10 beneficios personales contundentes de la meditación en mindfulness

Luego de más de 3,000 años de tradición asiática y de innumerables tomos sobre el meditar, me llama mucho la atención cómo la cultura occidental está descubriendo las maravillas de la práctica del mindfulness.

A pesar de vivir en un mundo que nos exige resultados y títulos rimbombantes, poco a poco vamos re-descubriendo que prestar atención en silencio al presente tiene más beneficios de los que podemos siquiera imaginar. Estudio tras estudio, la ciencia confirma que el mindfulness no sólo es necesario, sino que debe formar parte importante de nuestra vida.

Sin embargo el simple hecho de apagar el móvil o dejar de lado Facebook para estar en silencio por 1 minuto nos produce angustia. Nos negamos ante la espantosa posibilidad de enfrentarnos a nuestros propios pensamientos, además de que esta cultura nos ha orillado a rechazar el aburrimiento para mantenernos entretenidos con cosas irrelevantes que no requieren esfuerzo mental.

Cuando alguien se decide a probar las aguas de la meditación, siempre hay dejos de duda y de miedo. ¿Podré con esto? ¿Será  tan bueno? ¿Me veré ridículo? ¿Será fácil? ¿Será del demonio? Esto es normal porque el mindfulness se ha hecho de muy mala reputación gracias a nuestros amigos del new age, que presentan el meditar como una actividad espiritual y de contacto paranormal con todo tipo de arquetipos imaginarios.

Alguna vez alguien muy clavado en el new age me aseguró que meditar le daba el poder de resucitar animales muertos.

Esto es falso. El mindfulness es una disciplina abierta, libre y natural para cualquier persona. No tiene nada de mágico, sino al contrario; es una práctica que nos pone los pies en la tierra y nos hace vivir la realidad sin basura mental.

Seguro, es posible tomar la meditación como un sistema espiritual y de crecimiento, en que se pueden alcanzar niveles muy profundos.

Pero el punto es que a nivel pragmático y cotidiano, el mindfulness nos regala más de lo que esperamos.

Aquí una lista de 10 beneficios personales contundentes que llegan después de meditar por al menos 6 semanas:

1. Reduce el estrés. Al relajar los músculos y enfocar la atención a una sola cosa, se reducen los niveles de cortisol en el cerebro.

2. Mejora la salud en general. Al entrar en mindfulness por al menos 20 minutos, se reduce el ritmo cardiaco y los niveles de inflamación del cuerpo.

3. Incrementa la capacidad de aprendizaje y estudio. Debido a que la práctica de meditación requiere entrenar la mente a fijar la atención en una sola cosa, nos es mucho más fácil mantener la concentración a la hora de aprender. Esto es de valor supremo para estudiantes.

4. Ayuda a aceptar la realidad. Cuando la realidad nos da con todo, meditar nos ayuda a entender las cosas sin crear expectativas falsa y sin sufrir. Esto se llama aceptación, lo cual nos da bases sólidas para salir adelante y sin dramas.

5. Nos hace conscientes del momento actual. Al ser humano le gusta mucho perderse en recuerdos o en planes del futuro. Esto es antiproductivo porque perdemos tiempo y dejamos de prestar atención a lo que hacemos.

6. Nos vuelve más productivos. Vivir en mindfulness nos pone los pies en la tierra y nos da enfoque para terminar nuestras actividades sin distracción.

7. Termina con la depresión. Meditar diario nos ayuda a dejar ir las cosas que nos lastiman y nos conecta con el mundo como es. Así la depresión se desgasta poco a poco hasta desaparecer.

8. Termina con el insomnio. El meditador duerme mejor porque entrena el cerebro a bajar la actividad cerebral bajo demanda.

9. Nos vuelve más creativos. La práctica del mindfulness hace que la creatividad fluya libre porque reduce el ego y las cadenas de nuestras opiniones. Así nos vuelve libres para solucionar problemas de manera más eficiente.

10. ¡Es la puerta a la felicidad! Con todos estos beneficios juntos, el meditar hace que el drama se vaya, el ego se deslava, somos más compasivos, sanos y mucho más productivos.

Con todos estos beneficios, ¿aún te resistes a practicar mindfulness?
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Creatividad de los lugares menos esperados

En los más de 20 años como creativo y trabajando para agencias y diversos clientes, me topé con problemas que retaban mi inteligencia al máximo.

Había quienes no sabían bien lo que querían, pero esperaban un resultado espectacular. Estaban los que asumían que sabían más que el creativo, y no puedo olvidar a los pocos que me daban linea abierta para crear lo que yo quisiera.

