Iniciamos este nuevo ciclo de charlas donde estudiaremos juntos Genjokoan, de Master Dogen. Daremos una mirada a lo que entendemos como la realidad desde la perspectiva del Budismo Zen., pero antes de eso debemos preguntarnos: ¿qué entendemos por realidad?
Es un tema complejo y con muchas aristas. Muchas personas y filosofías han tratado de abordar el tema y la implicancia para nuestra experiencia humana. En este Zazenkai comenzaremos a explorar de manera introductoria las diversas miradas de la realidad, desde la filosofía, física, biología y espiritualidad. Esto nos servirá de base para luego adentrarnos a cómo a través de Shikantaza podemos experimentar esta realidad a través de nuestra practica.
Genjokoan es la realización del punto fundamental de la realidad.
¡Los esperamos!
Dana
Los monjes budistas dependemos de la generosidad de nuestra comunidad para nuestro sustento. No tenemos salario y vivimos con sencillez, por lo que cada donación es muy apreciada.
Con tu ayuda, me es posible continuar difundiendo las enseñanzas del Buda y de los Patriarcas del Zen, y compartiendo su mensaje de compasión con el mundo.
Tu donación me ayudarás a seguir ofreciendo clases de Budismo Soto Zen, Zazen y otras actividades que benefician a la comunidad. ¡Gracias por tu amabilidad y generosidad!
Zazenkai significa Meditamos Juntos, y son las reuniones semanales de una sangha Soto Zen. En Grupo Zen Ryokan nos reunimos todos los domingos, para una pequeña ceremonia, practicar Zazen juntos y aprender Budismo Soto Zen.
Si estás fuera de Guadalajara, Jalisco, puedes participar con nosotros vía Zoom en vivo, o ver la transmisión grabada en YouTube.
Si estás en la ciudad, te esperamos en el Árbol del Yoga, siempre y cuando sigas al pie de la letra las medidas de prevención por la contingencia sanitaria. Detalles aquí.
El tema del día será: Genjokoan 1. La realidad ¿es real?
Los espero:
Día: Domingo 7 de junio de 2026.
Hora: Ciudad de México / Guadalajara 10:00h Caracas / La Paz 12:00h Madrid 18:00h
Por respeto al Maestro y los asistentes, LLEGAR TEMPRANO. Comenzamos a la hora en punto y se cerrará la reunión de Zoom.
Duración: 90 minutos.
Lugar: Sala de Zoom. El enlace a la sala será publicado 15 minutos antes en el grupo de difusión en WhatsApp. Clic aquí.
Si no te puedes conectar a esa hora, puedes participar en la grabación que quedará en YouTube.
Indicaciones especiales para Zoom:
Descargar nuestro cuaderno de liturgia de https://1drv.ms/w/s!Akxki0vbnRKilJdQA9WC8DyqzTqBaA?e=swI1t4
Llevar ropa cómoda.
Preparar cojín, silla o zafu.
Tener agua disponible.
Elegir un lugar donde se pueda ver la pantalla con claridad y tener espacio para moverse y sentarse en un cojín o silla.
Seguir las instrucciones que daré en el video.
Un poco de incienso siempre es buena idea.
Espero verlos ahí. Cualquier duda o pregunta ya saben que siempre estoy disponible.
Antes de llevar los hábitos de monje budista y afeitarme la cabeza, yo era un trabajador de oficina común y corriente… bueno, tal vez un poco más friki de lo normal. En cuanto caía el depósito de la quincena, corría a quemar mi dinero comprando, anime, cómics, juegos de rol, figuras de colección, videojuegos o cualquier chuchería innecesaria que se me cruzara por enfrente. Al final del mes, por supuesto, me quejaba amargamente porque no me alcanzaba para nada. Vivía con angustia, sufriendo bastante y obsesionado por tener cada vez más.
