Compasión y Generosidad.

Ninguna pseudo-religión que se base en el ego y en la avaricia nos llevará a la tranquilidad. ¿Cómo puedes estar bien contigo cuando causas daño a los demás?

No, no mereces abundancia.

Sí mereces el privilegio y la humildad para que cada uno de tus actos afirmen la vida de los seres que te rodean.

Sí mereces silencio.

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Para encontrar el amor de tu vida

 

Tienes un amor verdadero que jamás te ha abandonado. Ha estado contigo en cada instante de la vida. No renuncia a ti y se esfuerza por tener tu atención.

En tu infancia jugabas todo el tiempo a su lado. Era tu mejor compañía. Pero creciste.

Cuando te ve sufrir por las andanzas de la vida, se queda en silencio. Observa, se mantiene cerca y espera.

Saltas de ocupación en ocupación. Parecería que estás en una carrera donde gana quien más pendientes por hacer tenga. Sientes orgullo por lo que logras, lo que tienes, lo que eres. Haces planes para tu futuro imaginario o pasas mucho tiempo recordando lo que fue, lo que ya no está.

Pasas años de pareja en pareja, considerando si es la persona indicada con la que envejecerás. Lo intentas una y otra vez, pero nada cumple expectativas ni se acerca a tus ideales.

Cada 14 de febrero festejas el amor, pero dentro de ti sabes que hay una pieza del rompecabezas que aún no está.

En ocasiones sientes que está por ahí al bailar, besar o disfrutar algo. Se asoma por entre las sombras de tu mente o quizá le puedes ver por el rabillo del ojo. Giras la cabeza, para buscar, pero algo más llama tu atención y la búsqueda se pierde en la niebla de la conciencia.

El amor de tu vida no está en tus relaciones personales, en lo que compras o en tus títulos. Tampoco es una persona a quien puedas abrazar, porque lo abraza todo, lo contiene todo.

El amor de tu vida no festeja 14 de febreros y no depende de una fecha para ser especial o para hacerte mejor. Te da todo lo que necesitas y es tu hogar, pues sabe que donde quiera que estés, ya estás donde debes estar.

El amor de tu vida se llama Ahora y siempre está a tu lado. Es el presente perfecto.

Y se ha ido. ¿Lo viste?

Feliz 14 de febrero 🙂

 

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No necesitas tener muchas cosas, poema zen por Ryokan

 

Mi casa está en lo más profundo del bosque.
Cada año la hiedra crece más alta que año anterior.
Sin perturbarme por los asuntos del mundo, vivo en paz.
Raramente las canciones de los leñadores me alcanzan a través de los árboles.
Mientras el sol se mantiene en el cielo, remiendo mi ropa.
A la luz de la luna, me leo textos sagrados.
Permítanme dejar unas palabras para los que practican el zen:
Para disfrutar la vida inmensamente, no necesitas tener muchas cosas.

—Taigu Ryokan


Elegante y sencillo, Ryokan se mantiene presente y más necesario que nunca. La vida es plena cuando se está en paz, aun en el torbellino político de la humanidad.

Ten menos. Haz menos. Habla menos.

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Bondad en el agua de mariachi

 

WTF. Ahora sí Chocobuda se volvió loco. ¡Está escribiendo estupideces!

Sí, siempre escribo cosas que no tienen sentido alguno. Pero esta vez hay una razón y es algo que me sucedió ayer. Así que dame unos minutos de tu tiempo para explicar el incomprensible encabezado.

Estos días han sido de introspección y de aprendizaje para mi por todos los movimientos políticos que hay en el mundo. Entre crisis de refugiados, crisis económica, conflicto armado y más: mi país está siendo afectado por decisiones de otras naciones, resultando en un descontento y angustia por la incertidumbre.

No, no abordaré ese tema en particular. Es suficiente decir que había demasiado odio y miedo circulando por las redes sociales. Terminé con pesadumbre y tristeza, por lo que me desconecté por completo. De cualquier manera tenía que prepararme para la clase de meditación con el grupo local, además de que tenía una cita con una pareja que me ha pedido oficiar su ceremonia nupcial.

Tan pronto salí a la calle el cielo azul de la tarde me saludó. Un viento fresco movía las hojas de un naranjo y el niño de en frente jugaba muy animado con su perro.

Caminé hacia la parada de autobús. Observé con atención plena. Una madre hablaba con su hija adolescente sobre los deberes de la escuela. La sonriente dueña de una tienda atendía a sus clientes. Se escuchaba música alegre de una casa. El conductor del transporte iba sumido en sus pensamientos, pero estaba trabajando para llevarme a mi destino sin preguntas y sin oponerse.

Bajé del autobús y miré más personas trabajando, comiendo en un café, más niños jugando.

Tenía algunos minutos antes de la cita, así que fui a una tienda de conveniencia a comprar una botella de agua. Tenía sed. Habían varias personas en fila para pagar y llamó mi atención que antes de mi estaba un mariachi.  Sí, era un músico de algún mariachi que estaba comprando algo para comer.