En todos los casos mi compromiso era fuerte porque entendía que las personas invierten dinero en material publicitario, web o editorial y necesitan sacar el máximo provecho. A algunos esto los convierte en personas muy irritables y que están en constante presión. Misma que transmiten a los que trabajan con ellos.

Eso para mi siempre fue un reto porque quienes están bajo presión constante se dejan llevar por la prisa, la ira y el enojo; sacrificando la razón y su inteligencia en el proceso. Ésto deja poco espacio para avanzar en el trabajo creativo y uno se debe adaptar a producir con mayor velocidad.

Así que debía recurrir a mi creatividad de manera acelerada, forzando al máximo la mente y produciendo ideas a todo vapor.

¿De dónde sacar ideas? A veces la música ayuda mucho. Ver libros con trabajos de otras personas también ayuda.

Pero donde siempre encontré la mayor fuente de creatividad era cuando botaba todo lo convencional y me dedicaba a observar mi entorno.

Descubrí que la creatividad siempre está ahí, pero con la presión de la vida la vamos cubriendo con basura mental.

¿Cómo encontrar la respuesta a un problema cuando estamos tan centrados en la urgencia? ¿Cómo solucionar cualquier situación si el ego nos ha vuelto engreídos y obtusos?

Al tener la mente tranquila se puede sentir la claridad o lo pesado del aire. Se pueden ver colores y formas con ojos frescos. Los números, las recetas, las notas musicales… ¡todo se percibe en niveles más profundos con la mente serena!

Yo sé que existe el mito de que producimos mejor bajo presión, pero una cosa es tener la necesidad de resolver cosas rápidas y otra es hacerlo de manera óptima y bien pensadas.

Al estar centrados y enfocados podemos descubrir que la solución a un reto no está en producir ideas aleatorias para ver cuál funciona. No.

La creatividad corre por las venas del ser humano, está en nuestra naturaleza, y es mucho más fluida si practicamos la atención consciente.

Para ello entrenar en mindfulness es una gran ayuda, así como apagar las distracciones, cerrar los libros, callar las conversaciones y salir a caminar.

La creatividad se manifiesta en los colores de un parque, en la sinfonía de la ciudad, en las matemáticas que suceden bajo nuestra nariz.

Es cuestión de dejar el ego de lado para vivir en el presente y poder crear.

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Creatividad para la vida cotidiana

—Mamá, ¿porqué no intentas agregar un poco de vinagre a la sopa? Con una cucharada es suficiente. Yo lo he hecho y mejora el sabor, además de que extrae más minerales de los ingredientes.

—No. Así siempre la hemos hecho en la familia. Tu abuela no era tonta.

He escuchado discusiones de este tipo muchas veces a lo largo de mi vida, en diferentes familias.

En cuestión de aprendizaje, la experiencia de crecer en este mundo es peculiar, por decir lo menos.

Nacemos, vamos a la escuela, aprendemos todo lo que se necesita y poco a poco vamos experimentando cómo se resuelven los problemas de la vida.

Probamos un método o sistema, y si funciona, lo adoptamos para el resto de nuestros días. Quizá con algo de tiempo podemos modificar lo aprendido para ser más eficientes pero, ¿cuántos de nosotros estamos realmente interesados en cambiar los sistemas aprendidos?

La triste realidad es que muy pocas personas están dispuestas a salir de la comodidad para modificar lo que ya funciona. ¿Para qué esforzarse?

Uno de los factores que más disfruto de la vida es la asombrosa capacidad que tenemos para cambiar el medio ambiente. De hecho, uno de los motores más grandes para el crecimiento humano es la incomodidad.

Si hay algo que no nos gusta, luchamos por cambiarlo a como de lugar. Pero cuando las cosas ya están bien, regresamos a la comodidad y la búsqueda termina.

ACLARO: No tiene nada de malo aceptar las cosas como son. La aceptación es un valor budista importantísimo y necesitamos cultivarlo diario. Ésto no significa que debamos rendirnos y esperar la muerte. No. Se trata de reconocer el estado actual de las cosas y usarlo como cimiento para construir una mejorar vida para el beneficio propio y de las personas que nos rodean.

Y aquí es donde entra el impulso creativo humano.

La creatividad es la habilidad de buscar soluciones inteligentes e innovadoras para un problema dado.

Ya sea un proyecto artístico, matemático, culinario o de placer, la creatividad es una expresión natural para nosotros.

Claro que esto todo mundo lo sabe. Admiramos a las personas creativas y todo el tiempo estamos consumiendo ideas que producen otros.