Hoy mi realidad es muy distinta. No tengo un sueldo seguro y, a los ojos del mundo, no poseo nada de valor material. Sin embargo, el dinero ya no es una preocupación constante. Ojo: lo sigo necesitando como cualquiera para pagar la comida y los servicios, pero ya no me obsesiona ni me domina. Este cambio se lo debo en gran parte a mi maestro, quien con infinita paciencia me ayudó a ver el dinero desde una perspectiva espiritual y acuñó un término que transformó mi relación con el dinero por completo: la «Budaconomía».
Hoy quiero compartir contigo, aquí en Chocobuda, de qué se trata esta filosofía y cómo puedes aplicarla a tu propia cartera. Aunque ya hablé de este tema en las charlas de Zazenkai de este año 2026, quiero dejarlos por escrito para que sirvan a más personas. Este es el primer artículo de una serie sobre Budaconomía. A cada entrada del blog le acompañará un video con la charla correspondiente.
Por favor toma muy en cuenta que no sé absolutamente nada de economía ni de cómo funciona el dinero en realidad. Son solo observaciones que podrían ser útiles, pero sugiero que leas libros sobre el tema o que tomes algún curso de finanzas personales.
Recomiendo muchísimo leer el libro Zen en la plaza del mercado, del Maestro Dokusho Villalba. Expone de manera brillante cómo nos comportamos frente al dinero y el culto que hemos creado a su alrededor, y nos muestra cómo la práctica del Zen es la medicina ideal para sanar nuestros males financieros a nivel personal, social y espiritual.
¿Qué es el dinero realmente?
Antes de ponernos a hablar de números, presupuestos o crisis, vale la pena hacernos una pregunta muy simple pero que casi nunca nos hacemos: ¿qué es el dinero realmente?
Lo usamos, lo deseamos, lo necesitamos, pero nunca nos detenemos a pensar qué es. ¿Cómo es posible que nos obsesionemos con algo y no sabemos claramente qué es? Por fortuna, hay muchas definiciones útiles en todo internet.
Sí, claro, técnicamente es un invento humano para facilitar el intercambio de cosas y servicios. Pero si miramos un poco más de cerca, el dinero es energía espiritual condensada. En cada billete o en cada cifra que ves en la pantalla de tu celular hay guardadas horas de vida, esfuerzo, atención, desvelos e intenciones de muchísimas personas. También incluye la vida y la esencia de todas las criaturas y recursos de la Madre Tierra. El dinero es, literalmente, pedacitos de vida.
Por eso, acumular dinero de manera desmedida y egoísta no es un capricho inocente; es, en el fondo, acumular la vida de otros seres. Y la verdad es que nadie tiene ese derecho.
En los tiempos difíciles que corren, el dinero se vuelve dolorosamente visible. Pesa en el carrito del súper, en el recibo de la renta, en las medicinas y en ese miedo constante que se nos mete en el pecho cuando pensamos en el futuro.
Desde la perspectiva del Zen, el dinero no es bueno, pero tampoco es malo. No lo demonizamos, pero vaya que le quitamos la máscara. Es una herramienta muy útil, pero nunca un refugio definitivo. Cuando lo convertimos en nuestra obsesión, sembramos las semillas de nuestro propio sufrimiento. Al final del día, para el Zen la economía no se trata de «cuánto tienes en el banco», sino de cómo vives, cómo trabajas y cómo compartes tu vida con los demás.
El problema no es el dinero, es el aferramiento
En el budismo somos muy claros: la raíz de tu sufrimiento no es que seas pobre o que seas rico. El verdadero problema es la avaricia, el aferramiento y esa tremenda confusión mental de creer que una cuenta bancaria nos va a dar la felicidad eterna. Los Tres Venenos de la Mente (Ira, Avaricia e Ignorancia) se manifiestan en su forma más dañina cuando nos obsesionamos por el dinero.
La economía moderna nos quiere convencer de que valemos lo que consumimos. El Buda, en cambio, nos recuerda que la dignidad, la salud, una comunidad que te apoye y una mente en paz valen muchísimo más que cualquier cifra. El dinero puede comprarte una cama muy cómoda, pero no te puede comprar una noche de sueño tranquilo, ni lucidez, ni compasión.