En la ciudad donde se inventó el mariachi no es extraño verlos por la calle, así que solo miré y esperé mi turno. Mostré mi botella y un billete para pagar, pero la cajera me dijo que no había cambio. Buscó en la caja registradora, en varios cajones y no tenía cambio. Le dije que no había ningún problema y regresé el agua a su lugar. Me regresó el dinero y salí de la tienda.

En la entrada el Sr. Mariachi me detuvo.

—Oye, no te quedes sin agua. Es horrible tener sed— y me entregó las monedas exactas para pagar la botella de agua. Me quedé helado y le expliqué que mi problema no era falta de dinero, sino que solo era falta de cambio en la tienda. De cualquier forma me vería con unas personas en algún café.

Sr. Mariachi insistió con una sonrisa franca y puso las monedas en mi mano.

—Por favor compra tu agua. Luego tú puedes comprar agua para otra persona—, dio la vuelta y se fue. No dijimos nuestros nombres. Regresé a la tienda y compré la botella.

Al salir comencé a llorar de felicidad y humildad. Muchas cosas me quedaron claras.

La experiencia de ser humano incluye miles de cosas que no nos gustan. Siempre ha sido así y siempre lo será. Somos inconformes e ingratos por naturaleza. Es muy fácil engancharse en el mensaje de miedo que nos venden las noticias, resultando en una constante metralla de insultos, desesperación y separación. En todas las eras de la humanidad han habido personas que causan daño, políticos corruptos y conflictos. Desde que nací los medios de comunicación explotan el miedo, distorsionando la mente de la audiencia para mantenerlos enganchados y colocar más publicidad.

Ahora con las redes sociales hay más odio circulando, más separación y es muy fácil deprimirse para convertir la vida en una experiencia miserable.

No estoy diciendo que no hayan cosas para resolver. No soy tan ingenuo. Sólo estoy diciendo que caer en el juego del bully es muy muy fácil cuando no mantenemos la calma y la responsabilidad para actuar. Engancharnos en el miedo se ha convertido en parte de nuestra cultura y necesitamos ver a través de él para poder pensar con claridad.

Hay cosas maravillosas por las que debemos vivir y estar agradecidos: un cielo azul; un sol que volverá a salir mañana para dar calor y más oportunidades; madres que lo dan todo por sus hijos; trabajadores honestos; parejas dispuestas a formar un hogar de ceros.

Todo esto existe y es más trascendente que el miedo mismo. Es la vida expresándose, cultivando más vida, creando y siendo ella.

Somos parte de la vida, tan solo una pequeña expresión y a ella no le importan nuestros problemas o políticas. Si comprendemos esto podremos destruir todo tipo de barrera y regresar a ser Uno.

La Gratitud, Compasión y Generosidad son valores más grandes que tú y que yo. Necesitamos abrazarlos y convertirlos en nuestra religión. Sólo así se puede abrir el corazón para que el servicio a los demás sea la base de la felicidad y para inspirar a los jóvenes. Esta es la manera de solucionar los grandes problemas de la humanidad.

Existe la bondad en el agua de mariachi y no podría estar más feliz.

 

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La razón por la que no podemos ser responsables

 

Antes de leer este post haz una pausa y piensa: ¿cuál es el significado de la palabra responsabilidad? 

En la vida me he topado muchas ocasiones con las frases “es que no eres responsable”, “buscaremos a los responsables”,  “sé responsable de lo que haces”, “es tu responsabilidad hacer esto o aquello“. Varía el contexto y la situación, pero la palabra responsabilidad es parte fuerte de la cultura occidental.

Todos sabemos que necesitamos ser responsables de nuestros actos, palabras, de nuestro cuerpo, de nuestra vida y cuerpo, de votar, de trabajar, de comer mejor. Necesitamos aceptar la responsabilidad que implica ser padres, trabajar, estudiar y pagar la tarjeta de crédito.

Estamos hasta el cuello con la palabra y la detestamos. La rechazamos y hacemos todo lo posible por mantenerla lejos. Esto es porque tenemos un problema profundo con el significado que le hemos dado.

Asumimos que responsabilidad significa obligación, culpa, deuda, lista de pendientes, trabajo forzado, peso, cadena.

Con esta relación tan horrible que llevamos con la palabra, no es sorpresa que nos cause malestar.

Recientemente, mientras estudiaba las Cuatro Nobles Verdades, encontré un viejo texto Rinzai que analizaba la palabra y me pareció tan acertado que cambió la manera en la que pienso:

Responsabilidad es libertad. 

Las raíces latinas son:

Responsum: respuesta.

bilis: sufijo. -que es capaz, -que puede.

Responsabilidad es la habilidad de respuesta que tenemos ante los fenómenos que nos rodean. 