Si es tan importante y tan humana, ¿entonces porqué evitamos ser creativos?

Por ego.

El ego, siempre gordo y amante de la comodidad, es el que nos impulsa a sentarnos quietos sin cambiar las cosas. Es el que nos hace sentir bien con lo establecido y evita todo tipo de esfuerzo para mejorar. Si no ponemos atención al ego y lo controlamos, nos volvemos apáticos y veremos a los creativos como enemigos.

La apatía es una fuerza negativa devastadora porque mata la creatividad; lo cual nos estanca y corta todo tipo de crecimiento personal.

¿Cómo hacer que fluya la creatividad? Existen muchos métodos, pero comparto sólo algunos que me han funcionado:

  • Practicar Mindfulness diario (meditación no necesariamente budista)
  • Preguntar siempre: ¿hay una mejor manera de hacerlo?
  • Imaginar. Sí, imaginar una historia de cómo un super héroe resolvería el problema es divertido, pero también destapa los jugos creativos del cerebro.
  • ¡Experimentar sin miedo!

El último punto será explicado con más detalle en próximos posts. Gracias a que perdí el miedo a la experimentación he hecho cambios importantes en cosas tan simples como afeitarme mejor. Suena tonto, pero ésto me ha generado ahorro y piel sin cicatrices.

¿Cómo aplicas la creatividad a tu vida cotidiana?

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Mente de principiante [Shoshin]

Como buen geek/friki siempre me gustó llenar mi cabeza de historias y aventuras fantásticas. Una historia recurrente en mi infancia y adolescencia era pensar en el super poder que me gustaría tener. A veces quería volar como Superman. Otras quería ser mega inteligente como Batman o Ironman. Cuando visitaba una piscina, quería ser Namor. Y claro, casi todo el tiempo yo era el mejor Jedi Master imaginario.

Esta mentalidad de fantasía es fundamental para el crecimiento porque nos hace ver la vida con otros ojos y nos pone en los zapatos del héroe. Por un breve momento tomamos un respiro para pensar como él o ella y ver resueltos nuestros problemas con ojos frescos. Esto nos obliga a ser creativos y salir de todos los retos de la mejor manera posible.

El budismo zen me gusta por muchas razones, pero una de ellas es por que nos da a todos super poderes que podemos utilizar en la vida cotidiana.

Uno de ellos se llama Shoshin o Mente de Principiante, que es la disciplina de ver la vida siempre con ojos frescos, dejando de lado el ego y los prejuicios, con toda humildad.

Este concepto, cada vez más raro en nuestra cultura, es vital para una mente sana porque es una espada destructora de egos que siempre está afilada.

He pensado en esto porque me he topado con personas que asumen que ya lo saben todo porque leyeron un par de blogs o porque leen el Twitter de algún escritor. Y de pronto son expertos en lo que sea.

Esto les da la ilusión de que son mejores que todos y van por la vida emitiendo juicios; que resultan en cadenas personales que los cierran a otros puntos de vista. Con ello también cortan la posibilidad de crecimiento porque asumen que ya no hay nada más allá para aprender.

Quien practica la mente cerrada está sembrando la semilla del sufrimiento. Primero y más importante, se intoxican de los vapores emitidos por su propio ego. Cometen errores fundamentales como asumir que conocen a tu pareja al 100% y que ya no hay nada más que los sorprenda. Creen que ya no hay nada más para mejorar su desempeño en el trabajo o escuela. Toman su propia opinión como realidad absoluta y dejan de dar crédito a la inteligencia de los demás.

Esto es como una fábrica de sufrimiento que afecta a todos por igual, creando conflicto entre personas y naciones.

En contraste, alguien que practica Shoshin siempre está abierto al cambio.

La Mente de Principiante nos da paz porque entiende la impermanencia de las cosas y valora todo lo que hay.

Shoshin es un valor supremo para poder resolver problemas de manera inteligente y fresca, utilizando los menores recursos posibles.

Las relaciones personales de un Principiante siempre son sanas porque sabe que todos son sus maestros y que siempre hay algo nuevo qué aprender.

Quien usa este principio se convierte en una persona mucho más creativa e innovadora, porque se requiere humildad para entender que nunca nadie puede ser experto.

Todos somos principiantes. El verdadero truco es mantenerse siempre como principiante.

Si quieres cultivar la Mente de Principiante, te invito a tomar el Reto de Aria Stark. Te apuesto que te sorprenderá el resultado.