Vivir en compasión, gratitud y generosidad no dependen del dinero, sino de una relación sana y equilibrada con él.
El Buda y la billetera
A veces la gente cree que para ser budista hay que vivir en la miseria, pero el Buda nunca condenó la riqueza ni el dinero. Él no era un asceta desconectado de la realidad. Lo que nos enseñó es que podemos tener una vida digna, estable y cómoda sin necesidad de caer en el exceso, la presunción o en esos caprichos del ego que terminan por asfixiarnos.
En el Dhammapada (Cap. 15, verso 204) hay una frase maravillosa que lo resume todo:
La salud es la más alta posesión. El contento es el mayor tesoro. Un amigo de confianza es el mejor pariente. Nibbana es la más alta bendición.
Esa es la verdadera prioridad. No se trata de acumular cosas, sino de aprender a vivir con una profunda satisfacción por lo que ya tenemos.
Incluso en textos antiguos como el Dighajanu Sutta, el Buda daba consejos súper prácticos a la gente común y corriente para cuidar sus recursos sin caer en la avaricia. En el Sigalovada Sutta proponía algo que hoy firmaría cualquier asesor financiero: sugería dividir tus ingresos con sabiduría (una parte para vivir bien hoy, dos partes para tu trabajo o negocio, y una parte guardada para las vacas flacas).
¿Ves? El budismo no te pide que sufras privaciones absurdas ni glorifica la pobreza. Tampoco significa tener lo que quieres o dar un buen futuro a tu familia o a tu vejez. Lo que propone es una relación inteligente con el mundo material: ni hambre innecesaria, ni excesos que te intoxiquen la mente. Una vida con las necesidades básicas cubiertas te da el espacio y la tranquilidad mental para estudiar, meditar, trabajar con alegría y ayudar a los que te rodean.
Cuando el ego toma el control, el dinero deja de ser una herramienta y se convierte en nuestra identidad. Empezamos a pensar: «si tengo más, valgo más». El Dharma viene a cortar de tajo esa ilusión. Una vida sencilla y sobria no es una vida aburrida; al contrario, es una vida limpia, ligera y libre de equipaje innecesaria. El dinero vuelve a su lugar: un simple medio, nunca el amo.
El Zen y ganarse el pan
En los monasterios Zen tenemos una regla muy famosa que introdujo el maestro Baizhang: «Un día sin trabajo es un día sin comer».
Aquí no venimos a flotar en una nube de incienso. La práctica espiritual se demuestra lavando los platos, barriendo el piso, cocinando, administrando los recursos y trabajando con disciplina. El trabajo no es un castigo; es atención plena en acción.
Esto nos conecta de golpe con la Forma de Vida Correcta, que es parte del Noble Sendero Óctuple. El Buda nos enseñó que la manera en la que creamos recursos debe estar firmemente cimentada en la compasión y en la generosidad, y nunca en la avaricia o el autoengaño. Si tu trabajo diario nace del deseo genuino de beneficiar a otros en lugar de solo querer arrebatarles algo para inflar tus bolsillos, tu labor ordinaria se convierte en una extensión de tu meditación silenciosa en el cojín.
Si queremos aterrizar el Zen a nuestra cartera, podemos seguir cinco pautas muy sencillas:
Gana con honestidad. Que tu trabajo no dañe a otros.
Vive con sencillez. Aprende a distinguir entre lo que necesitas y lo que solo deseas por vanidad.
Ahorra para estar tranquilo. No por miedo, sino por responsabilidad.
Comparte con regularidad. La generosidad afloja el nudo del ego.
Evita las deudas nacidas del capricho. No compres cosas que no necesitas con dinero que no tienes para impresionar a gente que no te importa.
Al final, la pregunta del Zen no es cuánto dinero tienes, sino: ¿tú tienes al dinero, o el dinero te tiene a ti?