Nuestra mente, nuestro cuerpo, la sociedad… todos los seres vivos tenemos una habilidad de respuesta ante las cosas que pasan en el universo. Si tenemos hambre respondemos buscando opciones de alimento. Si estamos cansados respondemos buscando opciones para sentarnos un momento. Si nos sentimos solos respondemos buscando opciones para acompañarnos. Si hay frío o calor, respondemos buscando la manera de que el clima nos sea más agradable. Ante el peligro respondemos ideando opciones para regresar a la seguridad.

Ser responsables nunca ha sido sobre sentirse encadenado u obligado a hacer cosas. Ser responsable implica la libertad de tener opciones para actuar, de desarrollar esta capacidad de respuesta natural para los seres vivos.

Ser responsables es entender las situaciones sin ceder a la ira o desesperación, para así abrir puertas y forjar puentes que afirmen la vida misma.

Shakyamuni Buda nos marcó un camino a seguir cuando nos dejó las Cuatro Nobles Verdades, pues al entenderlas sabemos que somos responsables de nuestra propia felicidad. Pero no es una obligación, sino es la entereza de mantenerse en calma para ver las millones de alternativas que están en nuestra nariz. No las vemos porque estamos muy ocupados sintiendo culpa y buscando culpables externos.

Vivir con responsabilidad es despertar el verdadero Ser, el que se funde con la vida y que trabaja con ella, no en contra.

Ser responsable es desarrollar la inteligencia para tener una vida plena con base en las múltiples opciones que siempre han estado ahí. En lugar de convertirse en cadena, nos da rango de acción y un sentimiento inigualable de tranquilidad.

Cambiar el concepto de responsabilidad es un koan por sí mismo, pues es nuestra responsablidad (búsqueda de opciones) legítima hacerlo.

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Mente con hábitos positivos, mente en paz

 

 

Llevar una vida con disciplina y hábitos, resulta en una práctica mucho más enfocada y con mejores intenciones para la vida cotidiana.

Varios amigos lectores me escribieron para pedir más posts sobre cómo forjar nuevos hábitos y cómo llevar a buen término la intención de mejorar nuestra vida.

Aprovechando que este año está comenzando y que muchos aprovechan el mes de enero para aventurarse en nuevos hábitos, creo que es buena idea hablar sobre cómo lograrlo.

Esto me puso a pensar lo mucho que las cosas han cambiado para mí desde que decidí perder el miedo a experimentar. Pasamos los días haciendo las cosas como lo aprendimos de nuestros padres; y jamás nos detenemos a pensar si existe una forma más eficiente de obtener los resultados.

La Receta de Pastel de Fresa de la Abuela© será la misma receta y jamás será puesta a prueba. Es más, nadie se atrevería a cuestionarla, ¿correcto? Los mismos ingredientes, mismos procedimientos producen el mismo resultado. Seguirla al pie de la letra es una tradición y un hábito que simplemente está.

Vamos por la vida resolviendo problemas de la misma forma. Nos sentamos en un muy cómodo cojín, el cual nos absorbe y nos entumece el sentido crítico.

Es cierto que para los budistas es natural aceptar las cosas como son, pero eso no significa que no estemos en la búsqueda de formas óptimas que nos den más tiempo y tranquilidad.

Así, forjar nuevos hábitos es una cadena de acciones que mejoran la vida y calman la mente porque llegamos a un punto en el que sabemos que estamos tomando el control sobre lo conocido. Nos atrevemos a empujar los límites sólo un poco más, hasta que la nueva actividad se convierte en estándar y seguimos adelante con el aprendizaje.

En lo personal puedo decir que crear nuevos hábitos retando el conocimiento convencional, ha mejorado mi tonta existencia. Me curé el insomnio, adquirí orden en el trabajo, adopté la meditación como parte de mi vida, aprendí lo básico de un par de idiomas de mi interés, mejoré mi alimentación, me volví corredor… y la lista puede seguir.

Por supuesto no puedo decir que mi vida es perfecta y mucho menos puedo decir que soy un ejemplo. Todo lo contrario. Soy bastante bestia y justo porque mi vida es caos y golpes contra la pared, es la razón que busqué la tranquilidad por medio de los nuevos hábitos.

¿Cómo comenzar un nuevo hábito?

Perdiendo el miedo a experimentar y reconociendo la necesidad primigenia que nos mueve hacia la búsqueda. Y de ahí en adelante comenzamos a actuar hacia lo que queremos.

No es lo mismo querer bajar de peso por vanidad, que hacerlo por una preocupación clara por nuestra salud.

Conforme pasen los días escribiré más sobre el tema.

¿Tienes algún secreto para comenzar a desarrollar nuevos hábitos? ¡Comparte en los comentarios!

Si necesitas un método probado ya por muchos amigos lectores de este blog, te invito a tomar Shojiki, el taller de hábitos donde la meditación es la espina dorsal de nuestra práctica.

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