Quién sabe. Podría ser el mejor super poder que puedas ganar :)

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Sin esperanza del futuro

“Saludos, amigo mío. Todos estamos interesados en el futuro, porque es ahí donde tú y yo pasaremos el resto de nuestras vidas. Y recuerda, amigo. Los eventos del futuro te afectarán en el futuro. Estás interesado en lo desconocido… lo misterioso. Lo inexplicable. Por eso es que estás hoy aquí.”

Crislwell, Plan 9 From Outer Space (la peor película jamás filmada, del director Ed Wood)

Los seres humanos somos animales muy curiosos, a diferencia de otros mamíferos. A pesar de que nuestro cuerpo esté en un lugar, tenemos la capacidad de que la mente vuele a lugares muy lejanos, doblando el tiempo y el espacio para satisfacer al ego.

Hay quienes deciden vivir atascados en el pasado. Viven del recuerdo y la nostalgia de la música de sus años de adolescencia. Adoran el recuerdo de la novia o el novio de la secundaria. No sueltan sus discos de Caifanes o sus programas de televisión con los que crecieron. Atesoran nostalgia y sueños que jamás se cumplieron. Ven con alegría sus años anteriores y no dan crédito a ser felices por lo que son el día de hoy.

También hay quienes se han encadenado al futuro. Crean fantasías de lo que no ha pasado. Algunas son alegres, como ganar la lotería. Otras son nefastas y angustiantes como conflictos personales o problemas de trabajo. Se abrazan tanto al futuro que lo portan como una cadena en el cuello.

Algunos vivimos en ambos mundos y estamos preocupados de tiempo completo.

Todo esto lo escribo porque estas últimas semanas me he topado con amigos y alumnos que están angustiados por el futuro.

No saben qué pasará y han decidido abrazarlo y no ver que futuro es sinónimo de fantasía. Como no sabemos qué vendrá y como no agradecemos lo que tenemos hoy y aquí, vamos generando presión dentro de nosotros. Buscamos a toda costa asegurar el futuro.

Pero, ¿cómo podemos asegurar algo que no sabemos si pasará o no? Es imposible. Podemos anticipar algunas cosas, pero la vida siempre sigue su carrera y tiene sus propios movimientos. Son tan grandes que escapan nuestra comprensión.

Vamos tratando de controlar la vida como si tuviéramos algún poder real sobre ella. Entonces viene una de las actitudes más tontas del ser humano: tratamos de controlar una fantasía sobre algo que no ha sucedido.

No tiene nada de malo tener un seguro de gastos médicos, claro. Tampoco tiene nada de malo querer lograr un título universitario o un negocio propio.

Lo que nos vuelve infelices es abrazarnos a los objetivos y generar obsesión por ellos. Cuando esto pasa, estamos sujetos a olvidar que la Señora Impermanencia siempre puede llegar a demostrarnos quién manda. Y no, no somos nosotros.

Cuando el ego crece sin control y creemos que somos dueños de la vida, es cuando más sufrimos al entender que no poseemos nada. Ni siquiera el aire que respiramos.

En el budismo zen jamás hablamos de esperanza. De hecho, la destrozamos y la tiramos a la basura porque no nos sirve.

La esperanza es la fabricación de un futuro ideal al cual nos abrazamos. Es el rechazo absoluto del presente para cambiarlo por la idealización del futuro.

Esperanza es igual a fantasía. Invalida nuestro criterio y la capacidad de actuar el día de hoy.

Por supuesto, siempre podemos pensar en que las cosas serán buenas en los años venideros. Pero si no trabajamos por ello, jamás sucederá. Hay que plantearse un destino al que llegar, pero sabiendo que la vida cambia cada segundo.

El futuro se construye aceptando la vida como es aquí y ahora; para entonces trabajar con lo que tenemos hoy.

 

 

 

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Feliz día del amor (universal y la compasión)

El amor es un sentimiento importantísimo para la humanidad. Por amor estamos decididos a hacer lo que sea, incluso morir. Ha alimentado corazones y mentes a lo largo de la historia. Ha nutrido extensos estudios y textos que intentan explicar su naturaleza para poder manejarlo mejor.

Cada 14 de febrero celebramos el amor y la amistad con regalos, chocolate, arrumacos y buenos deseos. Es la causa de nuestras pasiones y de nuestro sufrimiento. Y es, en gran parte, el culpable de nuestros problemas de sobre población.

O eso es lo que pensamos porque la verdad es que simplemente no podemos comenzar a comprender el amor.

Al hablar de amor lo primero que pensamos es lo más básico: la familia, la pareja y los amigos. Es una especie de amor que alimenta la cultura humana, pero es el tipo de amor más simple y dañino que existe.