Pobreza, dignidad y el Sutra del Loto
En otras filosofías he escuchado que los pobres se ganan un lugar preferencial en los cielos. Pero el budismo no cae nunca en la trampa de romantizar la pobreza. El Buda sabía perfectamente que cuando una sociedad no cubre las necesidades básicas de su gente, la desesperación crece y con ella llega la violencia, el robo y el dolor. Por eso, la compasión budista no se limita a desearle el bien a los demás desde el cojín de meditación; también exige actuar para que todos tengan comida, techo y una vida digna.
El Sutra del Loto nos regala una joya en este sentido. Nos enseña que todos los seres, absolutamente todos, tienen la capacidad de despertar y convertirse en un Buda. Esto significa que nadie, sin importar su situación económica, es un «desecho» o un número más en una estadística de consumo. Tu valor es infinito y sagrado.
Vimalakirti: El Zen en el mercado
Mi personaje favorito para hablar de esto es Vimalakirti. Él no era un monje encerrado en una cueva; era un laico, un hombre de negocios, con familia y responsabilidades, pero con una sabiduría tan profunda que los mismos discípulos del Buda le tenían un respeto tremendo.
Vimalakirti nos demuestra que no necesitas huir al Tíbet ni raparte la cabeza para vivir con lucidez. Puedes hacer negocios, pagar la nómina de tus empleados y usar el dinero en tu día a día, siempre y cuando lo hagas con el corazón abierto, con honestidad y sin dejar que el apego te nuble la vista.
Dar cuando las cosas se ponen difíciles
Cuando las cosas se ponen feas económicamente, nuestra reacción natural es cerrarnos, apretar los puños y guardar todo por miedo a que nos falte. El antídoto Zen contra ese miedo es la generosidad (Dana).
Dar no siempre significa sacar la cartera. Dar también es ofrecer tu tiempo, tu atención, un oído atento, una sonrisa sincera o un espacio de calma a alguien que está perdiendo la cabeza por la ansiedad. Cuando te atreves a dar algo, aunque sientas que tienes poco, rompes esa pesadilla mental de la escasez y descubres la verdadera riqueza del corazón.
Una ética para caminar en la niebla
La «Budaconomía» no se trata de ser un santo descalzo, ni de volverte millonario con «leyes de atracción» espirituales. Se trata de aprender a vivir con lo que hay, sin adorar lo que sobra. Trabajar sin esclavizarte, ahorrar sin pánico y compartir de manera natural.
La verdadera estabilidad no está en los dígitos de tu cuenta de banco; está en tu capacidad de estar en paz con la realidad tal y como es aquí y ahora. Esa claridad no va a pagar tus cuentas mágicamente, pero te aseguro que evitará que las cuentas te devoren el alma.
Al final, la pregunta sigue en el aire: ¿qué tipo de vida estás construyendo con tus pedacitos de vida?
“Aquí yace Chocobuda. Colgó los tenis* con una sonrisa porque publicó su artículo de los martes sin falla hasta el final.”
Hace unos días, mientras navegaba por el océano caótico del internet (sí, incluso los monjes budistas a veces caemos en el abismo de las redes sociales), me topé con una idea que me pareció sumamente intrigante. Se trataba de un ejercicio inusual: escribir todas las mañanas nuestro propio epitafio como una forma de diseñar nuestra vida.
En la práctica Zen siempre consideramos nuestra propia impermanencia. Pasamos horas sentados en Zazen contemplando el cambio constante, la transitoriedad de las cosas y entendemos que todo lo que inicia tiene un final implícito. ¿Qué pasa si dejamos de ver a la muerte como una sombra lejana y la convertimos en la luz que guía nuestras decisiones de hoy?
Escribir mi propio epitafio es una idea demasiado nueva para mí y apenas la estoy probando en mi rutina diaria. Para ser honesto, el primer día que lo intenté, el resultado me hizo cuestionar seriamente mis prioridades y me dejó con una sensación en el pecho que no esperaba. Al final de estas líneas te contaré qué fue lo que escribí y el impacto que tuvo en mi tarde, pero antes, me gustaría que exploráramos juntos por qué este pequeño hábito puede transformar por completo tu vida cotidiana.
*Colgó los tenis: se murió, en español coloquial mexicano.
El epitafio como un espejo de realidad
Tenemos una relación extraña con la muerte. Todos sabemos cuál es el final, pero decidimos tapar la vista porque nos aterra. La ignoramos y al mismo tiempo está ahí en la trastienda de la mente. Entonces actuamos como si tuviéramos un contrato de eternidad con el universo.
Pensamos en el final como un concepto lejano, una idea abstracta que le ocurre a la gente mayor o a los enfermos, o que solo se discute en momentos de crisis de mediana edad.
Al evadir esta verdad, caemos con mucha facilidad en el piloto automático. No expresamos nuestras emociones a las personas importantes, postergamos las llamadas necesarias, dejamos que el rencor se mude a vivir a nuestra cabeza y gastamos horas valiosas discutiendo con desconocidos en redes sociales o viendo reels sin parar.
Escribir tu epitafio por la mañana destruye esa ilusión de permanencia. No se trata de redactar un texto largo y formal, sino una sola línea contundente. Al poner en papel un enunciado que empiece con la frase «Aquí yace…», traes el final de tu existencia al presente inmediato. Te obliga a ver el día de hoy con una honestidad radical; es una guía física para actuar como si fuera el último día, dándole un peso sagrado a cada decisión. Si hoy fuera el último bloque de veinticuatro horas que tienes en este planeta, ¿realmente querrías pasarlo enojado por el tráfico o postergando tus proyectos más queridos?
La ciencia del condicionamiento mental (Priming)
Según lo que he leído, desde el punto de vista de la psicología cognitiva, este ejercicio funciona como una poderosa herramienta de condicionamiento mental o priming. Cuando redactas tu epitafio matutino, le estás dando una instrucción sumamente clara a tu cerebro sobre la identidad que deseas encarnar hoy.
Por ejemplo, si escribes: «Aquí yace Kyonin. Murió en paz porque logró estudiar japonés una hora por la tarde», tu mente procesa esa declaración en tiempo pasado, como si ya fuera una realidad consumada.
Esto genera un fenómeno psicológico muy interesante. Al declarar el objetivo como cumplido, reduces la resistencia interna y la pereza. Tu cerebro busca coherencia entre lo que escribiste y tus acciones. En lugar de ver la tarea como una obligación pesada que tienes que arrastrar durante el día, tu mente se enfoca en llenar los huecos con las acciones correctas para que ese destino se cumpla. Es una forma de actuar como si fuera el último día, diseñando tu paz mental de manera proactiva.
Ofrecido con total honestidad, este ejercicio del epitafio tiene que venir desde una sinceridad y propósito profundos. Si se hace como juego y no se toma en serio, no servirá de nada.
La perspectiva del Zen es vivir despiertos en la impermanencia
En la tradición Soto Zen, la impermanencia no es un motivo de tristeza o nihilismo. Al contrario, es la fuente de la verdadera belleza y libertad. Una flor de cerezo es hermosa precisamente porque sus pétalos caerán pronto. Si fuera de plástico, perdería todo su encanto.
Star Wars era especial porque solo había 1 película cada 3 o 16 años. Luego lo compró Disney y de pronto saturaron al mundo con productos recurrentes y sin alma. Star Wars perdió su encanto porque ignoró su impermanencia. Lo siento, lo tenía que decir.
De la misma manera, nuestra vida adquiere un valor infinito porque tiene un límite. Espiritualmente, el ejercicio del epitafio diario nos ayuda a practicar el desapego y a limpiar el ruido mental. Nos recuerda que no somos dueños del mañana, solo del momento presente.