Pero Chocobuda, el amor es lo más maravilloso y se siente re-bonito acá adentro. Sobre todo cuando mi Gertrudis me da besos por todos lados. ¿Cómo es posible que sea dañino?

Para algunas escuelas de Budismo Mahayana existen dos clases de amor. El amor simple y el amor universal.

El amor simple, el que celebramos el 14 de febrero, es tóxico porque está basado en la posesión y el apego. Es cuando la palabra YO fundamenta todas nuestras acciones y entablamos relaciones con las personas por que nosotros somos los que nos sentimos bien. Edifica el ego.

Entonces en nombre del amor manipulamos, mentimos, “conquistamos” y tomamos el control de las personas. Por supuesto que esto es una ilusión ya que todos somos independientes, pero vamos por el mundo asumiendo que somos quienes movemos los hilos de las relaciones.

Aquí viven el deseo, el apego, la esperanza y las fantasías de todo tipo. Es decir, se trastorna nuestra apreciación de la realidad y nos mudamos a este mundo ilusorio que invalida la inteligencia.

Así amar se convierte en un templo al ego en donde depositamos en otros la responsabilidad por nuestra felicidad. Generamos apegos enfermos donde no podemos estar bien sin ver o tocar a la persona, ya sea hijo o pareja.

Si algo le pasa al objeto de nuestro amor, quedamos devastados. Curiosamente, si lo mismo le pasa a alguien más, miramos todo con insensibilidad y no hacemos nada más que seguir con nuestra vida.

Este tipo de amor es centralizado y divisorio. Sólo amamos a los que están e nuestro bando, nuestra familia o equipo. La mente divisoria nace aquí, junto con la desigualdad y las diferencias. El pensamiento es “yo amo a mis padres, pero no a los tuyos”; “yo ayudo a los de mi equipo, pero odio a los contrarios”; “yo amo a los de mi religión, pero detesto a los que creen en otra filosofía”.

Sobra decir que el amor simple es la semilla del sufrimiento, el deseo y el odio.

En contraste, el budismo se inclina por cultivar el amor universal. Éste es un tipo de amor perfecto en donde todo el universo es contemplado como una unidad sagrada y completa.

Esta otra clase de amor tiene dos partes: metta y karuna.

Metta o amor gentil, es el amor por todos los seres vivos del universo, olvidando especies, etiquetas, religiones, política, fronteras, colores de piel y generos. Es entender que todos los seres vivos somos capaces de sufrir y que todas las lágrimas son saladas. Metta es querer con toda el alma la felicidad para todos los seres sintientes, bajo la inteligencia de que no hay nadie mejor o por encima de nadie. Todos somos uno.

Karuna es compasión (budista), que es la serie de acciones que nos mueven a buscar la felicidad y bienestar de todos los demás. Es una postura proactiva por hacer lo mejor en beneficio de otros.

Practicar amor universal abre la mente a la diversidad, a la cultura y libera al objeto de nuestros sentimientos. Con este amor entendemos que todos los seres son libres e impermanentes. Y justo porque nada dura para siempre, valoramos las relaciones personales como las joyas más hermosas.

El amor universal brinda felicidad a todos por igual, tanto para el que da como para quien recibe.

Un padre que practica amor universal educará hijos libres y llenos de compasión. Verá por igual a sus hijos que a los hijos de su vecino porque entiende que todos son seres vivos al mismo nivel, dignos de ser cuidados y de recibir guía y ternura.

En cambio, un padre que ama con apegos y vendas emocionales, manipulará a sus hijos para conseguir lo que él quiere. Sufrirá la impermanencia de forma épica cuando los hijos se tengan que ir, mueran o no reaccionen como él imaginó.

En la pareja el amor universal crea gratitud y bienestar. Amos saben que juntos son un solo ser que camina un paso a la vez y hacia el mismo lado. Trabajan por el crecimiento mutuo. No hay manipulación ni intenciones ocultas. La sexualidad es parte importante, pero el respeto y la comprensión son la base.

Pero una pareja de amor simple se comporta con base en la mentira, manipula, traiciona y cada uno busca afirmar su lugar en el universo a costa del otro. La sexualidad es en muchos casos lo único que los mantiene juntos.

El amor universal es infinito porque es continuado y transmitido de un corazón a otro. Cada acto de compasión, cada sonrisa, cada detalle de amistad incondicional, son un paso adelante.

El amor universal es perfecto porque es desinteresado y da felicidad a todos los seres vivos. Y es tan fácil como comenzar a practicarlo.

 

 

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