Al asumir que hoy es el único escenario donde podemos actuar, dejamos de acumular pendientes emocionales. Perdonamos más rápido, agradecemos con mayor profundidad y nos enfocamos en lo que realmente importa. El Zen nos enseña a vivir con las manos abiertas, listos para recibir el día y listos para dejarlo ir cuando caiga la noche.
Paso a paso: Cómo practicar el epitafio matutino
Si te llama la atención este experimento y deseas ponerlo a prueba, te sugiero la estructura que estoy aplicando, para que no te tome más de tres minutos al comenzar el día. ¿Por qué al comenzar el día? Porque lo que buscamos es diseñar el día desde el inicio. Si lo hacemos en la noche, es como para cerrar con recuerdos.
La pausa del silencio: Justo después de tu meditación o de tomar tu primera taza de café por la mañana, regálate un minuto de silencio absoluto. Aléjate del teléfono.
Revisa lo esencial: Mira tu agenda o tu lista de pendientes y selecciona únicamente una acción que sea crucial para ti. Aquella que, si la cumples, haría que tu día valiera la pena.
Redacta la frase: Escribe en una libreta tu epitafio en tiempo pasado, asociándolo con una emoción positiva de logro. Por ejemplo: «Aquí yace TU NOMBRE. Murió con una gran sonrisa porque hoy cuidó su cuerpo cocinando una comida saludable y en calma». Es vital que escribas desde la sinceridad y tomando muy en serio todo el ejercicio.
Respira y suelta: Lee la frase una vez más, respira hondo y cierra la libreta. Ya le diste la dirección a tu mente. Ahora te toca actuar sin mirar atrás.
Anímate a realizar esta prueba durante una semana consecutiva. Te aseguro que notarás un cambio drástico en cómo priorizas tus horas y cómo te relacionas con tus metas.
El resultado de mi propio experimento
Como te prometí al inicio, quiero compartirte lo que pasó en mi primer día de práctica. Mi lista de pendientes estaba llena de correos electrónicos por responder, un artículo por editar y algunos asuntos de la comunidad. Sin embargo, mi mente se sentía dispersa y con muchas ganas de procrastinar.
Me senté, abrí mi cuaderno y escribí esto:
«Aquí yace Chocobuda. Murió con el corazón ligero porque hoy apagó las pantallas a tiempo y dedicó una hora completa a leer en silencio, honrando su mente».
¿Qué sucedió? Durante el día, cada vez que sentía la tentación de abrir una pestaña nueva para perder el tiempo o de quedarme trabajando hasta tarde frente a la computadora, esa frase regresaba a mi mente como una brújula sumamente amorosa pero firme. No trabajé de más, apagué la computadora a las seis de la tarde y esa hora de lectura silenciosa se sintió como el regalo más sagrado del mundo. Cumplí mi epitafio y, al acostarme, sentí una paz enorme.
La vida se compone de estos pequeños fragmentos de veinticuatro horas. Al final, nuestro gran epitafio no será más que la suma de todos los pequeños epitafios que decidimos vivir día con día.
¿Cómo quieres que te recuerden si hoy fuera tu último día en este plano? Me encantaría que hicieras el experimento mañana por la mañana y me platicaras en los comentarios cómo te sentiste, qué lograste y qué ajustes le harías para que funcione mejor en tu vida diaria. ¡Leamos nuestras experiencias y nuestros epitafios y acompañémonos en este camino!
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Pensar en mi muerte todos los días no me causará más ansiedad?
Al principio puede sentirse un poco de incomodidad porque no estamos acostumbrados a confrontar nuestra impermanencia de forma tan directa. Sin embargo, la clave es el enfoque. No estamos pensando en la muerte desde el miedo o la tragedia, sino desde el aprecio por la vida. Al ver el epitafio como una brújula de lo que sí es importante, la ansiedad se transforma rápidamente en claridad, alivio y gratitud por el presente.
¿Qué pasa si al final del día no logro cumplir lo que escribí en mi epitafio?
No pasa absolutamente nada. El Zen es la práctica de la compasión y la flexibilidad, no del perfeccionismo rígido. Si la vida se interpuso y no lograste tu objetivo, no te juzgues ni te castigues. Simplemente observa con curiosidad qué te desvió del camino, déjalo ir con la noche y escribe un nuevo epitafio con amor y paciencia a la mañana siguiente. Cada amanecer es una oportunidad para volver a empezar.
¿Puedo cambiar el enfoque de mi epitafio todos los días o debe ser el mismo?
Es totalmente recomendable cambiarlo según las necesidades de tu día. Habrá mañanas donde tu prioridad sea avanzar en un proyecto profesional, y otras donde tu epitafio se enfoque en el descanso, en pasar tiempo de calidad con tu familia o simplemente en mantener la calma mental ante una situación difícil. Escucha a tu intuición cada mañana y escribe lo que tu corazón necesite para estar en paz.
El Zen es una práctica viva de experiencia completa. Conceptos como el interser y la compasión universal no son solo filosofías hermosas para debatir. La verdadera práctica budista consiste en llevar estas ideas a la vida diaria y volverlas una realidad palpable a través de las Paramitas.
Al comprometernos con virtudes como la disciplina, la paciencia y, sobre todo, la generosidad (Dana Paramita), dejamos atrás la teoría para experimentar de forma directa la profunda interconexión de la existencia. Cada acto consciente de desprendimiento rompe la ilusión de un «yo» separado, permitiéndonos tocar una realidad donde el bienestar del otro es, de manera inmediata y muy real, tu propio bienestar.
Este mes de junio de 2026, te invito a apoyar nuestra Sangha. Tu aportación económica es la manifestación material de tu compasión y el sostén fundamental que permite que nuestra comunidad siga abierta para todos.
Dana Paramita expande el corazón hasta abrazar el cosmos, disolviendo los muros del ‘yo’ y tejiendo una red infinita de compasión que nos une a todos los seres.
¿Por qué donar?
Sostén de Nuestra Sangha: Tu donativo ayuda a mantener nuestras actividades, plataformas tecnológicas, facilitar enseñanzas y prácticas, y asegurar que la sabiduría del Dharma esté accesible para todos.
Práctica de Dana Paramita: Dana, o generosidad, es una de las perfecciones que cultivamos en el Budismo. Al dar, no solo ayudamos a otros, sino que cultivamos nuestra propia mente desapegada y compasiva.
Conexión y Compromiso: Al donar, reafirmamos nuestro compromiso con la Sangha y con nuestro camino espiritual, fortaleciendo nuestra conexión y sentido de pertenencia.
¿Cómo puedes contribuir?
Puedes hacer tu donativo a través de Ko-Fi, PayPal o transferencia, cada aporte es una semilla que siembra paz, sabiduría y compasión en nuestra comunidad y en el mundo.
También nos ayuda mucho si difunden la existencia de Grupo Zen Ryokan para poder llegar a más personas.
Recordemos las palabras de Dogen Zenji: «Practicar la generosidad es el fundamento de la Vía». Al abrir nuestros corazones y manos en Dana, abrimos también las puertas a un mayor entendimiento y compasión.
Agradezco profundamente su continuo apoyo y generosidad. Juntos, mantenemos viva la llama del Dharma.
Que todos los seres se beneficien de nuestra práctica.
Esta semana seguimos aprendiendo Budaconomía y continuamos con un tema que a todos nos mueve: el crédito.
El crédito no solo se entiende con números; también se entiende con mente, deseo y atención. Por eso, veremos el crédito a través del Noble Sendero Óctuple, para aprender a reconocer cuándo una deuda nace de la necesidad real y cuándo nace del impulso, la comparación o la ansiedad. La idea no es prohibir todo crédito, sino entrenar una mirada más sabia: una que permita usar el dinero sin perder libertad interior, evitar deudas que esclavizan y tomar decisiones financieras con claridad, ética y serenidad.
¡Los espero!
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Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi